17 de abril
San Roberto de Molesmes
Abad de Citeaux
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y juventud
San Roberto nació hacia el año 1024 en la región francesa de la Champagne, quizás en la ciudad de Troyes o en sus inmediaciones, en el seno de una familia de condición noble y acomodada. Sus padres, movidos por la fe, elardían a los pobres con abundantes limosnas para implorar de Dios la remisión de sus cotidianas fragilidades. La tradición refiere que antes del nacimiento del santo, a su madre Ermengarda se le apareció en sueño la Santa Vergine, quien le ofreció un anello d’oro manifestando su deseo de tener por desposado al hijo que llevaba en su seno. Los padres educaron con sollecitudine al niño, y a la edad de quince años Roberto fue confiado a los cuidados de los benedictinos de Moutier-la-Celle, situados cerca de Troyes. En aquel lugar, el joven se constituyó en modelo para los novicios y emuló a los religiosos más fervientes, demostrando un alma candida y affettuosa, acompañada de una mirabile docilidad a los impulsos de la grazia. Su inclinación era más propicia a la soavità de la contemplación que a las faenas materiales, y la assidua meditación de Gesù crocifisso lo impulsaba a practicar prolongados ayunos mientras se entretenía con Dios día y noche para mortificar su carne mortal.
Primeras experiencias de gobierno y retiro
Poco después de concluir su noviciado, los propios confrades nombraron a Roberto priore en atención a su ejemplar piedad y observanza de la regla. Años más tarde, los monaci de Saint-Michel-de-Tonnerre, monasterio ubicado en el territorio de la diócesis de Langres en Haute-Marne, eligieron a Roberto como su abad, pues la fama de su habilidad en el arte del gobierno era muy conocida. En este nuevo destino, el santo intentó infructuosamente restaurar entre los religiosos la plena observancia de la regla, pero chocó contra el rígido arraigo y la tozudez de muchos subordinados. Al constatar la inutilidad de sus esfuerzos, Roberto desistió de su empeño y abandonó el cenobio. Por aquel tiempo, en el bosco di Collan, no muy lejos de Tonnerre, vivía una comunidad de siete ermitaños de diversa procedencia que se dedicaban a la penitencia en vida comunitaria. Conociendo su reputación de santidad, aquellos hombres invitaron a Roberto a asumir el cargo de superior, y él aceptó al percibir en ellos una sincera disposición para seguir al mismo Jesús pobre y sufriente. Sin embargo, el nuevo priore de Saint-Michel-de-Tonnerre se opuso con firmeza a tal traslado, incitando a los monjes a retener a Roberto mediante falsas promesas de mayor deferencia y obediencia que nunca llegaron a cumplirse. Ante la incorregibilidad de los religiosos, Roberto abandonó definitivamente aquel monasterio para regresar a Moutier-la-Celle, donde pudo gozar nuevamente de la contemplación y discernir los designios que Dios tenía preparados para su persona. No obstante, la obediencia le obligó pronto a un nuevo traslado, esta vez al Priorato de Saint-Ayoul, dependiente de la misma abadía. Paralelamente, los ermitaños de Collan no se rindieron en su empeño y, tras largos esfuerzos ante la Sede Apostólica, obtuvieron del papa Alejandro II la aprobación de su comunidad y la anhelada designación de Roberto como su superior. El santo aceptó este encargo con alegría, siendo recibido por los hermanos como un auténtico enviado del Cielo.
