Enciende una vela por quien amas — arde aquí durante 7 díasEnciende la tuya →

12 de agosto

Beato Inocencio XI (Benedicto Odescalchi)

Papa

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y formación

Benedicto Odescalchi nació en la ciudad de Como el diecinueve de mayo de 1611, siendo hijo del noble Livio Odescalchi y de Paola Castelli de Gandino Bergamasco. Recibió una primera educación en el seno de su familia y asistió al colegio de los jesuitas de Como, donde fue inscrito en la Congregación Mariana en calidad de alumno mejor clasificado. A los once años experimentó la dolorosa pérdida de su padre, enfrentando posteriormente la muerte de dos hermanos y de su madre a causa de la devastadora epidemia de peste de 1630, la misma que fue descrita por Alessandro Manzoni en su célebre novela Los Novios. El joven Benedicto, dotado de un ingenio vivaz y un ánimo irrequieto, se trasladó a los quince años a Génova junto a su tío Papirio, quien dirigía la Sociedad Odescalchi, para realizar prácticas en la actividad administrativa y en los negocios. Tras alternar su estancia entre Como y Génova, se desplazó en 1636 a Roma, donde frecuentó durante un bienio los cursos de derecho civil y canónico en la Universidad de La Sapienza. Completó sus estudios de derecho en Nápoles, donde se graduó en utroque jure el veintiuno de noviembre de 1639. En aquella ciudad napolitana maduró su vocación al estado religioso, sintiendo la llamada al servicio de Dios como la voluntad de una vida celibe, segregada del mundo y firmemente volcada hacia las obras de beneficencia. Recibió la tonsura el dieciocho de febrero de 1640 y, tras regresar a Roma en el periodo barroco, emprendió la carrera eclesiástica impulsado por su hermano Carlo.

Carrera eclesiástica y gobierno

Benedicto Odescalchi condujo una vida de prelado romano austero, evitando el sfarzo de la vida romana seicentesca y prefiriendo una existencia retirada consagrada a la beneficencia oculta. Su excelente preparación en el campo económico y fiscal facilitó una brillante progresión dentro de la Curia pontificia. Fue elegido por la corte papal como comisario extraordinario de las tasas en las Marche, un encargo que cumplió con competencia, humanidad, prudencia y firmeza. Los óptimos resultados obtenidos le aseguraron la carica de gobernador de Macerata en el año 1644. El papa Inocencio X le confirió numerosos títulos honoríficos y posteriormente lo creó cardenal diácono en 1645, permitiéndole continuar su intensa actividad al servicio de la administración eclesiástica. En 1648, el mismo pontífice lo nombró gobernador de la provincia de Ferrara con el propósito de sanar y arginar las graves dificultades de la población causadas por una prolongada carestía. En Ferrara desplegó una política económica muy prudente, aprovisionándose de grano procedente de Puglia, aplicando un riguroso calmiere de los precios, persiguiendo las frodes y distribuyendo generosamente víveres y dinero a los pobres. Su gestión logró reactivar la economía de aquellas comunidades profundamente afligidas, mientras en los muros de la ciudad aparecían inscripciones espontáneas que lo aclamaban como pater pauperum y bendecían su llegada en nombre del Señor. Insistió firmemente en pacificar a la nobleza local invitando a sus miembros a rotación a su propia mesa para obligarlos al diálogo y a la concordia. En el año 1650 fue nombrado obispo de Novara, y no siendo todavía sacerdote en aquel momento, aceptó la divina voluntad recibiendo el presbiterado el veinte de noviembre de 1650 y siendo consagrado obispo el treinta de enero de 1651 en Ferrara. Tomó como modelo las constituciones sinodales de San Carlos Borromeo, trabajando con un celo iluminado y ardiente en todos los ámbitos de la vida eclesiástica y social diocesana. Con ocasión de su visita ad limina a Roma en 1654, el papa Inocencio X lo retuvo como consejero privado, función que también le fue encomendada por su sucesor Alejandro VII, motivo por el cual en 1656 solicitó ser exonerado de su tarea como obispo residencial para permanecer plenamente al servicio de la Santa Sede.

