26 de junio
San Josemaría Escrivá de Balaguer
Sacerdote, Fundador del Opus Dei
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los primeros años y la llamada divina
San Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro, en España, el 9 de enero de 1902, en el seno de una familia cristiana. Siendo un muchacho español originario de esa localidad aragonesa, vivió un acontecimiento singular en el año 1918, cuando observó las huellas de pies scalzi impresas sobre la nieve dejadas por algunos carmelitas que habían llegado a la ciudad. Este hecho dejó una profunda impronta en su alma sensible, en un periodo en el cual ya se encontraba trasladado a Logroño junto con su familia. Entre los quince y los dieciséis años comenzó a avistar los primeros presentimientos de una llamada divina que lo impulsaba a buscar a Dios con entrega total. En aquel mismo año de 1918, el joven Josemaría intuyó con claridad que Dios lo estaba buscando para algo grande, aunque el proyecto todavía carecía de una forma concreta. Para hacerse encontrar perfectamente preparado ante los designios del Señor, tomó la firme resolución de consagrarse al sacerdocio ministerial. Con este noble propósito, dio inicio a sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Logroño en el año 1918, formándose con esmero para el futuro ministerio.
Su itinerario formativo continuó a partir del año 1920 en el Seminario San Francisco de Paola situado en la ciudad de Zaragoza. Demostrando notables dotes intelectuales y una gran madurez espiritual, desde el año 1922 pasó a desempeñar valiosas funciones como Superiore en el mismo seminario de Zaragoza. Con el permiso expreso de la autoridad eclesiástica competente, en el año 1923 comenzó también a cursar los estudios de Legge en la Universidad de Zaragoza, ampliando así sus horizontes culturales y jurídicos. En medio de estas ocupaciones, su vida familiar experimentó un profundo dolor en el año 1924, cuando su padre falleció después de haberle aconsejado prudentemente que estudiase derecho. Con el corazón entristecido pero sostenido por la gracia divina, el joven continuó su marcha hacia el altar. Recibió el diaconado el 20 de diciembre de 1924, preparándose espiritualmente para la plenitud del sacerdocio. Finalmente, fue ordenado sacerdote el 28 marzo de 1925, sellando su alianza eterna con el Señor y abriendo paso a una fecunda vida de entrega a la Iglesia.
El ministerio en Zaragoza y los primeros pasos en Madrid
La primera experiencia sacerdotal de san Josemaría se desarrolló en una periferia de Zaragoza, donde ejerció su ministerio con abnegación entre personas pobres y analfabetas. Su celo pastoral no conocía descanso y buscaba siempre llevar el consuelo de la fe a los más necesitados. En la primavera del año 1927, y siempre con el debido permiso de su Arzobispo, se trasladó a Madrid para proseguir su labor. En la capital española se instaló en un pequeño apartamento que compartía con su familia desde hacía poco menos de un año. Allí afrontó una existencia marcada por la escasez de recursos económicos, una gran cantidad de trabajo diario, exigentes compromisos sacerdotales, el estudio constante y las lecciones de repeticiones privadas que impartía para subsistir. A pesar de las dificultades materiales, se prodigó con un dinamismo inagotable en la atención a los enfermos y a los pobres de las barurgas madrileñas, asistiendo con especial esmero a los enfermos incurables y a los moribundos. Su entrega fue reconocida oficialmente cuando se convirtió en capellán del Patronato para los enfermos de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón. Asimismo, compaginó su labor caritativa con la docencia en una academia universitaria y con la prosecución de sus estudios y cursos de doctorado en Legge en la Universidad de Madrid.
El momento fundacional de su misión llegó en el otoño de aquel periodo madrileño. Mercoledì 2 de octubre de 1928, después de haber celebrado la Santa Misa, don Escrivá subió a su habitación para poner orden entre sus apuntes personales. Mientras realizaba esta tarea, Dios le concedió ver con claridad la Obra que le venía solicitando desde años atrás. La visión consistía en una llamada dirigida a personas de toda nación, raza, edad y cultura para que buscasen y encontrasen al Señor viviendo santamente en medio de las ocupaciones ordinarias del mundo. Los miembros de esta futura institución habrían de santificar su propio trabajo, ya fuera humilde o prestigioso, y cristianizar eficazmente su propio ambiente cotidiano. Emocionado por la magnitud de la gracia divina, el joven sacerdote se arrodilló. Tenía veintiséis años de edad y contaba con la gracia de Dios y con un excelente buen humor para emprender la fundación del Opus Dei, un camino espiritual que renovaría la conciencia de la llamada universal a la santidad. Poco después, el 14 de febrero de 1930, dio inicio formal al apostolato del Opus Dei con las mujeres, ensanchando los horizontes de la institución.
