2 de agosto
San Pedro Julián Eymard
Sacerdote y fundador
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Infancia y vocación
San Pedro Julián Eymard nació en el pueblo de La Mure, situado en la región francesa de la Isère, cerca de Grenoble, el 4 de febrero de 1811. Era hijo de segundas nupcias de Giuliano Eymard y de Maria Maddalena Pelorse. La familia estaba compuesta por los padres y por una sorellastra de nombre Mariana, que era doce años más vieja. Los demás hijos de la pareja habían muerto en tierna edad y uno había fallecido sirviendo en el ejército de Napoleón. El padre se había establecido en La Mure d'Isère, donde había fundado una pequeña industria de aceite de noci, y el joven Pedro ayudaba habitualmente a su padre entregando el producto a los clientes. La Provvidenza divina había reservado a aquel niño una gran misión, llena de combates espirituales y de glorias celestiales.
En la iglesia de la ciudad francesa de La Mure d'Isère, un niño de cinco años solía sentarse sobre una escalera situada detrás del altar, con el cuerpo inclinado y la frente muy cerca del tabernacolo. Su hermana solía buscarlo afligida por todo el vecindario hasta que lograba hallarlo en el interior del templo sagrado. Ante la pregunta insistente de su hermana sobre el motivo de su presencia allí, el niño respondía con sencillez que se encontraba conversando únicamente con Jesús. Cuando ella le interrogaba sobre la razón de adoptar aquel modo tan singular, él contestaba que de esa manera sentía a Nuestro Señor mucho mejor. El texto describe a aquel niño como un prematuro devoto del Santissimo Sacramento, y aquella precoz atracción hacia Jesús Eucarístico constituía la preparación íntima para su futura vocación.
En la iglesia parroquial existía la piadosa costumbre de impartir la benedizione con el Santissimo Sacramento inmediatamente después de la Misa diaria. La madre de Pedro no faltaba ni un solo día a dicha bendición y ofrecía devotamente a su pequeño hijo a Jesús. De este modo, la presencia real de Cristo en el ostensorio y en el tabernacolo resultó profundamente familiar para Pedro desde su más tierna infancia. Pedro experimentaba una atracción tan viva hacia Jesús en el tabernacolo que, cada vez que pasaba por delante de la iglesia, entraba invariablemente a hacerle una visita. Del mismo modo, cuando su hermana regresaba de recibir el Sacro Banchetto, Pedro procuraba permanecer cerca de ella para percibir la presencia eucarística en su alma.
El camino hacia el sacerdocio
A la edad de doce años, Pedro recibió su Primera Comunión. Durante la celebración de su Primera Comunión, recibió la gracia singular de sentir en su alma el llamamiento definitivo al sacerdocio. Cuando conversó con su padre para manifestarle su sincero deseo de seguir la vocazione sacerdotale, obtuvo de él un secco diniego. Su madre, en cambio, escuchaba en absoluto silencio y rezaba con fervor, abrigando la firme esperanza de ver algún día a su hijo revestido con los ornamentos sagrados ante el altar. Pedro poseía un carácter sumamente inteligente y resuelto. Continuó colaborando con su padre en la industria familiar y comenzó a estudiar la lengua latina de manera oculta y esforzada.
A los dieciséis años, logró finalmente obtener de su padre el permiso necesario para proseguir sus estudios literarios, primero en la localidad de La Mure y posteriormente en Grenoble. En la ciudad de Grenoble recibió la dolorosa noticia del repentino fallecimiento de su madre. Inundado en lágrimas, se postró de rodillas a los pies de una sagrada estatua de la Madonna, suplicándole con insistencia que fuese desde aquel momento su única madre y que le concediese la inmensa gracia de llegar a ser sacerdote. El amor profundo hacia la Santísimma Vergine aumentó en su corazón de manera constante hasta el final de su vida.
Una vez cumplidos los dieciocho años, obtuvo la anuencia de su padre para ingresar en el noviciado de los Missionari Oblati di Maria Immacolata en la ciudad de Marsiglia. En la superación de los diversos obstáculos que encontró para su ingreso en el noviciado fue valiosamente ayudado por el padre Giuseppe Guibert, quien por entonces era un joven sacerdote y que más tarde llegaría a ser Cardenal y Arzobispo de París. Esta constituyó la primera ocasión en la que dio pasos firmes y decididos hacia la realización de su vocación. Sin embargo, una grave enfermedad le obligó a regresar a su hogar familiar en un estado próximo a la muerte, justo cuando todo parecía conducirle hacia el cumplimiento de sus aspiraciones. En aquella circunstancia extrema le fue llevado el Viatico, y él suplicó a Jesús Sacramentato la gracia de recuperar la salud para poder consagrarse como sacerdote y celebrar al menos una Santa Misa. Su oración fue milagrosamente escuchada: sanó por completo y pudo ingresar en el Seminario Maggiore de Grenoble.
