La Transfiguración del Señor es un acontecimiento salvífico del siglo I, un misterio de luz que revela la divinidad de Jesucristo antes de su pasión. En la cumbre del Monte Tabor, el Salvador manifestó el esplendor de su gloria divina ante tres de sus discípulos predilectos, anticipando la belleza de la resurrección y confirmando la plenitud de la ley y los profetas en su propia persona divina.
Esta solemnidad, celebrada con profunda reverencia cada 6 de agosto, invita a los fieles a contemplar el rostro glorioso de Cristo para fortalecer la esperanza en medio de las pruebas temporales. Es un recordatorio de que la carne humana, asumida por el Verbo, está llamada a la transfiguración eterna en el reino de la luz inaccesible.