28 de marzo
Beato Venturino de Bérgamo
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes familiares y formación
Venturino nació en Bérgamo el nueve de abril de 1304. Durante mucho tiempo se creyó erróneamente que pertenecía a la familia Cerasoli, pero en realidad descendía de la estirpe de los Artifoni de Almeno, razón por la cual también era llamado Venturinus de Lemen. Su padre fue el célebre maestro Lorenzo de Apibus, quien había sustituido el apellido Artifoni por el de de Apibus. Lorenzo era doctor en grammaticalibus et logicalibus y ejerció como precettore de los nietos del cardenal Longo en la Curia Romana de Avignone, prelado que actualmente se encuentra sepultado en Santa Maria Maggiore. La madre de Venturino fue Caracosa, una mujer poco conocida en los anales pero considerada entre las más ilustres y estimadas gentildonas de la ciudad. El matrimonio tuvo cuatro hijos, entre los cuales se encontraba Venturino y sus tres hermanos: Pierina, Caterina y Jacopo-Domenico. Este último fue conocido posteriormente como Magister Crottus y alcanzó gran fama debido a su estrecha amistad con el poeta Petrarca, a quien llegó a prestar una valiosa obra de Cicerone. Desde muy joven, Venturino demostró notables dotes intelectuales, siendo maestro de gramática como su hermano y su padre, y estando capacitado desde los catorce años para sustituir a su progenitor en la cátedra.
A la temprana edad de catorce años, Venturino decidió consagrar su vida al Señor ingresando como religioso en el Convento de San Stefano en Bérgamo, perteneciente a la Orden de los Frailes Predicadores. Posteriormente se trasladó a Genova para completar sus estudios eclesiásticos, ciudad donde recibió la ordenación sacerdotal y fue honrado con el encargo de maestro de los novicios. Con el deseo de servir a la Iglesia en las fronteras de la fe, se inscribió en la Società dei frati peregrinanti, una institución promovida por la Orden domenicana específicamente destinada a las misiones en Oriente. No obstante, al llegar a Venezia con la intención de embarcarse, la obediencia lo desvió hacia el convento de Chioggia. En las etapas sucesivas de su itinerario monástico fue enviado a los conventos de Vicenza y de Bologna, lugares donde comenzó a destacar notablemente por sus dotes oratorias.
El predicador y las fundaciones en Bologna y Bérgamo
Venturino se impuso con rapidez como un excelente orador, dotado de una palabra fácil y pronta tanto en latín como en italiano, a lo que se sumaba el conocimiento del francés y un poco de alemán. Su figura macilenta y asciutta, unida a un temperamento apasionado, un misticismo ardido y un profetismo muy accentuado, conferían a sus sermones tinte terribles que cautivaban a las multitudes. A causa de la estrechez de los templos en relación con el straripante uditorio que acudía a escucharle, con frecuencia se vio obligado a predicar al aire libre. En el período anterior a 1334, predicó en Bologna fomentando con fervor el culto a santa Marta, y su celo dio frutos tangibles al conseguir que se edificasen en dicha ciudad un convento y una iglesia dedicados a la misma santa. Poco después, entre el veintiuno de septiembre y el treinta de noviembre de 1334, predicó en su ciudad natal de Bérgamo, donde impulsó la construcción de otro monasterio y una iglesia para las religiosas domenicanas, igualmente consagrados a santa Marta. Del histórico monasterio de santa Marta en Bérgamo hoy en día solo permanece el edificio, que fue debidamente restaurado en el año 1936. Las monjas tomaron posesión definitiva del complejo el veintinueve de julio de 1340, y entre ellas ingresó una hermana de Venturino, soror Catalina de Apibus de Lemine, quien abrazó la vida monástica en aquel lugar.
