29 de diciembre
San Marcelo el Acemeta
Abad
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los primeros años y el retiro en Bitinia
San Marcelo nació en la localidad de Aparaea y posteriormente se trasladó para cursar sus estudios en Antiochia. Más tarde residió en Efeso, donde ejerció el oficio de calígrafo. Con el tiempo, fue atraído hacia la órbita de su corregional Alessandro, ingresando en el monasterio de san Menna de Costantinopoli. Cuando Alessandro fue condenado por un concilio de Costantinopoli a abandonar la capital, Marcello lo siguió junto con otros monaci y se estableció con él en la localidad de Gomone, situada en la Bitinia Nord-orientale. Al aproximarse la muerte de Alessandro alrededor del año 430, Marcello, en su calidad de monaco más distinguido de la comunidad, decidió alejarse temporalmente del monasterio para evitar ser elegido como sucesor en el cargo de egumeno. Regresó únicamente al saber que Alessandro había fallecido y que Juan ya había sido elegido para sucederle. Durante el egumenato de Juan, el nuevo superior recibió la ordenación sacerdotal, mientras que Marcello fue ordenado diacono.
El traslado al Bosforo y la fundación del gran monasterio
Bajo la guía del egumeno Juan, la comunidad abandonó Gomone, un sitio de frontera descrito como un lugar áspero, salvaje y malfamado. Los religiosos se trasladaron para habitar casi en el centro de la orilla asiática del Bosforo, en un paraje conocido entonces como Ireneo y posteriormente como Chiboukli o Cubuklu, situado frente a la bahía de Istenia y en estrecho contacto con la capital. En este nuevo emplazamiento, los monaci no interrumpían la plegaria ni siquiera durante la noche. Debido a esta continua oración nocturna, los religiosos recibieron la denominación de Acemeti, término que designa a los insonnes. En el Ireneo concluyó el brevísimo egumenato de Juan y comenzó el larguísimo periodo de gobierno de Marcello, quien se convirtió en el segundo sucesor de Alessandro.
La reforma y la gran biblioteca monástica
San Marcelo reformó el monasterio de los Acemeti, rehabilitándolo y disipando cualquier sombra de fanatismo o de herejía. La oración continua permaneció como el rasgo más sobresaliente de aquellos monaci, quienes continuaron siendo tenidos por los insonnes centinelas de Dios. El trabajo, especialmente el de índole intelectual, no fue prohibido, sino que se estableció como obligatorio. Gracias a ello, la biblioteca de los Acemeti se transformó en una de las más acaudaladas de todo Oriente y constituye la más antigua biblioteca monástica mencionada en la historia de la Iglesia griega. Bajo el emperador Justiniano, dicho acervo albergó dos mil cartas de sant'Isidoro de Pelusio, y con el tiempo formó la mayor delicia de Rustico, joven diacono romano y sobrino del papa Vigilio. La grandeza de la obra de Marcello hizo que la posteridad y los contemporáneos le atribuyeran incluso parte de las acciones realizadas por sus dos antecesores, dado que Alessandro había sido difamado y Juan había transitado fugazmente como una meteora sin dejar huella.
Pobreza, generosidad y crecimiento comunitario
El egumenato de Marcello se prolongó por cerca de un cuarentenio y se distinguió por una asombrosa actividad desplegada tanto dentro como fuera del monasterio, especialmente en el ámbito de las construcciones. El santo estimó en gran manera el espíritu y la práctica de la pobreza, al punto de rechazar la propuesta formulada por sus religiosos de adquirir tierras. Asimismo, cedió los bienes que había heredado de su hermano a otros monasterios, sin reservarse nada para sí mismo. En cambio, aceptó las cuantiosas riquezas con las que Faretrio, un acaudalado ciudadano de origen romano, ingresó en el monasterio del Ireneo. Ya su antecesor Juan se había valido de los caudales aportados por Filoteo, otro ciudadano romano acaudalado, para erigir la estructura inicial. Con las ingentes riquezas aportadas por Faretrio, Marcello se dispuso a ampliar y embellecer el complejo, el cual pasó a ser conocido universalmente desde entonces como el gran monasterio de los Acemeti. Numerosas personas acudían desde todas partes para solicitar su admisión, entre ellas el nobilísimo joven constantinopolitano Juan, quien llegó a ser acemeta, calibita y ascendió a los altares tanto en Oriente como en Occidente. Por su parte, el siro Sergio, discípulo de san Simeone Stilita, en camino hacia el monasterio, mudó de rumbo al divisar en la orilla opuesta la columna de san Daniele Stilita.
