13 de febrero
Beato Jordán de Sajonia
Dominico
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y vocación
Nació el Beato Jordán en el transcurso del siglo XIII, concretamente entre el año 1175, según los cálculos de Aron, o hacia 1185, según las investigaciones de Scheeben. Su lugar de nacimiento fue Burgherg, situado en las proximidades de Dassel, en la región de Westfalia, donde vino al mundo probablemente en el seno de una familia de humildes contadores. Gracias a sus excelentes dotes intelectuales, se trasladó siendo todavía muy joven al Studio parigino para profundizar en su formación académica. Ya en el año 1218, o incluso antes, ostentaba el título de magister artium.
En el verano de 1219, durante el paso de san Domenico por París, Jordán tuvo la gracia de encontrarse con él. En aquel encuentro se confesó con el santo fundador y recibió su directa exhortación para abrazar el diaconado. Tras meditarlo durante algunos meses, tomó la decidida resolución de ingresar en la vida dominicana en compañía de su amigo Enrico de Colonia. Siendo ya diacomo y avanzado baccelliere en teologia, solicitó formalmente y recibió el hábito dominicano el 12 de febrero de 1220.
Ascenso y gobierno en el Orden
Pocos meses después de su ingreso, fue elegido como delegado principal del convento de París, secundando a Matteo de Francia, para asistir al primer capítulo general del Ordinen celebrado en la ciudad de Bologna en el mes de mayo de 1220. Tras regresar a París, retomó sus tareas de enseñanza y su fecundo ministerio pastoral. En el sucesivo capítulo general de Bologna, celebrado en junio de 1221, fue nombrado provincial de la Lombardia, a pesar de encontrarse ausente en el momento de la designación. Dicha provincia constituía en aquel tiempo la más rigurosa y floreciente dentro del joven Ordine dei Predicatori.
El encargo de provincial representó el más elocuente reconocimiento público a sus sobresalientes cualidades personales y religiosas. Emprendió entonces un largo viaje desde París, atravesando las localidades de Besançon y Losanna, para alcanzar finalmente el territorio lombardo. Su llegada se produjo, según parece, poco después del trágico fallecimiento de san Domenico, acaecido el 6 de agosto de 1221. Estableció su residencia en Bologna, desde donde se dedicaba con celo a la predicación y a la atenta vigilancia sobre los conventos y los frailes.
Con ocasión del famoso episodio de la obsesión sufrida por el fraile Bernardo en Bologna en 1221, introdujo la piadosa costumbre de cantar la Salve Regina al término de la Compieta. Tal acontecimiento dio origen a la perdurable usanza litúrgica cotidiana de la Salve Regina en el seno de los dominicos. Posteriormente, tras participar en el capítulo de París convocado para designar al sucesor, fue elegido maestro general del Ordinen el 23 de mayo de 1222. Desde esa alta responsabilidad, dirigió los destinos de la comunidad y publicó las primeras constituciones domenicane.
Viajes, fundación y misión apostólica
La densa red de sus desplazamientos se extendió continuamente debido a la asistencia a los capítulos generales celebrados alternativamente en Bologna y París, así como por las visitas pastorales que realizaba a las diversas provincias. En el mes de junio de 1223, instaló personalmente a Diana d'Andalò y a sus devotas comp recién formadas en el monasterio de Sant'Agnese en Bologna, vistiéndolas con el hábito dominicano. Presidió además el primer capítulo de la provincia de Germania en la ciudad de Magdeburgo durante el mes de septiembre de 1227. Estuvo presente junto a la cama de su difunto amigo Enrico de Colonia en octubre de 1229.
En enero de 1230 se encontraba desempeñando sus funciones en Oxford y, de manera probable, visitó la ciudad de Napoli en 1232. Durante el mes de mayo de 1233, llevó a cabo con solemnidad la traslación de las sagradas reliquias del fundador del Ordinen en Bologna. Aunque por motivos de enfermedad no pudo intervenir presencialmente en los capítulos de 1234 y 1235, supo dirigir con acierto los capítulos generalissimi de París en 1228 y de Bologna en 1236. Concluida esta última asamblea, extendió sus viajes apostólicos visitando la provincia de Terra Santa.