Fue presentado al rector del seminario por el propio fundador de los Oblati di Maria, Sant'Eugenio di Mazenod, quien por entonces ocupaba el cargo de Obispo de Marsiglia. El 20 de julio de 1834, coincidiendo con la festividad de Sant'Elia, recibió la ordinazione sacerdotale a la edad de veintitrés años. Durante sus primeros cinco años de ministerio pastoral desempeñó el cargo de coadjutor en Chatte y posteriormente de párroco en Monteynard. Como auténtico pastor de almas, tenía como meta primordial la santificación personal y la de las ovejas confiadas a su cuidado. Seguía fielmente los métodos espirituales del Curato d'Ars, de quien era un gran amigo. Cada día rezaba el Ufficio Divino en el interior de la iglesia y luego salía al atrio para conversar amablemente con los fieles. Estaba dotado de un fuerte carisma de atracción personal; instruía e incentivaba a todos sin distinción, logrando conversiones notables.
A pesar de su celo pastoral, la vida de párroco no le satisfacía plenamente, ya que albergaba el anhelo profundo de abrazar la vida religiosa. A pesar de las protestas de la congregación y de las lágrimas de su hermana Mariana, consiguió la debida autorización del ordinario diocesano para abandonar su cargo parroquial. En el año 1839 ingresó formalmente en el noviciado de los Padres Maristi en Lione. Dicho instituto había sido fundado tres años antes por el padre Jean Claude Colin. Los miembros de aquel instituto habían recibido la específica misión de evangelizar a los pueblos del Pacífico, y el padre Pedro Giuliano se preparaba inicialmente para ser enviado como apóstol a la lejana Oceania. No obstante, las obediencias de la obediencia cambiaron su destino: el padre Pedro Giuliano fue nombrado sucesivamente director espiritual del Collegio Marista de Belley, superior provincial, visitador apostólico y director del Ordine Terziario di Maria en Lione. En la ciudad de Lione, el padre Pedro Giuliano ejerció un intenso apostolato caritativo con los encarcelados, los enfermos y los obreros.
La gran misión eucarística
El padre Pedro Giuliano afrontó con suma valentía los complejos vientos del siglo XIX. Aquel siglo se encontraba profundamente impregnado de utilitarismo y de un anticlericalismo ostinato cuyo objetivo deliberado era desacreditar la religión y los valores sobrenaturales. El joven sacerdote se percató con claridad de que la sociedad se estaba apartando progresivamente de Cristo y de su Iglesia, y experimentó el ardiente deseo de transformar aquella dolorosa situación. En el año 1845, mientras portaba la custodia con el Santissimo Sacramento durante una solemne procesión, el padre Pedro Giuliano se sintió repentinamente pervaso por una gran fuerza interior. En ese mismo año 1845 imploró a Dios el celo apostólico propio de San Pablo con el fin de difundir eficazmente el nombre sagrado de Jesucristo.
Posteriormente, en el año 1851, mientras se encontraba orando fervorosamente ante la sagrada estatua de la Vergine Santissima en el santuario mariano de Fourvière, recibió una gracia de absoluta decisiva importancia. Escuchó la voz de la Madonna, que le exponía la urgente necesidad de fundar una nueva congregación religiosa consagrada exclusivamente a honrar la Sacra Eucaristia. La devoción eucarística le fue señalada como el medio providencial para resolver los graves problemas del mundo moderno, renovar la vida cristiana y formar adecuadamente a sacerdotes y laicos. El padre Pedro Giuliano veneraba profundamente a la Virgen bajo el título de Madonna del Santissimo Sacramento, considerándola el modelo supremo de los adoradores. El padre Pedro Giuliano redactó numerosas meditaciones sobre la Eucaristía, presentándola como el remedio infalible contra la indiferencia universal y la generalizada pérdida de la fe. Sostenía con firmeza la absoluta necesidad de salvar a las almas por medio de la Eucaristía y de despertar espiritualment a Francia y a toda Europa. Afirmaba que era indispensable esparcir una viva chispa de amor en aquellas almas débiles que no habían fijado el centro de su existencia en Jesús presente en el tabernacolo. Con frecuencia parafraseaba al apóstol San Pablo, exhortando a no predicar otra cosa que a Jesucristo y a Jesucristo Sacramentado.