El pontificado y la reforma

El veintiuno de septiembre de 1676, Benedicto Odescalchi fue elegido papa por unanimidad de los purpurados, adoptando el nombre de Inocencio XI para un pontificado que se prolongaría durante trece años en un periodo de notables innovaciones ideológicas y turbulencias geopolíticas. Al recibir la primera elección, movido por su profunda humildad y piedad, declinó inicialmente la tiara papal, pero tras nuevas votaciones fue de nuevo pres elegido. Antes de aceptar formalmente, presentó a los cardenales electores una estricta capitulación que definía la línea de acción de su pontificado, comprometiéndose a defender y propagar la fe católica, disminuir el lusso del clero, controlar los costumos, limitar las cargas curiales y enfocar la acción pastoral en el cuidado directo de las personas. Los purpurados aceptaron el documento y Odescalchi fue coronado solemnemente como Inocencio XI el cuatro de octubre mediante una ceremonia muy sencilla, decidiendo destinar el dinero ahorrado directamente en favor de los pobres. Durante su gobierno combatió implacablemente el nepotismo aboliendo la carga de cardenal-nepote, prohibió las sinecure y las prácticas usurarias, y se opuso con energía al lujo desmedido. Promovió con entusiasmo los órdenes monásticos, recibiendo personalmente en audiencia a los misioneros para informarse de primera mano sobre el estado de la evangelización mundial y afirmando firmemente que así como de Oriente había llegado la fe a Occidente, este último debía devolverla a los orientales. Eresse nuevas diócesis en Brasil, constituyó las universidades dominicanas de Manila y en Guatemala, y favoreció las misiones carmelitanas en Persia. Con la promulgación de la Taxa Innocentiana en 1687 prohibió categóricamente a los obispos cobrar remuneraciones por las dispensas matrimoniales. Asimismo, se adoperó con coraje para lograr la abolición de la trata de esclavos tras conocer la dramática situación de los indígenas en las colonias, limitó el juego del loto, prohibió reiteradamente las fiestas de carnaval y abolió la tradicional regata sobre el río Tíber celebrada en la festividad de San Rocco, destinando íntegramente la suma presupuestada a un orfanato. Su celo doctrinal se manifestó también en la condena, mediante la bula Coelestis Pastor de 1687, de la doctrina del quietismo que predicaba un abandono puramente pasivo ante la acción divina, doctrina que él mismo había protegido de buena fe en su juventud; de igual manera, mediante la bula Sanctissimus Dominus stigmatizó los perniciosos errores del laxismo moral.

La defensa de la cristiandad y la diplomacia

Inocencio XI se distinguió como uno de los escasos gobernantes de su época capaz de comprender con claridad que el peligro más grave para la civilización cristiana provenía del expansionismo del Imperio Turco bajo el mandato de la Sublime Puerta. Su gran sueño consistió en forjar una nueva cruzada para unificar a las principales potencias europeas frente al inminente avance musulmán que amenazaba con someter a Viena. Para hacer frente a esta emergencia, el undécimo día de septiembre de 1681 indiso un Jubileo extraordinario con el fin de implorar el auxilio divino ante las graves dificultades que padecía la Iglesia. Cuando el sultán Mohamed IV condujo a su ejército a cercar la capital austriaca en 1683, el pontífice desplegó una intensa actividad diplomática mediante un largo periodo de negociaciones que, entre los años 1677 y 1686, vio un constante sucederse de firmas de tratados de paz, treguas, alianzas estratégicas y la consolidación de una gran coalición internacional. Donó más de un millón y medio de florines al rey de Polonia y al emperador de Austria para financiar las operaciones militares. Gracias a este apoyo financiero y espiritual, un primer ejército compuesto por fuerzas aliadas bajo el liderazgo de Juan III de Polonia y respaldado por la valiosa intercesión y predicación del beato Marco de Aviano derrotó decisivamente a los otomanos bajo los muros de Viena el doce de septiembre de 1683, levantando definitivamente el cerco. Para conmemorar este acontecimiento providencial y agradecer la intercesión de la Virgen María, instituyó la festividad litúrgica del Santísimo Nombre de María. Superado el peligro más urgente, Inocencio XI promovió formalmente una nueva gran cruzada y el cinco de marzo de 1684 quedó sellado en Linz el pacto constitutivo de la cuarta Liga Santa, cuyos miembros fundadores iniciales fueron Portugal, Polonia, las Repúblicas de Génova y Venecia, el Gran Ducado de Toscana y el Ducado de Saboya, a los cuales se adhirió también Rusia dos años después. Aunque en la práctica el ejército desplegado en el campo de batalla estuvo constituido casi en su totalidad por las fuerzas de los Habsburgo, esta alianza logró importantes victorias estratégicas sobre los turcos, como ocurrió en la segunda batalla de Mohács en 1687 y posteriormente en la batalla de Zenta en 1697 bajo el mando del general Eugenio de Saboya.

