18 de mayo
San Félix de Cantalice
Capuchino
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Vocación y primeros años
San Felice de Cantalice vino al mundo en el territorio de Cantalice, en la provincia de Rieti, en el año 1515. Durante su infancia se trasladó a la localidad de Cittaducale, donde trabajó arduamente al servicio de la familia Picchi ejerciendo las labores de pastor y campesino. Desde su juventud, alimentó una profunda inclinación hacia una vida austera gracias a la atenta escucha de las lecturas piadosas sobre las Vite dei Padri. Este clima interior se vio sacudido y redefinido en los primeros meses del año 1544, cuando sufrió un grave accidente al ser arrollado por bueyes no domados del que milagrosamente salió ileso. Este suceso providencial le impulsó a consagrarse sin demora como religioso entre los frailes capuchinos. Realizó su año de noviciado en Fiuggi y, llegado el mes de mayo de 1545, profesó formalmente sus votos religiosos en el convento de San Giovanni Campano. Su caminar lo llevó a residir por poco más de dos años en los conventos situados en Tívoli y en Viterbo-Palanzana, antes de fijar su residencia definitiva entre finales de 1547 y comienzos de 1548 en la ciudad eterna, concretamente en el convento romano de San Buenaventura, hoy reconocido como Santa Croce dei Lucchesi bajo el Quirinal.
Ministerio de la caridad y vida mística
Durante los cuarenta años siguientes en Roma, la misión principal de San Felice de Cantalice consistió en recorrer las calles para mendigar pan y vino destinados a sus hermanos de comunidad, desempeñando esta tarea con una entrega inquebrantable. Su temperamento profundamente místico se reflejaba en sus hábitos de descanso, pues apenas dormía dos o tres horas por noche para consagrar el resto del tiempo a la oración en el templo y a la contemplación constante de los misterios de la vida de Jesús. En la última etapa de su vida, concretamente durante los últimos quince años, se alimentó de la Eucaristía recibiendo la comunión de manera cotidiana. Los días festivos manifestaba su celo apostólico peregrinando a pie hacia las Siete Chiese y acudiendo con caridad solícita a los diversos hospitales romanos para asistir a los enfermos. Su corazón albergaba una tierna devoción hacia la Virgen Madre, quien la tradición refiere que se le apareció en múltiples ocasiones para confortarlo. En el trato cotidiano con las personas, se erigió como un sabio y eficaz consejero espiritual tanto para la gente más sencilla como para los miembros de la aristocracia de la Roma renacentista. Mantuvo una estrecha amistad con san Felipe Neri y con el pontífice Sixto V, a quien llegó a profetizar su acceso al papado mientras le amonestaba severamente a conducirse con rectitud moral.
Legado, tránsito y canonización
La influencia espiritual de San Felice de Cantalice trascendió su presencia física a través de composiciones musicales piadosas; durante muchos años tras su fallecimiento, muchachos y damas continuaron entonando las ballatas que él mismo había compuesto e impartido. Entre ellas destacan composiciones tan entrañables como Gesù, somma speranza, del cuor somma baldanza. Deh! dammi tanto amore, que mi basti ad amarti y la célebre Se tu non sai la via d'andare in paradiso, vattene a Maria con pietoso viso.... Su muerte aconteció en Roma el 18 de mayo de 1587. Ante los numerosos prodigios operados por el santo tanto en vida como después de su fallecimiento, el papa Sixto V ordenó la celebración del proceso canónico el mismo año de su muerte, entre los meses de junio y octubre, albergando la firme intención de canonizarlo de inmediato. Aunque aquello no ocurrió al instante, la Iglesia reconoció su santidad cuando fue beatificado el 1 de octubre de 1625 y posteriormente canonizado por el papa Clemente XI en una fecha celebrada el 22 de mayo. Los restos mortales del santo fueron trasladados solemnemente el 27 de aprile de 1631 y reposan en la actualidad en la iglesia de la Inmaculada Concepción situada en la vía Véneto de Roma. El Martirologio lo recuerda con veneración en Roma como religioso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, loando su admirable austeridad y simplicidad, y fijando su festividad litúrgica en el calendario el 18 de mayo.
Una vida de servicio
La trayectoria de San Félix de Cantalice comenzó en los campos de Cantalice y Cittaducale, donde trabajó como pastor y campesino durante sus años de juventud. Esta etapa de esfuerzo físico y contacto con la naturaleza formó el carácter sencillo y trabajador que definiría toda su vida religiosa. En el año mil quinientos cuarenta y cinco, decidió abrazar la vida consagrada al ingresar en la orden de los hermanos menores capuchinos, un camino que le permitió profundizar su unión con el Creador.
Tras su ingreso en la orden, su labor se centró principalmente en la ciudad de Roma. Durante cuarenta años, ejerció la tarea de pedir limosna para el sustento de sus hermanos de comunidad. Esta labor, aparentemente sencilla, se convirtió en su apostolado principal; a través de ella, se transformó en una figura familiar y querida en toda la ciudad. Sus pasos lo llevaron por diversos lugares, incluyendo estancias en otras localidades como Fiuggi, San Giovanni Campano, Tivoli y Viterbo, pero fue en Roma donde su presencia se consolidó como un referente de paz.
Su sabiduría espiritual no pasó desapercibida, convirtiéndose en consejero de personas de toda condición social, desde los más humildes hasta los miembros de la aristocracia romana. Mantuvo vínculos de profunda amistad y colaboración con figuras destacadas de su tiempo, como San Felipe Neri y el Papa Sixto Quinto. San Félix de Cantalice entregó su alma a Dios en Roma en el año mil quinientos ochenta y siete, dejando tras de sí el recuerdo de un hombre que supo encontrar la santidad en las tareas más cotidianas y en el trato directo con sus hermanos.
El culto y la veneración
La figura de San Félix de Cantalice ha sido objeto de una profunda veneración desde su fallecimiento. Su vida, caracterizada por la pobreza franciscana y la cercanía constante con los ciudadanos, le valió un reconocimiento popular que se consolidó con el paso de los años. La Iglesia reconoció oficialmente su santidad mediante el proceso de canonización, culminado por el Papa Clemente Undécimo en el año mil setecientos doce.
Actualmente, el recuerdo de San Félix permanece vivo a través de su patronazgo, siendo especialmente invocado por los miembros de la orden de los capuchinos, así como por los niños y los mendicantes. Su memoria litúrgica se celebra cada año el dieciocho de mayo, fecha en la que los fieles recuerdan su testimonio y solicitan su intercesión. La sencillez de su mensaje sigue siendo un faro para quienes buscan vivir la caridad cristiana con sobriedad y rectitud, recordándonos que el servicio a los demás es el camino más directo hacia la presencia de Dios.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja San Felice de Cantalice?
Su fiesta litúrgica se celebra cada año el 18 de mayo.
En Roma, san Félix de Cantalice, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, de austeridad y simplicidad admirables, que durante cuarenta años se dedicó a recoger limosnas, diseminando a su alrededor paz y caridad. — Martirologio Romano