Enciende una vela por quien amas — arde aquí durante 7 díasEnciende la tuya →

26 de julio

Beato Teófilo Casajús Alduán

Seminarista claretiano, mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y vocación

Teófilo Casajús Alduán nació en la localidad navarra de Murchante, perteneciente a la diócesis de Tudela, el cuatro de noviembre de 1914. Al día siguiente de su nacimiento, recibió las aguas bautismales en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de su villa natal. El treinta de junio de 1915 recibió el sacramento de la confirmación, siguiendo la costumbre religiosa de aquella época. Su padre, Jacinto Casajús, ejercía el oficio de carpintero, mientras que su madre, Agustina Alduán, se dedicaba al cuidado y la educación de los siete hijos que formaban el hogar. El niño recibió una sólida y piadosa educación tanto en el ámbito doméstico como en la escuela de las Religiosas de la Consolación, institución a la que comenzó a asistir con apenas tres años de edad. Dotado de una inteligencia despierta y de una notable vivacidad, era un infatigable caminante que desgastaba sus sandalias en pocos días. A pesar de su corta edad, se mostraba muy juicioso y sentía una gran devoción por servir como monaguillo en las celebraciones litúrgicas.

Con el paso del tiempo, Teófilo sintió el llamado a la vida consagrada y maduró su vocación entre los Missioneros Hijos del Corazón Inmaculado de María, la congregación fundada por san Antonio Maria Claret. Esta inclinación se vio favorecida por el ejemplo familiar, ya que dos de sus tíos maternos, el padre Medardo Alduán Fuentes y el padre Nicolás Alduán Fuentes, pertenecían como sacerdotes a la misma familia religiosa claretiana. El dos de julio de 1926, acompañado por su madre, ingresó en el postulantado situado en la localidad de Alagón, donde comenzó a cursar los estudios de Humanidades. En las cartas que enviaba regularmente a sus seres queridos dejaba constancia de su profunda satisfacción y de su firme determinación para perseverar en el camino de la vocación misionera.

En el mes de agosto de 1928, Teófilo se trasladó a Cervera para continuar su formación. Aquel viaje duró más de media jornada e incluyó una significativa parada en Zaragoza, donde pudo visitar la catedral conocida como la Seo y la insigne basílica de Nuestra Señora del Pilar. En Cervera concluyó los estudios humanísticos con un rendimiento académico notable. Posteriormente, el veintinueve de julio de 1930 llegó a la ciudad de Vic para dar inicio al noviciado. Allí recibió la sagrada vestimenta religiosa el catorce de agosto de ese mismo año y, un año más tarde, exactamente el quince de agosto de 1931, profesó los votos religiosos que lo unían definitivamente a su instituto.

Años de estudio y contexto de persecución

Tan solo once días después de haber consagrado su vida a través de la profesión religiosa, Teófilo se dirigió a Solsona para emprender los estudios teológicos. Sin embargo, la situación en España se había deteriorado gravemente desde el mes de mayo, caracterizándose por una creciente ola de violencia que incluía incendios de iglesias y conventos. En medio de aquel clima de hostilidad, el joven seminarista procuraba constantemente rincuorar y sostener el ánimo de sus confrades ante los evidentes peligros que los acechaban. El cuatro de julio de 1931 escribió a su padre para manifestarle la absoluta disponibilidad suya y de los demás religiosos para afrontar cualquier eventualidad por la causa de Dios.

En aquella misma correspondencia, animaba a su progenitor respecto a una carta enviada por la madre a Cervera para alentar al hermano José, quien estudiaba en aquel centro. Teófilo observaba con preocupación que muchas familias estaban dominadas por el temor y urgían a sus hijos a huir de los centros formativos para escapar del peligro. Ante estas actitudes, afirmaba en sus escritos que sentía un fuego interior al contemplar el comportamiento miedoso de otras familias. El veinte de noviembre de 1931 reiteró en una nueva carta su profunda serenidad de espíritu, asegurando que no albergaba ningún temor ni tristeza frente a las persecuciones desatadas contra la Iglesia. Aunque la ciudad de Solsona mantenía cierta tranquilidad en su interior, el ambiente circundante enviaba señales sumamente preocupantes.

Mientras avanzaba en sus cursos de Teologia, Teófilo recibió la tonsura eclesiástica el doce de junio de 1935 en la catedral de Solsona, y al día siguiente le fueron conferidos los primeros dos Órdenes menores. Poco después, el veintiséis de agosto de 1935, regresó a Cervera con el fin de ultimar sus estudios eclesiásticos. Los superiores dejaron constancia en sus informes de que el joven poseía un talento extraordinario para la música y destacaba como un buen director coral. Aunque a veces mostraba cierta tendencia a la pereza, esta debilidad quedaba ampliamente compensada por una franqueza y honestidad intachables que le impedían emitir juicios temerarios sobre los demás. El tres de noviembre de 1935 consignó por escrito sus firmes propósitos de olocausto, expresando su deseo de un sacrificio completo y sin reservas, acompañado por la firmeza en la palabra, la profundidad religiosa, ideales elevados y una constante perseverancia. Estaba firmemente dispuesto a manifestar sus convicciones públicamente, sin miedo ni vergüenza de proclamar la verdad evangélica.

