24 de marzo
Sant' Oscar Arnulfo Romero y Galdámez
Obispo y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Infancia y juventud
Óscar Arnulfo Romero nació el 15 de marzo de 1917 en Ciudad Barrios, en el Estado de El Salvador, aunque algunos registros señalan también el 15 de agosto de ese mismo año. Era el tercero de los ocho hijos nacidos del matrimonio formado por Santos Romero y Guadalupe de Jesús Galdámez, ambos procedentes de familias de condición burguesa. Su bautismo fue celebrado solemnemente el 11 de maggio de 1919. Cuando apenas tenía cuatro años de edad, el niño se am sitä gravemente, un acontecimiento doloroso que dejó una huella profunda en su sensibilidad y contribuyó a desarrollar en él un carácter más bien introverstio. Tan pronto como logró recuperarse por completo, se comprometió con generosidad a colaborar en las labores familiares para superar el periodo de dificultad económica que atravesaba su hogar. Los padres le inculcaron desde la más tierna infancia el amor a Dios y la costumbre constante de la oración. Su madre se encargó personalmente de enseñarle la devoción del Ángelus y a rezar el santo Rosario con fervor. Entre 1924 y 1927 asistió a la escuela pública de su localidad, que en aquel tiempo constaba únicamente de las primeras tres clases del curso primario. Al año siguiente, fue admitido en una pequeña escuela privada fundada gracias a la iniciativa de varias señoras de la comunidad, entre las cuales se encontraba su propia abuela. En aquel modesto centro de enseñanza privada, el pequeño Óscar tenía la particularidad de ser el único alumno varón. Durante ese mismo periodo formativo, en el año 1928, recibió el sacramento de la Primera Comunión. Al cumplir los doce años de edad, tras concluir su etapa escolar elemental, comenzó a trabajar como aprendiz de carpintero. El alcalde de Ciudad Barrios, llamado Alfonso Leiva, supo advertir muy pronto su notable propensión al estudio y la devoción con la que vivía la oración. Fue entonces cuando Oscarito, como le llamaban cariñosamente en su entorno familiar, confió al alcalde su firme deseo de consagrarse al sacerdocio.
Formación y ministerio sacerdotal
En una época en la que el país entraba en una fase particularmente sanguinosa y compleja de su historia, el joven Óscar fue admitido como alumno en el Seminario menor de San Miguel. Durante los primeros años de su formación espiritual y académica, transcurrió un tiempo de serenidad en el que aprendió a abrirse gradualmente a los demás gracias a la profunda pasión por la música que le había transmitido su padre. En 1937 dio un paso más en su camino al ingresar en el Seminario mayor de San José de la Montaña. No obstante, permaneció en aquel seminario mayor durante un breve lapso de apenas siete meses. En el mes de octubre de ese mismo año fue enviado a la ciudad de Roma para proseguir con rigor sus estudios eclesiásticos. Debido al estallido y a las dramáticas circunstancias de la segunda guerra mundial, le resultó imposible regresar a su tierra natal en el plazo previsto. Su perseverancia culminó el 4 de abril de 1942, fecha en la que recibió la ordenación sacerdotal en Roma. Al retornar finalmente a El Salvador, le fue asignado el ministerio en una parroquia para atender directamente a los fieles. Con los años, su entrega y capacidad intelectual lo llevaron a asumir importantes responsabilidades eclesiales. Llegó a ser rector del seminario interdiocesano de San Salvador, director de diversas revistas pastorales de relevancia y secretario de la Conferenza Episcopale dell'America Centrale e di Panama. Era considerado un hombre influyente dentro de la estructura eclesiástica, y espiritualmente mantenía una cercanía notable con la prelatura del Opus Dei.
