7 de mayo
San Juan de Beverley
Obispo
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los primeros años y la formación monástica
San Juan de Beverley vio la luz probablemente en Harlam, situado en el condado de Yorkshire, en el seno de una noble familia anglosajona. Fue su propia familia quien lo encaminó con acierto hacia la carrera eclesiástica. Para su instrucción, el joven acudió a la ciudad de Canterbury, donde estudió bajo la atenta y sabia guía de los santos Adriano y Teodoro. Deseoso de consagrar su vida a Dios de manera radical, ingresó como monje benedictino en la célebre abadía de Whitby. Dicho monasterio se encontraba entonces bajo la piadosa y firme dirección de santa Ilda. Durante su estancia en Whitby, tuvo la oportunidad de conocer personalmente a san Vilfrido de York, ensanchando así sus horizontes espirituales y eclesiales.
El episcopado en Hexham y York
En el año 687, el religioso fue elegido y solemnemente consagrado como obispo de Hexham, dando inicio a una fecunda labor pastoral. Durante el tiempo en que desempeñó su ministerio episcopal en Hexham, tuvo el honor de ordenar primero como diácono y posteriormente como sacerdote a Beda el Venerable. El propio Beda el Venerable se encargó de redactar la biografía del santo dentro de su reconocida obra titulada Historia ecclesiastica. Este texto redactado por Beda se convirtió en una pieza fundamental para acrecentar de manera notable la fama del prelado en toda la región. Acontecimientos posteriores propiciaron que, en el año 705, tras el fallecimiento del obispo Bosa, fuera nombrado arzobispo metropolita de York. A pesar de la dignidad del cargo, resintió las dificultades de la época y rigió los destinos de la diócesis de York durante un periodo de solo doce años, asociando siempre su intenso empeño pastoral a la oración personal y constante.
La fundación de Beverley y el retiro final
El prelado fundó la abadía de Beverley en el territorio de Humberside, un lugar que originalmente era conocido bajo el topónimo de Inderawood. Con el paso del tiempo, dicha abadía estaba destinada a convertirse en uno de los principales y más influyentes centros religiosos de la Inglaterra de aquella época. Hacia el año 717, tomó la firme decisión de renunciar al exigente cargo de arzobispo de York, motivado por la gran austeridad de su espíritu y por el peso de los gravísimos deberes que el cargo conllevaba. Tras abandonar las responsabilidades episcopales, se retiró a vivir en el monasterio de Beverley que él mismo había fundado con sus propias manos. Depuesto del alto cargo, vivió el resto de sus días como un humilde monaco, dedicado por completo a la contemplación en el refugio espiritual de Beverley hasta el final de sus jornadas.
Tránsito y posteridad milagrosa
San Juan de Beverley entregó su alma al Creador el siete de mayo del año 721, cumpliéndose exactamente cinco años desde el día en que se retiró del arzobispado. Su cuerpo fue sepultado con honores en el interior de la abadía por él fundada. Muy pronto, el lugar de su sepultura se convirtió en meta constante de numerosos peregrinajes de fieles en busca de consuelo. Alcuino de York se encargó de recopilar una gran cantidad de testimonios acerca de los múltiples eventos prodigiosos que continuaron verificándose junto a su tumba. En torno a su figura se tejieron asimismo numerosos episodios legendarios que hablaban de curaciones milagrosas. Tiempo después, el monasterio original sufrió la destrucción total a manos de las incursiones de los daneses. No obstante, la memoria del santo pervivió de forma indeleble en la fe del pueblo cristiano.
El culto y la traslación de las reliquias
El culto oficial en honor a san Juan de Beverley recibió la aprobación pontificia en el año 1027 por parte del papa Benedicto IX. La tradición piadosa recuerda que el rey Etelstano obtuvo una gran victoria militar en el año 937 gracias a la intercesión milagrosa del santo. Precisamente en el mismo emplazamiento donde estuvo el monasterio destruido, se erigió posteriormente una gran iglesia, impulsada por aquella célebre victoria de rey Etelstano. El veinticinco de octubre del año 1307, los sagrados restos del santo fueron objeto de una solemne traslación desde la antigua abadía hasta la catedral de Beverley, un templo consagrado bajo la advocación de san Juan Evangelista. Más adelante, en el año 1415, con ocasión del aniversario de aquella memorable traslación, el rey Enrique quinto atribuyó su importante triunfo frente a las tropas francesas en la famosa batalla de Agincourt a la valerosa intercesión del santo varón.
