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9 de julio

Santa Verónica Giuliani

Virgen

Santa Verónica Giuliani

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Infancia y primeros prodigios

La mística nació el veintisiete de diciembre de 1660 en Mercatello sul Metauro, ubicada en la diócesis de Urbania y en la provincia de Pesaro, siendo hija del capitán Francesco y de su esposa Benedetta Mancini, y recibiendo en el bautismo el nombre de Orsola. Su infancia temprana fue un sus Sucesión constante de maravillas, pues a la temprana edad de cinco meses comenzó a caminar por su propia cuenta para dirigirse a venerar un cuadro que representaba a la Santísima Trinidad. No había cumplido aún siete meses cuando amonestó con severidad y justicia a un mercader poco honesto, recordándole que debía obrar rectamente porque Dios lo estaba contemplando. Con apenas dos o tres años, la niña empezó a disfrutar de frecuentes visiones en las cuales Jesús y María le sonreían y respondían desde las imágenes colgadas en las paredes del hogar doméstico. La pequeña Orsola exclamaba al contemplar aquellas representaciones con ternura: Gesù bello! Gesù caro! Io ti voglio tanto bene.

Durante la celebración de la Misa, en el solemne momento de la elevación, veía casi siempre a Jesús en la sagrada hostia invitándola a acercarse, por lo que gritaba con fervor Oh, bello!... Oh, bello!... mientras se slanzaba hacia el altar. Cuando el sacerdote acudió a llevar el viatico a su madre enferma, la niña vio la hostia despidiendo un brillo sfolgorante de luz y suplicó unida de manos que le dieran también a ella a Jesús. Apenas la madre agonizante se hubo comunicado, Orsola se situó a su lado sobre el lecho para exclamar que había experimentado una cosa hermosa y un gran olor a aroma de Jesús. Antes de morir, la madre convocó a sus cinco hijas alrededor de su lecho y asignó a cada una de ellas una de las llagas del crucifisto como refugio y objeto particular de devoción. A la pequeña Orsola, que contaba entonces con seis años de edad, le correspondió en suerte la piaga del Sacro Cuore.

Vocación y entrada en el monasterio

En el transcurso de su fanciulezza, al escuchar la lectura de las vidas de los santos mártires, concebía el inmenso deseo de padecer por amor a Jesucristo, llegando una vez a colocar de propósito una manina en el fuego de un calentador hasta quemársela por completo sin derramar ni una sola lágrima. Se disciplinaba rigurosamente con una gruesa cuerda, caminaba sobre las rodillas, dibujaba cruces en la tierra con su propia lengua y permanecía prolongados espacios de tiempo con los brazos abiertos en forma de cruz, punzándose con espinas y construyéndose cruces completamente desproporcionadas a sus espaldas en su afán de imitar todo lo realizado por el divino Maestro. Durante la Semana Santa, el Señor se le manifestaba cubierto de llagas, mientras que por amor a Dios mostraba una profunda compasión hacia los pobres, a quienes donaba con generosidad todo aquello de lo que disponía, escribiendo más adelante que al contemplar a los necesitados le parecía ver al mismísimo Nuestro Señor. Con el paso de los años creció de forma ininterrumpida su brama por recibir la primera Comunión, suplicando con insistencia a María Santísima que le otorgara a su Hijo en el interior del corazón porque no podía vivir sin Él.

