3 de agosto
Beato José Guardiet y Pujol
Sacerdote y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La juventud y la formación sacerdotal
José Guardiet y Pujol nació en la cittadina di Manlleu, cerca de Barcellona, el veintiuno de junio de 1879, y su nacimiento coincidió providencialmente con la memoria de san Luigi Gonzaga. Su padre ejercía la profesión de farmacéutico en la misma localidad natal. Movido por la vocación al servicio de Dios, ingresó en el Seminario de Vic para cursar sus estudios eclesiásticos y consolidar su formación espiritual. Posteriormente se addottorò en Teologia presso l'Università Pontificia di Tarragona, profundizando en las ciencias sagradas que guiarían toda su labor pastoral. Nel 1902 recibió la ordenación sacerdotal en la ciudad de Barcellona, dando inicio a una intensa y fecunda trayectoria eclesiástica que lo llevaría por diversas comunidades de Cataluña. Entre los años 1902 y 1905 ejerció el ministerio como vicario en las parroquias de Ullastrell, Olesa de Montserrat y Argentona, donde ya dio muestras de su celo apostólico y de su carácter servizievole. En 1912 fue asignado a la importante iglesia de Santa Maria del Pi en Barcellona, colaborando en la atención espiritual de los fieles. Posteriormente, dal 1914 al 1916, desempeñó el cargo de economo de la parrocchia del Santo Espíritu en Tarrasa, administrando con prudencia los bienes eclesiásticos y atendiendo las necesidades de la grey que se le había confiado.
El ministerio en Rubí y el parroco del sorriso
En el año 1917 fue nombrado rector de la parrocchia de San Pedro en Rubí, localidad donde dejaría una huella imborrable de santidad y entrega. En Cataluña, por tradición, los párrocos reciben el título de doctor. Fue un predicatore e catechista instancabile, además de distinguirse por una vida austero y profundamente servizievole hacia los más necesitados. Debido a su constante sentido del humor y a su proverbiale affabilità, los feligreses y vecinos comenzaron a llamarle cariñosamente «il parroco del sorriso». La casa cural permanecía siempre abierta con un continuo viavai de personas que acudían en busca de consejo o ayuda, hasta el punto de que en ocasiones el trasiego de fieles le impedía incluso tomar sus alimentos. Don José solía afirmar con sencillez que el pasto podía attendere mientras el fedele no podía esperar. Su actividad prediletta y más cuidada era la preparación de los niños a la Primera Comunión. Para explicar la alegría espiritual de los pequeños, solía compararla con la de san Giuseppe cuando sostenía al Niño Jesús en sus brazos, argumentando con gracia que es mejor mangiarsi una mela que tenerla simplemente en la mano. Asimismo, fue un entusiasta animador de peregrinajes hacia Lourdes y otros santuarios mariani para avivar la fe del pueblo. Acogiendo con presteza la iniciativa del Servo di Dio Manuel Irurita Almándoz, obispo de Barcellona, se comprometió activamente en la organización de una grandiosa manifestazione catechistica interdiocesana que se llevó a Montserrat el veinticinco de junio de 1933.
Iniciativas pastorales y tensiones civiles
Con el sorgere de la República, el municipio de Rubí prohibió tajantemente que se tocaran las campanas para convocar a los fieles. Lejos de desanimarse, don José ideó un ingenioso sistema para iluminar los finestroni del campanario con luces de colores para anunciar los acontecimientos litúrgicos y las fiestas parroquiales. Utilizaba la luz blanca para los bautizos, rosa para los matrimonios, azzurra para las exequias de niños, viola para las de adultos, rossa para las solennità y verde para las festividades ordinarias. Los feligreses apreciaron tanto la original novedad que llegaron a reconocer los acontecimientos con mayor precisión que con el tradicional sonido de las campanas. Esta brillante idea alcanzó una resonancia internacional y fue presentada en una revista cattolica inglese dirigida por Gilbert Keith Chesterton, quien elogió públicamente la iniciativa del párroco. No obstante, en aquellos años turbulentos, el sacerdote tuvo diversos contrastes con las autoridades civiles en lo referente a las sepolture religiose. Los cortejos fúnebres eran frecuentemente obstaculizados por meros defectos de forma, a pesar de las declaraciones explícitas realizadas en vida por los difuntos, pero el párroco se mantuvo siempre firme sobre sus posiciones en defensa de los derechos de la Iglesia. En otra ocasión, el alcalde prohibió la tradicional procesión mariana de finales de mayo alegando supuestos motivos de orden público. Don José obedeció con espíritu de sobriedad y llegó a suprimir también la procesión del Corpus Domini para evitar mayores tensiones. En aquella ocasión, expresó sus sentimientos en una carta irónica donde decía que Jesús se quedaría en la iglesia por temor a perturbar el orden público de la sociedad.
