22 de noviembre
Beata Anna Kolesarova
Virgen y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y la vida cotidiana
Anna Kolesárová nació en el pueblo de Vysoka nad Uhom, situado cerca de la ciudad de Michalovce, en la actual Eslovaquia. Fue la secondogenita de los agricultores Ján Kolesár, a quien llamaban Hruška, y de Anna Kušnírová. Sus padres la llevaron a recibir las aguas del bautismo el día posterior a su nacimiento, marcando el inicio de su camino de fe. En el ámbito familiar y cotidiano, la niña fue cariñosamente apodada como Anka. Cuando Anka apenas tenía diez años de edad, su madre falleció, dejando un profundo vacío en el hogar. Como consecuencia directa de esta dolorosa pérdida, Anna asumió la responsabilidad de cuidar de la casa y hacer las veces de madre para su hermano mayor, Michal. Su conducta de vida era sumamente sencilla, austera y se hallaba firmemente ritmada por los variados imprevistos e imperativos de los quehaceres domésticos. Dado que disponía de muy poco tiempo libre para desplazarse a visitar a sus amistades, eran las propias amigas quienes acudían habitualmente a su casa para estar con ella. En medio de estas circunstancias, Anna y sus amigas mantenían una estrecha amistad y se desplazaban juntas de manera regular para participar en la Santa Misa.
El martirio y la muerte
El veintidós de noviembre de 1944, la existencia cotidiana de Anna y la de todos los demás habitantes del pueblo se vieron profundamente trastornadas por la violenta ocupación llevada a cabo por las tropas del Ejército Rojo, enmarcada en la fase conclusiva de la segunda guerra mondiale. Ján Kolesár y los miembros de su familia buscaron refugio ocultándose en la cantina de su propia vivienda, situada bajo el área de la cocina. Durante las labores de registro y perquisición de la casa, un soldado ruso que se encontraba en estado de embriaguez descubrió el escondite subterráneo donde permanecían. Ante la insistencia del padre, Anna salió al encuentro para ofrecer al militar algo de comida y bebida, con el claro propósito de demostrarle que la familia no representaba ningún peligro. En aquel momento, la joven vestía un sencillo vestido negro que había heredado de su difunta madre. Cabe destacar que todas las jóvenes de la aldea se habían puesto previamente de acuerdo para vestirse de negro, aparentando así una mayor madurez, con el fin de no despertar atenciones indeseadas por parte de los soldados ocupantes. El militar dirigió a Anna propuestas claramente indecorosas y contrarias a la moral. Ante el firme rechazo manifestado por la muchacha, el soldado le exigió terminantemente que yaciera con ella bajo la amenaza directa de quitarle la vida. Oponiéndose con absoluta valentía por segunda vez, Anna logró liberarse de su opresiva aprehensión y se precipitó de regreso hacia la cantina familiar. El agresor la persiguió implacablemente y le ordenó que pronunciara un último adiós dirigido a sus seres queridos. Sus últimas palabras terrenales fueron un emocionado y piadoso clamor que decía: Adios, papá! Jesús, María, José!. Inmediatamente después, Anna fue alcanzada y herida de muerte por un disparo de fusil efectuado por el militar. En aquel trágico momento, la joven mártir apenas tenía dieciséis años de edad.
Las exequias y las primeras investigaciones
A pesar de que en aquellos momentos continuaban los intensos combates en el interior del pueblo, los allegados lograron dar sepultura a Anna en la tarde del día siguiente a su fallecimiento. El solemne rito del funeral se desarrolló de manera estrictamente clandestina y sin la presencia física de un sacerdote, debido a la extrema dificultad y peligro de la situación sociopolítica. Los sagrados ritos fúnebres fueron cumplidos formalmente una semana más tarde, concretamente el veintinueve de noviembre, gracias a la intervención del padre Anton Lukáč, quien ejercía como párroco en el vecino pueblo de Pavlovce nad Uhom. El propio padre Anton Lukáč dejó constancia escrita de su puño y letra en latín dentro del registro parroquial de Pavlovce, anotando la expresiva frase: Hostia sanctae castitatis, que se traduce como Víctima de la santa castidad. Con el firme propósito de esclarecer los hechos, el padre Lukáč se dedicó posteriormente a investigar a fondo las circunstancias reales de la muerte, interrogando minuciosamente a los vecinos y logrando recolectar declaraciones formales firmadas por un total de cinco testigos presenciales. De aquella minuciosa investigación episcopal se desprende con claridad que la joven, poco tiempo antes de sufrir la brutal agresión, se había confesado debidamente y se había acercado a recibir la sagrada Eucaristía. Ya avanzado el tiempo, en el año 1957, otro sacerdote originario de la misma tierra, el religioso jesuita padre Michal Potocký, continuó con tesón la labor de recopilación de nuevos testimonios sobre el suceso. No obstante, la delicada y difícil situación política instaurada en Checoslovaquia tras el término del conflicto bélico impidió por completo mencionar lo ocurrido y celebrar reuniones públicas de carácter conmemorativo en el preciso lugar donde reposaba la sepultura.
