14 de mayo
Santi Félix y Fortunato
Mártires de Aquilea
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y testimonio de fe
Los santos Felice y Fortunato son dos hermanos originarios de Vicenza que vivieron en el cuarto siglo y eran fervientes cristianos. No se han conservado muchas noticias ciertas sobre su vida cotidiana, pero se sabe que en una ocasión se recogen en Aquileia por razones de comercio. Estando en aquella localidad situada en el odierno Friuli, fueron descubiertos mientras oraban en un bosque por las autoridades imperiales. El prefecto Eufemio hizo arrestar de inmediato a los dos hermanos tras la violenta persecución contra los cristianos decretada a principios del cuarto siglo por los imperadores Diocleziano y Massimiano. Ante el tribunal, los hermanos declararon con gran coraje su propia fe en el Señor Jesucristo. Las autoridades intentaron inducirles a abandonar sus creencias a través de lisonjas, amenazas y la propuesta de quemar incienso a las efigies de los imperadores. Lejos de ceder, los hermanos sufrieron torturas siempre más graves y strazianti según la tradición, perseverando en su testimonio e invocando constantemente el nombre de Cristo. Al resultar vana toda dissuasión, el prefecto dictó la orden de su decapitación, cumpliendo así el destino de aquellos que ofrecen su vida para dar testimonio de la fe y reproducir la Pasión y muerte de Cristo.
El martirio en Aquileia
La ejecución de la sentencia se llevó a cabo cuando los hermanos fueron conducidos hacia los alrededores del río Natisone y detenidos en el barrio que hoy en día se denomina de San Felice, en las afueras de la ciudad de Aquileia. En aquel momento supremo, Felice y Fortunato se abrazaron con afecto y, puestos en rodillas, rindieron gracias a Dios antes de enfrentar el tajo. Tras ser decapitados, la primitiva comunidad cristiana aquileiense, junto con algunos fieles procedentes de Vicenza, acudió sigilosamente durante la noche al lugar del martirio. Los cristianos de Aquileia anhelaban dar a los mártires una sepultura honrosa en el mismo sitio donde habían derramado su sangre, mientras que los de Vicenza deseaban trasladar los cuerpos a su ciudad natal. Para evitar las represalias y la ira del prefecto, se decidió de común acuerdo dividir las reliquias sagradas entre Aquileia y Vicenza. Alrededor del sitio del martirio, los fieles edificaron un primer ambiente de culto llamado la basilica antica y, en torno a este edificio, se desarrolló de forma progresiva un importante cimitero cristiano. La tradición relata los detalles de estos eventos, mientras que el martirio es visto por la Iglesia como un modelo de conducta que goza de la beatitud celeste y de una cercanía tan grande a Dios que permite interceder por todos los fieles.
La división de las reliquias
La separación de los cuerpos dio origen a un inmediato dissidio entre Vicenza y Aquileia por la posesión íntegra de las reliquias, un conflicto que se resolvió en la segunda mitad del cuarto siglo con la partición formal de los restos. Vicenza recibió el cuerpo de San Felice, el cual fue depositado inmediatamente en el martyrion situado junto a la antigua basilica omonima erigida fuera de las murallas vicentinas. Por su parte, la salma de San Fortunato permaneció en Aquileia durante un tiempo antes de ser trasladada en época longobarda hacia Grado y posteriormente a Malamocco. Esta división de las reliquias desmiente por completo la bizzarra y tardiva tradición de la separación de las cabezas de los cuerpos con commistione. Dicha repartición histórica queda plenamente confirmada por la antigua y valiosa testimonio poético de Venanzio Fortunato en el quinto siglo y por el privilegio oficial redactado por el obispo Rodolfo para regular el monasterio de San Felice. Además, las minuciosas análisis antropológicas efectuadas en el año 1769 sobre los restos conservados en Vicenza validan de manera incontestable la pertenencia a un solo individuo que sufrió la muerte por decapitación. La conservación de estos sagrados despojos exigió con el tiempo la erección de espacios privilegiados destinados al culto litúrgico y al encuentro con Dios.
El culto y la traslación a Chioggia
A pesar de la separación geográfica de los restos, la memoria litúrgica de los dos hermanos mártires permaneció firmemente unida en el corazón de la Iglesia. La salma de San Fortunato fue traslata primero a Malamocco y luego, en el año 1080 y de manera definitiva en el año 1110, trasladada a Chioggia, coincidiendo este último acontecimiento con el traspaso de la sede vescovile a la misma localidad. A su llegada, el pueblo clodiense acogió las reliquias con gran fe y amor patrio, depositándolas solemnemente en la iglesia principal que más tarde se convirtió en la Catedral, consagrada a la Madre de Dios y, tras su reconstrucción en el siglo diecisiete, a Maria Assunta en cielo. Los santos mártires fueron proclamados enseguida patronos principales de la ciudad y de la diócesis de Chioggia. La profunda devoción ciudadana se manifestó con la construcción de una capilla específica durante el siglo diecisiete y con la generosa munificenza destinada a una nueva urna de plata. Dicha urna se halla custodiada en el rico y artístico sacello donde los fieles tributan su homenaje de manera especial durante la festividad anual. Asimismo, la memoria de los santos se fijó debidamente en el calendario: el catorce de agosto según la tradición aquileiense, heredada posteriormente por Chioggia, y el trece de mayo en Vicenza, siguiendo de cerca la tradición ambrosiana.
