8 de febrero
Santa Josefina Bakhita
Virgen
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y el secuestro
La familia de Bakhita habitaba en el centro del África, en un subborgo del Darfur conocido como Olgrossa, muy cerca del monte Agilerei. Durante sus primeros años, Bakhita vivió una infancia plenamente feliz en su entorno familiar. Sin embargo, un día, a la edad de aproximadamente nueve años, la joven salió a pasear por los campos. Dos hombres armados spuntaron de improviso desde una densa siepe. Uno de los dos extrajo un grosso coltello, lo apuntó sobre el flanco de Bakhita y le ordenó que los siguiera, amenazándola con la muerte si se atrevía a gritar. Este violento episodio truncó su niñez y dio inicio a su durísima experiencia en los mercados de esclavos.
Los años de esclavitud y crueldad
Bakhita fue vendida a diversos mercaderes de esclavos, lo que dio comienzo a una existencia marcada por privaciones implacables, continuas frustate y el constante tránsito de un dueño a otro. Durante aquel tiempo de cautiverio, Bakhita fue sometida a un crudo rito tribale que dejó ciento catorce cortes de coltello sobre su cuerpo. Durante la realización de aquel tatuaje tribale, Bakhita experimentó un dolor fortissimo, permaneció sumergida en un lago de sangre y desvaneció durante horas. A consecuencia de aquello, la joven permaneció tendida sobre una estera durante más de un mes sin la posibilidad de secar el agua que brotaba de las llagas semiabiertas por el contacto con la sal.
La libertad en Italia
La quinta y última compraventa condujo a la joven esclava sudanesa a las manos de un agente consular italiano llamado Callisto Legnami. Con esta adquisición por parte del cónsul se cerraron formalmente diez años de crueles horrores y profundas humillaciones. Por primera vez en su vida, Bakhita pudo vestir un hábito digno. Su nuevo protector era un hombre bondadoso que comenzó a quererla con afecto paternal. Transcurrieron más de dos años bajo la tutela directa del cónsul. A causa de la inminente revolución mahdista, el funcionario italiano decidió abandonar Khartoum para regresar a su patria. Bakhita osó suplicar al cónsul que la condujera a Italia con él. Tras llegar a territorio italiano, el cónsul la regaló a una pareja de amigos residentes en Mirano Veneto. Durante tres años, Bakhita ejerció como niñera de Alice, la hija del matrimonio. María Turina Michieli, la madre de la niña, decidió enviar a su hija y a la niñera a un colegio ante la necesidad de regresar a África por un tiempo. En el año 1888, la joven fue acogida en el Catecumenato dirigido por las Suore Canossiane de Venezia. Cerca de nueve meses más tarde, la señora Turina acudió a reclamar sus derechos sobre Bakhita. Bakhita se resistió con firmeza a seguir a la señora Turina de regreso a África, y aquella montó en cólera. En la delicada cuestión intervinieron el patriarca de Venezia Domenico Agostini y el procurador del rey. El procurador del rey transmitió la resolución de que Bakhita se hallaba en Italia, donde no se tolera el comercio de esclavos, por lo que debía permanecer en absoluta libertad.
La consagración religiosa
El 9 de enero del año 1890, Bakhita recibió los sacramentos del bautismo, la confirmación y la comunión de manos del patriarca de Venezia. En aquella ocasión le impusieron el nombre de Giuseppina, Margherita y Fortunata, cuya traducción al idioma árabe corresponde a Bakhita. En el año 1893 ingresó en el noviciado de las hermanas Canossianas. El cardenal Giuseppe Sarto, nuevo patriarca y futuro papa Pío X, la animó a pronunciar los santos votos sin temor alguno, asegurándole que Jesús la deseaba, la amaba y que ella debía corresponderle amándole y sirviéndole por siempre. En el año 1896 pronunció sus votos religiosos y se encaminó resueltamente hacia un profundo camino de santidad. En el seno de la comunidad desempeñó con humildad las tareas cotidianas de cocinera, sacristana y portera. Dichas labores cotidianas de Bakhita se encuentran detalladas en el vídeo producido por la Nova-T titulado 'Le due valigie, S. Giuseppina Bakhita', bajo la dirección de Paolo Damosso, la fotografía de Antonio Moirabito y la interpretación de actores como Franco Giacobini y Angela Goodwin. El título de esta obra cinematográfica alude directamente a las palabras pronunciadas por Bakhita antes de su fallecimiento en relación con sus dos maletas: una contenía sus faltas y la otra, considerablemente más pesada, albergaba los méritos infinitos de Jesucristo.