Acción doctrinal y presencia en los concilios
San Marcelo fundó y acrecentó el patrimonio bibliotecario, situando a su comunidad como la principal impulsora de la renovación del pensamiento y de la acción durante la segunda mitad del quinto siglo. El abad formaba a sus discípulos, establecía en otros sitios colonias monásticas, recolectaba reliquias y tradiciones de los santos, y recibía a los peregrinos que acudían a consultarlo. A pesar de sus múltiples ocupaciones, hallaba el tiempo necesario para prepararse y participar en conferencias dogmáticas y sesiones conciliares. En el año 448, en Costantinopoli, junto con el patriarca Flaviano, treinta y un obispos y veintidós archimandritas, suscribió la condena del archimandrita Eutiche. Durante el año 449, en el denominado latrocinio efesino, desplegó tal celo contra el monofisismo que se hizo acreedor de los elogios de Teodoreto de Ciro. Asimismo, en el año 451 estuvo presente en la cuarta sesión del concilio de Calcedonia, donde firmó junto con otros diecisiete archimandritas una súplica dirigida al emperador Marciano en contra de Eutiche.
Intervenciones providentes y tránsito a la eternidad
El día 2 de septiembre del año 465, la tradición atribuyó a las fervientes plegarias de San Marcelo la repentina detención de un grave incendio que asolaba Costantinopoli. Gracias a su enorme prestigio y a su reconocida fama de santidad, el abad pudo combatir firmemente y con eficacia el arrianismo professado por el godo Aspar Ardaburo, cónsul en el año 427, y por su familia. En el año 469 logró impedir que un miembro de aquella estirpe ocupara el trono imperial, hazaña que repitió por segunda vez en el año 471. Aquella familia cayó inexorablemente en la ruina en ese mismo año 471, tal como había sido profetizado por el propio archimandrita de los Acemeti. San Marcelo entregó su alma a Dios alrededor del año 485 y fue objeto de veneración inmediata como santo tras su muerte. Su memoria se conmemora solemnemente en Costantinopoli y su festividad está inscrita en el Martirologio Romano en la fecha del 29 diciembre, mientras que los sinassari recogen noticias sobre su vida aunque no mencionan una sinaxis específica en su honor.
Su vida y labor monástica
San Marcelo nació en Aparaea y recorrió diversas ciudades significativas para su formación, tales como Antioquía y Éfeso, hasta establecerse en Constantinopla. Su vocación se consolidó al ingresar en el monasterio de San Menna, donde recibió la dirección espiritual de Alessandro. Con el paso de los años, su madurez y entrega lo llevaron a ser nombrado egúmeno del monasterio de los Acemetas, situado en el Ireneo. En este lugar, su gestión fue trascendental, pues comprendió que la vida contemplativa debía nutrirse del conocimiento y la reflexión.
Bajo su dirección, la comunidad experimentó una notable reforma en su regla monástica, integrando el estudio riguroso y la fundación de una biblioteca, elementos que se convirtieron en un sello distintivo de su legado. Su celo no se limitó a los muros del monasterio, sino que se proyectó hacia la vida pública y eclesial de su tiempo. Participó activamente en los acontecimientos que definieron la fe cristiana al suscribir la condena de Eutiques en el concilio de Calcedonia del año cuatrocientos cincuenta y uno. Además, demostró una gran integridad al enfrentarse políticamente a la familia del godo Aspar Ardaburo, defendiendo sus convicciones con entereza hasta su muerte en Constantinopla, ocurrida en el año cuatrocientos ochenta y cinco.
El culto y la memoria
La figura de San Marcelo el Acemeta ha perdurado en la memoria de la Iglesia como un modelo de abad que supo armonizar la disciplina monástica con la exigencia intelectual y el compromiso con la verdad. Su contribución a la estabilidad de la vida cenobítica y su participación en las decisiones conciliares fundamentales lo sitúan entre los pilares de la espiritualidad del siglo quinto.
El Martirologio Romano recoge su memoria, permitiendo que las generaciones actuales celebren su testimonio de fidelidad. Su legado, que incluye la importancia del estudio y la custodia de la cultura en los monasterios, sigue siendo una referencia válida para quienes buscan profundizar en la vida consagrada. La Iglesia honra su intercesión, recordando su firmeza ante las presiones políticas y su devoción inquebrantable a la doctrina de la fe.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Marcelo el Acemeta?
La festividad de San Marcelo el Acemeta se celebra el 29 diciembre, fecha en la que su memoria está inscrita en el Martirologio Romano.
En Constantinopla, san Marcelo, abad del monasterio de los Acemetas en el Bósforo, en el cual se ejecutaba día y noche ininterrumpidamente el canto de los salmos. — Martirologio Romano