El gran peregrinaje a Roma y el juicio eclesiástico
En el año 1335, movido por un profundo celo pastoral, Venturino organizó un grandioso peregrinaje de penitenza que partió desde Bérgamo con rumbo a Roma. La marcha se inició el cinco de febrero de 1335 con el claro intento de facilitar la conversión de los peccatori a la penitenza, inducir a los bandos de guelfos y ghibellini a la pacificación y reconciliar con el sumo pontífice a los numerosos ciudadanos bergamascos que se encontraban bajo censura de excomunión. La numerosa procesión que lo seguía realizó paradas significativas, entre ellas una en Firenze de la cual dejó constancia el cronista Giovanni Villani. Al llegar a Roma, Venturino residió y predicó durante doce días en lugares tan emblemáticos como Santa Maria della Minerva y el Campidoglio. A continuación, partió desde la Ciudad Eterna en compañía de su hermano Jacopo Domenico para presentarse ante el papa Benedetto XII en Avignone. El pontífice, tal vez debido a una comprensible prudencia, pareció diffidare del temperamento entusiasta y de las apariencias de agitatore que mostraba Venturino, una actitud de recelo que más tarde parecería compartir también el papa Clemente VI. Como consecuencia de estos temores, se le sometió a un riguroso interrogatorio en el que debió responder a treinta y nueve preguntas, tras el cual se decretó su suspensión de la facultad de predicar y confesar. Un antiguo texto, el De Peregrinis, atribuyó tal sanción a una diaboli persuasione, y el fraile fue condenado al exilio en la localidad francesa de Aubenas. De estos acontecimientos histórica y documentalmente relevantes quedan pruebas firmes, como la carta original de Benedetto XII dirigida al obispo de Anagni que se conserva celosamente en el Archivo Segreto Vaticano.
Los años de destierro, la obra escrita y la rehabilitación
Durante los ocho largos años que duró su condena y destierro en tierras francesas, la pluma de Venturino no conoció el descanso, dedicándose con intensidad a la redacción de cartas y tratados espirituales que revelaban su rica interioridad. Entre las obras firmadas por su mano destacan el tratado De Spiritu Sancto, la importante obra titulada In Psalterio decacordo, el fragmento De humilitate, el tratado De Profectu spirituali y el escrito De remediis contra tentationes spirituales. Venturino era un hombre totalmente estraneo a intereses políticos y se sentía sostenido por la íntima y firme consapevolezza de estar inspirado por Dios. Aunque poseía una sólida competencia en gramática y retórica, el verdadero impulso que le empujaba a escribir era el ardore dello spirito, hasta el punto de confesar que en ocasiones, hallándose acostado para descansar por la noche, sentía la imperiosa necesidad de levantarse y empuñar la pluma movido por un impulso divino hacia los ejercicios de caridad. Su labor epistolar abarcó desde el año 1332 hasta el 1340, manteniendo correspondencia con destinatarios en Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y España. En la actualidad se conservan diez de sus cartas, a las que se suma una misiva adicional descubierta por el estudioso Kaeppeli, la cual constituye una respuesta enviada por Venturino a un canónigo inglés de la iglesia de Oxford. En sus escritos solía autodefinirse con profunda humildad mediante fórmulas como frater Venturinus peccator, ille pauperculus Venturinus, ille homo tepidus, homo peccator ignotus y velut rana loquax, praesuniptuosus et garrulus. Resulta asimismo notable la afinidad estructural que los entendidos detectan entre sus cartas y las de santa Caterina da Siena. Como discreto y apasionado cultore del disegno, Venturino acostumbraba a decorar el final de sus escritos con las insignias de la pasión, utilizando expresiones piadosas como Crux Christi signum meum o abriendo sus mensajes con fórmulas como Ihesu Xristus onor meus, Ave Maria o In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti Amen, acompañando a menudo sus envíos postales con pequeños instrumentos de penitenza.
Su situación cambió radicalmente cuando, en el año 1343, el papa Clemente VI decretó su liberación. En un solemne consistorio público, el pontífice lo rehabilitó por completo, restituyéndole sin restricciones la facultad de predicar y confesar, y confióle de inmediato la misión de regresar a Italia para predicar la Crociata en la archidiócesis de Milano. Tras cumplir esta encomienda, Venturino retornó a Avignone para, en el año 1344, acompañar personalmente a los cruzados que partían desde Marsiglia rumbo a Oriente. Este acompañamiento estuvo rodeado de un extraordinario entusiasmo popular que reflejaba el carisma del fraile.
El tránsito final, la posteridad y el culto
La vida terrena de Venturino tocó a su fin poco después de alcanzar su meta misional. Apenas desembarcado en Smirne, agotado por las intensas fatigas apostólicas y por las rigurosas penitenzas que se habí impuesto, entregó su alma al Creador el veintiocho de marzo de 1346, contando apenas cuarenta y dos años de edad. En su faceta espiritual y doctrinal, Venturino mantuvo relación con destacadas figuras de su época, figurando entre sus amigos religiosos de la talla de fra Giovanni di Tambach, activo en Estrasburgo, y fra Giovanni Taulero, ambos dominicos que alcanzaron un gran influjo apostólico gracias en parte al contacto con Venturino. Dentro de la selecta cercha de los místicos alemanes del siglo XIV, Venturino se introdujo más en calidad de maestro que de discípulo, si bien la historiografía señala que todavía falta una caracterización exergética y plenamente exhaustiva de su mística, así como un estudio comparativo profundo con la de sus amigos alemanes y otras corrientes espirituales coetáneas. De su figura exterior e interior poseemos testimonios preciosos: existe una Legenda escrita por un autor contemporáneo que ofrece un genuino retrato exterior del beato y que contiene además valiosos testimonios autobiográficos, mientras que sus cartas permiten cavar mucho más hondo en su fisonomía espiritual.