Tras estas luces divinas, expuso al Superior General de los Padres Maristi su firme deseo de fundar una nueva congregación. El Superior General examinó detenidamente el proyecto y tuvo la generosidad de dispensarle de sus votos de religioso, concediéndole total libertad de acción. A continuación, sometió el caso a la consideración del Arzobispo de París, Monseñor Marie-Dominique-Auguste Sibour. Se presentó en el Palacio Arzobispal acompañado por su primer discípulo, el Conde Raimondo de Cuers. El Conde Raimondo de Cuers era un antiguo capitán de fragata que recibiría más adelante la ordinazione sacerdotale en el seno de la nueva Congregación. Explicó detalladamente a Monseñor Sibour el proyecto de instituir una asociación religiosa de carácter contemplativo y activo, compuesta por adoradores del Santissimo Sacramento. La institución tenía como finalidades primordiales incrementar la devoción eucarística, preparar a los adultos para recibir la Primera Comunión y realizar otras actividades pastorales. El ilustre Arzobispo se entusiasmó vivamente con la iniciativa, llegando a definir aquella obra como la pieza que faltaba en el mosaico de la Archidiócesis de París.
La Congregación del Santissimo Sacramento nació oficialmente el 13 mayo 1856. La comunidad fundacional estaba formada inicialmente por tres miembros: el propio padre Pedro Giuliano, el padre Cuers y el padre Champion. La pequeña comunidad inicial se estableció en una modesta casa puesta generosamente a su disposición por Monseñor Sibour. El Santissimo Sacramento fue expuesto públicamente por primera vez en la Capilla de la comunidad durante la solemne festividad de los Reyes Magos del año 1857. Un año después lograron adquirir una segunda finca situada en los suburbios de Saint-Jacques, conocida popularmente como la Capilla de los Milagros. La obra se desarrollaba con notable lentitud, debiendo afrontar dificultades económicas y organizativas de toda índole. El Santissimo Sacramento estaba destinado a permanecer expuesto de forma perpetua; sin embargo, los adoradores inscritos mostraron pronto evidentes signos de cansancio, se registraron complejas dificultades en la gestión de la veglia notturna y se produjeron algunas deserciones entre los fieles adoradores. Incluso el padre Cuers solicitó a las autoridades de Roma la dispensa de sus votos con el propósito de fundar otro instituto diferente. A todo ello se sumaron intensas penas morales provocadas por calumnias e incomprensiones dolorosas. El santo fundador afrontaba todas estas adversidades con un elevado espíritu sobrenatural, llegando a manifestar que su mayor temor era precisamente el cese de los sufrimientos. La purificación profunda de su alma y de la naciente fundación se operó a través del dolor físico derivado de las penitencias voluntarias y de las constantes dolencias, así como mediante el sufrimiento moral.
Expansión de la obra y legado espiritual
A pesar de las múltiples dificultades encontradas, las vocaciones continuaron llegando a la Congregación. La afluencia de nuevos miembros se vio notablemente favorecida por los encendidos sermones de carácter eucarístico que pronunciaba el fundador. Dichos sermones eran rigurosamente preparados en prolong ración ante el tabernacolo. El padre Eymard afirmaba con convicción que una sola hora transcurrida a los pies de Jesús Sacramentato posee un valor infinitamente superior al de una mañana entera dedicada al estudio de los libros. El amor abrasador hacia Cristo impulsaba al fundador a predicar con la misma fuerza que el apóstol San Pablo. En el interior de su corazón ardía inextinguible el deseo de incendiar el mundo entero con el fuego de aquel que permanece oculto en cada tabernacolo. El fundador consideraba absolutamente necesario sacar a Jesús de su sagrado encierro, exponerlo a la veneración pública, rendirle constante adoración y reconocerlo como el único capaz de sanar los complejos problemas que afligían tanto a los individuos como a la sociedad de su tiempo. Con el fin de extender este carisma, el padre Eymard condujo a numerosas almas hacia la Sacra Eucaristia mediante la fundación de la Congregación de las Servidoras del Santissimo Sacramento, un instituto de almas contemplativas enteramente dedicadas a la Adoración Perpetua. Asimismo, instituyó una especie de Orden Terciaria denominada Agregación del Santissimo Sacramento.
