4 de diciembre
San Bernardo de los Uberti
Obispo
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vocación monástica
Bernardo nació en el año 1060 en la ciudad de Firenze, en el seno de una noble y rica familia que en el siglo siguiente tomaría el apellido de los Uberti. A la muerte de su padre se convirtió en heredero y dueño de vastos posesiones terrenales. Guiado por una profunda llamada espiritual, entró giovanissimo en el Orden Vallombrosano y realizó su profesión solemne en el monasterio de San Salvi en Firenze. El primero de julio de 1085 cumplió una serie de consistentes donaciones para despojarse de sus riquezas. A causa de su condición de monje, se liberó de todos sus bienes donándolos a parientes, amigos y al mismo monasterio. Con el tiempo se convirtió en abad de San Salvi y poco después fue elegido abad general de la congregación en Vallombrosa. Bajo su sabio gobierno el Orden experimentó un notable desarrollo y logró salir de los confines toscanos para ensancharse en Emilia y Lombardía. Bernardo estableció una autoridad abacial fuertemente centralizada, la cual fue reafirmada en uno de los primeros capítulos celebrados en el mes de marzo del año 1100.
Legado pontificio y acción pacificadora
El papa Urbano II lo elevó a la dignidad de cardenal, confirmando de este modo la gran importancia del abad mayor. Con el título recibido aumentaron notablemente los compromisos de Bernardo como vicario pontificio en la alta Italia. El santo se convirtió en el principal artífice de acciones pacificadoras en las regiones de Emilia y Lombardía, que representaban los centros de la crítica situación eclesiástica de aquel tiempo. Los documentos históricos testimonian su constante itinerar por las ciudades de Milano, Monza, Pavia, Brescia, Modena y Mantova. Bernardo operó de manera particular dentro de los dominios de la condesa Matilde de Canossa, en cuya corte llegó a desempeñar el cargo de legado pontificio. Gracias a sus oportunas y prudentes mediaciones, la condesa renovó el diecisiete de noviembre de 1102 la donación de todos sus bienes a la Santa Sede. Su incansable labor a favor de la paz y de la unidad eclesial requirió de un gran sacrificio personal y una constante dedicación a las comunidades locales.
El episcopado en Parma y las pruebas
A su llegada a Parma, Bernardo encontró una dura resistencia a su obra reformadora. El quince de agosto de 1104, mientras se dirigía al pueblo desde la catedral de Parma, se desató un violento tumulto. Durante el desorden fue agredido físicamente e hecho prisionero, y para lograr su liberación debieron intervenir las tropas de la condesa Matilde. Dos años después la situación cambió profundamente, al punto que la misma ciudad de Parma solicitó la presencia de Bernardo como su propio obispo. El papa Pascual II, en el mes de noviembre del año 1106, consagró la nueva catedral y consagró al ilustre legado pontificio. Al fijar su sede episcopal en Parma, hizo que la ciudad se convirtiera en el centro propulsor de la acción reformadora en la alta Italia. Bernardo mantuvo el doble encargo de abad y de obispo durante algunos años, al menos hasta el 1109, fecha en la cual pasó a ser exclusivamente obispo de la iglesia de Parma.
Controversias y fidelidad a la Iglesia
El santo obispo se comprometió de lleno en las grandes controversias de su época, participando de manera activa en la lucha por las investiduras. Esta confrontación alcanzó en el año 1111 su forma más aguda y dramática. Bernardo participó en la conferencia imperial que tuvo lugar en la sagrestia de San Pedro y fue hecho prisionero junto al sumo pontífice por orden del emperador Enrique V. No obstante las cargas pastorales, la reforma monástica permaneció siempre para él como el mayor de sus compromisos. A pesar de ser obispo de Parma, continuó vistiendo y viviendo exactamente como un monje. Mantuvo una vida en comunidad con los religiosos que quiso tener consigo desde el inicio mismo de su episcopado. Aunque tuvo que renunciar formalmente al cargo de abad, permaneció siempre profundamente vinculado a sus hermanos vallombrosanos, obteniendo para ellos un valioso privilegio de protección imperial. Su fidelidad a la Sede Apostólica lo condujo a ser involucrado en la difícil sucesión del difunto emperador, apoyando con decisión al candidato del papa Honorio II. Algunos de sus delicados encargos de confianza papal le procuraron nuevas formas de prisión y un largo alejamiento de su querida diócesis. Durante el cisma del año 1130 se alineó firmemente con el papa Inocencio II, respaldado por todos los vallombrosanos y por los camaldoleses.
