Enciende una vela por quien amas — arde aquí durante 7 díasEnciende la tuya →

18 de junio

San Gregorio Giovanni Barbarigo

Obispo

San Gregorio Giovanni Barbarigo

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y juventud

San Gregorio Giovanni Barbarigo nació en Venecia el dieciséis de septiembre de 1625. Su padre era un senatore de la República de Venecia, un hombre de posición influyente en la política de la época. A la temprana edad de dos años, Gregorio sufrió la trágica pérdida de su madre, quien falleció a causa de la peste. A pesar de este duro golpe en su infancia, recibió una sólida educación y formación intelectual en su ciudad natal y posteriormente terminó sus estudios en la ciudad de Padua. Su camino hacia la madurez dio un giro significativo cuando, en el año 1643, su padre lo envió a Münster, en Alemania, en calidad de acompañante del embajador veneciano Alvise Contarini. En aquella ciudad alemana se preparaba la trascendental paz de Westfalia, cuyo propósito era poner fin a la devastadora guerra de los Treinta Años. Durante aquella misión diplomática, Gregorio tuvo la oportunidad de conocer al cardenal Fabio Chigi, quien ejercía como nuncio papal en Münster y quien con el tiempo se convertiría en el Papa Alejandro Séptimo. Fabio Chigi desempeñó un papel fundamental en la vida del joven Gregorio, ya que lo aconsejó constantemente en sus estudios hasta alcanzar el sacerdocio, meta que cumplió cuando tenía treinta años. Tras ser elegido pontífice en 1655, el Papa Alejandro Séptimo llamó a Gregorio a Roma para incorporarlo a su círculo de confianza y continuar su labor al servicio de la Iglesia universal.

La prueba de la peste en Roma

En el mes de mayo de 1656 estalló en Roma la peste bubbonica, una epidemia devastadora que se prolongó hasta el mes de agosto del año siguiente y cobró miles de víctimas en la Ciudad Eterna. En medio de aquella crisis humanitaria y sanitaria, el Papa Alejandro Séptimo regresó a Roma procedente de Castelgandolfo y decidió mostrarse a pie ante el pueblo para animar y consolar a los romanos. El pontífice confió entonces una misión de enorme responsabilidad al joven Gregorio, que en aquel momento contaba con treinta y un años de edad, eligiéndolo para dirigir las operaciones de socorro en Trastevere, que constituía el epicentro del contagio. Fabio Chigi recordaba sin duda al joven secretario que había conocido en Münster y depositó en él toda su confianza. A pesar de la profunda inquietud que sentía ante el peligro real del contagio, Gregorio obedece al Papa y acude entre los enfermos de Trastevere, aunque confiesa abiertamente el miedo que experimenta en una carta dirigida a su padre. Ya en el terreno, su actuación alcanza dimensiones heroicas, pues entre los apestados se convierte en jefe, guía, hermano, sacerdote, enfermero, sepulturero y padre de los trasteverinos, llevando a cabo esta labor humanitaria con un amor y una dedicación extraordinarios. Su entrega absoluta durante esta trágica epidemia consolidó su fama de hombre íntegro y profundamente piadoso, dispuesto a sacrificar su propia vida por el bienestar de su prójimo.

El ministerio episcopal y cardenalicio

Los méritos y la firmeza demostrados en Roma abrieron a Gregorio las puertas del alto gobierno eclesiástico. En el año 1657, el Papa Alejandro Séptimo nombra a Gregorio obispo de Bérgamo, encomendándole el cuidado pastoral de una comunidad compleja. Poco después, en el año 1658, el pontífice lo eleva a la dignidad de cardenal de la Iglesia católica. En los años sucesivos, el cardenal Gregorio participa en diversos cónclaves para la elección de los nuevos papas y se convierte en un valioso consejero del Papa Inocencio Undécimo, quien le encarga misiones delicadas, como la inspección de un convento romano sobre el cual corrían malas impresiones; en dicha tarea, Gregorio actúa con suma decisión, logrando infundir un temor saludable entre los frailes de Roma. Durante su servicio a la Santa Sede, también trabaja intensamente por la ansiada reunificación con las Iglesias orientales. En el año 1664, las responsabilidades pastorales de Gregorio cambian de rumbo al serle confiada la diócesis de Padua, donde desarrollará la parte más fecunda y extensa de su ministerio episcopal. A lo largo de su vida, San Gregorio Barbarigo estuvo hasta dos veces a punto de ser elegido Papa, pero en ambas ocasiones rechazó tal dignidad, prefiriendo centrar su existencia en su labor en Padua, el estudio constante, el ejercicio de la caridad y tareas tan sencillas como tocar la campana para convocar al catecismo mientras preparaba personalmente los bancos y las sillas para los niños.

