17 de agosto
San Mama de Cesarea de Capadocia
Pastor, mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Las fuentes históricas y el contexto
Existen dos santos con el nombre de Mama, uno de género masculino y una de género femenino. La santa femenina subió el martirio en Persia, mientras que el santo masculino es el célebre Mama de Cesarea de Capadocia. Las fuentes sobre la vida de San Mama son numerosas, pero las más antiguas y attendibles son dos omelie redactadas por san Basilio Magno y por san Gregorio Nazianzeno alrededor del año 303. Estas dos piezas oratorias son sumamente ricas de elogi para el mártir, aunque resultan pobres de particulares cronológicos.
Los dos insignes obispos no proporcionan detalles precisos sobre los padres, sobre la edad, sobre la época exacta o sobre el género del martirio del santo. Sin embargo, describen con claridad la grandísima popularidad del culto de San Mama en Cesarea y en todos sus alrededores. Dicho culto fue alimentado constantemente por los numerosos milagros operados por el santo en calidad de taumaturgo, hasta el punto de ser considerado con veneración como padre de la ciudad de Cesarea.
El estudio de la vida de San Mama interesa profundamente a la historia, al folklore, a la historia del arte, a la arqueología y a la patristica. Con el paso del tiempo, las recensioni agiografiche sucesivas arricchirono notablemente el relato de su vida con particulares de carácter fantástico. La 'passio' más antigua que se conserva remonta al cuarto siglo y fue redactada bajo la forma de una enciclica firmada por los obispos Eutrepio, Cratone y Perigene.
La juventud y el retiro en los montes
San Mama provenía de una familia de condición modesta y pobre. Durante su juventud, ejercía el humilde oficio de pastore de ovejas, ocupación que mantuvo hasta concluir su vida terrenal. Hacia el período del emperador Aureliano, situado entre el año 270 y el 275, Mama era un muchacho de apenas doce años de edad. En aquel tiempo, el joven fue confiado a la custodia del obispo Taumasio de Cesarea de Capadocia.
El emperador Aureliano desató una dura persecución contra los cristianos y envió al conde Claudio con un contingente de cuatrocientos soldados para capturar a los fieles y al obispo. Sin embargo, el conde Claudio y doscientos de aquellos soldados experimentaron una profunda conversión al cristianismo tras su llegada a Cesarea. Poco después, el emperador Aureliano, viéndose obligado a comprometerse en una guerra contra Persia, suspendió temporalmente la persecución.
El obispo Taumasio falleció a consecuencia de aquellos acontecimientos. La población pagana se revolvieron entonces con violencia, incendiaron la iglesia local y perpetraron una terrible masaje de cristianos. Los paganos decidieron perdonar la vida a Mama únicamente a causa de su corta edad. Lejos de atemorizarse, el muchacho comenzó a predicar públicamente contra la idolatría.
En aquel tiempo, San Mama escuchó una voz, audible únicamente por él, que le ordenaba abandonar la ciudad. La misteriosa voz le indicaba que debía dirigirse a los montes, internándose en la foresta para predicar el sagrado Evangelio a las bestias. Asimismo, la voz le señaló con exactitud el lugar donde encontraría un código del Evangelio sotterrato entre los ruderos de una pequeña iglesia previamente incendiada. El joven encontró el precioso código y lo llevó consigo al monte, donde se instaló a vivir dentro de una gruta.
La vida solitaria y el prodigio de las bestias
San Mama transcurría las jornadas en profunda solitaria, alimentándose estrictamente de aquello que encontraba en la naturaleza. Para calmar su sed, el joven bebiere el leche munto directamente de animales silvestres e incluso de especies de carácter feroz. Su existencia transcurría en una condición de máxima frugalidad, viviendo como un humilde pastor solitario entre las selvas de los montes.
La fama de su cercanía con la creación se consolidó rápidamente. Animales feroces, aves de diversas especies y otros animales silvestres se congregaban puntualmente todas las tardes alrededor de San Mama. El joven les leía en voz alta los pasajes del código sagrado, y las fieras escuchaban atentas sus palabras en una profunda y asombrosa armonía.
Cinco años más tarde, el emperador Aureliano envió a un preside llamado Alessandro, reconocido como un feroz enemigo de los cristianos, con la misión expresa de reanudar la persecución. Alessandro, al enterarse de la existencia de San Mama y del prodigio de las bestias y atribuyéndolo erróneamente a prácticas de magia, envió un manipolo de soldados para proceder a su arresto inmediato.
Los soldados enviados por el preside fueron acogidos con gran cortesía por San Mama, quien los refociló generosamente con el queso que él mismo producía. A la hora acostumbrada, los hombres presenciaron con asombro la llegada de una multitud de animales, tanto grandes como pequeños, inofensivos y feroces, que se congregaron pacíficamente en torno al joven pastor.
La conversión de los soldados y el martirio
Aterrorizados principalmente por la presencia imponente de los leones, los soldados suplicaron a San Mama que los auxiliara. El santo calmó y tranquilizó a los hombres hablándoles largamente del único Dios creador y de Jesucristo su Hijo, a quien atribuyó el origen del prodigio. Mama los invitó con firmeza a la conversión para no mostrarse inferiores a las propias bestias que escuchaban con docilidad el Evangelio.
Conmovidos por sus palabras, los soldados se convirtieron y pidieron recibir el bautismo cristiano. Aquellos hombres valientes se llamaban Abdan, Dan, Niceforo, Milezio, Romano, Didimo, Secondino y Prisco. San Mama descendió entonces del monte acompañado por los nuevos discípulos para presentarse ante el preside. Durante el trayecto, tuvieron la gracia de encontrar al sacerdote Cratone, quien administró el bautismo a los soldados convertidos.
