31 de mayo
San Benedicto el Viejo
Abad
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los orígenes y la llegada a la Chiusa
No se conservan noticias relativas a los primeros años de la vida de Benedetto antes de su nombramiento como superior. Nativo de la ciudad francesa de Tolosa, había decidido marchar hacia Turín en compañía de muchos otros compatriotas suyos. Todos ellos se sintieron fuertemente atraídos por la creciente y merecida fama de la abadía clusina. Una vez instalado en el monasterio, Benedetto supo imponerse muy pronto a la comunidad monástica gracias al testimonio de sus virtudes y a la solidez de su saber.
Tras el fallecimiento del abad Avverto acaecido en el año 1002, la comunidad eligió unánimemente a Benedetto para que le sucediera en el cargo. Este acontecimiento histórico y el perfil del nuevo superior se deducen directamente de la valiosa crónica redactada por el monaco Guglielmo. El cronista atestigua expresamente que a suceder al difunto abad fue un hombre dotado de una singular sencillez y de una gran prudencia, que respondía tanto en el nombre como en los méritos al título de Benedetto.
La participación en el concilio de Limoges
La vasta dottrina y la gran autoridad de que gozaba el abad hicieron que fuera llamado de manera especial a tomar parte en el concilio de Limoges celebrado en el año 1028. En aquella solemne asamblea se discutió nuevamente con profundidad si san Marziale, reconocido como el insigne missionario de la Aquitania, debía ser oficialmente contado en el número de los apóstoles. Los partidarios de esta tesis afirmaban con insistencia que san Marziale había sido uno de los setantadue discípulos de Jesucristo y que había sido ordenado obispo por el propio Señor al mismo tiempo que los demás apóstoles.
La delicada cuestión había sido suscitada originalmente por los monjes de la propia abadía de San Marziale de Limoges y ya había sido objeto de amplio debate en tres concilios anteriores celebrados en los años 1021 y 1024. Aquellas tres reuniones previas se habían clausurado adoptando resoluciones favorables al reconocimiento del apostolado de san Marziale. No obstante, se habían levantado también muy serias objeciones teológicas e históricas sobre la legitimidad de atribuir semejante título a un santo que no aparecía mencionado ni en las páginas de los Santos Evangelios ni en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
El nuevo concilio se convocó formalmente en el año 1028, evitando la fecha errónea de 1029, y el desarrollo de las sesiones nos consta gracias al testimonio conservado en la Epistola de apostolatu sancti Martialis escrita por Adimaro de Chabannes. Este eclesiástico participaba como un ferviente defensor de la tesis que afirmaba el apostolado del santo aquitano. Durante los debates, Adimaro fue aspramente atacado tanto por el propio abad Benedetto como por su omonimo nipote, quien desempeñaba entonces el cargo de prior en la Chiusa. El joven prior acusó sin ambages a Adimaro de haber inventado por completo la leyenda en torno a la figura de san Marziale.
El gobierno de la abadía y las fundaciones
Durante el largo tiempo que duró su gobierno pastoral, el abad Benedetto recibió un considerable número de generosas donaciones destinadas a favorecer el desarrollo de la abadía. Con estos recursos, el superior no solamente providenció a ampliar las estructuras físicas del monasterio, sino que también dotó a la institución de una escuela propia para la formación intelectual y espiritual. Entre las muestras de apoyo destaca de manera especial la importante donación formalizada en el año 1027 por el conde de Forcalchieri, Bertrando, quien actuó de común acuerdo con sus hermanos Gioffredo y Guglielmo. Dicha donación consistió en la entrega de varios bienes inmuebles situados en la localidad de Villar Meyfré, dentro del contado de Embrun.
Asimismo, a la directa intervención del abad se debe la posterior erección de la abadía de San Pietro de Savigliano. Esta nueva institución monástica quedó jurídicamente fundada mediante un acto oficial fechado el doce de febrero del año 1028. Los fundadores materiales fueron los esposos Abellonio y Amaltruda, pertenecientes a las familias de los señores de Sarmatorio y Monfalcone. Aquellos nobles esposos habían acudido previamente a la abadía para buscar el sabio consejo de Benedetto y para solicitarle que les concediera una pequeña colonia de monjes que sirviera como el núcleo inicial y fundamental para poner en marcha la nueva fundación religiosa.
La cronografía del monaco Guglielmo testifica que Benedetto rigió con mano firme y vigorosa el monasterio clusino durante un periodo exacto de cuarenta y cuatro años. Aunque la fuente monástica no indica con precisión matemática la fecha exacta en que se produjo el deceso del santo abad, los historiadores sitúan su muerte a más tardar en el año 1046. Esta datación límite se fundamenta en el hecho incontrocutible de que en un documento oficial fechado precisamente en 1046 ya aparece mencionado de manera explícita un nuevo abad al frente de la Chiusa.
La fama de santidad y los milagros
Junto a su infatigable labor de gobierno y a su destacada sabiduría teológica, el abad Benedetto ha permanecido profundamente grabado en la memoria colectiva de los fieles debido a los numerosos milagros que jalonaron su existencia, además de por su irreprochable santidad de vida. Aunque el transcurso del tiempo ha borrado los detalles de muchos de esos portentos, hasta el día de hoy ha llegado la memoria histórica de al menos un milagro obrado por su valiosa mediación. Su testimonio luminoso sigue recordándose con devoción en la Iglesia.
Su vida y ministerio
La trayectoria de San Benedicto el Viejo se entrelaza de manera indisoluble con la historia de la Abadía de San Michele della Chiusa. Tras ser elegido abad en el año mil dos, inició una etapa de fortalecimiento institucional y espiritual en aquel lugar. Durante su prolongado gobierno, se ocupó activamente de la administración y el bienestar de su comunidad, logrando obtener importantes donaciones para el monasterio, entre las cuales destaca una relevante concesión recibida en el año mil veintisiete, que permitió asegurar la estabilidad de la vida monástica.
Su influencia trascendió los muros de su abadía, llevándolo a participar activamente en la vida eclesiástica de su tiempo. En el año mil veintiocho, tomó parte en el concilio de Limoges, un evento de gran relevancia donde manifestó la firmeza de sus convicciones. En aquel foro, San Benedicto el Viejo destacó por su postura teológica, oponiéndose a la tesis sobre el apostolado de San Marziale, lo que demostró su celo por la preservación de la doctrina. Ese mismo año, su espíritu emprendedor lo condujo a fundar la Abadía de San Pietro de Savigliano, expandiendo así su labor de servicio y oración. Tras una vida dedicada al cumplimiento de su vocación y al cuidado de los fieles que le fueron encomendados, San Benedicto el Viejo entregó su alma al Señor en el año mil cuarenta y seis, dentro de los muros de la Abadía de San Michele della Chiusa, lugar que fue su hogar y su campo de batalla espiritual durante décadas.
Su memoria
La figura de San Benedicto el Viejo es venerada con sobriedad, recordando su dedicación como abad y su servicio a la Iglesia. Su memoria litúrgica se celebra cada año el día treinta y uno de mayo, fecha en la que los fieles son invitados a reflexionar sobre la importancia de la fidelidad a los compromisos adquiridos ante Dios y la comunidad. A través de su ejemplo, se nos recuerda el valor del trabajo constante, la defensa de la verdad y la importancia de construir espacios dedicados a la oración y el encuentro con lo divino.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se festeggia San Benedicto el Viejo?
La festividad litúrgica de San Benedicto el Viejo se celebra cada año el día 31 de mayo.