3 de marzo
Santi Emiterio y Celedonio
Mártires de Calahorra
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Las fuentes históricas y los orígenes
Prudenzio se erige como la fuente más antigua que menciona a los santos Emiterio y Cheledonio, ofreciendo los primeros testimonios escritos sobre su existencia. En el primer libro de su obra titulada Peristephanon, el mismo Prudenzio atestigua que en su época los antiguos actos del martirio ya no existían. Según el relato de Prudenzio, aquellos valiosos documentos fueron destruidos intencionalmente por los enemigos de la fe con el firme propósito de eliminar las pruebas documentales del martirio. Es plenamente ipotizable que tal explicación sobre la desaparición de los textos constituya un pretexto ideado para justificar la carencia de información precisa sobre los dos mártires. A falta de registros escritos originales, el autor recopiló y transmitió diversas tradiciones orales sobre las vicisitudes vividas por los santos.
De acuerdo con las informaciones transmitidas por Prudenzio, se deduce con claridad que Emiterio y Cheledonio perdieron la vida hacia el final del tercer siglo. Su glorioso martirio acaeció en el contexto histórico de la implacable persecución contra los cristianos en el seno del ejército, una campaña de represión promovida por Galerio. En su origen, los dos santos formaban parte de las filas militares, desempeñando sus labores como soldados. Sin embargo, en un momento decisivo de sus vidas, los dos mártires decidieron abandonar de forma definitiva la carrera militar con el único propósito de seguir y abrazar plenamente la fe cristiana.
El martirio y el prodigio en el sepulcro
Tras confesar abiertamente su fe en Cristo, los dos soldados fueron conducidos desde León, situado en la Galizia, hasta la ciudad de Calahorra, ubicada en la región de la España septentrional. Fue precisamente en Calahorra donde ambos sufrieron el supremo martirio por decapitación. Durante la ejecución capital, la tradición refiere que se verificó un prodigio de carácter extraordinario ante la mirada asombrada de toda la muchedumbre presente. Dicho prodigio consistió en que el anillo de uno de los mártires y el fazo, conocido como orarium, del otro se elevaron milagrosamente hacia el cielo. Prudenzio relata que la decapitación ocurrió en una ciudad de la Guascogna, cuyo nombre exacto omitió en sus escritos, limitándose a definirla con afecto como su propio oppido. Posteriormente, fue el célebre san Gregorio de Tours quien proporcionó explícitamente el nombre de aquella ciudad que Prudenzio había omitido en su obra. El mismo san Gregorio de Tours se encargó de resumir la información aportada por Prudenzio y afirmó con certeza que el sagrado sepulcro de los santos se encontraba custodiado en el interior de la catedral de Calahorra. La importante ubicación de este lugar de reposo eterno fue confirmada de manera oficial por el Martirologio Geronimiano, texto que también establece la conmemoración litúrgica de los santos en la fecha del tres de marzo.
El sepulcro de los dos mártires se convirtió con el paso del tiempo en la meta constante de numerosos peregrinos que acudían en busca de consuelo espiritual, siendo además un lugar caracterizado por la manifestación continuada de eventos prodigiosos.
La evolución de la tradición y el culto
A medida que la devoción popular experimentaba un crecimiento notable a lo largo de los siglos, la tradición incorporó gradualmente detalles biográficos que carecían de un fundamento estrictamente histórico y poseían una naturaleza marcadamente fantastica. Esta evolución de carácter legendario en la biografía de los santos ofrece hoy elementos de gran utilidad para comprender con profundidad el desarrollo histórico del culto agiográfico. Dado que la tradición los describía originalmente como soldados, en el imaginario colectivo se afianzó con fuerza la creencia de que ambos pertenecían al cuerpo de legionarios. Como consecuencia directa de una singular asociación de ideas surgida entre los fieles, se comenzó a afirmar con convicción que los dos santos prestaban servicio activo o se encontraban de guarnición en la ciudad de León. La presencia de los mártires vinculada a esta localidad castellana aparece registrada formalmente en una homilía que los expertos sitúan de manera presunta durante el transcurso del octavo siglo. Dicha homilía del octavo siglo es citada de forma expresa en el Martirologio de Lione, un documento litúrgico redactado rigurosamente antes de que finalizara el año ochocientos seis. El autor anónimo de aquella homilía declaraba de manera abierta que le resultaba imposible explicar las razones del supuesto traslado de los santos desde León hasta Calahorra, teniendo en cuenta la considerable distancia geográfica existente entre ambos puntos. Tras consumarse esta primera asociación con la ciudad de León, la narración de carácter agiográfico experimentó todavía un posterior desarrollo de índole legendaria.
