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22 de septiembre

Santa Salaberga

Abadesa

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y juventud

Santa Salaberga nació en el transcurso del séptimo siglo en las cercanías de Laon, en el seno de una familia ilustrísima cuyos padres se llamaban Gondovino y Sarethruda, y que gozaban de gran fama en su entorno social. Durante su infancia recibió una esmerada educación en casa junto a sus hermanos, un cuidado que tenía el propósito específico de evitar el contagio de los herejes bonosiaci. La tradición del martirologio relata que la niña fue curada de la ceguera y también avviata al servicio de Dios gracias a la intercesión de san Colombano. Además, la pequeña sufrió en su niñez de metrorragias y de una fuerte debilidad, pero sanó milagrosamente gracias a la oración del abad de Luxeuil, sant'Eustasio, quien había hecho una visita a sus padres cuando estos le habían presentado inicialmente solo a sus dos hijos varones, Leudovino y Fulcro. Tras la curación, la joven pudo reanudar con normalidad sus juegos y sus estudios, creciendo durante la adolescencia como una doncella bella y dotada de toda gracia.

Matrimonio y conversión

La joven fue dada en matrimonio a un mancebo de buena familia llamado Richraen, quien la dejó viuda después de solo dos meses de enlace conyugal. Durante dos años enteros, la piadosa mujer vivió consagrada a la penitencia y al ayuno, meditando firmemente en tomar los votos sagrados para consagrarse por completo al Señor. Sin embargo, su padre, para complacer al rey Dagoberto, la hizo contraer nupcias por segunda vez con un consejero real de nombre Blandino, quien se hizo bautizar por amor a ella. Ambos cónyuges vivieron observando estrictamente la ley de Dios y se dedicaron con entrega a numerosas obras hospitalarias y caritativas en favor de los necesitados. Para obtener el don de los hijos, la pareja tuvo que emprender un devoto peregrinaje a la venerable tumba de san Remigio. De aquella unión bendecida nacieron Saretruda, Ebana, Anstrude, Eustasio y el futuro santo Baldovino.

Fundación monástica y últimos días

Impulsada por la renombrada fama del vecino san Gualberto, Santa Salaberga fundó un monasterio de vírgenes en un paraje situado al confín entre la Borgogna y el Austrasia, el cual recibió una fuerte influencia de los monjes irlandeses. Aquel primitivo eremitaggio mutó radicalmente de aspecto hasta convertirse en un verdadero monasterio, el cual fue posteriormente trasladado a Laon para evitar los graves peligros derivados de las guerras. Al amparo de su fama de bondad y caridad, acudieron hijos e hijas procedentes de las mejores familias, congregando hasta trescientas religiosas que adoptaron la regla de la adoración perpetua para orar día y noche. Su esposo Blandino vivía retirado en una celda cercana que se desarrolló rápidamente hasta constituir un auténtico monasterio masculino, gobernado conjuntamente por ella como abadesa de una abadía doble. Salaberga continuó brillando en la santidad y comenzó a manifestar dones de milagros. En el tramo final de su existencia, recibió la aparición de su hijo Eustasio, fallecido prematuramente, quien le profetizó que su hermano Baldovino le reportaría gran honor. Antes de expirar, demostró su espíritu pacificador al calmar los litigios surgidos entre sus cuñados, y entregó su alma al Creador falleciendo en su propio lecho el veintidós de septiembre del año 665 en Laon en Francia. Su cuerpo fue sepultado en el monasterio dedicado a la Madonna, y en el duodécimo siglo sus reliquias fueron trasladadas al monasterio masculino consagrado a san Giovanni.

Preguntas frecuentes

Cuándo se festejara Santa Salaberga?

La festividad de Santa Salaberga se celebra el veintidós de septiembre, fecha que conmemora su tránsito terrenal.

De qué es patrona Santa Salaberga?

Los datos biográficos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido a Santa Salaberga.

En Laon en Neustria, siempre en Francia, santa Salaberga, abadesa, que se transmite haya sido curada de la ceguera por san Colombano y por él iniciada al servicio de Dios. — Martirologio Romano