La persecución religiosa y el martirio
Nel luglio 1936 la persecuzione religiosa divenne sanguinaria en toda la región. Ante el peligro inminente, muchas personas, incluidas algunas de ideas políticas opuestas, se ofrecierto generosamente a darle refugio para salvarle la vida. El médico cittadino, doctor Parellada, acudió corriendo a avvisarle la mañana del diecinueve de julio de que a las tres de la tarde se cerraría la frontera, invitándole con urgencia a fugar con él. El sacerdote declinó cortésmente la invitación afirmando con firmeza que su lugar estaba cerca de sus fieles. El lunes veinte de julio abrió la iglesia y distribuyó la Comunión cada cuarto de hora, tal como solía hacer habitualmente. Al llegar la noche, algunos malintencionados rodearon la parrocchia. El vicario don José Tintó fue testigo ocular de aquellos trágicos eventos y logró salvar la vida. A medianoche, un disparo aislado sirvió como señal convenida para dar inicio al ataque definitivo. Un grupo de hombres armados se presentó a la casa canónica exigiendo las llaves del templo y la presencia inmediata de Guardiet. El sacerdote, acompañado por el vicario, salió a recibirlos y fue obligado a abrir la iglesia y a encender las luces. Los manifestantes quedaron momentáneamente impresionados por la serenità del parroco, pero, istigati por su jefe, irrumpieron violentamente en el interior. Don José logró obtener del cabecilla la graciosa concesión de poner en salvo el Santissimo Sacramento dentro de su propia casa, tras lo cual se retiró a contemplar desde una ventana los tristes acontecimientos que se sucedían. Los revoltosos saquearon el templo y prendieron fuego a las bancas acumuladas usando abundante líquido infiammabile. El sacerdote pasó cuatro horas profundamente sconvolto ante la Eucaristía, preparándose espiritualmente para el inminente martirio. La mattina del martes veintiuno, don José bajó completamente solo a la plaza portando un secchio d'acqua para salvar todo lo posible de las llamas. El sacerdote fue y volvió dos veces de la plaza en su noble empeño. Un revoltoso que pasaba por allí convenció amigablemente a don José para que regresara a la casa canónica por el bien y la seguridad de todos. Ese mismo día, don José fue arrestado y conducido al carcere di Rubí. En aquel encierro, el sacerdote pasó quince días rezando incesantemente y confortando a los demás detenidos que compartían su suerte. El tres de agosto a las quince horas, unos milicianos forestieres sacaron a don José del recinto carcelario junto a otros dos ciudadanos de Rubí. Los milicianos condujeron a los tres cautivos a lo largo de la carretera Arrabassada que conecta San Cugat con el monte Tibidabo. Durante el trayecto, los soldados mantuvieron una distancia respetuosa, como si sintieran vergüenza ante la mirada de la gente. Don José se dirigió a los soldados diciéndoles que podían acercarse sin afligirse demasiado, puesto que estaban cumpliendo únicamente con un obligado deber. El grupo llegó finalmente a un lugar denominado El Pi Bessó, caracterizado por dos árboles que habían crecido unidos formando un único tronco. En aquel lugar del pino gemello, el generoso sacerdote perdonó de corazón a sus verdugos. Seis de los carnefici dejaron caer los rifles al suelo dominados por la emoción, pero el séptimo disparó finalmente contra el parroco y los dos fieles, sellando su entrega con la sangre.