La fundación de Molesme
Como la soledad de Collan presentaba condiciones sanitarias adversas e insalubres, Roberto condujo a los trece ermitaños hacia la foresta de Molesme, situada en la Còte d’Or. Allí, en el año 1075, hizo construir pequeñas celdas formadas con troncos y ramas, además de un oratorio consagrado a la Santissima Trinità junto a un río y una colina. Roberto fue elegido abad unánimemente y optó por la regla benedictina para guiar a sus monjes, los cuales servían a Dios con un fervor extraordinario en medio del hambre, la sed, el hielo y la calura, alentados firmemente por la esperanza. Semejante estilo de vida pobre y mortificado despertó la admiración profunda de las poblaciones circundantes. El obispo de Troyes, al visitar de paso el nuevo monasterio, quedó vivamente sorprendido y edificado por aquel espíritu de penitencia, de modo que obsequió a los religiosos los enseres más indispensables para la vida en común. Diversos señores de los castillos vecinos imitaron aquel gesto generoso mediante valiosas donaciones; sin embargo, tantas limosnas y ofrendas terminaron por poner en grave peligro el amor de los monjes a la santa pobreza y a la mortificación. El crecimiento del número de aspirantes obligó a ampliar los edificios y a conferir un nuevo orden al monasterio, pero los religiosos, acomodados a la abundancia, se negaron rotundamente a seguir dedicándose al trabajo manual a pesar de las repetidas recomendaciones de su abad. Viéndose imposibilitado para restaurar la genuina observancia de la regla, Roberto prefirió apartarse de la comunidad, retirándose a la soledad acompañado tan solo por los mejores monjes, entre los cuales figuraban el priore Alberto y Stefano Harding. No obstante, tras una profunda iluminación divina en la que comprendió que no debía desalentarse, entendió que su misión consistía en santificarse trabajando activamente por la salvación de las almas de sus propios hermanos. Entretanto, la discordia se adueñó de la comunidad monástica de Molesme y las limosnas de los fieles comenzaron a escasear de forma notable. Arrepentidos por haber entristecido a su fundador y padre, los monjes suplicaron de rodillas el regreso de Roberto y le prometieron una absoluta sumisión a sus mandatos, llegando incluso a escribir al pontífice para obtener un Breve apostólico que impusiera al santo la obligación de retomar el gobierno de la abadía. Dicho documento pontificio encomendó al obispo de Langres la pronta ejecución de esta orden de retorno.
La reforma de Cîteaux y los últimos años
Roberto acató el mandato y retornó a Molesme sin formular reproches por el pasado ni exigir garantías para el futuro, entregado siempre a la búsqueda de la voluntad divina. Durante un año entero, los monjes soportaron pacientemente la dirección del santo abad, pero aquella buena disposición no perduró al comprobar que con el regreso de Roberto no volvían las cuantiosas limosnas de antaño. Ante esta situación, el santo prefirió retirarse nuevamente a la vida solitaria. En esta segunda ocasión, el retiro se llevó a cabo en compañía de Alberico, Stefano y otros dos monjes que mostraban idéntica intolerancia hacia la laxitud en la interpretación de la regla benedictina. En la soledad de Vinic concibieron y experimentaron un ambicioso plan de reforma para el monaquismo occidental, cuyo propósito fundamental era restablecer la observancia de la primitiva regla de San Benedetto en toda su pureza y rigor. Al enterarse, el obispo de Langres intervino amenazando con la excomunión a los fugitivos. Comprobando que toda tentativa de reforma dentro de Molesme resultaba infructuosa, Roberto y sus fieles compañeros decidieron edificar una nueva abadía donde les fuera posible cumplir la regla benedictina sin dispensa ninguna. A comienzos del año 1098, tras largas horas de reflexión y oración, Roberto acudió a entrevistarse con Ugo, arzobispo de Lyon y legado del papa Urbano II en Francia, de quien obtuvo el necesario consentimiento para llevar a cabo su obra. De regreso en Molesme, el santo expuso el proyecto ante los monjes, los desató de la obediencia que le habían prometido y abandonó definitivamente el cenobio acompañado por veinticuatro confratres, llevando consigo únicamente un libro de los oficios divinos y los elementos indispensables para la celebración de la Eucaristía. El sitio elegido para la nueva fundación fue Cîteaux, situado en el territorio de la diócesis de Chalon-sur-Saóne, un terreno pantanoso cubierto de bosque que había sido donado por el conde de Beaune. Allí, Roberto fue elegido abad por unanimidad y recibió el báculo pastoral de manos del obispo. Los monjes renovaron su profesión solemne y se comprometieron a guardar la estabilidad en el lugar y la observancia estricta de la regla sin atenuaciones, en una solemne ceremonia celebrada el veintiuno de marzo de 1098, coincidiendo con el domingo de Ramos. Sin embargo, los monjes de Molesme recurrieron nuevamente al papa Urbano II para reclamar el retorno de su fundador. El pontífice delegó las negociaciones en el arzobispo de Lyon, quien ordenó a Roberto regresar a Molesme al considerar que la naciente comunidad de Cîteaux se hallaba ya suficientemente consolidada. El santo obedeció con prontitud la disposición de la autoridad eclesiástica, pero antes de partir designó a Alberico como su sucesor en el abadiato de Cîteaux y a Stefano Harding como prior. Bajo esta dirección, la abadía de Molesme aceptó finalmente la observancia rigurosa de la regla benedictina y experimentó un tiempo de gran prosperidad. San Roberto guio la abadía de Molesme durante el resto de su vida terrena, entregando su alma al Creador en el mismo lugar el veintiuno de marzo de 1111. Sant’Alberico sucedió a Roberto y logró obtener la confirmación formal de la Orden de manos del papa Pascual II. Años más tarde, en el año 1222, el papa Onorio III canonizó a Roberto en reconocimiento de los numerosos prodigios y favores celestiales acaecidos sobre su sepulcro. La memoria de san Roberto de Molesmes ha quedado inscrita para siempre en el Martyrologium Romanum en la fecha del diecisiete de abril, honrando su memoria como un incansable fundador y rector de cenobios, guía insigne de ermitaños y benemérito reformador de la disciplina monástica.
