27 de agosto
Beato Jean-Baptiste Souzy
Sacerdote, mártir de la Revolución Francesa
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Contexto histórico de la persecución
La Revolución Francesa contribuyó de manera decisiva a la formación política, moral y social de la época moderna, pero lo hizo mediante un violento capovolgimento de las clases al poder que dejó un saldo de sangre, muertes injustas, delitos y violencias. Desde sus orígenes, la Iglesia Católica ha pagado un tributo de sangre en cada revolución, y durante estos acontecimientos históricos sufrió innumerevoli martirios de religiosos asesinados por el único motivo de ser fieles a su fe. En el año 1789, la Asamblea Costituente procedió a confiscar todos los bienes eclesiásticos y a suprimir los institutos religiosos. Asimismo, se decretó la Constitución Civil del Clero, que imponía la elección de obispos y parrocos a través del voto popular y exigía la firma de un juramento de adhesión al nuevo orden.
Esta imposición dividió profundamente a la comunidad eclesiástica de la época. Una parte del clero aceptó someterse a las nuevas directrices y fue identificada como clero jurado, mientras que otra parte se negó firmemente a prestar el juramento exigido, recibiendo la denominación de clero refrattario. Ante esta resistencia, la Asamblea Legislativa arremetió con dureza contra los religiosos reacios y, en el año 1792, masacró a trescientos obispos y sacerdotes fieles a Roma. Cuando la Convención Nazionale sucedió en el poder, emitió rigurosos decretos de deportación contra el clero refrattario, ordenando su presentación espontánea bajo la pena de muerte y afectando en total a dos mil cuatrocientos doce sacerdotes y religiosos enviados a tres regiones distintas de Francia.
La deportación y el martirio en La Rochelle
Entre los religiosos afectados por las medidas de destierro, ochocientos veintinueve sacerdotes y miembros del clero fueron deportados a La Rochelle, conocida también como Rochefort. Entre ellos se encontraba Jean-Baptiste Souzy, sacerdote de la diócesis de La Rochelle, nacido en la misma ciudad el veinticuatro de marzo de 1732. Debido a su firmeza y liderazgo espiritual, el obispo lo había nombrado vicario general de la deportación. En el año 1794, Jean-Baptiste Souzy fue formalmente apresado e imbarcato, junto a sus hermanos de hábito, en las naves que permanecían detenidas al largo de la isla de Aix, en el estuario de la Charente.
A bordo de una sordida galera anclada en el mare antistante Rochefort, los prisioneros sufrieron stenti de cada género, condiciones de vida profundamente miserebles y maltratos sumamente crueles, infligidos con el propósito deliberado de eliminarlos de forma clandestina. Soportando estas calamidades con heroica paciencia y una inquebrantable fuerza en la fe, el sacerdote entregó su vida. Junto a él se encontraba Ulderico, conocido como Giovanni Battista Guillaume y perteneciente al instituto de los hermanos de las Escuelas Cristianas, quien compartió el mismo destino de persecución. Los beati martiri sufrieron una disumana carcerazione y perdieron la vida por Cristo, totalmente consumidos por la hambre y la enfermedad durante la violenta persecución desatada contra la Iglesia Católica.
Memoria y beatificación
La memoria de estos testigos de la fe ha permanecido viva en el tiempo gracias a una rigurosa documentación histórica que permite certificar sus vidas y sus sacrificios. Los sesenta y tres compañeros de martirio de Jean-Baptiste Souzy son denominados tradicionalmente los Martiri dei Pontoni, un grupo cuyos datos y testimonios poseen una suficiente y contrastada documentación reperibile. La Iglesia, reconociendo la grandeza de su sacrificio y su fidelidad evangélica hasta el extremo, elevó a los altares a estos servidores de Dios.
El beato Jean-Baptiste Souzy fue beatificado solemnemente por papa Juan Pablo II el primero de octubre de 1995, compartiendo el honor de los altares junto a sus sesenta y tres compañeros de martirio. Su testimonio de entrega y su capacidad de soportar los sufrimientos más crueles por amor a Cristo continúan siendo una luz para los fieles, recordando la fortaleza espiritual necesaria en los momentos de prueba y persecución.
Su vida y testimonio
Jean-Baptiste Souzy nació en el siglo dieciocho, en la ciudad de La Rochelle, iniciando un camino de servicio sacerdotal que lo llevaría a ser una figura clave en tiempos de persecución religiosa. Al estallar la Revolución Francesa, su compromiso con la Iglesia lo condujo a rechazar el juramento a la Constitución Civil, una decisión que en aquel tiempo implicaba la marginación y el riesgo constante de prisión. Con una responsabilidad pastoral admirable, aceptó el encargo de su obispo de actuar como vicario general de la deportación, una misión que asumió con plena conciencia de los peligros que entrañaba.
En el año 1794, su firmeza le costó la libertad, siendo arrestado y trasladado a las naves prisión fondeadas en las aguas cercanas a la isla de Aix, en la región de la Charente. En aquellos navíos, las condiciones de vida eran extremadamente precarias, caracterizadas por el hacinamiento, la falta de higiene y la escasez de los elementos más básicos para la subsistencia. A pesar de las miserias y de las enfermedades que azotaban a los prisioneros, el sacerdote mantuvo su dignidad y su entrega espiritual hacia sus compañeros de infortunio. Su muerte, ocurrida ese mismo año, fue el resultado directo de las privaciones sufridas durante aquel largo cautiverio. Su vida es un relato de sacrificio que trasciende el tiempo, recordándonos la importancia de la fidelidad a los principios evangélicos aun cuando el entorno se muestra hostil y las fuerzas físicas comienzan a desfallecer ante el peso de la injusticia.
El culto y la memoria
El recuerdo del beato Jean-Baptiste Souzy se encuentra estrechamente ligado a la memoria de los mártires de los pontones de Rochefort. Aquellos hombres, que entregaron su vida en medio de las aguas de la Charente, representan un capítulo solemne en la historia de la Iglesia en Francia. La Iglesia ha querido honrar su memoria al elevarlo a los altares, reconociendo oficialmente que su muerte no fue un mero accidente de la historia, sino un testimonio martirial de fe.
El primero de octubre de 1995, el papa Juan Pablo Segundo procedió a su beatificación, inscribiendo su nombre en el catálogo de los bienaventurados. Desde entonces, cada veintisiete de agosto, la comunidad cristiana vuelve la mirada hacia su figura para agradecer el don de su perseverancia. Su ejemplo invita a los fieles de todas las épocas a reflexionar sobre la libertad de conciencia y la fortaleza necesaria para sostener la fe frente a las presiones del poder temporal. El culto al beato Jean-Baptiste Souzy no busca solo la veneración de su nombre, sino el fortalecimiento de la comunidad cristiana en la esperanza y en el valor de la fidelidad cotidiana, recordándonos que, incluso en las condiciones más extremas, el espíritu humano puede elevarse gracias a la gracia divina.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeggia el Beato Jean-Baptiste Souzy?
La memoria litúrgica del Beato Jean-Baptiste Souzy se celebra el 27 de agosto, según el Martirologio.
En el mar frente a Rochefort en Francia en una sórdida galera detenida al ancla, beatos mártires Juan Bautista de Souzy, sacerdote, y Ulderico (Juan Bautista) Guillaume, hermano de las Escuelas Cristianas, mártires, que durante la persecución contra la Iglesia sufrieron una inhumana carcelación y murieron por Cristo consumidos por el hambre y la enfermedad. — Martirologio Romano