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24 de julio

Beato Cándido Castán San José

Mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes familiares y formación

Cándido Castán San José nació el 5 de agosto de 1894 en la localidad valenciana de Benifayó, situada en la provincia y diócesis de su nacimiento. Sus padres contrajeron matrimonio el 4 de junio de 1919 y construyeron un hogar impregnado de profundos valores humanos y cristianos. Durante su infancia, debido a la labor profesional de su padre como capostación, la familia se trasladó a Miranda de Ebro, en la provincia de Burgos. Allí, Cándido cursó sus estudios de bachillerato en el prestigioso colegio de los Religiosos de los Sagrados Corazones, conservando siempre una grata y duradera amistad con los religiosos de dicha institución educativa. Con el tiempo, completó su formación con estudios especializados directamente relacionados con el ámbito ferroviario que marcarían su trayectoria profesional.

Vida familiar y labor profesional

Establecido como adulto, Cándido contrajo matrimonio y formó una familia cristiana junto a su esposa, con quien tuvo dos hijos: Teresa, que tenía quince años en el momento de los trágicos sucesos, y José María, de siete años. En el año 1930 se trasladó junto a su esposa y sus hijos para residir permanentemente en Pozuelo de Alarcón, concretamente en la colonia de San José. Su vida laboral se desarrolló con solvencia y dedicación como empleado de ferrocarriles para la Compañía del Nord de la España, donde llegó a desempeñar las funciones de jefe de oficina en el año 1936. A pesar de sus responsabilidades laborales y familiares, su hogar se convirtió en un verdadero santuario doméstico fundamentado en el amor, la religiosidad constante, la oración cotidiana y la práctica generosa de las obras de caridad.

Fervor religioso y apostolado cotidiano

La existencia cotidiana de Cándido estaba profundamente marcada por una intensa vida de piedad personal y comunitaria. Rezaba el santo rosario todos los días y profesaba una devoción inmensa hacia la Santísima Virgen, a quien consideraba su Madre Celeste. Cada tarde acudía a visitar el Santísimo Sacramento, haciéndose acompañar con frecuencia por su hija o recorriendo diversas iglesias del entorno. Entre sus devociones predilectas sobresalían san José y santa Teresa, cuyas imágenes acompañaban con devoción en su hogar. Era un cristiano coherente y un militante católico activo que divulgaba la fe más allá del ámbito estrictamente doméstico, frecuentando grupos de fieles católicos y manteniendo una estrecha relación con sacerdotes celosos como el padre José Vega, quien animaba a los creyentes a mantenerse firmes en la fe frente a las corrientes antirreligiosas de la época.

El hogar como santuario y la caridad

En las residencias que habitó, tanto en Madrid como en Pozuelo de Alarcón, presidía una gran imagen del Sagrado Corazón de Jesús, advocación a la que profesaba una devoción extraordinaria y cuya festividad celebraba solemnemente junto a sus vecinos en su propia casa. Esta imagen estaba flanqueada por las efigies más pequeñas de san José y santa Teresa. Tal era la centralidad de esta devoción que, cuando su hija Teresa era pequeña y cometía alguna falta, el padre la invitaba a arrodillarse ante el Sagrado Corazón para pedir perdón. Su espíritu caritativo y su valentía en la fe quedaron plenamente demostrados en 1931, durante la primera oleada de persecución religiosa caracterizada por la quema de templos y conventos, cuando no dudó en acoger en su propio domicilio a tres miembros de la disuelta Compañía de Jesús, concretamente a dos sacerdotes y un hermano. Asimismo, preocupado por la vida espiritual de su comunidad, promovió activamente junto a otros vecinos la construcción de una pequeña capilla dedicada a san José para facilitar la celebración de la misa dominical en el barrio de la estación de Pozuelo, un modesto espacio donde los fieles debían llevar sus propias sillas ante la ausencia de bancos y pavimentos, y que contó con la generosa colaboración de los jesuitas de Madrid para la donación de ornamentos y vasos sagrados.