Vicisitudes históricas de las reliquias
Los acontecimientos históricos de Inglaterra trajeron consigo profundas pruebas para la memoria del santo obispo. Durante el reinado de Enrique séptimo, el culto litúrgico dedicado a san Juan de Beverley fue severamente prohibido dentro de los confines de la Iglesia de Inglaterra. Posteriormente, en tiempos del rey Eduardo sexto, la tumba del santo sufrió la profanación y sus veneradas reliquias fueron cruelmente dispersadas. A pesar de tan tristes sucesos, la providencia permitió que, en el año 1664, algunas de sus sagradas ossa fueran descubiertas de nuevo. Dichos restos rescatados fueron colocados con reverencia en una nueva tumba dentro de la misma catedral, la cual había pasado ya a pertenecer a la confesión anglicana. Hoy en día, tanto la Iglesia católica como la comunidad anglicana continúan celebrando la festividad litúrgica del santo obispo, honrando su memoria tanto el siete de mayo en recuerdo de su piadoso transito como el veinticinco de octubre en conmemoración de la histórica traslación de sus reliquias.
Su camino de fe
San Juan de Beverley inició su formación intelectual en Canterbury, donde tuvo la oportunidad de estudiar bajo la guía de Adriano y Teodoro, maestros que influyeron profundamente en su visión de la Iglesia. Esta etapa preparatoria fue esencial para su ingreso en la vida monástica como parte de la orden de los benedictinos en la abadía de Whitby, un lugar que favoreció su crecimiento espiritual y su entrega absoluta a Dios.
Su servicio episcopal comenzó en el año seiscientos ochenta y siete, cuando fue consagrado obispo de Hexham. Durante su desempeño en este cargo, demostró una gran capacidad de guía y discernimiento, lo que le permitió promover el avance de la fe en su región. Su prestigio y laboriosidad fueron tales que, en el año setecientos cinco, fue nombrado arzobispo de York, asumiendo una responsabilidad mayor en la atención de las almas y en la consolidación de la estructura eclesiástica. Uno de los momentos más significativos de su ministerio fue la ordenación sacerdotal de Beda el Venerabile, un hecho que subraya su papel esencial en la historia de la Iglesia inglesa.
Hacia el año setecientos diecisiete, sintiendo la necesidad de una unión más profunda con la contemplación, fundó la abadía de Beverley. En este lugar, apartado del bullicio de las responsabilidades administrativas, se retiró para pasar sus últimos años en oración y serenidad. San Juan de Beverley falleció en el año setecientos veintiuno, dejando tras de sí una estela de ejemplo cristiano y una comunidad fortalecida por su sabiduría. Su memoria fue honrada siglos después cuando, en el año mil veintisiete, el Papa Benedicto noveno procedió a su canonización, ratificando la santidad de un hombre que supo armonizar el estudio, el gobierno pastoral y el silencio contemplativo.
Memoria y culto
El recuerdo de San Juan de Beverley ha permanecido vivo a través de los siglos, siendo objeto de una devoción que trasciende su propia época. Su figura es celebrada por la Iglesia el siete de mayo, fecha que conmemora su tránsito a la vida eterna en la ciudad de Beverley. Esta festividad permite a los fieles reflexionar sobre su entrega y recordar el ejemplo de un pastor que supo mantenerse fiel a su vocación hasta el final.
Además de la celebración principal, la tradición cristiana mantiene viva la memoria del santo en una segunda fecha, el veinticinco de octubre, dedicada a la traslación de sus reliquias. Este acto, profundamente arraigado en la piedad popular, subraya la importancia que su presencia física ha tenido para la comunidad que se formó en torno a la abadía que él mismo fundó. A través de estas celebraciones, los creyentes encuentran una oportunidad para renovar su fe, inspirados por la vida de un hombre que dedicó sus días a la enseñanza y al servicio de los demás, convirtiéndose en un faro de rectitud y humildad para todos aquellos que buscan la santidad en la vida cotidiana.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Juan de Beverley?
San Juan de Beverley se celebra el siete de mayo, fecha de su fallecimiento, y también el veinticinco de octubre, día en que se conmemora la traslación de sus reliquias.
De cosa es patrono San Juan de Beverley?
Los datos biográficos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido a este santo.
En Beverley en Northumbria, en la actual Inglaterra, tránsito de san Juan, obispo primero de Hexham y luego de York, que asoció el compromiso pastoral a la oración personal y, depuesto el encargo, vivió por el resto de su vida como monje en el monasterio por él mismo fundado en este lugar. — Martirologio Romano