2 de agosto
Perdón de Asís (Indulgencia de la Porciúncula)
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La cuna de los franciscanos y la Porciúncola
La Porciúncola es una pequeña capilla que sorge a cerca de cuatro kilómetros de Assisi y que se encuentra estrechamente relacionada con la memoria de San Francesco d'Assisi, constituyendo la auténtica cuna de los órdenes franciscanos. Esta iglesia, que anteriormente había pertenecido a los monjes benedictinos del monte Subasio, fue restaurada por las propias manos del Poverello de Assisi. San Francesco nutría un gran afecto por este lugar, al cual consideraba santo y auténtica habitación de Dios. San Bonaventura atesta en la Legenda Major que el santo fijó su dimora en la Porciúncola por la profunda reverencia hacia los Ángeles y por su amor ferviente hacia la Madre de Cristo, a quien estaba dedicada la chiesina. Tommaso da Celano racconta que San Francesco raccomandava insistentemente a los frati de no abandonar jamás aquel lugar, recordándoles que allí el Altissimo había multiplicado a los hermanos cuando eran pocos, iluminando sus corazones y encendiendo el fuego de su amor. Según las palabras del mismo fundador, quien rezara con devoción en la Porciúncola obtendría lo que hubiese pedido, mientras que quien la profanara recibiría un castigo mayor. En este mismo predilecto escenario se consolidaron los cimientos de la familia franciscana, pues la Orden de los Frati Minori fu fondata alla Porziuncola nel 1209. Poco después, en la noche comprendida entre el veintisiete y el veintiocho de marzo de 1211, Chiara di Favarone di Offreduccio recibió el hábito religioso de manos de San Francesco en la Porciúncola, dando así origen a la orden de las Clarisse. Asimismo, en el año 1221 se reunió en el mismo lugar el célebre Capitolo delle stuoie, un encuentro de proporciones extraordinarias al que acudieron cinco mil frailes procedentes de todas partes de Europa. Dicho capítulo sirvió fundamentalmente para que los religiosos pudieran orar, reflexionar sobre la salud del alma y discutir la nueva Regola francescana. En este mismo paraje sagrado, marcado por la gracia divina y el esfuerzo cotidiano de la fraternidad, San Francesco morì alla Porziuncola al tramonto del 3 ottobre 1226, steso sulla nuda terra, entregando su alma al Creador tras una vida de plena entrega evangélica.
La visión celestial y la concesión del Perdono
San Francesco ebbe alla Porziuncola la divina inspiración de pedir al pontífice la concesión de una indulgencia singular conocida como el Perdono de la Porciúncola o el Grande Perdono. El Diploma de frate Teobaldo, obispo de Assisi, constituye uno de los documentos más extendidos que relatan el origen milagroso de esta gracia. Nel luglio 1216, en una noche no precisata, San Francesco se encontraba en rigurosa oración, arrodillado ante el pequeño altar de la Porciúncola. De repente, una luz deslumbrante iluminó las paredes del templo e hizo aparecer en trono a Jesús y a María, rodeados por un coro de ángeles en una atmósfera de indescriptible esplendor. El Redentor se dirigió al santo para preguntarle qué gracia deseaba para el bien de la humanidad, obteniendo como respuesta una súplica de clemencia para los hermanos pecadores y el deseo de que todos los arrepentidos que cruzaran las puertas de aquel lugar obtuvieran el perdón de sus culpas. Aunque el Señor advirtió que la petición era inmensa, reconoció la dignidad del suplicante y aceptó la súplica a condición de que Francesco solicitara formalmente la indulgencia a su vicario en la tierra. Con las primeras luces del alba, el santo partió hacia Perugia en compañía de frate Masseo di Marignano para encontrarse con el Papa. Tras la muerte de Innocenzo III, ocupaba el solio de Pedro el pontífice Onorio III, un hombre anciano, bondadoso y piadoso que había entregado sus bienes a los pobres. El Papa escuchó con atención el relato de la visión celestial de labios del fundador de los franciscanos. Cuando el pontífice preguntó por cuántos años pedía la indulgencia, Francesco replicó que no solicitaba años, sino almas, deseando que cualquier persona que llegara a aquella iglesia con sincera confesión y contrición fuera absuelta de todos los pecados, de culpa y de pena, tanto en el cielo como en la tierra, desde el bautismo hasta el día y la hora de su entrada en el templo. Tal petición resultaba completamente inusual, ya que semejante gracia solía concedться únicamente a quienes tomaban la cruz para liberar el Santo Sepulcro convirtiéndose en cruzados. El Papa hizo notar que la curia romana no tenía por costumbre otorgar una dispensa de tal magnitud, pero Francesco replicó con firmeza que su demanda no procedía de voluntad propia, sino de Jesucristo que lo había enviado. A pesar de la inicial oposición de la curia, el pontífice concedió la indulgencia manifestando su agrado por la gracia solicitada. Al disponerse a marchar, el Papa preguntó a Francesco si no deseaba un documento escrito que certificara lo obtenido. El santo respondió que le bastaba la palabra del Papa y que, si la indulgencia era obra divina, Dios mismo sabría cómo manifestarla. Afirmando que no necesitaba ningún pergamino, Francesco indicó como carta a la Santísima Virgen María, como notario a Cristo y como testigos a los Ángeles. De este modo, la gracia fue otorgada vivae vocis oraculo.
