13 de enero
San Pedro de Capitolias
Mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La vida familiar y la vocación eremítica
San Pedro desempeñaba su ministerio como sacerdote en Capitolias, un borgo situado a varios kilómetros del lago de Tiberiade y a cien kilómetros al sur de Damasco. En su juventud, Pedro contrajo matrimonio y tuvo tres hijos, un maschio y dos figlie. A la edad de treinta años, el sacerdote se sintió llamado a una vida de solitudine y decidió retirarse a un eremo con el noble consenso de su esposa. Antes de emprender este camino de retiro espiritual, Pedro sistemó a las dos figlie más grandes en un monasterio situado fuera de la ciudad. Cuando el hijo menor cumplió doce años, el padre lo alojó en una celda vecina a la suya para cuidarlo de cerca. San Pedro dio personalmente una educación espiritual rigurosa a su hijo, preparándolo para la vida en la fe mientras él mismo profundizaba en la oración y en la penitencia.
El primer intento de martirio y la curación prodigiosa
En proximidad de los sesenta años de edad, san Pedro cayó gravemente ammalato y en su corazón sintió el dolor de perder la esperanza de morir martire debido a la enfermedad. Para alcanzar su anhelado fin, Pedro hizo un tentativo de martirio mandando a llamar a los notables musulmanes a través de su fiel servo. En presencia de estas autoridades, el sacerdote dictó su testamento y realizó públicamente una profesión de fe cristiana. Durante esta solemne declaración, san Pedro lanzó violentas invettive contro l'Islam. Los musulmanes, contrariados por sus palabras, decidieron soprassedere en lugar de matarlo de inmediato, considerando el gravísimo estado de salud en el que se encontraba. Poco después, llegó la noticia de la muerte de san Pedro, la cual sin embargo no era verdadera, pues el sacerdote se ristabilì prodigiosamente de su dolencia. Tras su recuperación, san Pedro se puso a predicar en público sobre las piazzas de la ciudad.
El juicio y el encuentro con el califa Walid I
Los musulmanes de Capitolias, alarmados por su prédica, redassero un rapporto diretto a Omar, hijo del califfo Walid I. El príncipe Omar encargó a un dignatario llamado Zora que verificara si el imputado se encontraba en sus facultades mentales. Zora constató el buen estado mental de san Pedro, lo hizo arrestar y envió un nuevo informe a Omar. En el mismo período, el califa Walid I cayó gravemente ammalato en Damasco. Walid I reunió a sus hijos alrededor de su lecho y apprese da Omar la historia del prete Pedro, ordenando inmediatamente que el sacerdote fuera conducido a su presencia. El venerdí cuatro de enero del año setecientos quince, san Pedro llegó a la residencia del califa. Allí fue sometido a fuertes presiones por parte de Omar para obligarlo a apostatar y conseguir así salvar su vida, pero Pedro rechazó firmemente tales presiones. Tras comparecer directamente dinanzi a Walid I, el encuentro con el soberano selló su condena a muerte, encargándose Omar de la ejecución y delegando a su vez los detalles en Zora.
El supplizio y el martirio supremo
El supplizio del sacerdote Pedro debía llevarse a cabo tras su regreso a Capitolias, previendo la adunanza de la población local, incluidos los hijos del condendato. El martirio comenzó oficialmente el día diez de enero del año setecientos quince. El primer día del supplizio consistía en arrancar la lengua de san Pedro desde la raíz. El día siguiente debían ser cortados su mano y su pie derecho, permitiendo que el confesor de la fe sufriera durante un día entero. Posteriormente se planeaba cortar la otra mano y el otro pie, quemar sus ojos con hierro rovente, y estirar su cuerpo sobre una camilla para ser paseado por la ciudad. La camilla debía ser precedida por araltos que invitaban a los espectadores a reflexionar sobre el ejemplo. Tras ser puesto en cruz y dejado allí durante cinco días, el cadáver sería quemado en un horno incandescente. Todo en él sería reducido a cenizas, incluida la cruz y las vestimentas, y tales cenizas serían arrojadas al río Yarmouk. Para evitar cualquier forma de veneración, se prohibió estrictamente a cualquiera procurarse una reliquia. El doloroso proceso de su testimonio culminó con su muerte el trece de enero del año setecientos quince, día en que Walid I fallecería también en Damasco. La tradición recuerda que san Pedro fue acusado ante el jefe de los sarracenos Walid por enseñar abiertamente por las calles la fe de Cristo.