El camino hacia el reconocimiento oficial
Tras la posterior caída del régimen comunista, la población local recuperó la libertad para volver a hablar abiertamente de Anna y de su valiente y heroica muerte. Como fruto de este renacimiento espiritual, en el año 1999 un grupo numeroso de estudiantes procedentes de la ciudad de Košice organizó una marcha de peregrinación hacia los lugares donde ella había transcurrido su vida. En paralelo, se fundó la asociación conocida como Domcek, cuya denominación significa Casa y que fue dedicada íntegramente a su memoria, con el fin principal de organizar eventos formativos y espacios de oración asidua orientados a los jóvenes. Con estos antecedentes, la diócesis de Košice promovió y puso en marcha las fases preliminares destinadas a la causa oficial para el reconocimiento eclesiástico del martirio sufrido en defensa de la castidad. El esperado documento de nulla osta emitido por parte de la Santa Sede llegó oficialmente el tres de julio de 2004. Las diligencias de la respectiva encuesta diocesana se abrieron solemnemente el dos de abril de 2005, coincidiendo con la celebración de un concurrido encuentro juvenil diocesano en Košice. Dicha investigación a nivel diocesano concluyó formalmente el catorce de febrero de 2012 y recibió la validación jurídica el catorce de junio de 2013. Dando continuidad al proceso, la detallada Positio super martyrio fue entregada formalmente a las autoridades competentes en el transcurso del año 2015. El seis de marzo de 2018, el romano pontífice papa Francesco reconoció de manera oficial el martirio de la joven por la defensa de la castidad y de la fe. El esperado rito solemne de la beatificación fue celebrado el uno de septiembre de 2018 en las instalaciones del Estadio Lokomotíva situado en Čermeľ, un distrito periférico de la ciudad de Košice. La solemne ceremonia de beatificación fue presidida por el cardenal Giovanni Angelo Becciu, quien desempeñaba el cargo de Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos.
El culto y las reliquias
Antes de que se celebrara el esperado rito de la beatificación, los restos mortales de la joven descansaban sepultados en el cementerio común de su pueblo natal. Sobre aquella tumba originaria se erigía una lápida que exhibía grabado el conocido lema espiritual de san Domenico Savio, que reza: Antes la muerte que pecar. Una vez concluida la ceremonia de beatificación, las sagradas reliquias de la beata fueron trasladadas y solemnemente colocadas para la veneración de los fieles en el interior de la catedral de Santa Elisabetta en Košice, así como en la iglesia parroquial de su localidad natal, Vysoka nad Uhom, cerrando así un círculo de memoria, justicia y devoción eclesial hacia su figura martirial.
Una vida marcada por la integridad
Anna Kolesarova nació en el año mil novecientos veintiocho en Vysoka nad Uhom, un pequeño pueblo situado en el corazón de Eslovaquia. Creció en un entorno sencillo, donde los valores de la fe y la rectitud fueron los pilares de su formación. Su juventud transcurrió en medio de las complejas circunstancias del siglo veinte, un tiempo convulso que puso a prueba la resistencia espiritual de muchas personas. A pesar de su corta edad, Anna demostró una madurez notable, manteniendo siempre una conducta ejemplar y un profundo sentido de la responsabilidad personal.
El veintidós de noviembre del año mil novecientos cuarenta y cuatro, la historia de Anna alcanzó su punto culminante y definitivo. En su hogar de Vysoka nad Uhom, fue víctima de un acto de violencia perpetrado por un soldado soviético. En aquel momento crítico, ella eligió resistir, prefiriendo enfrentar la muerte antes que traicionar sus principios morales. Su fallecimiento no fue solo el fin de una vida joven, sino el inicio de una huella imborrable que ha trascendido el tiempo. La decisión tomada por Anna en aquellos últimos instantes de su existencia es lo que hoy la define como una auténtica mártir. Su sacrificio, realizado en defensa de la castidad, se ha convertido en un referente de coherencia cristiana, recordándonos que la dignidad de la persona es un bien supremo que debe ser custodiado con fidelidad, incluso cuando el entorno parece favorecer la claudicación ante las presiones externas.
El reconocimiento del martirio
El camino hacia el reconocimiento público de la santidad de Anna Kolesarova culminó en el año dos mil dieciocho. El seis de marzo de aquel año, el Papa Francisco promulgó el decreto que reconocía oficialmente su martirio, validando así el heroísmo de su entrega. Este acto fue el paso previo indispensable para elevarla a los altares, un acontecimiento que llenó de alegría a la comunidad eclesial, especialmente en Eslovaquia.
El primero de septiembre del año dos mil dieciocho, en la ciudad de Košice, tuvo lugar la solemne ceremonia de beatificación. Este evento no solo honró la memoria de Anna, sino que también destacó la relevancia actual de su mensaje. Su beatificación como mártir por la defensa de la castidad ofrece a los fieles un ejemplo concreto de cómo la gracia de Dios puede fortalecer el corazón humano en los momentos de mayor peligro. Hoy, su figura es venerada como un signo de esperanza y pureza, recordándonos que la fidelidad a los preceptos divinos es un camino de libertad. La Iglesia celebra su memoria cada año el veintidós de noviembre, permitiendo que su historia continúe inspirando a quienes buscan vivir con rectitud y valentía en el mundo actual.
Preguntas frecuentes
Когда se festeggia Santa Anna Kolesarova...?
La memoria litúrgica de la beata Anna Kolesárová se celebra cada año el veintidós de noviembre.
¿De qué es patrona la beata Anna Kolesárová...?
En los datos biográficos oficiales provistos no se mencionan patronazgos específicos atribuidos a la beata.