2 de agosto
Beato Francisco Tomás Serer
Sacerdote y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La infancia y la vocación
Francisco Tomás Serer vino al mundo el once de octubre de 1911 en Alcalalí, un pequeño municipio situado en la provincia de Alicante y perteneciente a la diócesis de Valencia. Sus progenitores, Antonio y Dolores, le inculcaron desde la infancia los valores cristianos que guiarían toda su existencia. Al día siguiente de su nacimiento, el niño recibió las aguas bautismales en la parroquia de la Natividad. En su tierra natal cursó sus primeros estudios, sentando las bases de una sólida formación intelectual y espiritual. A la edad de doce años, sus padres lo acompañaron hasta la escuela Seráfica Godella, dirigida por los Terciarios Capuchinos, donde profundizó en el estudio del latín y de la filosofía.
Su camino de consagración religiosa dio un paso decisivo el quince de septiembre de 1928, fecha en la que pronunció sus primeros votos en el seno de la comunidad de los Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora Addolorata, instituto fundado por el venerable Luigi Amigó y Ferrer. Con el deseo de entregarse por completo al Señor, el veinte de diciembre de 1933 realizó su profesión religiosa perpetua. Poco después, el veinticuatro de mayo de 1934, alcanzó la plenitud de su consagración al recibir la ordenación sacerdotal, preparándose así para una intensa labor ministerial dedicada por entero a la juventud más necesitada.
El ministerio y los estudios
Durante los dos años que duró su ministerio sacerdotal, el joven religioso desarrolló su labor en el riformatorio de Amurrio, en Álava, y posteriormente en Carabanchel Bajo, en Madrid. En ambos lugares se entregó al servicio de los jóvenes acogidos en los centros de la congregación amigoniana. Con el fin de dotar de una sólida base científica a los métodos pedagógicos de su instituto religioso, durante el verano de 1935 emprendió un viaje de estudios por Francia y Bélgica. De regreso a España, en ese mismo verano de 1935, comenzó los estudios de medicina en la Universidad Central de Madrid, buscando nuevas herramientas para su misión educativa y social.
Quienes lo conocieron describían a Francisco como un religioso de carácter sumamente dulce, extremadamente gentil, muy piadoso, bondadoso e inteligente. Los biógrafos señalan que era un hombre de gran prudencia, que hablaba poco y siempre con corrección, utilizando un tono de voz suave y apacible que reflejaba la paz interior que habitaba en su alma. Ante el estallido de la persecución religiosa de 1936, el joven sacerdote encontró refugio en la capital española, donde continuó viviendo con la misma discreción y entrega que habían caracterizado toda su existencia.
El martirio y el culto
El trágico desenlace de su vida terrena se gestó en los primeros días de agosto de 1936. El día dos de ese mes, Francisco aguardaba en Madrid la llegada de su superior, el padre Benvenuto Maria de Dos Hermanas. Al percatarse del retraso en la llegada del superior, el joven sacerdote decidió salir a la calle para buscarlo y ofrecerle ayuda. Esa fue la última vez que se le vio con vida. Al alba del día tres de agosto, su cuerpo sin vida fue encontrado junto a las paredes del colegio de la Rforma del Príncipe de las Asturias en Madrid, habiendo sido asesinado a la temprana edad de veinticuatro años, lo que lo convierte en el más joven de los mártires de la Famila Amigoniana.
Las actas biográficas recuerdan sus coordenadas vitales, situando su nacimiento en Alcalalí, Valencia, el once de octubre de 1911, y su martirio en Madrid, el dos de agosto de 1936. El martirologio lo honra en Madrid como beato, sacerdote del Tercer Orden de San Francisco de los Incappucciati de la Beata Virgen Addolorata y mártir, que tuvo la gracia de verter su sangre por Cristo durante la persecución. Su beatificación fue celebrada el once de marzo de 2011 en Valencia, siendo elevado a los altares por el pontífice San Juan Pablo Segundo junto a un grupo de doscientos treinta y tres mártires. Su fiesta litúrgica se celebra cada dos de agosto, fecha en la que entregó su vida al Señor.
La vida y el ministerio
La trayectoria del beato Francisco Tomás Serer se desarrolló en un tiempo de grandes desafíos, pero también de una intensa inquietud por el bien común. Tras su ingreso en la comunidad de los Terciarios Cappuccinos en mil novecientos veintiocho, el joven Francisco comenzó un camino de formación que lo llevaría a profundizar en el misterio del sacerdocio y en las necesidades de la juventud. Tras recibir el sacramento del orden en mayo de mil novecientos treinta y cuatro, desplegó sus talentos en diversas localidades, dejando una huella de caridad y rectitud en los centros de reforma de Amurrio y Carabanchel Bajo.
Su compromiso con el servicio no se limitó a las tareas cotidianas, sino que buscó herramientas adicionales para atender mejor a quienes se le confiaban. Por ello, realizó estudios de pedagogía en Francia y Bélgica, además de cursar materias relacionadas con la medicina en Madrid. Esta formación integral demostraba una vocación clara por la atención humana y espiritual, buscando siempre el desarrollo integral de las personas. Su vida llegó a su fin en Madrid, en el año mil novecientos treinta y seis, durante un periodo de intensa persecución religiosa en España. Su sacrificio, sellado con la entrega definitiva de su propia vida, es hoy motivo de gratitud y reflexión para quienes buscan seguir sus pasos en la coherencia y el amor a Dios.
El culto y la memoria
La Iglesia celebra la vida y el testimonio del beato Francisco Tomás Serer como una luz que brilla en la historia reciente. El reconocimiento oficial de su martirio llegó el once de marzo del año dos mil once, cuando fue beatificado por el Papa Benedicto XVI, un acontecimiento que reafirmó el valor de su entrega sacerdotal ante toda la cristiandad. Su figura es recordada especialmente en el ámbito de los Terciarios Cappuccinos y en las comunidades donde ejerció su ministerio.
La memoria litúrgica del beato se conmemora cada dos de agosto, invitando a los fieles a meditar sobre la constancia en la fe y la importancia de servir con dedicación, incluso en los momentos más difíciles. Su vida, aunque breve en años, fue plena en propósito y entrega, convirtiéndose en un modelo de fidelidad para los sacerdotes y para todo aquel que busca vivir su vocación cristiana con autenticidad y valentía. Al recordar su nombre, la Iglesia renueva su compromiso de orar por la paz y por la fortaleza de todos los que sufren a causa de su fe.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festej liturgicalmente al Beato Francisco Tomás Serer?
Su festividad se celebra el dos de agosto, coincidiendo con la fecha de su martirio.
De qué congregación formaba parte el Beato Francisco Tomás Serer?
Pertenecía a la congregación de los Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora Addolorata, conocidos también como Amigoniani.
En Madrid, también en España, beato Francisco Tomás Serer, sacerdote de la Tercera Orden de San Francisco de los Capuchinos de la beata Virgen Dolorosa y mártir, que en la misma persecución mereció derramar su sangre por Cristo. — Martirologio Romano