18 de mayo
San Juan I
Papa y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y primeros años
San Juan I vio la luz en las tierras de la Toscana, con posibles raíces en el territorio senese o en el aretino, en el seno de una familia noble donde su padre era un distinguido señor llamado Costanzo. Tras la muerte de Papa Ormisda, quien en colaboración con el emperador romano de Oriente Giustino I había logrado poner fin al cisma que dividía a Roma y Constantinopla desde el año 484, la comunidad cristiana eligió a Juan como el nuevo Obispo de Roma en el año 523. Aquel antiguo cisma había tenido su origen en la promulgación del edicto conocido como Henoticon, una fórmula de compromiso doctrinal impulsada por el emperador Zenone y el Patriarca Acacio con el fin de unificar a los fieles mediante la ambigua aceptación de la tesis monofisita, la cual defendía la existencia de una única naturaleza divina en Jesucristo y negaba la plena humanidad del Señor.
El pontificado y los desafíos doctrinales
Ya investido con la suprema autoridad de la Iglesia, el Pontífice dedicó sus energías a consolidar los profundos lazos espirituales con las venerables Iglesias Orientales, fortaleciendo la unidad católica frente a los diversos errores doctrinales que amenazaban al rebaño de los fieles. Entre estos desafíos destacaba con fuerza la persistencia de la herejía arriana, una corriente que predicaba la subordinación de la naturaleza divina del Hijo respecto a la del Padre. En aquellos tiempos, la península italiana se encontraba bajo el dominio de los godos, cuyo rey Teodorico profesaba abiertamente la fe arriana, lo que provocó que la cuestión religiosa se entrelazara profundamente con los asuntos políticos del reino.
La embajada a Constantinopla
En el año 523, el emperador oriental Giustino I promulgó un edicto muy severo contra los seguidores del arrianismo en sus dominios, obligándoles a realizar una pública abiuración, a devolver a los católicos los templos previamente ocupados y los bienes que habían sido confiscados durante las invasiones, y prohibiéndoles de manera terminante el acceso a cualquier cargo de naturaleza civil o militar. Ante esta situación, el rey ostrogodo Teodorico, quien hasta entonces había mantenido una política de cierta tolerancia y concesiones hacia los católicos de su reino aunque imponiendo fuertes tributos al clero y despojándolo de sus inmunidades tradicionales, se sintió profundamente irritado por el trato dispensado a los correligionarios de su propia fe y comenzó a temer un peligroso acercamiento político entre Constantinopla y la Sede Apostólica.
Para solucionar esta crisis, Teodorico organizó en el año 524 una delegación oficial destinada a viajar al Imperio Romano de Oriente, integrada por distinguidos legados romanos y por varios obispos procedentes de las sedes de Fano, Ravenna y Capua. El rey godo obligó personalmente al Papa Juan I a ponerse al frente de esta delicada misión diplomática para iniciar las negociaciones pertinentes con el poder imperial. A pesar de encontrarse ya en una avanzada edad, el Santo Pontífice partió sin dudar un solo instante para cumplir con la voluntad del Señor, impulsado también por el temor legítimo de que se produjeran graves ritos y represalias violentas contra la comunidad católica residente en Roma en caso de haber opuesto resistencia a las exigencias del soberano.
El viaje y el martirio
La misión diplomática llegó a Constantinopla, donde San Juan I fue recibido por las autoridades imperiales con los máximos honores debidos a su alta dignidad espiritual. Durante su estancia en la capital oriental, el Papa tuvo el gran honor de celebrar solemnemente las festividades litúrgicas de la Navidad y la Pascua, convirtiéndose así en el primer Pontífice Romano en presidir el sacrificio pascual directamente dentro de una iglesia de Constantinopla. Aunque el Papa logró alcanzar acuerdos sobre algunas peticiones a favor de los arriarios, no pudo satisfacer todas las exigencias que el rey Teodorico le había impuesto, especialmente la revocación de aquellas disposiciones que impedían a los conversos del catolicismo regresar a la herejía arriana.
Al regresar a Roma y enterarse del resultado parcial de las negociaciones, el rey Teodorico montó en cólera y ordenó la inmediata detención del anciano Pontífice, haciéndolo encerrar en una celda oscura en la ciudad de Ravenna. Sufriendo los rigores del cautiverio y el desprecio de los poderosos terrenos, San Juan I entregó su alma al Creador en la misma prisión de Ravenna, siendo su fallecimiento el día 18 de mayo del año 526, consumando de este modo su testimonio supremo de fidelidad a la Iglesia y ganando para siempre la corona del martirio con la que hoy lo recuerda el sagrado Martirologio.
Su ministerio y la misión a Oriente
Nacido en la región de Toscana, Juan ascendió a la cátedra de San Pedro en el año 523. Durante su tiempo como obispo de Roma, dedicó un esmerado esfuerzo a embellecer los templos de la ciudad, promoviendo el esplendor del culto divino. Sin embargo, la agitación política de la época interrumpió pronto su labor pastoral directa en la Urbe. En el año 524, el rey Teodorico lo envió a Constantinopla al frente de una importante delegación, una misión compleja que el anciano pontífice asumió con obediencia y espíritu de paz.
Al llegar a la capital del Imperio de Oriente, el Papa fue recibido con los más altos honores por las autoridades y el pueblo. En aquella gran ciudad, San Juan I presidió las solemnes celebraciones de Navidad y Pascua, manifestando la comunión litúrgica entre Oriente y Occidente. A pesar del éxito espiritual de su viaje y de la reverencia con la que fue acogido, el regreso a la península itálica tornaría su camino en un calvario de sufrimiento y abandono.
El cautiverio y el martirio
A su retorno, las sospechas y la desconfianza del rey Teodorico aguardaban al pontífice. Sin miramientos por su dignidad ni por su avanzada edad, el monarca ordenó que el Papa fuera recluido en una prisión en la ciudad de Rávena. En el año 526, debilitado por las privaciones del encarcelamiento y las duras condiciones de su encierro, San Juan I entregó su alma al Creador, consumando su vida como un verdadero mártir de la fe.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Juan I?
La festividad litúrgica de San Juan I se celebra cada año el 18 de mayo, día en que falleció en su cautiverio en Ravenna.
De cosa es patrono San Juan I?
En los datos biográficos proporcionados no se mencionan patronatos específicos asociados a San Juan I.
San Juan I, papa y mártir, que, enviado por el rey arriano Teodorico a Constantinopla ante el emperador Justino, fue el primero entre los Romanos Pontífices en celebrar en aquella Iglesia el sacrificio pascual; de regreso de allí, fue vergonzosamente arrestado y echado en la cárcel por el mismo Teodorico, cayendo en Rávena víctima por Cristo Señor. — Martirologio Romano