La promulgación y el desarrollo de la indulgencia
Il 2 agosto 1216 san Francesco promulgò el Grande Perdono ante una imponente multitud de fieles y en presencia de los obispos de la región de Umbría. Entre los prelados que asistieron a tan solemne promulgación se encontraban los pastores de Assisi, Perugina, Todi, Spoleto, Nocera, Gubbio y Foligno. El Grande Perdono quedó establecido para celebrarse cada año en dicha fecha en favor de todo peregrino y penitente que cruzara los umbrales del templo franciscano. Con el paso del tiempo, la difusión del movimiento espiritual contribuyó de manera decisiva a la expansión de esta práctica piadosa, convirtiéndola en una costumbre consolidada en el seno de toda la cristiandad. Nel 1279 el fraile Pietro di Giovanni Olivi escribió que la indulgencia poseía una gran utilidad para impulsar al pueblo hacia la confesión, la contrición y la enmienda de los pecados, señalando además que en aquel lugar sagrado, a través de San Francesco y Santa Chiara, se había revelado el estado de vida evangélico más adecuado para los tiempos modernos. La resonancia de este acontecimiento espiritual trascendió los límites locales, hasta el punto de que nel 1303 Perugia recibió del pontífice Benedetto XI una indulgencia equivalente, denominada ad instar Portiuncule vivae vocis oraculo. Dicha concesión se enmarca en el pontificado de Benedetto XI, el cual se sitúa cronológicamente entre los años 1302 y 1304, época en la que la ciudad de Perugia tuvo además el honor de hospedar a la curia papal en repetidas ocasiones. La profunda devoción popular hacia el lugar y su gracia característica exigieron con los siglos adecuaciones estructurales y normativas. Para custodiar el sitio sagrado, la Basilica di Santa Maria degli Angeli in Porziuncola fu costruita su interessamento di San Pio V a partire dal 1569. Esta grandiosa basilica sorge a circa quattro chilometri da Assisi e racchiude al suo interno l'antica cappella della Porziuncola. L'interno della basilica presenta volte annerite e pareti sobrie con tracce di affreschi risalenti al quattordicesimo secolo. Dietro l'altare della basilica se encuentra un magnífico políptico con fondo de oro obra del sacerdote Ilario da Viterbo, fechado en el año 1393, cuyo centro está dedicado a la anunciación, mientras que los recuadros circundantes ilustran episodios de la vida de San Francesco relacionados con la concesión de la indulgencia. En la fachada del edificio sacro destaca un fresco que representa precisamente la institución del Perdono de Assisi, una obra realizada por el artista G.F. Overbek de Lubecca y datada entre los años 1829 y 1830. La importancia del templo fue reconocida oficialmente cuando el pontífice Pio X elevó la iglesia a la dignidad de Basilica Patriarcale con Cappella Papale, confirmándole asimismo el título indiscutible de Cabeza y Madre de todo la Orden de los Frati Minori.