Obra pastoral y caridad en Padua

El estilo pastoral que San Gregorio Barbarigo aplicó en las diócesis de Bérgamo y de Padua estuvo firmemente inspirado en la figura y el método de San Carlo Borromeo. Su desprendimiento de los bienes terrenales era absoluto, al punto de que vende todos sus averi para entregarlos directamente a los pobres, llegando incluso a alojarse frecuentemente en las humildes casas de los más desfavorecidos. Su jornada estaba rigurosamente distribuida: de día enseñaba el catecismo a los niños —haciéndolo en el dialecto propio de los fanciulli para asegurar su comprensión— y de noche se entregaba a la oración. Visitaba infatigablemente en largo y ancho todas las parroquias de las diócesis a su cargo, asistía personalmente a los moribundos e impulsaba con decisión la difusión de la prensa católica entre el pueblo. Un testigo presencial de su vida cotidiana refiere que Gregorio compartía la mesa con la servitud, sin descuidar jamás la enseñanza de la doctrina cristiana, la atención a las misiones y el auxilio espiritual a los enfermos terminales. Además, convocó un sinodo diocesano y mantuvo numerosos coloquios constructivos con su clero. Su preocupación por la educación se reflejó en la apertura de muchas escuelas y, de manera muy especial, en el impulso extraordinario que dio al Seminario de Padua para la rigurosa formación de los chierici, dotándolo de una amplísima biblioteca y fundando una imprenta provista de caracteres griegos y orientales con el claro propósito de tender puentes culturales entre Europa y Asia. Gracias a este empeño, el Seminario de Padua llegó a ser considerado con justicia uno de los mejores de toda Europa, destacando en la enseñanza teológica, bíblica, clásica, científica y lingüística.

Fallecimiento y camino a los altares

Tras una existencia gastada por completo en el servicio a Dios y al prójimo, San Gregorio Barbarigo falleció en Padua el dieciocho de junio del año 1697. Su memoria quedó grabada de forma indeleble en el corazón de los fieles y del clero que habían compartido con él las fatigas del ministerio. El proceso hacia su reconocimiento oficial en los altares comenzó varias décadas más tarde, cuando el Papa Clemente Décimotercero lo beatificó en el año 1761. El anhelo por su canonización fue creciendo con el paso del tiempo y, en el año 1911, llegaron formales apelaciones a las manos del Papa Pío Décimo para que se concluyese el proceso de santificación del obispo veneciano. Entre los firmantes de aquellos históricos llamamientos figuraba un joven sacerdote profesor originario de la zona de Bérgamo llamado Angelo Roncalli. Décadas más tarde, aquel mismo sacerdote, convertido en el Papa Juan XXIII, tuvo la gracia de proclamar solemnemente Santo a Gregorio el veintiséis de mayo de 1960 en la basílica de San Juan en Letrán. Durante la solemne ceremonia de canonización, el pontífice hizo un emotivo y leve accenno a la larga espera que había tomado este reconocimiento, cerrando así el círculo espiritual que unía su tierra bergamasca con la fecunda santidad de Gregorio Barbarigo.

Preguntas frecuentes

Cuándo se festeja San Gregorio Barbarigo?

Su memoria litúrgica se celebra el 18 de junio.

De qué es patrono San Gregorio Barbarigo?

Los datos biográficos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido al santo.

En Padua, san Gregorio Barbarigo, obispo, que instituyó el seminario para los clérigos, enseñó el catecismo a los niños en su dialecto, celebró un sínodo, tuvo coloquios con su clero y abrió muchas escuelas, demostrándose generoso con todos, severo consigo mismo. — Martirologio Romano