Poseía de manera innata la perfecta destreza para tratar con los hombres y resolver los asuntos más complejos. Su inteligencia y su capacidad de atracción se manifestaron con particular éxito entre los universitarios, congregando tanto a maestros como a escolares. En París otorgó el hábito sagrado a sesenta estudiantes en una sola y misma ocasión. Del mismo modo, impuso el hábito a otros muchos jóvenes en las ciudades de Vercelli, Padova, Bologna y en otros lugares. En Padova, concretamente, dio el hábito a ilustres figuras como Giovanni Buoncambi y el gran Alberto Magno.
Relaciones y labor literaria
Desarrolló una intensa labor en favor de la Iglesia, dando un notable impulso al ministerio de la predicación en toda Europa y en las misiones lejanas, así como a la correcta administración de los sacramentos. Asimismo, defendió con firmeza el derecho de cristiana sepultura en las iglesias domenicane. Por explícita disposición del papa Gregorio IX, hubo de aceptar a partir de 1231 las designaciones de frailes dominicos como inquisidores en Francia, Germania, Lombardia, Toscana, en el reino de Sicilia y en España. Mantuvo estrechos vínculos espirituales y administrativos con los papas de su tiempo.
Trató frecuentemente con personalidades relevantes como la reina Bianca de Francia, numerosos obispos y pastores de almas, además de ilustres sabios de la talla de Roberto Grosseteste y los maestros de las universidades de París y Bologna. Se relacionó asimismo con almas insignes y devotas como el ya citado Enrico de Colonia, las beatas Diana y sus compañeras en Bologna, la cisterciense santa Ludgarda en Aywières y las religiosas benedictinas de Oeren-Treviri. La correspondencia dirigida a los conventos y a diversas almas selectas refleja un estilo claro y expresivo, desprovisto de artificios innecesarios.
Fue considerado el primer autor dominicano de notable relevancia dentro de las letras eclesiásticas. Escribió el Commentarius in Priscianum minorem antes de su ingreso formal en el Ordinen, y redactó la Postilla super Apocalypsim cuando todavía ejercía como baccelliere de teología. Fue también autor de valiosos Sermones. Sin embargo, su obra cumbre fue el Libellus Monumenta de principiis Ordinis Praedicatorum, con el cual se consagró como el primer y principal storiografo de san Domenico y de su propio Ordine.
Tránsito y memoria de la posteridad
Emprendiendo su viaje de regreso hacia Europa tras su visita a Oriente, encontró la muerte el 13 de febrero de 1237 a consecuencia de un violento naufragio sufrido por la embarcación frente a la costa de Pamphilia, en las proximidades de Attalia. En aquella misma tragedia perecieron sus fieles compañeros fraile Gerardo y fraile Giovanni. La triste noticia del deceso fue comunicada por el provincial de Terra Santa, el padre Filippo de Reims, a los penitenzieri de la curia papal fra Godefrido y fraile Reginaldo. Ambos penitenzieri se encargaron de difundir la dolorosa información por toda Europa.
Las tres salmas fueron rescatadas de las aguas, trasladadas con veneración a la iglesia dominicana situada en Acri y sepultadas allí mismo. La tradición refiere que santa Ludgarda tuvo una consoladora visión del Beato Jordán resplandeciendo en la gloria en medio de los Apóstoles y de los Profetas. Las fuentes históricas conservan numerosos testimonios sobre sus constantes viajes de carácter administrativo, religioso, personal y cultural. Su sólida doctrina espiritual hunde sus raíces en una fe inquebrantable en la vida eterna, vivida mediante la estricta conformidad con Cristo y la prudencia en las mortificaciones, incluyendo continuas referencias a la Virgen María, a san Domenico, a la Iglesia y al sumo pontífice, conceptos todos ellos bellamente resumidos en su Oratio ad s. Dominicum.