El celoso fundador se convirtió además en el principal inspirador de los Congressi Eucaristici. Sostenía la imperiosa necesidad de hacer salir a Jesús Eucarístico de su ermita para colocarlo a la cabeza de la sociedad cristiana, con el fin de dirigirla y salvarla. Los Congressi Eucaristici surgieron precisamente como fruto maduro de aquel anhelo encendido del fundador, materializándose gracias a la iniciativa pionera de Emilia Tamisier. Emilia Tamisier era una joven que había ingresado en la Congregación de las Servidoras del Santissimo Sacramento, donde permaneció durante cuatro años adoptando el nombre religioso de Sor Emiliana. Con la paternal bendición del santo fundador, Sor Emiliana abandonó el convento para convertirse en una intrépida misionera itinerante de la Eucaristía por el mundo. En el año 1881, Emilia Tamisier organizó con éxito el primer Congresso Eucaristico de la historia. Dicho acontecimiento se realizó superando numerosos obstáculos y bajo la inspiración constante de su maestro espiritual. El primer Congresso Eucaristico tuvo lugar en la ciudad de Lille, centrándose en el lema fundamental de que la Eucaristía salva al mundo, y contó con la especial y paternal bendición del Papa León XIII. La realización de aquel primer congreso recibió el valioso apoyo de los Padres Sacramentinos, de diversos Obispos y de numerosas personalidades del laicado. Tras la celebración de aquel primer congreso, se multiplicaron rápidamente iniciativas análogas de ámbito regional, nacional e internacional, una institución que perdura con vitalidad hasta los días actuales.
El 20 de diciembre de 1858, el padre Eymard tuvo el honor de encontrarse por primera vez con el Beato Pío IX. El Romano Pontífice definió su obra como procedente directamente de Dios y de absoluta necesidad para la Iglesia universal. Posteriormente, en el año 1863, el Papa Pío IX envió un Breve Laudatorio mediante el cual aprobaba de forma oficial el nuevo Instituto religioso. Sin embargo, el desgaste físico del fundador era evidente: se encontraba profundamente estenuato por sus intensas actividades apostólicas, muy delgado y con graves dificultades para alimentarse adecuadamente. Ante esta situación, recibió rigurosas órdenes médicas de guardar un reposo prolongado. En la segunda quincena del mes de julio del año 1868, el padre Eymard emprendió el viaje hacia La Mure con la esperanza de contar con los cuidados afectuosos de su hermana. Durante el transcurso de su viaje, el padre Eymard celebró su última Santa Misa en la ciudad de Grenoble, concretamente en la capilla consagrada a la Adoración Perpetua. Pocos días después de su llegada al destino, los médicos le diagnosticaron una grave hemorragia cerebral. Su última confesión sacramental tuvo que realizarla mediante gestos debido a su absoluta incapacidad para pronunciar palabras. El 1 de agosto recibió la solemne Unción de los Enfermos. El padre Chanuet, religioso sacramentino, celebró la Santa Misa en la misma habitación del enfermo y le administró la última Sagrada Comunión. Poco después, en aquel mismo día 1 de agosto de 1868, entregó su alma al Creador en el villaggio de La Mure, cerca de Grenoble. Los habitantes de la comarca exclamaban con emoción que había muerto un santo.
Glorificación y culto litúrgico
La fama de santidad del difunto padre Eymard se propagó con rapidez extraordinaria entre los fieles. Antes de que se cumpliera el primer aniversario de su piadosa desaparición, el santo ya favorecía con numerosos y patentes milagros a los fieles que acudían a orar con devoción ante su sepulcro. Décadas más tarde, culminando un minucioso proceso canónico, llegó el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia. El 9 de diciembre de 1962, que coincidió con el día posterior a la solemne conclusión de la primera sesión del Concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII elevó al padre Eymard al honor de los altares mediante el solemne rito de beatificación y canonización. La histórica ceremonia de canonización se desarrolló con solemnidad en presencia de mil quinientos padres conciliares reunidos en Roma.