El testimonio final y el recuerdo
Bakhita fue una mujer consagrada a la oración constante y a la misericordia, logrando cautivar el corazón de la gente de Schio, donde residió durante cuarenta y cinco años. Entre los vecinos era cariñosamente apodada la monja de chocolate, y los niños pequeños intentaban acercarse a ella con la inocente ocurrencia de probarla. Su bondad inagotable, su alegría radiante y su fe firme atraían a cuantos la rodeaban, al punto de que ya en vida era venerada popularmente como una santa. Bakhita dejó un testimonio luminoso al afirmar que, si hubiera encontrado a los traficantes que la secuestraron y torturaron, se habría arrodillado para besarles las manos, consciente de que sin aquellos dolorosos acontecimientos jamás habría llegado a conocer el cristianismo ni abrazado la vida religiosa. Bakhita falleció el 8 de febrero del año 1947 a causa de una neumonía, y la localidad de Schio se vistió de luto para despedirla. Las coordenadas biográficas definitivas de su paso por la tierra comprenden desde Oglassa, en el Darfur sudanés, en 1868, hasta Schio, en Vicenza, el 8 de febrero de 1947. Su figura es recordada asimismo a través de un manuscrito original redactado en lengua italiana y custodiado con celo en el archivo histórico de la Curia generalicia de las hermanas Canossianas de Roma. Este valioso manuscrito recoge la autobiografía de santa Bakhita, preservando el relato escrito de las amarguras de su esclavitud, su reconquistada libertad y su posterior conversión al catolicismo. Finalmente, la canonización de la santa tuvo lugar en la plaza San Pietro el 1 de octubre del año 2000, en una solemne ceremonia marcada por la alegría de las danzas y los ritmos de los cantos africanos.
Il cammino di liberazione
La storia di Santa Josefina Bakhita inizia nel 1868 nella regione del Darfur, in Sudan. La sua giovinezza è stata segnata da un evento drammatico: a soli nove anni è stata rapita e venduta come schiava, vivendo un'esperienza di privazione e dolore che avrebbe potuto spezzare il suo spirito. Tuttavia, il destino ha riservato per lei un percorso di riscatto quando è stata acquistata dall'agente consolare italiano Callisto Legnami, un passaggio che l'ha condotta lontano dalla sua terra d'origine, fino in Italia.
L'approdo a Venezia segna una svolta decisiva. Nel 1888, Josefina viene ospitata nel Catecumenato delle Suore Canossiane, dove inizia a scoprire la bellezza della fede cristiana. La grazia del Signore ha operato in lei un cambiamento profondo, culminato il 9 gennaio 1890, giorno in cui ha ricevuto il battesimo, la cresima e la prima comunione. Da quel momento, il desiderio di appartenere interamente a Dio è cresciuto nel suo cuore, spingendola a chiedere di entrare nel noviziato delle Canossiane nel 1893. Nel 1896, ha pronunciato i suoi voti religiosi, consacrando la sua vita al Signore. Ha vissuto il resto dei suoi anni tra la preghiera e il servizio, trascorrendo l'ultima parte della sua esistenza a Schio, dove ha concluso il suo pellegrinaggio terreno nel 1947. La sua vita, compresa tra il diciannovesimo e il ventesimo secolo, rimane una testimonianza eloquente di come la grazia possa rigenerare l'essere umano, trasformando la schiavitù in una consacrazione di amore che parla ancora oggi al cuore di ogni fedele.
Il culto e la memoria
La Chiesa riconosce in Santa Josefina Bakhita una testimone straordinaria della misericordia divina. La sua canonizzazione, avvenuta il 1 ottobre 2000 per mano di San Giovanni Paolo II, ha confermato la santità di una donna che ha saputo perdonare i suoi persecutori e abbracciare con gioia il Vangelo. La sua memoria liturgica si celebra l'8 febbraio, data in cui i fedeli di tutto il mondo si uniscono per onorare la sua memoria.
La devozione verso Santa Josefina Bakhita è particolarmente sentita, testimoniando la gratitudine della comunità cristiana per il suo esempio di resilienza e fede incrollabile. Nella diocesi di Milano, la sua celebrazione è fissata al 9 febbraio. Il legame tra la sua terra natale, il Sudan, e l'Italia, in particolare le città di Venezia e Schio, sottolinea l'universalità della sua missione, che oggi continua a ispirare preghiere e riflessioni sulla dignità della persona umana.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeja a Santa Josefina Bakhita?
La Iglesia recuerda a Santa Josefina Bakhita el 8 de febrero, fecha de su fallecimiento, mientras que en la diócesis de Milano su memoria se celebra el 9 de febrero.
Santa Josefina Bakhita, virgen, que, nacida en la región de Darfur en Sudán, fue raptada de niña y, vendida varias veces en los mercados africanos de esclavos, padeció una cruel esclavitud; hecha, finalmente, libre, en Venecia se convirtió en cristiana y religiosa en las Hijas de la Caridad y pasó el resto de su vida en Cristo en la ciudad de Schio en el territorio de Vicenza prodigándose por todos. — Martirologio Romano