Años de prueba, la guerra civil y la expansión hacia Roma
El caminar de la naciente institución se vio atravesado por las pruebas de la historia de España. El estallido de la guerra civil española obligó a san Josemaría a vivir en la más estricta clandestinidad para salvaguardar su vida, teniendo que superar innumerables peligros hasta lograr reparar más allá de los Pirineos, buscando refugio en Burgos y en territorio francés. Superados aquellos años de dolor y zozobra, pudo finalmente retornar a Madrid en el año 1939, al término de la contienda bélica, para reanudar con renovado fervor su labor pastoral. Su prestigio intelectual y eclesiástico quedó ratificado en el año 1934, cuando fue nombrado Rector del Patronato de Santa Elisabetta. Años más tarde, el 14 de febrero de 1943, fundó la Società sacerdotale della Santa Croce, una entidad unida de forma inseparable al Opus Dei. Esta institución vino a permitir la ordenación sacerdotal de miembros laicos del Opus Dei y su consiguiente incardinación, al tiempo que facultaba a los sacerdotes diocesanos para compartir la espiritualidad y la ascética de la Obra sin dejar de depender de su propio Ordinario.
Con la mirada puesta en la universalidad de la Iglesia, en el año 1946 san Josemaría partió con destino a Roma para encontrarse con el Papa Pío XII. El pontífice Eugenio Pacelli estimaba profundamente a don Escrivá, aunque en aquel momento faltaban los cauces y los principios jurídicos adecuados para aprobar canónicamente una realidad espiritual tan novedosa. De hecho, algunos observadores de la época llegaron a definir la llegada del Opus Dei como un acontecimiento adelantado con cien años a su tiempo. No obstante, la perseverancia y la oración obtuvieron su fruto cuando, entre los años 1947 y 1950, se concedió el máximo suggello ecclesiale a la institución. Tras su llegada a la Ciudad Eterna en 1946, el fundador decidió fijar allí su residencia definitiva, permaneciendo en Roma hasta el final de su vida terrena. Desde la sede central, estimuló y guio con mano firme la difusión del Opus Dei por todo el mundo, dedicando sus mejores energías a proporcionar a los hombres y mujeres de la Obra una sólida formación dottrinale, ascética y apostólica.
Cargos eclesiásticos, últimos años y partida al cielo
Los decencias posteriores a la aprobación pontificia estuvieron marcados por una gran expansión internacional del Opus Dei y por numerosos viajes apostólicos realizados por el fundador a través de diversos continentes. Su sabiduría jurídica y teológica fue requerida por la Santa Sede en múltiples ocasiones. San Josemaría desempeñó el cargo de Consultor de la Pontificia Comisión para la interpretación auténtica del Código de Derecho canónico y también fue nombrado Consultor de la Sacra Congregación para los Seminarios y las Universidades. Su eminente trayectoria académica y eclesiástica fue reconocida asimismo al ser distinguido como Prelato honorario de Sua Santità y miembro honorario de la Pontificia Academia teológica romana. Su compromiso con la educación superior quedó asimismo patente al ejercer como Gran Canciller de la Universidad de Navarra en España y Gran Canciller de la Universidad de Piura en Perú. Durante los últimos años de su peregrinación terrena, ofrendaba su propia vida de manera constante por la Iglesia y por el Romano Pontífice, desgastándose en el servicio divino.
El final de su jornada terrena llegó el 26 de junio de 1975, fecha en la cual san Josemaría Escrivá de Balaguer entregó su alma a Dios en Roma, su ciudad de adopción. Al momento de su fallecimiento, el Opus Dei contaba ya con más de 60.000 miembros pertenecientes a 80 nacionalidades distintas, testimonio elocuente de la fecundidad de su carisma. Inicialmente, su cuerpo fue sepultado en la cripta de la iglesia de Santa María de la Paz, situada en Roma. Sin embargo, desde el 21 de mayo de 1992, sus restos mortales descansan bajo el altar de la iglesia prelatizia de Santa María de la Paz, ubicada en la sede central de la Prelatura del Opus Dei. Su sepulcro se ha convertido en un punto de referencia espiritual, constantemente acompañado por la oración y la gratitud profunda de innumerables personas atraídas por su luminoso ejemplo de fidelidad a Dios y por su tierna devoción.
