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3 de noviembre

San Juanicio

Monje en Bitinia

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Juventud y vida militar

San Juanicio nació en el año 754 en Marycata, una localidad de la región de Bitinia situada en las cercanías del lago Apollonia. Durante los años de su primera juventud, el futuro monje se ocupó del pastoreo y de la custodia de las greggi. Al cumplir aproximadamente veinte años, ingresó en el ejército imperial para servir durante un largo periodo. El Martirologio attesta que abandonó la milicia después de más de veinte años de servicio activo. Tomó parte en diversas campañas militares y combates contra el pueblo de los búlgaros. En el transcurso de su servicio militar se desarrollaron las primeras controversias iconoclastas bajo el mandato del emperador Costantino V. En aquella etapa inicial, San Juanicio apoyó a la facción iconoclasta, la cual se mostraba hostil al uso y la veneración de las imágenes religiosas. Con el paso del tiempo, experimentó una profunda conversión espiritual que lo llevó a adherirse firmemente a la causa de los iconodulos, quienes defendían la legitimidad del culto a las imágenes.

Vocación monástica y peregrinación

Alrededor del año 795, a la edad de cuarenta años, San Juanicio abandonó la vida secular para ingresar en el monasterio de los Agaures, situado sobre el monte Olimpo. Posteriormente se trasladó al monasterio de Antidium, alternando de este modo la experiencia de la vida cenobítica con prolongados periodos de retiro eremítico. Realizó diversos viajes por el territorio de Asia Menor, llegando a adentrarse en la región de Cilicia. Alrededor del año 806 regresó al monte Olimpo, donde recibió el hábito y la tonsura monástica en el monasterio de Eriste. Su existencia continuó marcada por la peregrinación constante. Vivió durante varios años en el interior de una celda que él mismo había construido en el monte Trichealice. Hacia el año 815, con motivo de la segunda fase de la controversia iconoclasta impulsada por el emperador Leone V l'Armeno, se vio obligado a abandonar temporalmente su celda. Regresó a aquel refugio tras un intervalo de cinco años, aproximadamente en el año 820. En esa misma época se situó su labor de edificación de diversas iglesias consagradas a la Beata Virgen María, a los santos apóstoles y a sant'Eustazio. En el año 825 recibió la visita del religioso Teodoro Studita, quien falleció al año siguiente, en el 826.

Madurez espiritual y últimos días

Hacia el año 830, San Juanicio hizo su retorno definitivo al monasterio de Antidium con el propósito de consagrarse por completo al tramo final de su existencia. Durante el periodo en que el emperador Teofilo reinó entre los años 829 y 842, el soberano le habría consultado para pedirle un parecer en torno a la delicada cuestión del culto a las imágenes. El monje poseía el don de la profecía y predijo con exactitud la futura elección de Metodio al patriarcado de Constantinopoli. El propio Metodio acudió a visitar a San Juanicio en el monasterio de Antidium el día primero de noviembre del año 846. Dos días después de aquel encuentro, el miércoles 3 de noviembre del año 846, San Juanicio entregó su alma al Creador. Los sinassari de tradición bizantina recuerdan su memoria litúrgica el 3 de noviembre, si bien algunos testimonios la sitúan al día siguiente. Del mismo modo, el Calendario Palestino-georgiano conservado en el código Sinaiticus fija su memoria el 4 de noviembre. Entre sus prácticas de piedad, el Martirologio recuerda que el santo solía concluir sus momentos de oración recitando la fórmula: Dios, mia esperanza; Cristo, mio refugio; Spirito Santo, mio protettore.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia San Juanicio?

Su memoria litúrgica se conmemora principalmente el 3 de noviembre, día de su fallecimiento, aunque algunos sinassari bizantinos y el Calendario Palestino-georgiano la sitúan el 4 de noviembre.

En el monasterio de Antídion en Bitinia, en la actual Turquía, san Juanicio, monje, que, dejado el ejército después de más de veinte años de servicio, se dedicó a la vida solitaria en varias laderas del Olimpo, terminando normalmente la oración con las palabras: «Dios, mi esperanza; Cristo, mi refugio; Espíritu Santo, mi protector». — Martirologio Romano