Enciende una vela por quien amas — arde aquí durante 7 díasEnciende la tuya →

17 de julio

San León IV

Papa

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y formación monástica

San León IV vio la luz en la ciudad de Roma, siendo hijo de un hombre llamado Radoaldo o Ridolfo, y descendía de una estirpe de origen longobardo. Aunque el nombre de bautismo que le fue impuesto en sus primeros años no ha llegado hasta nosotros, desde su juventud supo distinguirse entre sus conciudadanos por ser un ejemplo elocuente de pureza y un verdadero maestro de vida interior. Su inclinación natural hacia la oración y la penitencia lo condujo a abrazar la vida consagrada ingresando como monje en el monasterio benedictino de San Martino. Dicho cenobio se encontraba situado en las inmediaciones de la gran basílica de San Pietro y gozaba de una profunda estimación por parte de la comunidad romana gracias al testimonio de sus religiosos.

La fama de santidad que acompañaba al religioso llamó la atención de las autoridades eclesiásticas, propiciando que papa Gregorio IV lo reclamara para tenerlo muy cerca de sí en el clero romano. El pontífice lo acogió inicialmente en el Palacio del Letrán, donde desempeñó con diligencia las funciones de subdiácono. En los años sucesivos, y más concretamente en el periodo comprendido entre el 844 y el 847, el futuro pastor supremo recibió la ordenación sacerdotal de manos de papa Sergio II. En reconocimiento a sus insignes virtudes y a su dedicación pastoral, papa Sergio II decidió elevarlo a la dignidad cardenalicia, consolidando su posición como uno de los colaboradores más fiables y respetados en el gobierno de la diócesis de Roma.

La elección al pontificado

Los acontecimientos históricos precipitaron de forma notable el destino del piadoso sacerdote tras el fallecimiento de papa Sergio II, acaecido el 27 de enero del año 847. La situación de la Urbe era extremadamente delicada y urgente, especialmente a causa de las devastadoras incursiones sarracenas registradas el año anterior, en el 846, que habían puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los santos lugares. En ese mismo día de la muerte de Sergio II, el clero romano y el pueblo se unieron en un profundo consenso para elegir por aclamación unánime al hijo de Radoaldo como nuevo obispo de Roma, adoptando el nombre pontificio de León IV. La delicada coyuntura de urgencia motivó que la consagración papal se celebrara con gran prontitud el 12 de aprile de 847.

Debido a la mencionada situación de emergencia y a la necesidad imperiosa de contar con una guía espiritual y civil firme sin demora, la consagración episcopal y la asunción del cargo se llevaron a cabo sin esperar la tradicional aprobación imperial que exigía el protocolo de la época. Afortunadamente, el emperador no se resintió por esta falta de aquiescencia previa, probablemente movido por un sentimiento de culpa al no haber apoyado con la debida decisión a Roma frente a las agresiones de los ejércitos árabes. De este modo, León IV asumió plenamente las riendas de la Iglesia en el año 847, inaugurando un pontificado que estaría marcado por la firmeza en la defensa de la fe y la reorganización defensiva y material de todo el territorio pontificio.

La defensa de la Urbe y la Batalla de Ostia

El nuevo papa debió afrontar numerosos desafíos materiales que azotaban a la población, incluyendo un grave terremoto que sacudió Roma dejándola seriamente dañada y provocando incluso el derrumbe parcial de una sección del Coliseo. A ello se sumó un violento incendio que devastó la zona circundante al Borgo, cuyas llamas se detuvieron milagrosamente sin alcanzar la vecina basílica de San Pietro gracias a una bendición impartida por el propio pontífice desde el lugar, un prodigio que siglos más tarde sería inmortalizado por Raffaello en uno de sus célebres frescos conservados en los Museos Vaticanos. Para hacer frente al peligro persistente de los invasores, el santo obispo desplegó una intensa actividad militar y diplomática, estableciendo guarniciones de defensa a lo largo de toda la costa tirrenica y disponiendo una flota de naves en el mar.

En su labor por consolidar alianzas, León IV entabló negociaciones con los soberanos de los ducados meridionales de Amalfi, Gaeta, Napoli y Sorrento, promoviendo con éxito una coalición conocida como la Lega campana. Dicha liga militar y naval quedó bajo el mando supremo del napolitano Cesario Console con la misión primordial de proteger las costas de la Campania y del Lacio. En el transcurso del verano del año 849, la amenaza se materializó de forma amenazante, desembocando en la histórica Batalla de Ostia. La flota de la Liga promovida por el papa, unida a las naves romanas, logró una rotunda victoria frente a los sarracenos, un triunfo memorable que también fue inmortalizado por Raffaello en las estancias vaticanas y que garantizó una época de relativa paz para el mar Tirreno.

La Ciudad Leonina y las obras de restauración

Aprovechando su carisma espiritual y los remordimientos del emperador Lotario por la falta de ayuda militar anterior, León IV obtuvo de este una ingente cantidad de recursos económicos destinados a la reconstrucción y mejora de las infraestructuras de la ciudad. El pontífice empleó estos fondos con suma sabiduría, ganándose con justicia el apelativo histórico de restaurador de Roma. Su proyecto más ambicioso consistió en la construcción de una nueva y más amplia cinta muraria que abarcaba una superficie superior a la antigua muralla aureliana, incluyendo dentro de su perímetro fortificado todo el Colle Vaticano y el área circundante a San Pietro. Esta imponente obra defensiva, que conectaba la zona de Trastevere con Castel S. Angelo, dio origen a la denominada Ciudad Leonina, a cuya realización contribuyeron materialmente la propia Francia, Alemania y el emperador Lotario.

