24 de julio
Beato Pascual Alaez Medina
Religioso y mártir
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Infancia y vocación en León
Pascual Aláez Medina nació en Villaverde de Arcayos, en la provincia y diócesis de León, el once de mayo de mil novecientos diecisiete, y fue bautizado el diecisiete de mayo del mismo año en la iglesia parroquial de su localidad natal. Sus padres, Pedro y Cándida, formaban un hogar de modestos agricultores caracterizado por una excelente conducta moral y religiosa. La intensa vivencia cristiana de su familia y el trato cercano con el sacerdote del pueblo ejercieron una influencia fundamental en el despertar de su vocación al servicio de Dios. Durante los periodos de vacaciones, su comportamiento destacaba de forma extraordinaria, pues colaboraba habitualmente con el sacerdote y participaba en la Santa Misa todos los días, compartiendo un ambiente de profunda piedad que también se reflejaba en la costumbre de su madre de comulgar a diario.
Formación y camino oblato
En septiembre de mil novecientos veintinueve, Pascual emprendió sus estudios superiores al ingresar en el seminario menor de los Misioneros Oblatos situado en Urnieta. En el verano de mil novecientos treinta y cuatro pasó al noviciado de Las Arenas y, el dieciséis de julio de mil novecientos treinta y cinco, realizó su primera profesión religiosa, tras la cual fue enviado a Pozuelo para dar inicio a los estudios eclesiásticos. La relación oficial del noviciado describe a Pascual como un hombre uniforme, constante, sumamente concienzudo y muy puntual en el cumplimiento de sus deberes hasta en los detalles más mínimos. Aunque mostraba cierta timidez, se comportaba de manera abierta con los compañeros y franca con los superiores, manifestando siempre docilidad y un excelente espíritu. Era un joven de profunda piedad que cultivó con esmero su crecimiento interior durante el noviciado, alimentando el sueño constante de marchar a las misiones.
Virtudes y fervor comunitario
Durante su etapa en el escolasticado, quienes lo conocieron destacaron que era un joven affable, bueno, pio y profundamente devoto de la Virgen de Yecla, patrona de su pueblo natal. Un misionero oblato originario de su misma localidad atestiguó que Pascual compartía plenamente el fervor religioso y el entusiasmo misionero característicos de la comunidad de formación. Por su parte, la testigo Filomena Alonso Salas describió a Pascual y a su compañero Justo como personas de gran sencillez y un trato exquisito con todas las personas, siempre dispuestos a brindar su ayuda a quien lo necesitara. Ambos eran muy assiduos en acudir a la iglesia todas las tardes para permanecer en silencio y oración delante del Sagrario, reflejando una espiritualidad eucarística muy intensa y madura.
Detención y martirio
Seis días después de haber renovado por primera vez sus votos religiosos junto a sus compañeros de curso, Pascual fue retenido al producirse la irrupción de los milicianos en el convento de Pozuelo, quienes encerraron a toda la comunidad en una habitación y procedieron a leer una lista con los nombres de los primeros siete oblatos destinados a ser extraídos del lugar. Dos días más tarde de aquel encierro, formó parte del grupo inicial compuesto por siete religiosos oblatos y un laico que fueron sacados de noche del convento. La testigo Filomena Alonso Salas se desplazó posteriormente a Pozuelo para informarse sobre los hechos y recibió el relato de los religiosos supervivientes. El proceso del martirio de Pascual presenta una total similitud en cuanto a su detención, extracción del convento, fecha y momento de la ejecución con el de sus seis compañeros y con el del siervo de Dios Cándido Castán San José, culminando con su asesinato en la madrugada del veinticuatro de julio de mil novecientos treinta y seis en la Casa de Campo de Madrid, un trágico acontecimiento cuya certeza ha quedado firmemente establecida mediante rigurosas attestaciones y documentos processuales.
La vida
La trayectoria vital del Beato Pascual Alaez Medina comenzó en la localidad de Villaverde de Arcayos, en la provincia de León, durante el año 1917. Desde su juventud, sintió el llamado a la vida consagrada, lo que le llevó a ingresar en el seminario menor de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada en Urnieta en el año 1929. Este fue el inicio de un camino de formación que le permitió crecer en espiritualidad y disciplina, preparándose para la entrega total que caracterizaría sus años venideros.
Tras su paso por otros lugares como Las Arenas, su formación continuó con paso firme hasta alcanzar el momento de su primera profesión religiosa, la cual emitió el día 16 de julio de 1935. Este acto representó su compromiso definitivo con el carisma de su congregación. Sin embargo, su ministerio se vio interrumpido por los acontecimientos convulsos que azotaron España en el verano de 1936. Mientras se encontraba en Pozuelo de Alarcón, fue detenido junto al resto de su comunidad religiosa. A pesar de la incertidumbre y el sufrimiento que implicaba tal situación, Pascual mantuvo la serenidad propia de quien ha puesto su vida en manos del Creador. Finalmente, el 24 de julio de 1936, fue llevado a la Casa de Campo de Madrid, donde fue asesinado. Su muerte no fue un final, sino el cumplimiento de su vocación, un acto de amor supremo que selló su pertenencia a Dios y su fidelidad inquebrantable a la Iglesia hasta el último aliento.
El culto
El recuerdo del Beato Pascual Alaez Medina se mantiene vivo en la Iglesia como parte del grupo de los mártires oblatos de Pozuelo de Alarcón. La memoria de su sacrificio es celebrada con gratitud y solemnidad cada año, reconociendo en él a un modelo de juventud cristiana que supo responder con valentía a su llamado vocacional. Al conmemorar su vida, los fieles encuentran una oportunidad para renovar su propia fe y para buscar la intercesión de quienes dieron testimonio de su amor a Cristo en circunstancias extremas.
La liturgia del 24 de julio nos invita a recordar su figura junto a la de sus hermanos de comunidad, uniendo nuestras plegarias en un gesto de comunión con todos los santos que han entregado su existencia por el Reino. Su vida, aunque breve en años, permanece como un ejemplo de entrega absoluta, recordándonos que la santidad es posible en cualquier etapa de la vida cuando se vive con rectitud y amor. La Iglesia honra su memoria, reconociendo el valor de su martirio como un regalo para todos los cristianos del presente.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festejva al Beato Pascual Alaez Medina?
Su memoria litúrgica se celebra el veinticuatro de julio.