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15 de enero

San Mauro

Monje

San Mauro

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y vocación monástica

Mauro nació en Roma en el año 512, en el seno de una familia noble y distinguida. Su padre era el senador y console Eutichio y su madre la noble Giulia. Su nacimiento se produjo durante un difícil periodo marcado por las invasiones barbaricas, una época en la cual las antiguas virtudes romanas eran ya un pallido recuerdo, mientras reinaban la violencia y la corrupción, las escuelas desaparecían por completo y el Cristianesimo era considerado de forma errónea como una mera superstición. El padre Eutichio, habiendo tenido noticia de la valiosa obra que realizaba San Benedetto en el monasterio de Subiaco, tomó la firme decisión de confiarle la educación de su hijo. De este modo, a la edad de doce años, Mauro fue acogido por San Benedetto junto con su coetaneo Placido. En aquel contexto de fervor espiritual, Mauro se convirtió en el primer oblato de la orden de San Benedetto. A pesar de que Mauro no había sido el primero en llegar en orden cronológico, Benedetto sintió siempre hacia él un afecto muy especial. El patriarca del monaquismo occidental ravvisó en Mauro la más perfecta expresión de la vida monástica que él mismo había concebido. Por esta razón, San Benedetto affidó ben presto a Mauro responsabilidades de rilievo dentro de la comunidad, guiándolo por el camino de la perfección evangélica. La preghiera e il lavoro accompagnarono costante tutta la vita de Mauro, marcando cada jornada con el sello de la fidelidad a la Regola.

En aquellos primeros años de formación comunitaria, la vida monástica estuvo colmada de signos extraordinarios y de la constante guía del abad. Un día, un prete de vida sconcia envió a Benedetto da Norcia, en la comunidad de Subiaco, el homenaje tradicional de un grosso pane benedetto avvelenato con el claro propósito de eliminarlo. A Benedetto le bastó con tocar el pan para percibir de inmediato que estaba envenenado. Ante tal amenaza, Benedetto llamó a un corvo su amigo que acudió presto a uncinare el pan con el pico y a llevárselo muy lejos. Este episodio memorable quedó inmortalizado en un fresco situado en el Sacro Speco de Subiaco, el cual muestra al cuervo ya en vuelo con el pan en el pico, a San Benedetto que lo despide y a dos muchachos que observan la escena completamente stupefatti. Aquellos dos jóvenes representados en la obra son precisamente Placido y Mauro, hijos de los patrizi romani Tertullo ed Eutichio, quienes los habían conducido a la confederación de pequeños monasterios creada por Benedetto para su formación integral. Los estudios modernos recuerdan que Papa Gregorio Magno habla detalladamente de Mauro en sus Dialoghi, escritos entre los años 590 y 604, atribuyéndole gestas portentosas que buscaban transmitir profundos enseñanzas ascéticas y morales más que realizar una simple crónica histórica.

Los prodigios de la obediencia

La vida de Mauro en el monasterio estuvo acompañada por numerosos acontecimientos prodigiosos que reflejaban la profundidad de su unión con Dios y su total adhesión a las enseñanzas de San Benedetto. Según el relato transmitido por San Gregorio Magno, gracias a la intensa práctica de la preghiera, Mauro logró ver un demonio que tiraba habitualmente de la hábito de un monaco. Esta escena del espíritu maligno molestando al religioso se repitía todos los días exactamente a la hora de la oración. Gracias a un providencial intervención, Mauro logró liberar finalmente al confratello de aquella acechanza invisible. Otro acontecimiento célebre tuvo lugar cuando Placido salió un día a buscar un poco de agua y, habiéndosele caído la vasija de manos, en el inútil intento de recuperarla resbaló y fue arrastrado hacia el centro mismo del lago cercano. San Benedetto, que se hallaba recogido en su celda, tuvo por voluntad divina conocimiento inmediato de lo ocurrido e instruyó de inmediato a Mauro para que acudiera a socorrer a su compañero. Mauro, habiendo pedido y obtenido la debida bendición, partió a toda prisa y, en el ferviente anhelo de llegar a tiempo, corrió sobre las aguas sin darse cuenta siquiera de que lo estaba haciendo. Al llegar junto a su compañero, Mauro afferró a Placido por los cabellos y lo arrastró sano y salvo hasta la orilla. Una vez a salvo, Mauro comprendió la magnitud de lo sucedido y regresó apresuradamente junto al abad para contarle todo lo acontecido. El frate Mauro atribuía todo el mérito a la fuerza del mandato de Benedetto, mientras que el santo abad sostuvo siempre que el prodigio se debía enteramente a su profunda obediencia. Este singular episodio convirtió a Mauro en una figura célebre dentro de la historia de la ascética cristiana.

