Santa Liduina
Virgen
Santa Liduina de Schiedam, virgen que floreció en el umbral del siglo XV, es recordada como un testimonio viviente de cómo el dolor humano puede transformarse en un sagrario de gracia. Tras sufrir un accidente que marcó su juventud, abrazó la inmovilidad de su cuerpo como una vocación de entrega silenciosa, convirtiendo su humilde habitación en un faro de consuelo espiritual para quienes la visitaban.
Su vida, transcurrida enteramente en la oración y el sufrimiento ofrecido, se convirtió en un misterio de comunión con la pasión de Cristo. Reconocida por la Iglesia por su paciencia heroica y los signos celestiales que rodearon su lecho, sigue siendo hoy un ejemplo de cómo la debilidad física puede manifestar la fuerza más pura del Espíritu Santo.