Tránsito y memoria litúrgica
Ya anciano y enfermo, Bernardo acogió en la ciudad de Verona al emperador Lotario y lo acompañó hasta Roma con motivo de su solemne coronación imperial. Entregó su alma al Creador en Parma el cuatro de diciembre del año 1133. La devoción de los fieles de Parma rodeó inmediatamente su sepulcro con continuos peregrinajes y numerosos relatos de milagros. Su sucesor en la sede episcopal, Lanfranco, a la vigilia del sexto aniversario de su muerte, es decir el tres de diciembre de 1139, procedió a su solemne canonización. Dicha canonización se realizó mediante la tradicional elevación de las reliquias según la usanza de aquel tiempo. Su fiesta litúrgica quedó establecida para el cuatro de diciembre y fue incluida en el más antiguo calendario de Parma del siglo XIII. Su culto también se introdujo en la Congregación Vallombrosana en el mismo siglo XIII, donde se le invoca tradicionalmente como tercer padre junto a san Benito y san Juan Gualberto, fundador este último del ramo benedictino de Vallombrosa. Los artistas de los siglos sucesivos lo han representado con frecuencia en valiosos cuadros, frescos y esculturas presentes en todas las ciudades emilianas y lombardas. Su culto sigue vivo en la actualidad, de manera especial en Parma, de la cual es el patrono principal. En el martirologio es recordado como el obispo que, habiendo sido monje, se dedicó por entero a la perfección de la vida cristiana, como cardenal trabajó por el bien de la Iglesia y como pastor se entregó sin reservas a la salvación de las almas.
La vida de servicio
San Bernardo de los Uberti inició su camino de fe en el monasterio de San Salvi en Florencia, abrazando la espiritualidad de la Orden Vallombrosana. Su capacidad y rectitud llamaron la atención de las autoridades eclesiásticas, siendo nombrado cardenal por el papa Urbano Segundo. En calidad de vicario pontificio, recorrió numerosas ciudades del norte de Italia, como Milán, Monza, Pavía, Brescia, Módena, Mantua y Verona, ejerciendo una labor de mediación y guía pastoral.
La vida de San Bernardo no estuvo exenta de duras pruebas. En el año 1104, durante un tumulto popular en Parma, sufrió una agresión y fue encarcelado. A pesar de estas dificultades, su compromiso con la Iglesia permaneció intacto. En 1106, fue consagrado obispo de Parma por el papa Pascual Segundo. Su lealtad fue puesta a prueba nuevamente en 1111, cuando fue arrestado junto al mismo pontífice por el emperador Enrique Quinto. Más adelante, durante el difícil cisma del año 1130, San Bernardo demostró su firmeza al sostener activamente al papa Inocencio Segundo. Su existencia fue una entrega constante al deber, superando las prisiones y los conflictos políticos con una fe inalterable, hasta el momento de su fallecimiento en Parma en el año 1133.
El culto y la memoria
La figura de San Bernardo de los Uberti ha sido objeto de una veneración constante y solemne. Su canonización tuvo lugar en el año 1139, apenas seis años después de su muerte, por decisión del obispo Lanfranco de Parma. Este reconocimiento temprano da cuenta de la santidad que sus contemporáneos percibían en su labor episcopal y en su sacrificio personal por la unidad de la Iglesia.
Desde el siglo decimotercero, su fiesta fue integrada formalmente en el calendario litúrgico de la diócesis de Parma. Como santo patrono de dicha ciudad, San Bernardo sigue siendo una referencia espiritual para los fieles, quienes encuentran en su historia un ejemplo de resistencia frente a las presiones del mundo y una invitación a la fidelidad hacia el sucesor de Pedro. Su legado sobrevive no solo en los registros históricos, sino en la oración cotidiana de aquellos que honran su memoria cada cuatro de diciembre.
Preguntas frecuentes
Cuando se celebra San Bernardo de los Uberti?
Su fiesta litúrgica se celebra el cuatro de diciembre, fecha de su tránsito y día fijado desde el siglo XIII en el calendario de Parma.
De qué es patrono San Bernardo de los Uberti?
San Bernardo de los Uberti es invocado y venerado como el patrono principal de la ciudad de Parma.
En Parma, san Bernardo, obispo, que como monje se dedicó siempre a la perfección de vida, como cardenal al bien de la Iglesia y como obispo a la salvación de las almas. — Martirologio Romano