Su anhelo fue satisfecho el dos de febrero de 1670 en Piacenza, ciudad a la cual su padre se había trasladado para desempeñar el cargo de Superintendente de Finanzas ante la corte del duque Ranunzio II. En aquella memorable ocasión, Jesús le comunicó que debía pensar únicamente en Él y que llegaría a ser su esposa diletta. Su singular hermdad atrajó las simpatías de jóvenes distinguidos, haciendo sumamente difícil su propósito de abandonar el mundo, hasta el punto de declarar a su adorado padre que no podía obedecerle en sus pretensiones matrimoniales porque el Señor, que ostentaba la categoría de Padre supremo, la reclamaba como su esposa. Mutó entonces su nombre secular de Orsola por el de Verónica, y el die7 de julio de 1677, a los diecisiete años de edad, consiguió ingresar con firmeza en el monasterio de las Clarisas Capuchinas de Città di Castello, en la provincia de Perugia. Dios derramó sin cesar gracias, dones, privilegios, visiones, éxtasis y carisma singulares sobre su amada sierva, y los fenómenos místicos acaecidos en ella fueron sometidos a un largo y severo control por parte de las autoridades eclesiásticas competentes.

Los Diarios y la misteriosa Pasión

Desde el año 1695 hasta el veintisiete de febrero de 1727, la santa escribió de su puño y letra un Diario compuesto por cuarenta y cuatro volúmenes que totalizan veintiuna mil páginas, haciéndolo a pesar de la grandísima repugnancia que sentía y sin detenerse jamás a releer lo ya redactado. Lo hizo por rigurosa obediencia al obispo monseñor Eustachi y al confesor del monasterio, el padre Ubaldo Antonio Cappelletti, de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, siendo estos escritos publicados posteriormente entre 1895 y 1928 por el padre Luigi Pizzicarla de la Compañía de Jesús, con ediciones traducidas al francés y al español. Tras consumarse el místico desposorio con Jesucristo, vio colmada su ardiente aspiración de sufrir por Él, experimentando uno a uno todos los martirios y ultrajes de la Pasión de un modo misterioso pero real y visible. Exclamaba de manera continua que las cruces y los padecimientos constituían sus verdaderas alegrías y contentos, llegando a manifestar que no deseaba ni sufrir ni morir, sino tan solo padecer aún más, y dirigía a Jesús la desgarradora súplica de Sitio! Sitio!, expresando de este modo su sed no de consolaciones, sino de amargura y tormentos.

Desde su infancia suplicaba a su celestial Esposo que la crucificara con Él y le permitiera sentir los dolores de sus sagrados pies y manos, pidiendo que su corazón fuera traspasado de parte a parte sin dilación. En el año 1694 fue designada maestra de las novicias, y tras soportar tres años de ayuno riguroso a base exclusivamente de pan y agua, el viernes santo del año 1697 se le manifestaron las sagradas estigmas y recibió en su cabeza la impresión de las espinas, mientras en su pecho quedaban grabados los instrumentos de la Pasión. La santa dejó por escrito que había contemplado en un instante cómo salían de las llagas de Jesús cinco rayos resplandecientes dirigidos hacia ella, los cuales se transformaron en pequeñas llamas, asegurando tener cuatro clavos y una lanza de fuego incandescente clavados profundamente en su corazón, manos y pies, motivo por el cual, debido a los sufrimientos visibles para la comunidad, era conocida comúnmente como la esposa del crucifijo.

Pruebas rigurosas e intercesión

El obispo de Città di Castello, debidamente informado de aquellos prodigiosos acontecimientos sobrenaturales acaecidos en la hermana Verónica, elevó un informe oficial al tribunal del Sant'Ufficio y recibió estrictas instrucciones que fueron aplicadas con extrema severidad. El prelado se personó en el convento acompañado por sacerdotes de acreditada experiencia y se convenció plenamente de la rigurosa realidad de las llagas, disponiendo que algunos médicos curaran las heridas de Verónica durante un periodo de seis meses. Tras cada curación, las manos de la religiosa eran protegidas con guantes provistos de sellos oficiales, mas las heridas, lejos de sanar con el transcurso de los días, se dilataban e incrementaban notablemente. La abadesa recibió de manos del obispo disposiciones específicas destinadas a poner a prueba de un modo riguroso su paciencia, su humildad y su ciega obediencia. A Verónica se le despojó del cargo de maestra de novicias, fue declarada decaída del derecho a voto activo y pasivo, se le prohibió toda clase de relación con las demás hermanas de la comunidad y fue castigada con un riguroso interdicto que la marginó de la asistencia al coro, de la participación en la santa Misa y de la recepción de la sagrada Comunión.