Una vida de entrega
La trayectoria de San Roberto de Molesmes comenzó en su juventud, cuando a la edad de quince años ingresó en el monasterio benedictino de Moutier-la-Celle, dando inicio a una vida consagrada al servicio divino. A lo largo de los años, su labor se extendió por diversos lugares como Saint-Michel-de-Tonnerre y Collan, donde su presencia y guía fueron pilares para la vida comunitaria. En el año mil setenta y cinco, fundó el monasterio de Molesme, consolidando su compromiso con la observancia monástica y la oración constante.
Su búsqueda de una mayor pureza en la vida religiosa lo condujo a un momento decisivo el veintiuno de marzo del año mil noventa y ocho, fecha en la que fundó la abadía de Citeaux. Este acto representó un hito en la historia de la espiritualidad. Sin embargo, su camino no estuvo exento de pruebas, pues por orden de la autoridad papal, debió regresar a Molesme, dejando atrás la nueva fundación. San Roberto vivió con sencillez y obediencia, aceptando los mandatos que la Iglesia le confiaba. Su fallecimiento ocurrió en Molesme en el año mil ciento once, cerrando así una vida dedicada por completo a la contemplación y al orden benedictino, dejando un ejemplo de perseverancia que perduró tras su muerte y que fue reconocido oficialmente por la Iglesia mediante su canonización en el año mil doscientos veintidós.
El recuerdo de su memoria
La figura de San Roberto de Molesmes es venerada por su inquebrantable búsqueda de la perfección evangélica dentro de la vida monástica. Su legado no se limita solo a las estructuras físicas que fundó, sino a la profundidad de su fidelidad a la Regla de San Benito. El reconocimiento de su santidad por parte del papa Honorio Tercero en el año mil doscientos veintidós confirmó ante la cristiandad la ejemplaridad de su conducta y la rectitud de su espíritu.
Hoy, la Iglesia conmemora su tránsito a la vida eterna el diecisiete de abril. Esta fecha es una invitación para los fieles a reflexionar sobre la importancia de la obediencia y el silencio, virtudes que San Roberto practicó con esmero a lo largo de su existencia. Su memoria litúrgica nos permite acercarnos a este hombre de Dios, cuya vida transcurrió entre el trabajo, la oración y la constante reforma interior, recordándonos que el servicio a Dios es, ante todo, un camino de humildad y de entrega total a su voluntad divina.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festegгает San Roberto de Molesmes?
La memoria litúrgica de San Roberto de Molesmes se celebra el 17 de abril según el Martirologio Romano.
De qué es patrono San Roberto de Molesmes?
San Roberto de Molesmes es considerado el patriarca y patrono de la Orden de los Cistercienses.
En el monasterio de Molesmes en Francia, san Roberto, abad, que, en la búsqueda de una vida monástica más simple y austera, ya incansable fundador y rector de cenobios, así como guía de ermitaños e insigne reformador de la disciplina regular, fundó un monasterio cisterciense, del cual fue primer abad y, retornado luego a Molesmes en calidad de abad, aquí reposó en paz. — Martirologio Romano