24 de julio
Beato Pablo Yi Do-gi
Mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y camino de fe
Paolo Yi Do-gi nació en Cheongyang, dentro del antiguo distrito de Chungcheong, en el año 1743. A pesar de su condición de analfabeto, su inteligencia espiritual le permitió asimilar con profundidad las virtudes cristianas fundamentales. Utilizó sus pocas posesiones para ayudar generosamente a la evangelización de los non creyentes. Perseguido a causa de su fe, se vio obligado a desplazarse de ciudad en ciudad para huir de las amenazas constantes. Junto con su familia, se trasladó desde Cheongyang hasta una zona montañosa en Jeongsan, donde se instaló y trabajó como vasaio tras implantar una fornace.
La persecución y el arresto
La situación de los católicos coreanos se agravó seriamente en 1797 debido al estallido de la persecución Jeongsa. Un vecino no creyente amenazó a Pablo asegurando que denunciaría ante la policía su condición de líder de los católicos. Ante este peligro inminente, su esposa, dominada por el terror, le suplicó que huyera para salvar la vida. Pablo respondió con firmeza que no quería ir en contra del querer de Dios ni constituir un mal ejemplo para los neofiti. El 8 de junio de 1793, mientras trabajaba en su domicilio, los agentes de policía irrumpieron violentamente para arrestarlo. Durante la requisa de la vivienda, las autoridades encontraron un crucifijo y diversos libros religiosos. Los oficiales arremetieron a golpes contra Pablo y le exigieron que revelara el paradero de otros cristianos, pero él optó por guardar un absoluto silencio durante el interrogatorio.
Pruebas y testimonio ante el magistrado
Tras el arresto, el confesor fue trasladado al despacho gubernamental de Jeongsan, donde sufrió repetidos interrogatorios y crueles torturas. Con el propósito de quebrantar su voluntad y someterlo al escarnio popular, a veces era conducido a la plaza del mercado para ser humillado públicamente. Sin embargo, nunca cedió ante los ultrajes físicos ni morales. Con notable valentía, expuso la doctrina de la Iglesia ante el magistrado que pretendía obligarle a la apostasía. Al compás de los días, el frío y el hambre intensificaron su sufrimiento corporal, pero él resistía las penalidades pensando de manera continua en Jesús. Llegó a relatar que oyó a un ángel anunciarle que el Señor estaba con él, experimentando entonces una profunda beatitud celestial. El primer día de 1798 fue llevado nuevamente ante el magistrado para someterlo a nuevos tormentos, y se le ofreció salvar la vida a cambio de aceptar una carica oficial. Su respuesta fue rotunda: replicó que no renunciaría a su Dios ni siquiera a cambio del pueblo entero. Con el fin de evitar cualquier flaqueza o tentación, rechazó las visitas de su esposa y de otros hermanos en la fe.
El martirio supremo
Al llegar una mañana, los guardias le anunciaron que aquel era el día fijado para su ejecución, noticia que él recibió con auténtica felicidad. Conducido al terreno destinado a los suplicios en Jeongsan, soportó nuevas sevicias mientras los espectadores secundaban las burlas de la policía. Reafirmó una vez más que jamás traicionaría la religión católica. Con la mirada fija en el cielo, invocó a voz en grito a Santa Madre Maria. Las múltiples palizas lo habían dejado en un estado tan calamitoso que tenía las extremidades fracturadas y llegó a desvanecerse en un par de ocasiones. Tras ser abandonado herido e inmóvil durante dos jornadas, el magistrado ordenó acabar con su vida si todavía respiraba, y los soldados mutilaron su cuerpo hasta borrar toda forma humana. Entregó su alma el 24 de julio de 1798, fecha que correspondía al doce de junio del calendario lunar, a la edad de cincuenta y cinco años. Su cuerpo fue inicialmente sepultado por disposición del magistrado, pero aproximadamente una semana después, algunos fieles de Jeongsan lo exhumaron para brindarle una digna sepultura cristiana.
Su vida y testimonio
Pablo Yi Do-gi nació en el año mil setecientos cuarenta y tres en Cheongyang. A lo largo de su vida, buscó un camino de rectitud y trabajo, trasladándose junto a su familia a la localidad de Jeongsan. En este nuevo lugar, desempeñó el oficio de vasaio, integrándose en la comunidad y desarrollando su vida cotidiana con la sobriedad propia de quien encuentra propósito en las labores manuales. Sin embargo, su adhesión a la fe católica se convirtió en el eje central de su identidad, una convicción que le permitió enfrentar con serenidad los tiempos difíciles que se avecinaban para los cristianos en su país.
En el año mil setecientos noventa y ocho, durante la persecución conocida como Jeongsa, su vida dio un giro definitivo. Fue arrestado por causa de su fe, enfrentándose a un sistema que exigía la renuncia a sus creencias. Durante su cautiverio, fue sometido a duros interrogatorios y a diversas formas de tortura física, con el fin de que renegara de su fe en el Evangelio. A pesar de la presión y el sufrimiento infligido, Pablo Yi Do-gi mantuvo su firmeza. Su testimonio alcanzó su punto culminante en Jeongsan, el veinticuatro de julio de mil setecientos noventa y ocho, donde fue ejecutado. Su muerte no fue el final de su mensaje, sino el inicio de una memoria que la Iglesia conserva con gratitud, reconociendo en él a un testigo ejemplar que prefirió la entrega total antes que abandonar aquello que consideraba la verdad fundamental de su existencia.
El culto y la memoria
La figura del Beato Pablo Yi Do-gi es venerada dentro del grupo de los mártires coreanos. Su reconocimiento oficial por parte de la Iglesia Católica llegó siglos después de su fallecimiento, consolidando un legado que ha atravesado generaciones. El dieciséis de agosto de dos mil catorce, el Papa Francisco procedió a su beatificación, elevando su ejemplo a la veneración pública de los fieles de todo el mundo.
Actualmente, el veinticuatro de julio es la fecha señalada en el calendario para su conmemoración. Este día no solo recuerda su sacrificio, sino que sirve como ocasión para renovar el compromiso con la fe en medio de las dificultades. Su vida, caracterizada por la sencillez de su oficio y la profundidad de su entrega, sigue siendo un punto de referencia para quienes buscan fortalecer su espíritu en la oración y la coherencia de vida. La Iglesia lo presenta como un faro de esperanza, cuya historia invita a la perseverancia en la justicia y al amor incondicional a Dios.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia el Beato Pablo Yi Do-gi?
Su memoria litúrgica se celebra el 24 de julio de cada año.