Treinta y tres años después de su canonización, el nombre del santo fue inscrito oficialmente en el Calendario Romano Universal. El santo fue presentado formalmente a la Iglesia universal honrándolo con el título glorioso de Apóstol de la Eucaristía. San Pedro Julián Eymard perteneció primeramente al clero diocesano y posteriormente fue insigne miembro de la Congregación de los Padres Maristas. Como consumado cultor del misterio eucarístico, instituyó dos nuevas Congregaciones, una de rama masculina y otra de rama femenina, con el fin primordial de promover y difundir por toda la tierra la devoción hacia el Santissimo Sacramento. Sus restos terrenales reposan como memoria bendita de su entrega total a Dios. La memoria litúrgica de San Pedro Julián Eymard se celebra cada año el 2 de agosto, fecha establecida en la jornada inmediatamente posterior al aniversario exacto de su tránsito al cielo.
Su camino sacerdotal
El recorrido vital de San Pedro Julián Eymard comenzó en su lugar natal de La Mure de Isère, donde creció antes de emprender el camino que lo llevaría al sacerdocio. Fue ordenado en la ciudad de Grenoble el veinte de julio de mil ochocientos treinta y cuatro. Durante sus primeros años de ministerio, su espíritu inquieto y su deseo de mayor entrega lo condujeron a buscar nuevos horizontes en su vocación. En el año mil ochocientos treinta y nueve, tomó la decisión de ingresar en la congregación de los Padres Maristas, una etapa que le permitió profundizar en su vida comunitaria y en su celo apostólico, sirviendo en lugares como Marsella, Lyon y París.
A pesar de sus responsabilidades, en su corazón maduraba una intuición particular sobre la centralidad de la Eucaristía. Esta inspiración se concretó el trece de mayo de mil ochocientos cincuenta y seis, cuando fundó la Congregación del Santísimo Sacramento, con el propósito de establecer una adoración perpetua y un apostolado centrado en el sacramento del altar. Poco tiempo después, extendió esta visión fundando la Congregación de las Siervas del Santísimo Sacramento. Su vida, caracterizada por un servicio constante a Dios y a los hombres, concluyó en su ciudad natal de La Mure de Isère en el año mil ochocientos sesenta y ocho. Su ejemplo de entrega total sigue inspirando a quienes buscan en el Pan de Vida la fortaleza necesaria para vivir con coherencia y amor, recordándonos siempre que la adoración es el fundamento de toda verdadera misión apostólica en el mundo.
El recuerdo de su vida
El reconocimiento de la santidad de Pedro Julián Eymard fue ratificado por la Iglesia el nueve de diciembre de mil ochocientos sesenta y dos, cuando fue canonizado por el Papa Juan veintitrés. Desde entonces, su figura es venerada como el gran apóstol de la Eucaristía. La Iglesia celebra su memoria litúrgica para invitar a los fieles a contemplar el misterio del amor de Cristo que se hace presente bajo las especies eucarísticas.
Su legado no se limita únicamente a las instituciones que fundó, sino que reside en la invitación constante a vivir una vida centrada en el Santísimo Sacramento. En un siglo caracterizado por grandes cambios sociales, él supo centrar su mirada en lo esencial, promoviendo espacios de silencio y adoración donde el alma pudiera encontrarse con su Creador. Hoy, su recuerdo nos exhorta a renovar nuestra fe en la presencia real de Jesús, reconociendo en cada celebración eucarística el regalo más precioso de la bondad divina para la humanidad.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Pedro Julián Eymard?
La memoria liturgica de San Pedro Julián Eymard se celebra el 2 de agosto, justo el día posterior al aniversario de su fallecimiento.
De qué es patrono San Pedro Julián Eymard?
San Pedro Julián Eymard es recordado como el gran apóstol de la Eucaristía y fundador de las congregaciones dedicadas al culto y adoración del Santissimo Sacramento.
San Pedro Julián Eymard, sacerdote, que, al principio perteneciente al clero diocesano y luego miembro de la Sociedad de María, fue insigne cultor del misterio eucarístico e instituyó dos nuevas Congregaciones, una masculina y otra femenina, para promover y difundir la devoción hacia el Santísimo Sacramento. Murió en el pueblo de La Mure cerca de Grenoble en Francia, donde había nacido.<br>(1 de agosto: En el pueblo de La Mure en la región del Isère en Francia, aniversario de la muerte de san Pedro Julián Eymard, sacerdote, cuya memoria se celebra mañana). — Martirologio Romano