24 de mayo
Santi Treinta y ocho Mártires de Filipópolis (o de Plovdiv)
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
El origen y los nombres de los mártires
Los mártires sufrieron todos su suplicio en Filippopoli, aunque provenían de diferentes lugares de la región. Una parte de ellos era originaria de Bisanzio, mientras que el resto había nacido en la propia Filippopoli. Entre los mártires originarios de Filippopoli se encontraban Gaio, Timoteo, Palmato, Mesto, Nicone, Difilo, Domezio, Massimo, Neofito, Vittore, Rino, Saturnino, Epafrodito, Chercas, Zotico, Cronione, Anto, Oro, Zoïlo, Tiranno, Agato, Pastene, Achille, Panterio, Crisanto, Atenodoro, Pantoleone, Teosebe y Genetlio. Por su parte, el grupo de los mártires originarios de Bisanzio estaba compuesto por Orione, Anatilino, Molia, Eudoimone, Silvano, Sabino, Eustazio, Stratone y Bosba.
El martirio y la evolución litúrgica
Existen diversas versiones acerca del tipo exacto de suplicio que padecieron aquellos hombres. Una tradición sostiene que los fieles fueron arrojados con las manos y los pies atados dentro de una hornace ardiente. Sin embargo, la versión más acreditada sobre el tipo de martirio afirma categóricamente que fueron decapitados. El Martirologio Romano conmemora a estos santos martiri precisamente bajo esta forma de muerte violenta acontecida en Tracia al tiempo de Diocleziano y Massimiano. En cuanto a su memoria en el calendario litúrgico, la reciente edición del Martirologio Romano ha unificado diversas celebraciones de grupos de mártires asesinados en Filippopoli situándolas en la fecha del veinticuatro de mayo. Por el contrario, en las ediciones precedentes de la misma obra y en la Bibliotheca Sanctorum, el número de los mártires de Filippopoli se indicaba estrictamente en treinta y ocho, con una celebración fijada el veinte de agosto. Cabe destacar que la última edición del Martyrologium Romanum no detalla los nombres de todos los trescientos ocho mártires, sino que se limita a mencionar al grupo en apenas dos líneas.
Las reliquias y la memoria histórica
No existen fuentes ciertas que permitan rastrear las reliquias originales de estos mártires ni un culto primitivo dedicado exclusivamente a ellos en su lugar de origen. No obstante, muchas reliquias de los mártires se encuentran ciertamente esparcidas en los templos cristianos de toda Europa. Esta amplia y fragmentaria difusión de los restos sagrados es la consecuencia directa del fenómeno de aprovisionamiento de reliquias de mártires llevado a cabo durante los siglos sucesivos con el fin de venerarlas con devoción en las propias iglesias locales.
El testimonio de la fe
En el transcurso del siglo cuarto, la Iglesia atravesó momentos de profunda tribulación bajo el gobierno de los emperadores Diocleciano y Maximiano. En este contexto de hostilidad hacia la fe, treinta y ocho hombres fueron llamados a dar testimonio de su lealtad a Jesucristo en la ciudad de Filipópolis, ubicada en la región de Tracia. Su camino hacia el martirio estuvo marcado por un proceso formal, presidido por el proconsole Apelliano, quien representaba la autoridad del imperio ante quienes se negaban a abandonar sus convicciones religiosas.
A pesar de las amenazas y del peso de la justicia terrenal, estos hombres mantuvieron una postura de serenidad y firmeza, eligiendo la fidelidad a Dios por encima de la supervivencia física. Los registros históricos dan cuenta de que su ejecución se llevó a cabo mediante métodos crueles, ya sea a través de la decapitación o siendo entregados a una fornace ardiente. Este acto de entrega total, ocurrido en el año trescientos cuatro, cerró un capítulo de sufrimiento, pero abrió una puerta de esperanza para las generaciones venideras de creyentes. Su vida y su muerte en Filipópolis, un punto estratégico que conectaba regiones importantes como Bizancio, consolidaron un modelo de valentía que no buscaba el reconocimiento humano, sino la comunión plena con el Señor. La sobriedad de su sacrificio nos invita a reflexionar sobre la importancia de la coherencia en nuestra propia vida de fe, especialmente cuando nos enfrentamos a las dificultades que intentan apartarnos del camino del amor y la justicia.
La memoria litúrgica
La Iglesia celebra la memoria de los treinta y ocho mártires de Filipópolis cada veinticuatro de mayo, conforme a lo establecido en el Martirologio Romano. Esta fecha litúrgica no es solo un recordatorio del pasado, sino un momento propicio para renovar nuestro compromiso personal con la fe. Al conmemorar su entrega, la comunidad cristiana se une en oración, reconociendo en ellos a hermanos que, habiendo superado la prueba, viven ahora en la paz del Señor.
La tradición litúrgica mantiene vivo el recuerdo de este grupo para que su ejemplo de integridad continúe iluminando a los fieles de nuestro tiempo. Venerar a estos mártires significa reconocer que la fuerza del Espíritu Santo es capaz de sostener a cualquier persona incluso en los momentos de mayor aflicción. Su memoria nos invita a vivir con sobriedad y esperanza, confiando en que el sacrificio realizado por amor a la verdad nunca resulta vano ante los ojos de Dios.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se festejaba antes y cuándo ahora a los Santi Treinta y ocho Mártires de Filipópolis?
En la actualidad se celebran el veinticuatro de mayo según el Martirologio Romano reciente, mientras que en las ediciones precedentes y en la Bibliotheca Sanctorum su memoria se fijaba el veinte de agosto.
¿De qué es patrono este grupo de santos?
Las fuentes disponibles no mencionan ningún patronazgo específico atribuido a estos mártires.
Conmemoración de treinta y ocho santos mártires, que se considera hayan sido decapitados en Filipópolis en Tracia, hoy Plovdiv en la actual Bulgaria, al tiempo de Diocleciano y Maximiano. — Martirologio Romano