Conviene recordar que en la ciudad de León era objeto de profunda veneración el ilustre mártir san Marcello de Tangeri. Debido a esta circunstancia, Emiterio y Cheledonio fueron vinculados directamente con san Marcello de Tangeri, siendo presentados por los hagiógrafos como sus propios hijos biológicos. Esta supuesta unión de carácter familiar resultó sumamente favorecida por la costumbre muy extendida entre los antiguos autores de pasiones de inventar estrechos vínculos de parentesco entre aquellos santos que recibían culto en un mismo lugar geográfico. Asimismo, la atribución arbitraria de dicha paternidad se vio impulsada por una interpretación desacertada de un pasaje concreto escrito por Prudenzio, quien en su texto original definía a los dos mártires simplemente como hermanos en la fe cristiana. Este ulterior y significativo ampliamiento de la leyenda, que los presenta firmemente como hijos de san Marcello, se documenta con claridad en las obras redactadas por el cronista Luca de Tuy, personaje histórico que vivió durante el décimo tercer siglo.
El testimonio de fe
La historia de los Santos Emiterio y Celedonio se sitúa en el contexto de las persecuciones religiosas que marcaron el final del siglo tercero. Ambos, soldados del ejército romano, se encontraron ante una encrucijada espiritual que cambió el rumbo de sus existencias. Al reconocer la verdad del mensaje cristiano, comprendieron que la obediencia al Evangelio era incompatible con las exigencias del servicio militar bajo el imperio. Esta renuncia, realizada con plena conciencia, fue un acto de libertad interior que los llevó a apartarse de sus deberes castrenses para seguir el camino de la fe.
Su trayecto los condujo hasta Calahorra, lugar donde habrían de consumar su entrega. Durante la persecución promovida por el emperador Galerio, los hermanos fueron apresados y sometidos a juicio por su negativa a renunciar a su fe. A pesar de las presiones y las amenazas del poder imperial, mantuvieron una firmeza ejemplar hasta el final. El martirio, que se produjo mediante la decapitación, selló su alianza con Dios hacia el año trescientos. La tradición conserva con especial asombro el prodigio ocurrido en el momento de su muerte, cuando se dice que un anillo y un pañuelo fueron elevados hacia el cielo, un signo que la piedad popular ha interpretado siempre como la señal de su triunfo espiritual y su acceso a la gloria eterna. Su vida, aunque marcada por la brevedad del tiempo, permanece como un testimonio imperecedero de valentía, recordándonos que la paz interior nace de la coherencia entre lo que se cree y lo que se vive, incluso en las circunstancias más difíciles.
El culto y memoria
La devoción a los Santos Emiterio y Celedonio posee un carácter histórico y litúrgico muy arraigado. Su memoria se encuentra registrada tanto en el Martirologio Geronimiano como en el Martirologio Romano, lo que atestigua la antigüedad y la importancia de su culto dentro de la tradición eclesiástica universal. Aunque su sacrificio tuvo lugar en Calahorra, su influencia y el recuerdo de su gesta se extienden también a León, lugares donde la fe de estos mártires sigue siendo honrada con devoción.
La Iglesia celebra su memoria cada tres de marzo, día en que los fieles se reúnen para conmemorar su entrega y pedir su intercesión. Esta fecha no es solo un recuerdo del pasado, sino una invitación a renovar el compromiso cristiano en la vida cotidiana. La sobriedad de su culto subraya la esencia de su martirio: el abandono de las glorias mundanas por la fidelidad a la voluntad divina. A través de los siglos, la figura de estos hermanos ha servido como faro para quienes buscan vivir su fe con autenticidad, recordándonos que el sacrificio de los santos es una semilla que sigue dando frutos de esperanza en el corazón de la Iglesia.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia los santos Emiterio y Celedonio?
Los santos Emiterio y Celedonio se conmemoran litúrgicamente el día tres de marzo, según consta en el Martirologio Romano, el Martirologio Geronimiano, el Calendario mozarabico y los antiguos martirologios históricos.
De cosa es patrono los santos Emiterio y Celedonio?
En los datos históricos y tradicionales provistos no se mencionan patronatos específicos atribuidos a estos santos mártires.
En Calahorra, en el norte de España, santos Emeterio y Celedonio, que, ambos soldados cerca de León en Galicia, al estallar la persecución, llevados a Calahorra por haber confesado el nombre de Cristo, recibieron allí la corona del martirio. — Martirologio Romano