Santa Verónica Giuliani fue una insigne religiosa, abadesa y mística del Orden de las Clarisse Cappuccine, nacida en Mercatello sul Metauro el veintisiete de diciembre de 1660 y fallecida en Città di Castello el nueve de julio de 1727. Su vida terrenal constituyó un prolongado y extraordinario susurro de maravillas celestiales, marcado desde su más tierna infancia por constantes visiones, un deseo devoto y ardiente de sufrir por amor a Jesucristo y una total correspondencia corporal y anímica con la Pasión del Señor. Dotada de carismas singulares y de una profunda humildad, la santa transitó por caminos de rigurosas pruebas, profundas experiencias místicas como el desposorio espiritual y las sagradas llagas, y un riguroso discernimiento eclesiástico que superó con una tranquilidad indescifrable y un talante profundamente gozoso.
Es recordada con especial veneración por haber plasmado en un extenso diario de cuarenta y cuatro volúmenes las vivencias de su alma, y por haber ofrecido su existencia entera como fiel mediadora entre Dios y los pecadores, intercediendo constantemente por las benditas ánimas del Purgatorio y por las necesidades de toda la Iglesia. Tras haber gobernado como abadesa durante once años y haber superado con heroica obediencia durísimos castigos y aislamientos, entregó su espíritu tras una enfermedad de treinta y tres días. Su cuerpo incorrupto reposa bajo el altar mayor de la iglesia de las Capuchinas en Città di Castello, siendo beatificada por el Papa Pío VII el dieciocho de junio de 1804 y canonizada solemnemente por el Papa Gregorio XVI el veintiséis de mayo de 1839.