12 de enero
Beato Pier Francesco Jamet
Fundador francés
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los años de formación y los inicios sacerdotales
El camino de Pierre-François Jamet hacia el altar se fraguó en el seno de una familia trabajadora y de sólidas costumbres cristianas en Fresnes. Después de formarse en el colegio de Vire, su discernimiento vocacional cristalizó a los veinte años cuando reconoció la llamada del Señor. Su paso por la Universidad de Caen le permitió profundizar en la filosofía y la teología durante un lustro antes de dar el paso decisivo de ingresar en el seminario en el año 1784. La consagración sacerdotal llegó el 22 de septiembre de 1787, coronada por la obtención del baccellierato en teología y el título de Maestro d'Arts. En aquella época, en la ciudad de Caen, ya desarrollaba su labor benéfica la comunidad de las Hijas del Buon Salvatore, un instituto fundado en el año 1720 por madre Anna Leroy. El destino providencial quiso que en 1790 Pierre-François fuera nombrado capellán y confesor de este mismo Instituto, vinculando su nombre para siempre a esta obra de misericordia. Con el paso de los años, su liderazgo espiritual se consolidó hasta el punto de convertirse en el superior religioso de la institución en el año 1819.
La prueba de la persecución y el celo pastoral
Los vientos tempestuosos de la Revolución Francesa truncaron sus proyectos académicos de especialización y sometieron a la Iglesia a duras pruebas. En el año 1798, imperversando la Revolución Francesa, el sacerdote se negó con firmeza a prestar el juramento que los revolucionarios imponían al clero. A causa de este valiente rechazo, sufrió el arresto y recibió amenazas directas contra su vida, aunque la tradición refiere que tornó miracolosamente libre. Librado de aquel trance, se dedicó con cada medio a su alcance para asistir a las dispersas Hijas del Buon Salvatore, celebrando la Santa Misa de escondido, sosteniendo a los confraternizados vacillantes y animando con constancia a los fieles que sufrían la persecución. Una vez finalizada la tormenta revolucionaria, pudo consagrarse abiertamente a la restauración y al incremento de la Congregación del Buon Salvatore, siendo considerado justamente el segundo fundador de la obra. Su celo apostólico abarcó también la atención a los más frágiles al introducir la asistencia a los sordomutos, para lo cual emprendió estudios específicos que le permitieron implantar nuevos métodos de enseñanza.
El rectorado y el eterno descanso
Su prestigio intelectual y moral traspasó los muros de su comunidad religiosa cuando asumió el cargo de rector de la Universidad de Caen durante un periodo de ocho años, desde 1822 hasta 1830. En aquella alta responsabilidad, logró reportar entre los docentes y los estudiantes una renovada atmósfera de fe cristiana tras los estragos de la Revolución y el peligroso dilagar de las ideas illuministas y razionalistas. Todo lo que emprendió lo realizó impulsado por un único motor interior, operando cada cosa para la gloria de Dios porque su alma le pertenecía por entero. Fiaccado por las muchas fatigas apostólicas y por el peso de los años, entregó su alma al Creador el 12 de enero de 1845 a la edad de ochenta y tres años en la ciudad de Caen.
El camino hacia la gloria de los altares
A pesar de la sólida y extendida fama de santidad que acompañó su tránsito terrenal, las complejidades de las vicende politiche retrasaron notablemente el inicio de sus procesos canónicos, los cuales no pudieron arrancar sino hasta el año 1930. El camino eclesial avanzó con paso firme hasta que el 11 de diciembre de 1985 se aprobó oficialmente el milagro atribuido a su poderosa intercesión ante el trono divino. Como reconocimiento supremo a su vida entregada al Evangelio y a los hermanos, el Papa Juan Pablo II lo beatificó solemnemente el 10 de mayo de 1987. El Martirologio lo recuerda hoy en Caen, en tierras de Francia, como un beato sacerdote entregado por completo a la asistencia de las religiosas y al servicio de la Iglesia durante y después de la gran conmoción revolucionaria.
Su camino de servicio
El beato Pier Francesco Jamet nació en Fresnes y recibió la ordenación sacerdotal en el año mil setecientos ochenta y siete. Apenas tres años después, en mil setecientos noventa, fue nombrado capellán de las religiosas de las Hijas del Buen Salvador, iniciando así una misión que definiría el resto de su existencia. Durante los tiempos turbulentos que atravesó Francia, demostró una fortaleza inquebrantable; en mil setecientos noventa y ocho fue arrestado debido a su firme negativa a realizar el juramento revolucionario, prefiriendo la privación de su libertad antes que traicionar su lealtad a la Iglesia.
Tras aquellos años de prueba, su labor se consolidó en la ciudad de Caen. En mil ochocientos diecinueve, fue nombrado superior del Instituto del Buen Salvador, donde pudo desplegar su vocación pedagógica y caritativa. Su visión de la caridad no se limitaba a la asistencia material, sino que buscaba la elevación integral de la persona mediante el conocimiento y la fe. Esta dedicación lo llevó a convertirse en un pionero en la enseñanza y atención a los sordomudos, desarrollando métodos que permitieron a muchas personas alcanzar su autonomía y dignidad. Su prestigio fue tal que, entre los años mil ochocientos veintidós y mil ochocientos treinta, ejerció el cargo de rector de la Universidad de Caen, combinando su responsabilidad académica con su vida de oración y su servicio a la comunidad religiosa, hasta su fallecimiento en la ciudad de Caen en el año mil ochocientos cuarenta y cinco.
El recuerdo de su vida
La figura del beato Pier Francesco Jamet permanece viva en la memoria de la Iglesia, siendo recordado como un hombre de fe sencilla y de gran profundidad intelectual. Su legado perdura especialmente en el Instituto del Buen Salvador, institución que él guio y fortaleció con su espíritu de sacrificio y su caridad creativa. Los fieles acuden a su intercesión para pedir la gracia de la perseverancia en la verdad y la capacidad de ver en el prójimo, especialmente en los más débiles, el rostro de Cristo.
La Iglesia reconoce en su vida un testimonio de fidelidad al Evangelio, incluso en medio de las dificultades históricas más adversas. Su beatificación, proclamada por el papa Juan Pablo Segundo, es una invitación a valorar el servicio educativo y el cuidado de los marginados como formas concretas de santidad en la vida cotidiana. Cada doce de enero, la comunidad cristiana celebra su memoria litúrgica, agradeciendo a Dios por el don de su ministerio sacerdotal y su ejemplo de entrega total.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia il beato Pierre-François Jamet?
Su memoria liturgica nel Martirologio si celebra il 12 de enero.
Di cosa è patrono il beato Pierre-François Jamet?
I dati biografici non menzionano specifici patronati ufficiali per questo santo.
En Caen en Francia, beato Pedro Francesco Jamet, sacerdote, que se dedicó con dedicación a la asistencia de las religiosas Hijas del Buen Salvador, tanto en la época de la gran revolución como cuando se restituyó la paz a la Iglesia. — Martirologio Romano