Patrimonio arquitectónico y memoria actual
La huella de los santos mártires perdura visiblemente en el territorio a través de insignes monumentos y celebraciones litúrgicas. Los santos Felice y Fortunato son los gloriosos titulares de la imponente basilica que se alza a lo largo del omonimo corso en Vicenza, situada estratégicamente en las inmediaciones de la antigua via consolare Postumia. Este templo cristiano se levanta exactamente en el lugar donde la primera comunidad local edificó el primitivo recinto sagrado en el cuarto siglo. En cuanto a sus sagrados restos, las reliquias de San Felice se conservan con veneración junto a las de Santa Bertilla dentro del altar maggiore de la iglesia parroquial de Brognoligo, situada en la localidad de Monteforte d'Alpone. La Iglesia considera la memoria de los mártires como un día de fiesta y de celebraciones especiales marcadas por la alegría espiritual. Con el fin de fomentar una auténtica utilidad pastoral, el Proprio litúrgico aconseja la celebración de la misa comunitaria dedicada a los santos mártires, dejando esta piadosa iniciativa al prudente juicio del rector de la iglesia o del sacerdote celebrante. De este modo, la memoria de estos hermanos sigue recordándose también cada veintisiete de septiembre con la solemne conmemoración de la Traslazione delle Reliquie, honrando la figura de quienes honraron con su sangre la fe en Cristo.
La vida y el testimonio
La historia de los santos Félix y Fortunato se enmarca en un tiempo de dura prueba para los primeros cristianos. Nacidos en Vicenza, estos hombres de fe fueron arrestados en la ciudad de Aquilea mientras la persecución ordenada por el emperador Diocleciano azotaba a la comunidad cristiana. En aquel contexto de opresión, se les exigió renunciar a su fe en Jesucristo, una demanda a la cual se opusieron con firmeza y serenidad. Ante su negativa inquebrantable de renegar del nombre del Señor, ambos fueron condenados a la pena capital y sufrieron la decapitación en el año trescientos tres.
El martirio de Félix y Fortunato no solo marcó el final de sus días terrenos, sino que dio inicio a una memoria que ha sido custodiada con esmero por la tradición cristiana. Ya desde el mismo siglo cuarto, las reliquias de estos mártires fueron objeto de una especial veneración, siendo distribuidas entre las ciudades de Vicenza y Aquilea. Este acto no solo buscaba honrar los restos mortales de quienes dieron testimonio de su fe, sino también fortalecer la vida espiritual de los creyentes en aquellas regiones, estableciendo un vínculo perdurable entre el lugar de su origen, Vicenza, y el lugar donde entregaron su vida, Aquilea.
El culto y la memoria
A lo largo de los siglos, el culto a los santos Félix y Fortunato se ha extendido y arraigado en diversas localidades, reflejando una devoción que ha sabido adaptarse a los cambios de la historia. Un momento significativo en su veneración ocurrió en el año mil ciento diez, cuando las reliquias de San Fortunato fueron trasladadas a Chioggia, ciudad que, desde entonces, los reconoce como sus patronos. La presencia de estos restos sagrados en diferentes lugares, como Malamocco, Chioggia, Vicenza y Aquilea, subraya la importancia de su intercesión y la vigencia de su ejemplo.
La memoria litúrgica de estos mártires se celebra en distintas fechas según la tradición local, lo que demuestra la riqueza de su acogida en las comunidades. Mientras que en Aquilea y Chioggia se les recuerda especialmente el catorce de agosto, en Vicenza la celebración tiene lugar el trece de mayo. Asimismo, existe una fecha dedicada a conmemorar la traslación de sus reliquias, el veintisiete de septiembre. Estas diversas ocasiones de oración permiten a los fieles renovar su compromiso cristiano, invocando la protección de quienes, con su sangre, confirmaron su amor incondicional a Dios.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia la festividad de los santos Felice y Fortunato?
La memoria de los santos se celebra el catorce de agosto según la tradición aquileiense y en Chioggia, el trece de mayo en Vicenza, y el veintisiete de septiembre se conmemora la Traslazione delle Reliquie.
De qué es patrono San Felice y San Fortunato?
Los santos Felice y Fortunato son patronos principales de la ciudad y de la diócesis de Chioggia.
En Aquilea, hoy en Friuli, santos Félix y Fortunato, que honraron esta ciudad con su glorioso martirio. — Martirologio Romano