22 de septiembre
Beato Miguel Zarragua Iturrizaga
Religioso franciscano, mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los primeros años y la vocación
El Beato Miguel Zarragua Iturrizaga nació en Yurreta, un pequeño pueblo de la Vizcaya, el once de abril de 1870, fruto del hogar formado por padres fervientemente católicos. El mismo día de su nacimiento fue conducido al fuente battesimale de la parroquia de San Miguel Arcángel del lugar, donde recibió el primer sacramento y se le impuso el nombre de Leon. Pocos años después, a la edad de ocho años y concretamente el treinta y uno de julio de 1878, recibió el sacramento de la confirmación de manos del obispo de Vitoria, monseñor Sebastián Herrero y Espinosa. Al alcanzar los diecinueve años de edad, decidió dejar el mundo para abrazar la vida consagrada, ingresando en el Orden Francescano en el colegio noviciado de Chipiona. Vestía el hábito de los frailes menores a partir del seis de septiembre de 1889, para emitir sus votos simples el siete de septiembre del año successivo y consagrarse definitivamente mediante la profesión de los votos solemnes el nueve de septiembre de 1893.
La vida apostólica y las misiones
Tras su profesión religiosa, el fraile permaneció durante un bienio en el colegio de Nuestra Señora de la Regola, preparándose para las responsabilidades que le aguardaban. El veinticuatro de noviembre de 1895 emprendió un viaje hacia el Marocco, donde permaneció durante casi once años ocupado diligentemente en los oficios propios de su estado dentro de las diversas casas de la misión. De regreso a la península el diez de noviembre de 1906, se instaló nuevamente en el colegio de Chipiona, y posteriormente residió de familia en Lebrija desde el año 1911 hasta el 1915, tras lo cual volvió a la comunidad de Chipiona. Durante el año 1918, se distinguió de manera sobresaliente por la heroica abnegación con que se dedicó a cuidar a numerosas personas afectadas por una grave y difusa epidemia que causó estragos en España y en el resto del mundo.
Los últimos años y el martirio
A comienzos del año 1919, el fraile fue trasladado al convento de Fuenteobejuna, lugar donde permaneció hasta el final de sus días terrenales y donde disimpeñó durante muchos años el oficio de sacrestano, ganándose la edificante devoción del pueblo y la total satisfacción de sus superiores y hermanos. Era considerado el tipo ideal del verdadero frate francescano, gracias a un carácter humilde y affabile, tranquilo y sereno, adornado siempre con una mansuedumbre y una dulzura propiamente seráficas. Su rectitud de vida y su entrega constante le permitieron adquirir, tanto en el Marocco como en España, una verdadera fama de santidad. Concluyó su santa vida recibiendo la corona del martirio en Azuaga, al alba del veintidós de septiembre de 1936, momento en el cual contaba con sesenta y seis años de edad y cuarenta y siete de vida religiosa, siendo además el más anciano de todo el grupo de mártires.
Su camino de fe
La vocación del beato Miguel Zarragua Iturrizaga floreció en la sencillez de su tierra natal, Yurreta, desde donde respondió al llamado del Señor ingresando en la Orden Franciscana en el año mil ochocientos ochenta y nueve. A partir de aquel momento, su vida se convirtió en un peregrinaje constante, siempre dispuesto a cumplir la voluntad de Dios donde quiera que fuera enviado. Su espíritu misionero lo llevó a tierras de Marruecos, donde ejerció su ministerio durante once años, enfrentándose a las dificultades propias de la misión con la fortaleza que da la oración. Aquella experiencia forjó en él un corazón atento a las necesidades del prójimo, una cualidad que demostraría años más tarde en su labor pastoral en España.
De regreso en su patria, continuó su entrega en lugares como Chipiona, Lebrija y Fuenteobejuna. En este último convento desempeñó el cargo de sacristán, cuidando con esmero y devoción el espacio sagrado. Su caridad quedó patente durante la epidemia del año mil novecientos dieciocho, cuando se dedicó con valentía y sin reservas a la asistencia de los enfermos, viendo en cada uno de ellos el rostro sufriente de Cristo. Su vida, caracterizada por la sobriedad y la humildad, fue un reflejo fiel de la espiritualidad franciscana. El veintidós de septiembre de mil novecientos treinta y seis, en la localidad de Azuaga, el beato Miguel completó su camino terrenal al sufrir el martirio, entregando su espíritu al Padre tras una vida plenamente dedicada a la fe y al servicio de la comunidad.
Memoria y culto
La Iglesia celebra la memoria del beato Miguel Zarragua Iturrizaga el veintidós de septiembre, fecha en la que conmemoramos su tránsito al cielo. Su figura es recordada con veneración, especialmente en las comunidades donde desarrolló su labor, como un modelo de vida religiosa fiel y comprometida. A través de su testimonio, los fieles son invitados a valorar la importancia de la entrega cotidiana, recordando que la santidad no requiere de grandes empresas, sino de una fidelidad constante a las pequeñas tareas diarias y a un amor profundo hacia Dios y los hermanos más desvalidos.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festejva al Beato Miguel Zarragua Iturrizaga?
Su memoria litúrgica se celebra el 22 de septiembre, fecha en la que entregó su vida como mártir.