La fama de santidad y la elevación a los altares
La fama de santidad de san Josemaría, que ya se había manifestado de forma evidente entre quienes lo conocieron en vida, se extendió con fuerza extraordinaria por todo el mundo tras su tránsito al cielo. Numerosos testimonios de favores espirituales y materiales comenzaron a atribuirse con insistencia a su intercesión ante el trono divino, incluyendo curaciones prodigiosas que desafiaban las explicaciones de la ciencia médica. Ante la creciente marea de devoción, empezaron a llegar a Roma cartas procedentes de los cinco continentes, entre las cuales destacaban formalmente las misivas de 69 cardenales y cerca de 1.300 obispos que suplicaban con fervor al Papa la apertura oficial de la Causa de Beatificación y Canonización. Acogiendo esta unánime petición eclesial, la causa se abrió formalmente en el mes de febrero de 1981, siguiendo rigurosamente los cauces establecidos por la jurisdicción de la Iglesia.
Concluida la fase de instrucción jurídica y constatados los milagros obrados por Dios a través de su siervo, la beatificación fue solemne y solemnemente celebrada el 17 de mayo de 1992. Años después, tras completarse los trámites sucesivos, llegó el momento culminante de su glorificación en la tierra. San Josemaría fue canonizado el 6 de octubre de 2002 en la plaza San Pedro por el Santo Padre Juan Paolo II, ante una imponente asamblea compuesta por más de 300.000 fieles llegados desde todos los rincones del planeta para honrar su memoria. En el Martirologio Romano, su figura resplandece con el título de san José María Escrivá de Balaguer, recordado como sacerdote, fundador del Opus Dei y de la Società sacerdotale della Santa Croce, modelo luminoso de entrega a la voluntad divina y de santificación del trabajo diario.
Su camino sacerdotal
El itinerario vital de San Josemaría Escrivá de Balaguer comenzó en la ciudad de Barbastro, desde donde se desplazó a otros lugares de España como Logroño y Saragozza para completar su formación y responder a su vocación. Fue ordenado sacerdote el veintiocho de marzo de mil novecientos veinticinco en Saragozza, dando inicio a un ministerio caracterizado por la cercanía y la búsqueda constante de la voluntad divina. Pocos años después, en mil novecientos veintiocho, fundó el Opus Dei en Madrid, abriendo un nuevo horizonte para tantos fieles que deseaban vivir su fe con plenitud en el seno de la sociedad civil.
A lo largo de su fecunda trayectoria, el santo no cesó de trabajar por el bien de la Iglesia. En mil novecientos cuarenta y tres, impulsado por el deseo de fortalecer la vida espiritual de los sacerdotes, fundó la Sociedad sacerdotal de la Santa Croce. Su misión requirió una visión universal que lo llevó a trasladarse definitivamente a Roma en mil novecientos cuarenta y seis, ciudad donde fijó su residencia hasta su fallecimiento en mil novecientos setenta y cinco. A través de sus escritos y de su predicación, San Josemaría alentó a personas de toda condición a encontrar a Dios en el silencio del corazón y en la labor diaria. Su vida fue un testimonio de fe, esperanza y caridad, que culminó con su canonización el seis de octubre de dos mil dos, un acontecimiento que confirmó la trascendencia de su mensaje para las generaciones venideras.
La memoria litúrgica
La Iglesia celebra la memoria litúrgica de San Josemaría Escrivá de Balaguer cada veintiséis de junio. Esta fecha invita a los fieles a recordar su entrega generosa y a renovar el compromiso de santificar las tareas ordinarias, tal como él enseñó con su ejemplo. Es un día de oración y gratitud por el don de su vocación y por el fruto espiritual que continúa brindando a la comunidad de los creyentes en el mundo entero.
Preguntas frecuentes
Quando se festeggia san Josemaría Escrivá de Balaguer?
Su festividad litúrgica se celebra cada año el día 26 de junio, fecha en la que partió hacia la casa del Padre.
¿De qué es patrono san Josemaría Escrivá de Balaguer?
Los hechos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido a san Josemaría.
En Roma, san José María Escrivá de Balaguer, sacerdote, fundador del Opus Dei y de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. — Martirologio Romano