La memoria litúrgica del Beato Venturino de Bérgamo se celebra con devoción cada veintiocho de marzo. Su presencia artística se perpetúa en diversos testimonios plásticos conservados en su ciudad natal. En la sacristía de la gran iglesia de los Domenicanos en Bérgamo se encuentra una venerable tela, atribuida quizás al pincel de Ceresa, que lo representa en actitud de absorta meditación con un libro abierto entre las manos, bajo la cual reza la inscripción Beatus Venturinus Ceresolus. Asimismo, su efigie es probablemente reconocible en otra obra pictórica firmada por Francesco Zucchi, situada en el segundo altar del lado izquierdo para quienes ingresan al mismo templo dominicano, un lienzo dedicado a celebrar la gloria del Santissimo Nome di Gesù adorato por los Beati de la Orden Domenicana. Así, la Iglesia honra la memoria de este insigne predicador que supo gastar su existencia por la gloria de Dios y la salvación de las almas.
Una vida de entrega
La trayectoria del Beato Venturino de Bérgamo comenzó en su ciudad de origen, donde a los catorce años tomó la decisión de seguir el camino de Santo Domingo en el convento de Santo Stefano. Durante su formación y posterior ministerio, su figura se hizo presente en importantes centros de la vida religiosa y social de su época, incluyendo Génova, Venecia, Chioggia, Vicenza y Bolonia. Su labor no se limitó a las aulas o al claustro, sino que se volcó hacia las plazas y los caminos, donde su voz resonaba exhortando a la penitencia.
El año mil trescientos treinta y cinco marca un hito en su biografía con la organización de un peregrinaje multitudinario de penitencia que partió desde Bérgamo con destino a Roma. Este gesto, aunque lo llevó a enfrentar pruebas difíciles, como la suspensión de su predicación y un exilio decretado por el Papa Benedicto duodécimo en Aubenas, nunca logró apagar su celo apostólico. La providencia quiso que su servicio fuera valorado nuevamente en el año mil trescientos cuarenta y tres, cuando el Papa Clemente sexto lo rehabilitó, permitiéndole continuar con su misión. Esta nueva etapa de su vida lo llevó a participar en la cruzada en Oriente, partiendo desde Marsella en el año mil trescientos cuarenta y cuatro. Fue precisamente en tierras lejanas, en Smirne, donde entregó su espíritu al Señor en el año mil trescientos cuarenta y seis, cerrando una existencia dedicada por entero a la proclamación del Evangelio y a la búsqueda de la paz espiritual para los fieles.
Su memoria
La figura del Beato Venturino de Bérgamo permanece en la memoria de la Iglesia como un testimonio de perseverancia y de humilde obediencia. A pesar de los desafíos y de las vicisitudes que marcaron su camino, su nombre ha sido preservado con respeto y gratitud por la comunidad cristiana. Su vida, que transcurrió en el convulso siglo catorce, nos enseña la importancia de mantener la fidelidad a la vocación recibida, incluso cuando las circunstancias externas parecen contradecir nuestros propósitos más nobles.
La conmemoración anual de su tránsito es una invitación a reflexionar sobre la fuerza transformadora de la penitencia y la necesidad constante de renovar nuestra fe. Al recordar su paso por tantas ciudades y su entrega final en Smirne, los fieles encuentran en él un ejemplo de cómo un sacerdote puede ser, al mismo tiempo, un peregrino constante y un mensajero de esperanza. Su legado no se encuentra en las grandezas humanas, sino en la sencillez de un hombre que, tras ser probado, fue hallado fiel a su misión de anunciar la luz de Cristo en medio de la oscuridad del mundo.
Preguntas frecuentes
Quando se festeggia il Beato Venturino de Bérgamo?
La memoria litúrgica del Beato Venturino de Bérgamo se celebra el veintiocho de marzo.
Di cosa è patrono il Beato Venturino de Bérgamo?
I fatti storici forniti non menzionano alcun patronato specifico attribuito al Beato Venturino de Bérgamo.