Conflictos políticos y últimos años

El pontificado de Inocencio XI estuvo asimismo atravesado por severos desencuentros con el rey de Francia, Luis XIV, conocido como el Rey Sol, debido a principios fundamentales de soberanía eclesiástica y a la denominada cuestión galicana. Este conflicto se originó en torno a la costumbre de las regalias, mediante la cual el monarca francés pretendía apropiarse de los derechos económicos sobre las sedes episcopales vacantes para ampliar su propio absolutismo político. El problema se envenenó aún más cuando el papa amenazó con fulminar una censura eclesiástica contra el soberano, mientras que el embajador francés en Roma transformó su residencia diplomática en una auténtica y casi inexpugnable fortaleza en abierta oposición a las disposiciones papales sobre privilegios. En respuesta a estas tensiones, Luis XIV llegó a ordenar la ocupación militar de la ciudad pontificia de Aviñón. Por su parte, el clero de Francia se reunió en una Asamblea general en el año 1681 y adoptó una postura de desafío redactando cuatro artículos que sostenían la superioridad del Concilio Ecuménico sobre el Papa y negaban a este último el derecho de deponer a los príncipes, abriendo la peligrosa perspectiva de la creación de una Iglesia nacional autónoma. Roma reaccionó de manera inevitable ante tal cisma potencial y varios obispos que habían suscrito dichos artículos no recibieron la confirmación apostólica. Estas tensiones diplomáticas marcaron profundamente las relaciones entre la monarquía francesa y la Santa Sede. A pesar de la firmeza mostrada por Inocencio XI y continuada inicialmente por sus sucesores Alejandro VIII e Inocencio XII, la situación geopolítica evolucionó cuando Luis XIV, hallándose en graves dificultades militares debido a las múltiples guerras emprendidas contra media Europa, se vio obligado a ceder y renunció formalmente en el año 1693 a hacer valer los cuatro artículos, manteniéndose la cuestión de las regalias latente hasta el final del Antiguo Régimen. Curiosamente, en el plano de las luchas religiosas internas de Francia, Inocencio XI alabó públicamente al Rey Sol cuando este revocó el Edicto de Nantes mediante la promulgación del Edicto de Fontainebleau en 1685, medida que suprimió las concesiones políticas y militares que los ugonottes calvinistas poseían en territorio francés. Inocencio XI, que había soportado estoicamente numerosos padecimientos físicos y graves enfermedades aceptándolas con absoluta confianza en los designios divinos, entregó su alma al Creador el doce de agosto de 1689 en Roma. Sus últimas palabras terrenales fueron un doble testimonio de caridad, al destinar diez mil escudos en favor de los pobres de Novara, y de inquebrantable fe, encomendándose enteramente al Señor celestial para cuya gloria había consagrado toda su vida y ministerio.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia San Inocencio XI?

Su memoria litúrgica se celebra el doce de agosto, fecha en la que consta su inscripción en el Martirologio Romano.

De qué es patrono San Inocencio XI?

Los hechos históricos proporcionados no mencionan patronatos específicos atribuidos a este beato.

En Roma, beato Inocencio XI, papa, que rigió sabiamente la Iglesia, aunque probado por fuertes dolores y tribulaciones. — Martirologio Romano