Episcopado y el despertar de la conciencia social
En el año 1970 su nombramiento como obispo auxiliar de San Salvador causó el asombro de muchas personas. Gran parte de la sociedad y del clero lo consideraba un sacerdote de perfil conservador, cuya presencia en el episcopado frenaría la acción pastoral innovadora que se venía emprendiendo. Siete años más tarde, en 1977, fue designado de forma sorpresiva arzobispo de San Salvador, generando numerosos temores y una clara hostilidad dentro de sectores del clero. Por el contrario, su nombramiento fue recibido con inmensa alegría por parte del gobierno y de los diversos grupos de poder económico. Aquellas autoridades y élites veían en aquel obispo que rozaba los sesenta años, caracterizado por una vida espiritual intensa y una gran dedicación a los estudios, la garantía perfecta para un evidente freno en el compromiso eclesial con los pobres. Existían fundadas esperanzas de que la Iglesia de San Salvador se desvinculara por completo de cualquier implicación en los asuntos sociales y políticos del país. Se confiaba fervientemente en que su ministerio pastoral se tornara estrictamente espiritualizado, aséptico, completamente disincarnato y ajeno a los problemas terrenales. Como muestra inicial de su talante, rechazó con firmeza la utilización de una lujosa Cadillac fiammante y rehusó habitar en el suntuoso palacio de mármoles que los terratenientes locales le ofrecían. Asimismo, optó por no participar en la ceremonia de insitución oficial del dictador. Desde sus años de juventud, el sacerdote había cultivado una sólida fama de hombre austero, dotado de una espiritualidad profunda, de una doctrina inquebrantable y de un amor singular hacia los necesitados. Al contemplar de cerca la dolorosa opresión, el sistemático aprecio del pueblo y la crueldad de los squadroni della morte que asesinaban impunemente a campesinos, personas humildes y sacerdotes comprometidos, comprendió con absoluta claridad que debía tomar una postura evangélica firme. Entre los ministros caídos en aquella persecución se encontraba el padre jesuita Rutilio Grande, quien era su amigo personal. Para afrontar esta realidad, instituyó una Comisión dedicada a la defensa de los derechos humanos. Sus celebraciones eucarísticas dominicales comenzaron a registrar una asistencia masiva de fieles. Desde el púlpito pronunciaba memorables denuncias contra los graves crímenes de Estado que se cometían a diario. Pagar tal opción preferencial por los pobres le costó un progresivo aislamiento y duros contrastes tanto en la nunciatura apostólica como en los círculos del Vaticano. Algunos obispos llegaron a acusarlo injustamente de incitar a la lucha de clases y a la revolución social, mientras era malfamado y deriso por la derecha política como un peligroso subversivo y comunista. Con humildad, llegó a confinar en la intimidad que no sentía poseer la vocación propia de los mártires, pero predicaba constantemente que el cristiano no debe amarse a sí mismo hasta el punto de evitar los riesgos de muerte que la historia le presenta; afirmaba con convicción que quien busca por todos los medios esquivar dicho peligro ya ha perdido su verdadera vida.
El martirio
El 23 de marzo de 1980, durante la que sería su última homilía predicada en la catedral, lanzó un llamado desesperado y lleno de autoridad evangélica, exclamando con fuerza: «¡En el nombre de Dios y del popolo che soffre vi supplico, vi prego, e in nome di Dio vi ordino, cessi repressione!». Al atardecer del día siguiente, el 24 de marzo de 1980, un sicario penetró sigilosamente en la pequeña capilla del hospital donde residía. En el momento exacto en que monseñor Romero se encontraba celebrando la sagrada Eucaristía y elevaba el cáliz durante el ofertorio, el asesino le disparó directamente al corazón, segando su vida terrena. En sus reflexiones, Óscar Romero había pronunciado palabras profundas sobre la necesidad de entregar el propio cuerpo y la propia sangre al dolor y al sufrimiento, a semejanza de Cristo, para ofrecer al pueblo abundantes frutos de justicia y de paz. Quienes tuvieron el privilegio de conocerlo de cerca testificaron siempre que Romero nunca fue un agitador político ni un revolucionario, sino un auténtico hombre de la Iglesia, fiel al Evangelio y a los pobres. El pueblo salvadoreño lo reconoció de inmediato como un verdadero mártir de la fe y de la caridad. Desde entonces, innumerables fieles continuaron acudiendo a rezar con devoción sobre su tumba, situada en la cripta de la catedral del Divino Salvatore del Mondo en San Salvador. La fecha de su muerte violenta quedó establecida para siempre como su memoria litúrgica el 24 de marzo, jornada que desde el año 1992 se conmemora también como la Giornata di preghiera e digiuno per i missionari martiri.
El proceso de canonización y el milagro
