26 de noviembre
Sante Magnancia y Máxima
Vírgenes
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
El viaje desde Italia y los orígenes
Las noticias relativas a las santas vírgenes Magnanzia y Máxima provienen de dos fuentes consideradas no del todo seguras por la crítica moderna, pero de gran valor devocional. La primera fuente es una Vita anónima que se remonta a un período anterior al siglo duodécimo, mientras que la segunda es la obra Miracula sancti Germani, redactada por Enrico d'Auxerre. Los hechos se sitúan en el contexto del fallecimiento de san Germano d'Auxerre, ocurrido en el año 448 mientras el santo prelado se encontraba en la corte imperial de Ravenna. Tras su muerte, el cuerpo de san Germano fue solemnemente trasladado de regreso a la Galia. El largo viaje de la salma estuvo acompañado por cinco fieles vírgenes, discípulas del santo y probablemente de origen italiano. Aquellas cinco mujeres piadosas se llamaban Magnanzia, Palladia, Camilla, Porzia y Máxima. La travesía estuvo marcada por el sufrimiento y la fatiga, hasta el punto de que tres de ellas, es decir Magnanzia, Palladia y Camilla, fallecieron durante el duro trayecto de regreso. Sobre las sepulturas de estas tres valientes mujeres se edificaron posteriormente diversas iglesias para honrar su memoria. Ya en el año 976, Enrico d'Auxerre atestiguaba por escrito que muchedumbres de peregrinos visitaban continuamente estas tumbas a lo largo de todo el año. En la actualidad, en la región de Borgoña existen todavía las localidades de Saint-Pallaye, situada cerca de Vermenton, y Sainte-Magnance, que confirman de manera tangible la autenticidad de aquellos antiguos acontecimientos. La mencionada Vita aporta además el dato preciso de que santa Magnanzia nació en la localidad costera de Civitavecchia.
El descubrimiento de la tumba de santa Magnanzia
La tradición conservada en la antigua Vita describe con amplia riqueza de detalles las circunstancias providenciales a través de las cuales se descubrió la ubicación exacta de la tumba de santa Magnanzia. Con el paso de los siglos, el sepulcro había quedado olvidado, hasta el punto de que la piedra tombale de su sepultura era utilizada habitualmente por los pastores locales como un simple asiento para descansar durante sus jornadas de pastoreo. Aquella piedra presentaba una singularidad totalmente inexplicable y milagrosa: se mantenía siempre cálida durante el invierno y notablemente fresca en los meses de verano. Un día, un peregrino que se dirigía hacia Saint-Pallaye decidió recostarse sobre aquella piedra al caer la tarde y se quedó profundamente dormido. Durante el sueño, el caminante tuvo una visión en la que se le aparecieron las santas Magnanzia y Máxima, las cuales se encontraban y se acercaban pacíficamente hacia él. En el transcurso del sueño, las dos santas protegieron de manera milagrosa al peregrino frente al ataque imprevisto de un reptil venenoso. El peligro era real, pues la serpiente amenazaba verdaderamente la vida del hombre mientras este dormía profundamente. Movido por un profundo sentimiento de gratitud hacia sus celestiales protectoras, el peregrino relató lo sucedido a todas las personas del lugar, permitiendo de este modo que la comunidad descubriera el paradero de la tumba perdida. Este acontecimiento extraordinario dio origen al culto fervoroso en honor de santa Magnanzia, el cual recibió un impulso determinante gracias a la labor de los monjes de Moutiers-Saint-Jean, quienes promovieron su difusión por toda la región.