La memoria histórica y las fuentes hagiográficas
La principal fuente sobre la vida y el martirio del santo es una antigua passio atribuida a san Giovanni Damasceno, la cual narra los eventos datados hacia el final del siglo séptimo. Antes de la difusión de esta passio georgiana, se conocía del personaje solo una breve noticia en los sinassari bizantinos, donde era celebrado al cuatro de octubre. Con el tiempo, la figura de san Pedro de Capitolias experimentó una compleja duplicación, escindiéndose en un Pedro metropolita de Damasco y en un Pedro cartulario de Maiouma, personaje este último que también fue mártir en tiempos de los musulmanes. Esta duplicación de la figura ha constituido durante mucho tiempo una materia de discusión y estudio para los expertos en hagiografía e historia eclesiástica. El Martirologio Romano tenía en el pasado una triplice commemorazione en fechas diversas para este santo, pero la nueva edición del año dos mil dos del Martirologio Romano zanja la cuestión al celebrarlo el trece de enero, reconociendo oficialmente que este día es el momento accertado de su glorioso martirio en Capitolíade, en la región de la Batanea, en Siria.
Su camino de fe
San Pedro nació en Capitolias, lugar donde también ejerció su ministerio sacerdotal. Su vocación fue un proceso de maduración espiritual que lo llevó a buscar una unión más íntima con el Señor. Tras cumplir con sus deberes familiares y asegurar el porvenir de sus allegados, el sacerdote sintió el llamado a la vida eremítica, retirándose del mundo para dedicarse exclusivamente a la contemplación y al servicio divino en el silencio del desierto.
A pesar de haber elegido un retiro solitario, la fe de San Pedro no permaneció oculta. En un momento de gran tensión religiosa, sintió la necesidad de proclamar públicamente su credo, lanzando críticas contra el sistema religioso imperante. Este acto de valentía espiritual tuvo consecuencias inmediatas, pues fue arrestado por las autoridades y trasladado a Damasco, donde se encontraba el califa Walid primero. Ante la presencia del gobernante, fue interrogado y exhortado a abandonar su fe. Con una serenidad que solo nace de la convicción profunda, San Pedro rechazó cualquier forma de apostasía, prefiriendo la muerte antes que traicionar sus principios cristianos. Esta negativa selló su destino terrenal, convirtiéndolo en un testigo ejemplar de la resistencia pacífica y el valor martirial.
El testimonio del martirio
La muerte de San Pedro de Capitolias fue un evento de una crueldad extrema, pero también de una dignidad ejemplar. Al negarse rotundamente a renunciar a su fe ante el califa, fue condenado a sufrir un martirio prolongado. Según los relatos históricos, su cuerpo fue sometido a diversas amputaciones, seguido de la crucifixión y, finalmente, su cuerpo fue entregado a las llamas para ser cremado. Este desenlace ocurrió en el año setecientos quince en su ciudad natal de Capitolias.
La Iglesia celebra su memoria el trece de enero, fecha que el Martirologio Romano reconoce como el momento exacto de su tránsito al cielo. Su historia no se recuerda por el horror de su suplicio, sino por la firmeza de su espíritu. San Pedro de Capitolias nos invita a reflexionar sobre la importancia de la coherencia de vida y la valentía necesaria para defender nuestras creencias en entornos hostiles. Su legado perdura como un recordatorio de que, aunque el cuerpo pueda ser destruido, la fe y la integridad espiritual permanecen como una luz eterna para todos los creyentes.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja san Pedro de Capitolias?
San Pedro de Capitolias se celebra el trece de enero, fecha accertada de su martirio.
Dónde nació y ejerció su ministerio san Pedro de Capitolias?
Nació y ejerció su ministerio sacerdotal en Capitolias, un borgo situado en la región de la Batanea, en Siria.
En Capitolíade en la Batanea, en Siria, san Pedro, sacerdote y mártir: acusado delante del jefe de los Sarracenos Walid de enseñar abiertamente por las calles la fe de Cristo, fue amputado de la lengua, de las manos y de los pies y, colgado en la cruz, coronó su vida con el martirio que había ardientemente deseado. — Martirologio Romano