El éxodo y la detención

El veintiuno de julio de 1936, apenas dos días después del estallido de la guerra civil española, el alcalde de Cervera ordenó telefónicamente que el edificio de la antigua universidad fuera desalojado en el plazo perentorio de una hora. Aquel inmueble había sido la casa de los claretianos desde el año 1887. Al cruzar la puerta del jardín, la comunidad religiosa tuvo que dividirse. Veintiuno de los miembros buscaron refugio en el hospital local o en domicilios de familias amigas, mientras que un numeroso grupo compuesto por quince padres, cuarenta y cuatro escolásticos, veinticinco hermanos y treinta y ocho postulantes subió a los autobuses enviados por el municipio. Los vehículos intentaron dirigirse hacia Solsona, pero los revolucionarios locales impidieron su entrada. Los transportes se detuvieron ya de noche en San Ramon, donde los fugitivos fueron acogidos con caridad en el convento de los mercedarios.

Tras pasar la noche en aquel lugar, la comunidad celebró la santa Misa a la mañana siguiente, momento solemne en el que algunos religiosos renovaron sus votos temporales o perpetuos y otros los emitieron por primera vez. El veintitrés de julio los religiosos tuvieron que dispersarse nuevamente. Los escolásticos y algunos hermanos emprendieron el camino hacia Mas Claret, una finca rural situada a siete kilómetros de Cervera que en el pasado había servido como lugar de descanso para los misioneros. Un grupo integrado por catorce escolásticos profesos y su profesor de latín, el padre Manuel Jové Bonet, caminaba hacia su destino cuando decidieron desviarse hacia Vallbona de les Monges, el pueblo natal del sacerdote. Al llegar el atardecer alcanzaron la localidad de Montornés, donde recibieron una acogida muy generosa y pudieron compartir alimentos para reponer fuerzas.

A la mañana siguiente continuaron la marcha pasando por Guimerà, donde tomaron la precaución de avanzar divididos en parejas separadas por diez minutos de distancia. Sin embargo, aquella medida de prudencia resultó inútil ante la vigilancia de los milicianos, y los jóvenes fueron capturados mientras descansaban. El padre Jové se había adelantado momentáneamente para concertar con un amigo la manera de alojar a todo el grupo, pero al enterarse de la situación decidió entregarse voluntariamente al comité revolucionario de Ciutadilla para no abandonar a sus discípulos. Confinados en aquel lugar, los estudiantes y su superior sufrieron diversas torturas físicas y psicológicas, recibiendo empujones y golpes. A varios de ellos les arrebataron los crucifijos y los rosarios que portaban. Al joven Luis Plana le extrajeron de la cartera una fotografía de su hermana María, quien era religiosa de la Caridad de santa Joaquina de Vedruna, y los perseguidores la presentaron cínicamente ante los presentes como si se tratara de su prometida.

El martirio y la beatificación

El martirio tuvo lugar a las ocho de la mañana del domingo veintiséis de julio de 1936. Los prisioneros fueron atados de las muñecas por parejas y cargados sobre un camión, manteniéndose además sus pies unidos con cuerdas de la misma manera. Durante un trayecto que duró aproximadamente dos horas, los cautivos elevaron sus corazones a Dios en ferviente oración y profunda meditación, siendo desatados de los pies antes de llegar a su destino final junto al cementerio de Lérida. Antes de consumarse la sentencia, el padre Manuel Jové dirigió unas últimas palabras de aliento a sus catorce estudiantes con firmeza sobrenatural: nos matarán, pero moriremos por Dios, ¡viva Cristo Rey! El valiente sacerdote fue el primero en ser fusilado, junto a otros dos jóvenes. A medida que llegaba el turno de cada uno de los condenados, los verdugos les preguntaban en tono irónico si preferían morir por Dios o por la República, obteniendo de todos ellos la invariable respuesta de fe: ¡viva Cristo Rey! Posteriormente fueron ejecutados los demás grupos de cuatro en cuatro hasta llegar a los últimos tres, entre los cuales se encontraba Teófilo, que aún no había cumplido veintidós años de edad.

La causa de beatificación de Teófilo Casajús Alduán y de sus quince compañeros fue integrada en un grupo mayor denominado Jaime Girón y cincuenta y nueve compars, todos ellos unidos por su pertenencia a la comunidad claretiana de Cervera. El proceso informativo diocesano se abrió en Solsona el once de febrero de 1948 y concluyó el veintiséis de diciembre de 1954, obteniendo el decreto sobre los escritos el veintidós de junio de 1966 y la validez jurídica el tres de junio de 2000. Posteriormente, un decreto emitido el trece de septiembre de 2006 integró la causa en un amplio expediente que abarcaba a ciento nueve mártires pertenecientes a la misma congregación religiosa. En este grupo, Teófilo fue designado como uno de los tres capogrupos junto al sacerdote Mateo Casals Mas y al religioso hermano Fernando Saperas Aluja, representando de este modo las tres formas de vocación presentes en la familia claretiana.

La respectiva Positio super martyrio fue entregada en el año 2006 y examinada favorablemente por los consultores teólogos de la Congregación de las Causas de los Santos el ocho de febrero de 2016, dictamen que fue refrendado después por los cardenales y obispos miembros del dicasterio. El veintiuno de diciembre de 2016, el papa Francisco autorizó la promulgación del decreto que reconocía oficialmente el martirio, tras recibir en audiencia al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación. Finalmente, la solemne ceremonia de beatificación se celebró el veintiuno de octubre de 2017 en la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, presidida por el cardenal Amato como enviado especial del Santo Padre, quedando inscrito el beato Teófilo y sus compañeros en el martirologio de la Iglesia como testigos luminosos de fidelidad a Cristo.

Preguntas frecuentes

Cuando se festegгает el beato Teófilo Casajús Alduán?

La memoria litúrgica del beato Teófilo Casajús Alduán se celebra el veintiséis de julio.