Santa Wivina (Vivina)
Abadesa benedictina
Actualizado el 21 de julio de 2026
La vida de Santa Wivina
Santa Wivina nació en el año mil ciento tres en la región de Brabante, donde comenzó un camino de fe que la llevaría a ser una de las mujeres más influyentes en el ámbito monástico de su época. Su deseo de vivir en mayor intimidad con Dios la condujo, en el año mil ciento veintiséis, a fundar un eremo en el paraje de Bigard, cerca de la actual ciudad de Bruselas. Lo que comenzó como un retiro personal de oración y penitencia se convirtió, bajo su prudente dirección, en una comunidad creciente que buscaba seguir el camino de perfección cristiana con mayor rigor.
En el año mil ciento veintinueve, la comunidad de Bigard dio un paso decisivo al adoptar formalmente la Regla de San Benedetto. Este hecho marcó la consolidación de su obra, permitiendo que la espiritualidad benedictina se arraigara con fuerza en la abadía de Grand-Bigard. Santa Wivina guio a sus hermanas con sobriedad y firmeza, siendo un ejemplo constante de trabajo, humildad y oración incesante. Su labor no estuvo exenta de desafíos, pero su confianza en la providencia divina le permitió superar las dificultades del entorno. Tras una vida dedicada al servicio del Señor, falleció en el año mil ciento setenta en Grand-Bigard, dejando un legado espiritual que perduraría por siglos. Su santidad fue reconocida prontamente, siendo su culto confirmado oficialmente, lo que permitió que su figura fuera honrada por las generaciones venideras como una intercesora poderosa ante Dios.
El culto y la memoria
Tras el fallecimiento de Santa Wivina, su memoria fue custodiada con gran celo por la comunidad que ella misma había fundado. En el año mil ciento setenta y siete, el obispo Alardo realizó la traslación de sus reliquias, un evento que subrayó la importancia de su figura para la Iglesia local y fortaleció el fervor de los fieles. A pesar de que la abadía de Grand-Bigard sufrió la supresión en el año mil setecientos noventa y seis, el culto a la santa no desapareció. En el año mil ochocientos doce, sus reliquias fueron trasladadas a la iglesia de Orbais, garantizando que el recuerdo de su vida y su intercesión continuaran presentes.
La devoción a Santa Wivina es, ante todo, una expresión de confianza. Los fieles la invocan tradicionalmente para pedir su protección y auxilio contra diversos males que aquejan a la humanidad y al trabajo cotidiano. Su intercesión es buscada especialmente en casos de peste, pleuritis, fiebres y dolores de garganta, así como para la protección del ganado, reflejando la estrecha relación entre su vida monástica y las necesidades concretas de la gente sencilla. La Iglesia celebra su memoria en distintas fechas según la localidad, siendo el diecisiete de diciembre el día principal, aunque también se le recuerda el veinticinco de septiembre y el diecinueve de diciembre, manteniendo vivo el vínculo entre los fieles y esta insigne abadesa benedictina.
Preguntas frecuentes
Cuando se celebra a Santa Wivina?
Su festividad principal es el diecisiete de diciembre, aunque también se le recuerda el veinticinco de septiembre y el diecinueve de diciembre, según la localidad.
De qué es patrona Santa Wivina?
Es invocada como protectora contra la peste, la pleuritis, la fiebre, el mal de garganta y para la protección del ganado.
Cerca de Bruselas en Brabante, en la actual Bélgica, santa Vivina, primera abadesa del monasterio de la Beata María de Grand-Bigard. — Martirologio Romano