La memoria y el reconocimiento de la Iglesia
Mercoledì cinco de agosto, el cuerpo del sacerdote fue retirado del hospital para recibir sepultura en el cemeterio sud-ovest de Barcellona, situado en la montaña de Montjuic. Al traslado de la sagrada salma participó, entre otros, su sobrina Magdalena, quien se convirtió en la fiel custode de dos pañuelos macchiati con la sangre del tío mártir. En 1939 se erigió una stele en el mismo lugar exacto del martirio para honrar su memoria. Dicha stele commemorativa ha sido profanada en repetidas ocasiones durante los últimos años y otras tantas veces restaurada y puesta en orden por la asociación Amics del dr. Guardiet. Nel 1945, los restos mortales del sacerdote fueron solemnemente trasladados a la iglesia de San Pedro en Rubí, cerca del altar de la Virgen de Montserrat a quien tanto amaba. La causa canonica para el reconocimiento oficial del martirio de don José Guardiet y Pujol fue abierta formalmente en la diócesis de Barcellona el doce de febrero de 1959. El esperado nulla osta para continuar la causa llegó treinta años más tarde, el once de diciembre de 1989, debido a la suspensión impuesta en 1964 a todas las causas relativas a los Siervos de Dios fallecidos durante la guerra civil. La inchiesta diocesana se reanudó el treinta de noviembre de 1992 y concluyó con éxito el cinco de julio de 1994. El decreto de validez de la investigación fue emitido el veintinueve de enero de 1999, y la Positio super virtutibus se presentó oficialmente en Roma en el año 2002. Durante los días tres y cuatro de julio de 2013, el obispo de la diócesis de Tarrasa, monseñor Josep Àngel Sáiz Meneses, presidió la riesumazione y el reconocimiento oficial de los restos mortales del sacerdote. Los restos fueron entonces ricollocati solemnemente en la parrocchia que él mismo había servido y amado con toda su alma. El cinco de julio de 2013, el papa Francesco firmó el decreto que sancionó definitivamente la beatificación de don José. La celebración litúrgica de la beatificación se llevó a cabo en Tarragona el trece de octubre de 2013, junto a otros quinientos veintidós mártires de la persecución religiosa en España. El beato José Guardiet y Pujol nació en Manlleu, Barcelona, España, el veintiuno de junio de 1879, y murió gloriosamente en Barcelona, España, el tres de agosto de 1936.
Su labor pastoral
La vocación sacerdotal de José Guardiet y Pujol se consolidó con su ordenación en la ciudad de Barcelona en el año 1902. A partir de aquel momento, inició un camino de servicio que lo llevó a transitar por lugares como Manlleu, Vic, Tarragona y Barcelona, dejando en cada sitio la huella de su dedicación. Su ministerio encontró un cauce significativo en el año 1917, al ser nombrado rector de la parroquia de San Pedro en Rubí. En esta comunidad, el padre José no solo ejerció sus funciones sacramentales, sino que buscó formas creativas para acercar la liturgia a la vida cotidiana de sus feligreses.
Un detalle singular de su paso por Rubí fue la implementación de un sistema de luces de colores instalado en el campanario de la iglesia. A través de este ingenioso mecanismo, el sacerdote lograba avisar a toda la población sobre los diversos eventos y tiempos litúrgicos, manteniendo así el vínculo entre el ritmo de la comunidad y la oración. Esta iniciativa refleja su espíritu dinámico y su deseo constante de que la fe fuera una presencia visible y cercana para todos. Su labor se mantuvo firme hasta que, en el mes de julio del año 1936, las tensiones de la guerra civil española interrumpieron bruscamente su ministerio. Fue arrestado poco tiempo después, enfrentando con entereza los eventos que conducirían a su sacrificio final.
El testimonio del martirio
El compromiso del beato José Guardiet y Pujol con su ministerio sacerdotal alcanzó su plenitud el 3 de agosto de 1936. En aquella fecha, fue asesinado en Arrabassada, España, a causa del odio a la fe que imperaba en aquel convulso periodo histórico. Su muerte, aceptada con la dignidad de quien se sabe fiel a su Señor, lo elevó a la categoría de mártir de la Iglesia católica.
La memoria de su entrega fue solemnemente reconocida el 13 de octubre de 2013, cuando fue beatificado en Tarragona junto a otros mártires. Este acto de la Iglesia, ratificado por el Papa Francisco, subraya la importancia de recordar a quienes dieron testimonio supremo de su creencia en momentos de adversidad. Hoy, su vida es una invitación a la perseverancia y al amor por la Iglesia, recordándonos que el servicio al prójimo y la fidelidad a Dios son valores que trascienden cualquier circunstancia histórica.
Preguntas frecuentes
Quando si festeggia il beato José Guardiet y Pujol?
Su memoria litúrgica se celebra el tres de agosto, con una memoria ligada a su solemne beatificación celebrada el trece de octubre.
¿De qué es patrono el beato José Guardiet y Pujol?
Los datos biográficos proporcionados no mencionan ningún patronazgo específico atribuido al beato.