Para llevar a cabo las obras de edificación de estas murallas, el papa dispuso el empleo de los prisioneros sarracenos capturados durante la batalla naval de Ostia del año 849. La solemne inauguración de la Ciudad Leonina tuvo lugar finalmente el 27 de junio del año 852. Paralelamente, la generosidad y el celo del pontífice se manifestaron en la restauración profunda de las grandes basílicas patriarcales de San Pietro y San Paolo fuori le Mura, así como en la fortificación del puerto comercial de Porto. Ante la destrucción total de la antigua localidad de Centumcellae por parte de las incursiones enemigas, el papa ordenó su reconstrucción en una ubicación geográficamente más segura, bautizándola con el nombre de Leopoli, un asentamiento que hoy en día conocemos con el nombre de Civitavecchia. Su afán reconstructor y protector se extendió asimismo a otras localidades del territorio circundante, operando importantes restauraciones en Tarquinia, Orte y Amelia.

Gobierno de la Iglesia y relaciones con el Imperio

Leone IV consagró gran parte de su ministerio apostólico a vigorizar la disciplina del clero y a tutelar la dignidad e independencia de la Santa Sede frente a las pretensiones de injerencia del Imperio. En el cumplimiento de esta misión pastoral, el papa celebró el concilio de Pavia en el año 850, y posteriormente convocó en la basílica de San Pietro un relevante concilio que se desarrolló entre los años 853 y 854 con el propósito explícito de reafirmar la pureza de la fe, corregir los abusos y restaurar los sanos costumbrismos morales del pueblo cristiano. El impulso reformador del pontífice halló eco en numerosos sínodos celebrados en diversos puntos de Europa, tales como Magonza, Limoges, Lione, Parigi y en diversas regiones de Inglaterra. Durante su pontificado se resolvió también un delicado asunto disciplinario relativo a la excomunión del cardinal Anastasio de S. Marcello, un prelado díscolo que albergaba ambiciones de antipapa y que había abandonado injustificadamente su diócesis de origen para instalarse en otros lugares.

Las relaciones institucionales con el poder imperial experimentaron momentos de notable tensión, especialmente a raíz de la falta de ratificación formal en el momento de la elección papal y de los continuos intentos imperiales por afirmar derechos de soberanía sobre Roma. Un incidente grave ocurrió cuando el papa protestó enérgicamente por el comportamiento de los emisarios del emperador, los cuales habían asesinado a un legado pontificio enviado ante Lotario. Con gran valentía, León IV se desplazó en persona hasta la ciudad de Ravenna, donde se encontraban los criminales, procediendo a su arresto inmediato y traslado a Roma para ser juzgados y condenados a pena capital de acuerdo con la justicia. El emperador protestó airadamente invocando antiguos acuerdos sobre la inmunidad de las personas protegidas por la corona, mientras se abría paralelamente una disputa sobre la protección que el propio imperio otorgaba al mencionado cardenal excomulgado. A pesar de estas fricciones políticas, el prestigio espiritual del pontífice era tal que numerosos soberanos de los reinos cristianos europeos acudían a él solicitando ser consagrados y coronados para legitimar su autoridad por gracia divina; muestra de ello fue el día de Pascua del año 850, cuando el emperador Lotario hizo coronar a su propio hijo Ludovico como emperador asociado de manos del propio León IV.

Testimonio final y culto litúrgico

En el plano del gobierno civil y administrativo de la península, la autoridad de León IV se tradujo en decisiones de gran trascendencia histórica, como la confirmación oficial otorgada a los habitantes de la región de los Vénetos para que conservaran el derecho soberano de elegirse libremente un Dux o Doge. Asimismo, la mentalidad rigurosa y ordenada del santo pontífice quedó reflejada en un pequeño detalle diplomático de gran valor documental, al convertirse en el primer papa de la historia en introducir la costumbre de consignar la fecha exacta en los documentos pontificios oficiales. En su solicitud constante por el bienestar de los más débiles, el papa nunca descuidó la asistencia material directa a los sectores más vulnerables de la sociedad romana, organizando distribuciones periódicas de generosos lotes de víveres y alimentos básicos para aliviar la escasez de las familias necesitadas.

Tras un pontificado intenso y fecundo entregado por entero al servicio de la Iglesia y a la salvaguarda de la fe, San León IV entregó su alma al Creador el 17 de julio del año 855 en la ciudad de Roma. Su cuerpo sagrado recibió sepultura inicial en el interior de la basílica de San Pietro, lugar donde se había volcado durante toda su vida. A finales del siglo XI, concretamente en el año 1099 y por expresa voluntad de papa Pasquale II, sus restos mortales fueron trasladados y colocados con veneración muy cerca de los de San Leone I Magno; en aquella misma ocasión solemne, se unieron a ellos también las reliquias de San Leone II y San Leone III, reuniendo así en un mismo espacio la memoria de los grandes pastores que honraron la sede de Pedro.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia San León IV?

La festividad litúrgica de San León IV se celebra el 17 de julio de cada año, fecha que coincide con el aniversario de su tránsito a la vida eterna.

En Roma, junto a San Pedro, san León IV, papa, defensor de la Urbe y sostenedor del primado de Pedro. — Martirologio Romano