Permaneció encerrada durante cincuenta días en una celda de condiciones similares a una prisión, siendo deliberadamente tratada por los suyos como si fuera una mujer insensata, una simuladora y una vulgar mentirosa. No obstante este trato vejatorio, el obispo escribió al Sant'Ufficio certificando que Verónica obedecía a sus mandatos con absoluta exactitud y que no mostraba la más mínima sombra de tristeza por los crueles tratamientos recibidos, sino una tranquilidad indescifrable y un talante profundamente alegre. Ella unía a sus continuos y e indescriptibles dolores rigurosas penitencias e intensas oraciones ofrecidas por la conversión de los pecadores, dejando constancia por escrito de que Dios la había constituido en mediadora entre su divinidad y los transgresores de su ley. Ofrecía asimismo constantes sufragios por el descanso eterno de las almas del Purgatorio, confiando en su Diario que Dios le había concedido la gracia singular de liberar de dicho lugar de purificación a cuantas almas ella deseara, sin descuidar jamás las necesidades de la Iglesia universal y de un modo particular las de los ministros sagrados, manteniéndose siempre firmemente sumisa en vida a la voluntad de sus superiores.

Transitus y glorificación

La piadosa religiosa partió hacia la casa del Padre el nueve de julio de 1727, después de haber soportado una penosa enfermedad de treinta y tres días de duración, y habiendo recibido de su confesor, el padre Guelfi, la orden formal de entregar su espíritu al Creador. En el momento de su tránsito definitivo, Verónica acumulaba ya once años de ejercicio como abadesa del monasterio. Al examinar su corazón virginal, las autoridades eclesiásticas comprobaron estupefactas que en él se hallaban esculpidos con absoluta precisión los emblemas de la Pasión de Cristo, los cuales correspondían exactamente al modo en que ella los había descrito y dibujado con anterioridad por rigurosa orden de su confesor espiritual. Su sagrado cuerpo incorrupto es venerado hoy en día bajo el altar mayor de la iglesia de las Clarisas Capuchinas en Città di Castello.

La Iglesia católica reconoció oficialmente su ejemplaridad cuando el Papa Pío VII procedió a su solemne beatificación el dieciocho de junio de 1804, siendo posteriormente canonizada de forma definitiva por el Papa Gregorio XVI el veintiséis de mayo de 1839. El martirologio romano la recuerda en Città di Castello, en la región de Umbría, bajo la advocación de santa Verónica Giuliani, abadesa perteneciente al Orden de las Clarisse Cappuccine, destacando su perfil como una mujer extraordinariamente colmada de carismas espirituales que supo corresponder de manera íntegra, tanto en el cuerpo como en el alma, a los dolores y al misterio de la Pasión de Cristo, ofreciendo además en su prolongado encierro de cincuenta días un modelo insuperable de paciencia y obediencia cristiana, habiendo nacido en la localidad de Mercatello, en Urbino, el veintisiete de diciembre de 1660.

Preguntas frecuentes

Cuándo se festejva Santa Verónica Giuliani?

La festividad litúrgica de Santa Verónica Giuliani se celebra el 9 de julio, fecha que conmemora su tránsito y su nacimiento a la vida eterna.

De qué es patrona Santa Verónica Giuliani?

Los hechos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido a la santa.

En Città di Castello, en Umbría, santa Verónica Giuliani, abadesa de la Orden de las Clarisas Capuchinas, que, rica en carismas espirituales, correspondió en el cuerpo y en el alma a la pasión de Cristo y fue por esto puesta bajo custodia durante cincuenta días, ofreciendo un admirable modelo de paciencia y de obediencia. — Martirologio Romano