Tras su sepultura en la iglesia de Acri, el Beato Jordán recibió muestras de respeto y veneración incluso por parte de la población musulmana. Con el paso de los años, su memoria fue inmortalizada por grandes cronistas e insignes artistas. Gerardo de Frachet en sus Vitae fratrum, redactadas entre 1259 y 1260, consagró un libro entero a su figura inmediatamente después del dedicado a san Domenico. Tommaso da Modena lo pintó en Treviso hacia 1352, y Giovanni da Fiesole lo inmortalizó en el fresco de la Crucifixión en el capítulo de San Marco en Firenze. Su imagen reaparece en los árboles genealógicos de los siglos XV, XVI y XVII, así como en un fresco de Federico Pacher en Bolzano, completado antes de 1494, y en grabados y pinturas de Klauber, Danzas, Bioller y van Bergen. El cronista Giovanni Meyer le dedicó una gran loa en 1466, concluyendo con la célebre frase que alaba sus numerosos beneficios y milagros.
Su camino en la Orden
Jordán de Sajonia nació en Burgherg, cerca de Dassel, en la región de Westfalia. Su ingreso en la Orden de los Predicadores tuvo lugar el 12 de febrero de 1220, marcando el inicio de un camino de servicio que pronto lo colocaría en posiciones de gran responsabilidad. Apenas dos años después, el 23 de mayo de 1222, fue elegido como segundo maestro general de la Orden, una tarea que desempeñó con rectitud y una visión clara del carisma dominicano.
Durante su ministerio, Jordán desarrolló una intensa labor apostólica, visitando centros de gran relevancia como París, Bolonia, Magdeburgo, Oxford, Nápoles y Acri. Su preocupación por la vida espiritual de sus hermanos se manifestó notablemente en el año 1221, cuando introdujo la costumbre de cantar la Salve Regina al finalizar la oración de Completas, una tradición que se mantiene viva en la familia dominicana hasta el día de hoy. Asimismo, desempeñó un papel de gran relevancia histórica en el año 1233, al realizar con esmero la traslación de las reliquias de San Domingo. Su existencia llegó a su fin de manera inesperada en 1237, cuando perdió la vida en un naufragio ocurrido frente a la costa de Pamphilia, en la ciudad de Attalia, mientras cumplía con sus deberes misioneros.
El culto y la memoria
La memoria del Beato Jordán de Sajonia ha sido preservada con devoción a lo largo de los siglos. Su figura no solo representa la solidez institucional de la Orden en sus primeros tiempos, sino también la calidez de un hombre dedicado plenamente a la oración y a la comunidad. La confirmación de su culto fue otorgada por el Papa León XII el 10 de mayo de 1826, reconociendo oficialmente la santidad de su vida y su constante intercesión.
Actualmente, su celebración litúrgica se observa en fechas distintas según la tradición de la orden a la que perteneció o con la que estuvo vinculado: la Orden Dominicana lo celebra el 14 de febrero, mientras que la Orden Teutónica lo conmemora el 13 de febrero. Estos días son una oportunidad para recordar a un hombre que supo armonizar la exigencia de la autoridad con la ternura de la fe, invitando a los fieles a contemplar la belleza de la vida consagrada al Señor.
Preguntas frecuentes
Cuando se celebra la festividad del Beato Jordán de Sajonia?
La fiesta litúrgica se celebra el 14 de febrero en el Ordine Dominicano y el 13 de febrero en el Ordine Teutonico.
Cual fue el papel principal del Beato Jordán de Sajonia en la Iglesia?
Fue sacerdote, segundo maestro general del Ordine dei Predicatori y destacado propagador de su orden religioso en toda Europa.
Cerca de Tolemaida, hoy Akko en Palestina, tránsito del beato Jordán de Sajonia, sacerdote de la Orden de los Predicadores, que, sucesor de Santo Domingo e imitador suyo, propagó con grandísimo empeño la Orden y murió en un naufragio. — Martirologio Romano