El sepulcro, las reliquias y la memoria de santa Máxima
El venerable sepolcro de santa Magnanzia data del siglo duodécimo y se conserva intacto todavía hoy, constituyendo un valioso testimonio de arte e historia sacra. Dicho sepulcro está primorosamente decorado con relieves artísticos que esculpen y narran las escenas principales de la leyenda y de los prodigios atribuidos a la santa. A lo largo de los siglos turbulentos, las reliquias de santa Magnanzia lograron escapar afortunadamente tanto de las graves distrucciones perpetradas por los calvinistas como de los saqueos acaecidos durante la Revolución Francesa. Para garantizar su autenticidad y conservación, en los años 1823 y 1842 se llevaron a cabo sendas ricogniciones canónicas de las sagradas reliquias de santa Magnanzia. Por su parte, la virgen Máxima continuó su viaje acompañando la salma del obispo Germano hasta la ciudad de Auxerre, tal como relata la Vita. Máxima falleció en Auxerre algunos años después de haber completado aquel éxodo, en una fecha que las fuentes no han precisado con exactitud. Las reliquias de la virgen Máxima fueron custodiadas con gran devoción en el monasterio de Auxerre hasta el año 1567, momento trágico en el que fueron profanadas y destruidas por los calvinistas. Ambas santas, Magnanzia y Máxima, son recordadas de forma conjunta en numerosas localidades francesas. Esta memoria compartida hunde sus raíces no solo en el camino de vida virginal que compartieron en la tierra, sino también en el milagroso sueño compartido en el que se manifestaron unidas para salvar la vida del peregrino.
Una vida entregada
La historia de las santas Magnancia y Máxima transcurre durante el siglo quinto, un periodo fundamental para la consolidación de la fe en tierras galas. Ambas fueron distinguidas discípulas de San Germano de Auxerre, obispo cuya labor pastoral y espiritual marcó profundamente la vida de quienes lo rodeaban. La relación entre estas dos vírgenes y su maestro no fue meramente administrativa o circunstancial, sino una verdadera comunión de vida orientada hacia el servicio de Dios.
Santa Magnancia, originaria de Civitavecchia, desempeñó un papel de notable abnegación al acompañar el traslado de los restos mortales de San Germano hacia la Galia tras su fallecimiento en el año cuatrocientos cuarenta y ocho. Durante este largo y penoso viaje de regreso, Santa Magnancia entregó su alma a Dios, falleciendo en tierras de Borgoña. Su memoria quedó perpetuada en la localidad que hoy lleva su nombre, Ste-Magnance, donde su recuerdo permanece vinculado a la devoción de los peregrinos. Por su parte, Santa Máxima mantuvo una trayectoria de especial fidelidad, acompañando el cuerpo del obispo hasta la ciudad de Auxerre. Allí, Santa Máxima continuó su vida de oración y entrega, falleciendo años después que su maestro, en el año cuatrocientos cincuenta y uno. Su presencia en Auxerre fue un signo de continuidad espiritual tras la partida de San Germano, consolidando un legado de santidad que las comunidades cristianas locales han preservado con esmero a lo largo del tiempo, reconociendo en ambas mujeres la fuerza de una vocación vivida con rectitud y paz.
El culto y la memoria
La veneración a las santas Magnancia y Máxima se celebra con especial recogimiento el día veintiséis de noviembre. Esta fecha no es solo una efeméride en el calendario litúrgico, sino un momento de encuentro para los fieles que desean honrar la memoria de quienes fueron testigos cercanos de la santidad de San Germano de Auxerre.
En la diócesis de Sens, la figura de Santa Magnancia goza de una consideración particular, manteniendo viva la memoria de su sacrificio durante el traslado de los restos del obispo. El culto a ambas vírgenes se ha mantenido a través de los siglos como un recordatorio de que la santidad no solo se alcanza en los grandes cargos públicos, sino también en el servicio silencioso, la fidelidad a los maestros y la entrega constante a la voluntad divina. Hoy, su intercesión es invocada con esperanza por aquellos que buscan en el ejemplo de las santas antiguas una guía para su propia vida de fe, recordando siempre que la perseverancia en el camino del Señor es el don más preciado que podemos ofrecer.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia Sante Magnancia y Máxima?
La fiesta litúrgica de santa Magnanzia y la memoria de la virgenti Máxima se celebran conjuntamente el 26 de noviembre, especialmente en la diócesis de Sens.
Di cosa è patrono Sante Magnancia y Máxima?
Santa Magnanzia es invocada de manera particular y especial para la protección de los fanciulli moribundos.