Una vez llegados a Alejandría para presentar una valiente apologética del cristianismo, los soldados fueron inmediatamente encarcelados. Por su parte, San Mama fue sometido a svariadas torturas de extrema peligrosidad para la vida, logrando salir siempre completamente incolume. Incluso superaron juntos, el santo y los soldados, el temible supplizio de las ferias.
Finalmente, San Mama y todos los soldados convertidos sufrieron la pena capital siendo decapitados en el año 275. Poco tiempo después, el emperador Aureliano falleció y cesó definitivamente la persecución en aquellas regiones. El santo subió el martirio en Cesarea de Capadocia, situada en la actual Turquía, habiendo dado testimonio supremo por haber professado abiertamente su fe en Cristo.
El culto, las reliquias y la difusión
Los primeros cristianos elevaron una basílica conmemorativa sobre el mismo lugar donde se consumó el supplizio del mártir. El primer centro indiscutible del culto a San Mama fue Cesarea de Capadocia, identificada hoy con la moderna ciudad de Kayseri, en territorio de Turquía. Sobre la tumba del santo sorse un santuario que se convirtió rápidamente en meta de ininterrumpidos peregrinajes, atraídos masivamente por la fama taumatúrgica del mártir.
En los siglos sucesivos, numerosas otras iglesias y monasterios fueron consagrados a la memoria de San Mama en todo el ámbito del Oriente cristiano, comenzando por la imperial ciudad de Constantinopla. A consecuencia de la posterior traslación de sus reliquias sagradas, el culto se extendió fuertemente hacia la isla de Cipro, Grecia y diversas regiones de Occidente.
En los países occidentales, el principal centro de devoción al santo fue y continúa siendo la catedral de Langres, situada en Francia. Asimismo, San Mama es venerado con devoción en diversas localidades de la Toscana y del Véneto. El nombre del santo aparece registrado en decenas de antiguos Martirologios, Calendarios y Sinassari, tanto de tradición oriental como occidental, consignado en múltiples fechas diferentes.
El Martirologio Romano, desumendolo directamente del antiguo martirologio Geronimiano, sitúa oficialmente su memoria litúrgica el die7 de agosto, fecha en la cual es celebrado con solemnidad especial en la catedral de Langres. A lo largo de la historia, el santo ha recibido un culto de carácter antichissimo y de una vastísima difusión geográfica.
Numerosas obras de arte inmortalizan la figura de San Mama, representándolo habitualmente durante el prodigio de la lectura del Evangelio a los animales silvestres o en el momento culminante de su martirio. Algunas de las representaciones artísticas más notables muestran al santo firmemente atado a una columna mientras un verdugo le atraviesa el vientre con un tridente.
La vida del pastor
La existencia de San Mama se define por una vocación de silencio y oración en los parajes montañosos de Capadocia. Lejos de las comodidades del mundo, encontró en la vida pastoril un camino para contemplar la obra de Dios. Su relación con la creación era tan profunda que se dice que predicaba el Evangelio a los animales salvajes en la paz de su gruta. Esta armonía con la naturaleza no era solo un refugio, sino un testimonio vivo de la bondad divina que él deseaba comunicar a toda la creación.
Cuando las autoridades imperiales, bajo el gobierno del emperador Aureliano, intentaron poner fin a su labor, el encuentro entre el santo y los soldados encargados de su arresto tomó un giro inesperado. La palabra de San Mama, impregnada de la verdad del Evangelio, fue tan persuasiva y cargada de gracia que logró convertir al grupo de hombres que debían llevarlo ante la justicia. Este hecho subraya la autoridad espiritual de un hombre que, habiendo renunciado a todo, poseía la libertad interior necesaria para atraer a otros hacia el camino de la fe. Finalmente, en el año doscientos setenta y cinco, en Cesarea de Capadocia, San Mama selló su entrega total mediante el martirio por decapitación. Su muerte no significó el fin de su misión, sino el inicio de una huella imborrable que se expandió más allá de su tierra natal, alcanzando lugares tan diversos como la región de Langres en Francia, la isla de Chipre y las tierras de Grecia, donde su ejemplo de fortaleza ante la adversidad continúa siendo una luz para los fieles.
El culto y la devoción
La figura de San Mama goza de una veneración especial en la tradición cristiana, siendo recordado con solemnidad en el Martirologio Romano cada diecisiete de agosto. La devoción hacia este santo mártir ha echado raíces profundas en diversas culturas, donde es invocado con confianza por su intercesión poderosa. Su condición de pastor le ha otorgado el patronazgo sobre el ganado, siendo un protector natural para quienes dedican su vida al cuidado de los animales y al trabajo en el campo.
Asimismo, la tradición lo reconoce como protector de las nutrices, confiando a su cuidado maternal la delicada tarea de alimentar y proteger a los más pequeños. Esta doble faceta de su patronazgo refleja la ternura y la solidez que caracterizaron su vida. A través de los siglos, los fieles han acudido a él buscando amparo en sus necesidades cotidianas, encontrando en su historia una fuente de esperanza y un modelo de vida cristiana íntegra. Su legado, más allá de las fronteras geográficas, sigue uniendo a las comunidades en la oración y el respeto por su testimonio de fidelidad.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja San Mama de Cesarea de Capadocia?
Su memoria litúrgica se celebra el 17 de agosto, según el Martirologio Romano y las celebraciones solemnes en Langres.
De qué es patrono San Mama?
En Occidente fue elegido patrono de las nutrices, mientras que en Oriente es invocado tradicionalmente como protector del bestiame.
En Cesarea en Capadocia, en la actual Turquía, san Mamas, mártir, que, humildísimo pastor, vivió solitario entre las selvas de los montes en máxima frugalidad y sufrió el martirio bajo el emperador Aureliano por haber profesado su fe en Cristo. — Martirologio Romano