Los prodigios continuaron manifestándose a lo largo de su servicio monástico, como sucedió en aquella ocasión en que, encontrándose solo en el monasterio, Mauro acogió con bondad a los padres de un fanciullo zoppo y muto. Los progenitores del muchacho se presentaron ante él con los ojos llenos de lágrimas, se postraron humildemente a sus pies y le imploraron con fervor la gracia de la salud para su querido hijo. Con gran sencillez, Mauro poggió sobre el enfermo la stola que el Santo Patriarca le había regalado con ocasión de su ordenación al diaconato, y al instante el fanciullo recobró la salud. Una vez más, con admirable humildad, Mauro atribuyó aquel milagro a la virtud de la stola de San Benedetto. Asimismo, en el marco de los acontecimientos históricos y tradicionales, cabe destacar que hacia el año 529 todos los monaci se trasladaron desde Subiaco hasta Montecassino. Mauro, sin embargo, permaneció en Subiaco con la misión de dar vida a la abadía que con el tiempo se convertiría en la más célebre del mundo entero, un cenobio que dio a la Iglesia hombres verdaderamente ilustres por su santidad y su doctrina.

La misión en Francia y la posteridad

La fama de santidad que rodeaba a San Benedetto llegó hasta el Vescovo de Le Mans, quien, movido por la profunda devoción, le rogó que enviara a algunos de sus monaci más santos para fundar un nuevo monasterio. Benedetto eligió a Mauro y a otros cuatro fieles compagni para acometer esta importante empresa de evangelización y expansión monástica. No sin tener que afrontar diversas dificultades, los monjes lograron al fin edificar el monasterio de Glanfeuil, conocido hoy en día como Saint Maur sur Loire. Durante el viaje hacia tierras francesas, la tradición narra el prodigioso milagro de la multiplicación de los panes en un pobre convento que les brindó hospitalidad. Los humildes monjes del lugar, deseosos de hospedar dignamente al santo peregrino, le ofrecieron el único panecillo que les quedaba en la despensa. A la mañana siguiente, los religiosos descubrieron con asombro que la despensa estaba milagrosamente repleta de pan fresco y abundante, suficiente para proveer a la comunidad durante más de un mes entero. Este episodio de la multiplicación del pan posee un profundo valor simbólico que evoca la Eucaristía y la caridad cristiana. Por esta razón, en muchos pueblos, todavía hoy en día, se mantiene la piadosa costumbre de bendecir los panecillos durante la fiesta del santo como signo visible de comunión y fraternidad.

Una vez establecida en Francia, la nueva abadía se convirtió en poco tiempo en un foco de irradiación espiritual, llegando a acoger a ciento cuarenta monaci. Posteriormente, Mauro fundó otros monasterios dispersos por toda la geografía francesa. Durante todos los años pasados Oltralpe, el frate continuó obrando diversos milagros en favor de los necesitados. Ya en su etapa final en Glanfeuil, Mauro se retiró con mayor intensidad a la oración para prepararse espiritualmente al encuentro definitivo con el Señor, sabiendo que su muerte estaba cercana. Atacado repentinamente por una pleurite, Mauro entregó su alma al Creador el 15 de enero del año 584, a la edad de setenta y dos años. Con el pasar del tiempo, San Mauro se ganó el profundo afecto del pueblo cristiano, siendo venerado desde entonces como un santo taumaturgo, invocado tradicionalmente contra las enfermedades del raffreddamento, los reumatismi, la gota y los dolores musculares. La datación histórica y litúrgica sitúa la memoria de san Mauro en el VI secolo, conmemorando su tránsito en Glanfeuil a lo largo de la ribera del Loira, en el territorio de Angers en Francia. En el año 863 apareció en Francia una biografía del santo escrita por el abad Odone de Glanfeuil, quien afirmaba haber reelaborado un escrito anterior de Fausto, amigo y compañero de Mauro en su viaje a Francia para llevar la Regola benedettina. Aunque no existen documentos históricos contemporáneos que confirmen plenamente el relato de Odone ni la presencia efectiva de Mauro en Francia, la devoción arraigó profundamente. Más tarde, en 1618, nació en Francia una congregación benedictina cuyos miembros fueron conocidos como monaci maurini, los cuales llegaron a contar en 1766 con ciento noventa y una casas y mil novecientos diecisiete religiosos. El último abad general de los maurini, Agostino Chevreux, sufrió el martirio al ser asesinado en 1792 durante los trágicos acontecimientos de los massacri di settembre en el contexto de la Revolución francesa, junto con otros cuarenta confratres monjes maurinos, sellando con su sangre la fidelidad a la Iglesia.

Preguntas frecuentes

Cuándo se celebra la festividad de San Mauro?

La festividad litúrgica de San Mauro se celebra el 15 de enero.

De qué enfermedades es patrono San Mauro?

San Mauro es tradicionalmente invocado y venerado como protector contra las enfermedades del raffreddamento, los reumatismi, la gota y los dolores muscolari.

En Glanfeuil a lo largo del Loira en el territorio de Angers en Francia, san Mauro, abad. — Martirologio Romano