Compromiso social y ausencia de vínculos políticos

En el plano público, Cándido Castán ocupó determinados cargos durante periodos específicos, habiendo sido nombrado asambleísta y habiendo desempeñado la función de consejero interno suplente en el Ayuntamiento de Madrid durante la dictadura del general Primo de Rivera. Sin embargo, tras las dimisiones y el autoexilio del general Primo de Rivera, se apartó de manera absoluta y definitiva de cualquier responsabilidad social o municipal. Conviene subrayar que Cándido nunca estuvo afiliado a ningún partido político ni fundó sindicato católico alguno, toda vez que el propio régimen de Primo de Rivera había suprimido los partidos y suspendido los sindicatos católicos. Aunque ocupó la presidencia de la Confederación Nacional de Operarios Católicos y de los ferrocarriles católicos en la sección de Madrid-Nord, y estuvo afiliado a la Adoración Notturna, su labor estuvo siempre circunscrita al ámbito social y religioso. Incluso los documentos históricos posteriores atestiguaron que el comité revolucionario que lo detuvo ignoraba por completo sus pasados cargos municipales, figurando en las listas oficiales únicamente como empleado ferroviario y persona de condición apolítica.

La persecución y el arresto domiciliario

En el contexto de creciente tensión de julio de 1936, Pozuelo de Alarcón era una localidad pequeña donde Cándido era ampliamente conocido tanto por su labor como controlador de trenes como por su fervorosa y pública práctica católica. El 18 de julio, su domicilio sufrió una primera perquisición por parte de milicianos que utilizaron la excusa infundada de buscar armas inexistentes. Durante aquella inspección, los agresores encontraron el verdadero motivo de su aversión: la gran imagen del Sagrado Corazón de Jesús expuesta en la casa, considerándolo un claro enemigo a batir por su profunda fe. Los milicianos le ordenaron entonces que no se moviera de su domicilio. Ante la gravedad de la situación, su esposa le propuso huir y refugiarse con su familia en Benicarló, pero Cándido rechazó rotundamente la sugerencia, manifestando con serenidad que no debía esconderse puesto que no había cometido ningún delito ni daño a nadie.

El cautiverio y el martirio

El 23 de julio, hacia el mediodía, los militantes del comité revolucionario regresaron cuando en la vivienda se encontraban únicamente Cándido y su hija Teresa, mientras su esposa y su hijo menor realizaban compras en el exterior. Antes de ser obligado a marchar, Cándido entregó a su hija su propia alianza matrimonial y las llaves de la casa para que se las hiciera llegar a su madre. Durante el trayecto hacia el convento de los Misioneros Oblatos de Pozuelo, habilitado como prisión, Cándido logró cruzarse brevemente con su esposa y su hijo pequeño que regresaban a casa. Recluido en aquel convento junto a otros laicos y religiosos, recibió al atardecer la visita de su esposa, quien le llevó alimentos. Al caer la noche de aquella jornada, fue confinado junto al primer grupo de sacerdotes obligatos. En la noche del 23 al 24 de julio de 1936, Cándido Castán San José fue sacado del convento y conducido al paraje de la Casa de Campo, situado entre Pozuelo y Madrid, donde fue fusilado junto a los religiosos obligatos a causa exclusiva de su fe cristiana. Su esposa acudió a llevarle el desayuno a la mañana siguiente, pero él ya había entregado su vida al Señor. Los consultores del tribunal vaticano y el postulador de la causa estudiaron profundamente los testimonios para certificar la naturaleza martirial de su muerte, reconociendo finalmente que su ejecución obedeció implacablemente al odio hacia su fe y sus prácticas religiosas, integrándolo por ello con pleno derecho en la causa de los mártires de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada.

Preguntas frecuentes

Cuándo se festej...

La memoria litúrgica del beato Cándido Castán San José se celebra el 24 de julio.

De qué es patrono...

Los datos biográficos disponibles no mencionan ningún patronazgo oficial atribuido al beato Cándido Castán San José.