El camino canónico para verificar formalmente su martirio en odio a la fe dio comienzo el 13 de septiembre de 1993, fecha en la que la Santa Sede otorgó el oportuno nulla osta. La fase diocesana del proceso informativo se abrió oficialmente en San Salvador el 24 de marzo de 1994 y concluyó el 1° de noviembre de 1996, siendo convalidada formalmente el 4 luglio de 1997. La compleja Positio super martyrio fue presentada formalmente en el año 2014, tras haber superado definitivamente las dudas teológicas relativas a su presunto vínculo con la Teologia della Liberazione. El 3 de febrero de 2015, el papa Francesco autorizó la promulgación del decreto mediante el cual se oficializaba solemnemente su martirio. Pocos meses después, el 23 de mayo de 2015, monseñor Romero fue elevado a los altares como Beato en una multitudinaria ceremonia celebrada en la Piazza Salvatore del Mondo de San Salvador, presidida por el cardenal Angelo Amato en calidad de enviado especial del Santo Padre. El reconocimiento de su santidad quedó plenamente sellado con la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión, relacionado con una gravísima y compleja complicación en el embarazo. Una mujer salvadoreña llamada Cecilia Maribel Flores Rivas, miembro activo del Cammino Neocatecumenale, fue ingresada de urgencia en un centro médico el 27 de agosto de 2015. Los facultativos procedieron a realizar un parto mediante un intervento di taglio cesareo. Sin embargo, en los días posteriores al nacimiento, las condiciones de salud de Cecilia Maribel empeoraron de forma drástica a causa de una grave enfermedad que afectaba gravemente a su hígado y a sus riñones. Los médicos comunicaron con franqueza a su esposo Alejandro que ya no existían tratamientos posibles para salvarle la vida. En medio de la angustia, Alejandro abrió una Biblia que le había regalado su abuela, y de sus páginas desprendió un santino con la imagen de Óscar Romero, puesto que su difunta abuela había sido una mujer profundamente devota del obispo. Interpretando aquel suceso como un signo providencial, Alejandro decidió encomendarse e invocar la intercesión del siervo de Dios. Varios amigos comenzaron a unirse en ferviente oración y se desplazaron directamente a rezar ante la tumba del obispo en la cripta. La cadena de oración creció rápidamente hasta involucrar a toda la comunidad eclesial. Milagrosamente, a partir del 9 de septiembre, los signos vitales de Cecilia Maribel experimentaron una recuperación súbita e inexplicable para la ciencia médica. En el transcurso de solo setenta y dos horas, la paciente recibió el alta hospitalaria y sanó de manera definitiva de su severa patología, mientras que el niño recién nacido, Luis Carlos, gozaba de excelente salud. La rigurosa inchiesta diocesana sobre este prodigio concluyó en los primeros días del mes de marzo de 2017. El 26 de octubre de 2017, la Consulta medica de la Congregazione delle Cause dei Santi votó unánimemente a favor de la absoluta inesplicabilità científica del hecho. Posteriormente, el 14 de diciembre de 2017 se emitió el parecer positivo de los Consultori Teologi, seguido el 6 de febbraio de 2018 por el voto favorable de los cardenales y obispos miembros de la misma Congregación. El papa Francesco autorizó entonces la promulgación del decreto que reconocía oficialmente el hecho prodigioso como un milagro obrado por Dios gracias a la intercesión de Óscar Romero. La solemne canonización tuvo lugar el 14 de octubre de 2018, quedando establecido que el venerado obispo y mártir fuera oficialmente invocado en todo el mundo como San Romero delle Americhe.
Su camino de servicio
La trayectoria de Sant' Oscar Arnulfo Romero y Galdámez comenzó en Ciudad Barrios, el lugar que lo vio nacer en 1917. Su vocación religiosa lo condujo a Roma, donde fue ordenado sacerdote en 1942, iniciando así una vida consagrada al anuncio del Evangelio. A lo largo de su ministerio, desarrolló su labor pastoral en diversas comunidades, incluyendo San Miguel y San Salvador, lugares donde su cercanía con las personas y su compromiso con la verdad fueron consolidándose con el paso de los años.
En 1977, al ser nombrado arzobispo de San Salvador, su misión adquirió una dimensión de mayor responsabilidad ante los desafíos que enfrentaba la sociedad salvadoreña. En aquel contexto complejo, su prioridad fue siempre la protección de los más vulnerables. Por esta razón, instituyó una comisión para la defensa de los derechos humanos, convencido de que la Iglesia debía ser un refugio y un faro de esperanza para quienes sufrían. Su labor no fue solo administrativa, sino profundamente espiritual; buscaba encarnar el mensaje de Cristo en la realidad cotidiana, promoviendo siempre la justicia y la dignidad humana como pilares fundamentales de la convivencia social. Su entrega fue constante, manteniendo su ministerio incluso en medio de las tensiones que precedieron a su partida, siempre confiado en que la luz de la fe es capaz de iluminar las sombras más densas de nuestra historia.
El testimonio del martirio
La vida de Sant' Oscar Arnulfo Romero y Galdámez alcanzó su plenitud martirial el veinticuatro de marzo de 1980 en San Salvador. Mientras se encontraba celebrando la santa misa, entregando su vida al servicio de Dios y de sus fieles, fue asesinado en el altar. Aquel gesto final de fidelidad absoluta selló su ministerio, transformando su muerte en un signo de esperanza para todo el pueblo salvadoreño y para el continente americano.
El reconocimiento de su santidad culminó el catorce de octubre de 2018, cuando el Papa Francisco procedió a su canonización. Desde entonces, la Iglesia celebra su memoria el veinticuatro de marzo, coincidiendo con el día de su tránsito al cielo. Esta fecha ha sido designada además como la Jornada de oración por los misioneros mártires, un tiempo propicio para recordar a aquellos que, siguiendo el ejemplo de Sant' Oscar Romero, han entregado su existencia por el Evangelio. Su figura sigue siendo hoy un referente de fortaleza y paz, recordándonos que el amor de Dios vence toda forma de odio y permanece para siempre en el corazón de quienes buscan la verdad y la justicia con humildad y perseverancia.
Preguntas frecuentes
Quando si festeggia San Óscar Romero?
La memoria liturgica di San Óscar Romero si celebra ogni anno il 24 marzo, giorno del suo martirio.
Di cosa è patrono San Óscar Romero?
San Óscar Romero è ampiamente riconosciuto come patrono dell'arcidiocesi di San Salvador e delle Americhe, particolarmente amato dai difensori dei diritti umani.