San Pacomio nació en el Alto Egitto en el año 287, en el seno de una familia pagana, y vivió su existencia en la región de la Tebaide, hasta su tránsito ocurrido en mayo del año 346. En su juventud fue arruolato a la fuerza en el ejército imperial romano y hecho prisionero junto con las demás reclutas, experimentando entonces una profunda situación de sconcerto, delusione, sofferenza e incertezza per la sorte. Durante aquel cautiverio nocturno, unos hombres acudieron furtivamente a confortarlo, sfamarlo e incoraggiarlo, ofreciéndole ayuda material y hablándole del Dios de los cristianos. Aquella revelación conmovió profundamente al joven Pacomio, quien se dirigió al Señor prometiendo consagrarle su existencia entera si obtenía la libertad. Liberado de sus cadenas, aprendió a creer con firmeza y buscó el modo de cumplir su solemne voto de conversión.
Tras recibir el bautismo, San Pacomio se puso al servicio de una comunidad cristiana local y posteriormente practicó la severa experiencia eremítica en la solitud del desierto bajo la guía del anacoreta Palémone, quien le impuso el hábito monástico. Guiado por una inspiración divina tras siete años, y discerniendo que no debía imitar únicamente al Maestro solitario sino también al Jesús que convive con sus discípulos, dio origen al cenobitismo o vida común. Fundó así numerosos monasterios destinados tanto a varones como a mujeres, dejando como legado una famosa regla escrita. Su memoria litúrgica se celebra el 9 de mayo, recordándolo como el gran padre de la vida monástica organizada.