El ordenamiento moderno y la práctica actual
El marco normativo de las indulgencias experimentó una profunda reorganización durante el siglo veinte, gracias a la labor de los papas y de los dicasterios romanos. El papa Paolo VI riordinò las indulgencias mediante la Costituzione Apostolica Indulgentiarum doctrina publicada el 1 de enero de 1967. En este documento se define la indulgencia como la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados cuya culpa ya ha sido perdonada. La indulgencia plenaria puede adquirirse una sola vez al día, requiriendo para su validez la ejecución de la obra indulgenciada, el cumplimiento de la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del sumo pontífice, además de la absoluta exclusión de cualquier afecto al pecado, incluso de carácter venial. Poco después, la Sacra Penitenzieria Apostolica publicó el Enchiridion indulgentiarum el 29 giugno 1968. El parágrafo sesenta y cinco de este manual establece que la indulgencia plenaria concedida por la visita a la iglesia parroquial en la fiesta del titular o el dos de agosto puede ganarse en la fecha señalada o en otro día determinado por el ordinario del lugar, gozando las iglesias catedrales, concatedrales y cuasiparroquiales de idénticos privilegios. La pia visita requiere la recitación devota de un Padre Nuestro y de un Credo, en rigurosa conformidad con la Norma dieciséis de la mencionada constitución apostólica. Estas disposiciones fueron mantenidas de forma sustancial en la cuarta edición del Enchiridion indulgentiarum - Normae et concessiones, la cual fu pubblicata il 16 luglio 1999 dalla Paenitentiaria Apostolica haciendo referencia a las concesiones específicas estipuladas en el número treinta y tres, párrafos uno, dos, tres y cinco. Asimismo, en el santuario de la Porziuncola en Assisi es posible lucrar un indulto especial bajo las mismas condiciones prescritas, pudiendo obtenerse durante todo el año y con el límite de una sola vez al día. Esta facultad excepcional de la que goza el santuario fue establecida mediante un decreto específico de la Penitenciaría Apostólica titulado Portiuncolae sacrae aedes, que lleva la fecha del 15 de julio de 1988. De este modo, la gracia del Perdono de Assisi continúa ofreciéndose a los peregrinos contemporáneos como un camino seguro de renovación espiritual, penitencia y misericordia infinita.
La historia del Perdón
La historia de este don espiritual hunde sus raíces en la vida de San Francisco de Asís durante el siglo trece. Tras la fundación de la Orden de los Hermanos Menores en el año mil doscientos nueve, el santo eligió la iglesia de la Porciúncola, situada en las cercanías de Asís, como un lugar de oración y retiro constante. Fue allí donde, en el año mil doscientos once, Santa Clara de Asís recibió el hábito religioso, marcando un hito en la expansión de la familia franciscana. La importancia de este lugar creció con el tiempo, convirtiéndose en el corazón de la vida de los hermanos, especialmente tras la celebración del Capitolo de las esteras en el año mil doscientos veintiuno, que reunió a una multitud de religiosos en torno al fundador.
El momento culminante de este legado ocurrió en el año mil doscientos dieciséis, cuando San Francisco se presentó ante el Papa Honorio tercero para solicitar un don especial. El santo anhelaba que todos los fieles que visitaran la Porciúncola pudieran alcanzar la remisión de sus pecados, una gracia que el pontífice terminó otorgando. Este hecho no fue un evento aislado, sino la culminación de un camino de entrega total. San Francisco, quien había nacido en Asís, dedicó sus días a predicar la paz y la fraternidad, dejando una huella imborrable en lugares como Perugia y los alrededores de su ciudad natal. Finalmente, el tres de octubre de mil doscientos veintiséis, el santo entregó su alma a Dios precisamente en la Porciúncola, el mismo lugar que había sido testigo de su profunda comunión con el Creador y de la obtención de aquel perdón que hoy sigue ofreciendo consuelo a los corazones necesitados de misericordia.
La celebración de la gracia
Cada año, el dos de agosto, la Iglesia conmemora el Perdón de Asís, recordando la vigencia de la gracia solicitada por San Francisco. Esta fecha invita a los fieles a peregrinar hacia la Porciúncola, reconociendo en este pequeño espacio un recinto de paz y reconciliación. La celebración no es una mera evocación histórica, sino una oportunidad actual para experimentar la misericordia divina, tal como lo deseaba el santo fundador.
La memoria del Perdón de Asís nos une a la tradición franciscana y a la vida de un hombre que, habiendo renunciado a todo, solo quiso que los demás encontraran el camino hacia el amor de Dios. Al recordar el fallecimiento del santo ocurrido en el año mil doscientos veintiséis, la comunidad cristiana se siente renovada en su fe. La indulgencia que se otorga en este día, bajo las condiciones establecidas por la Iglesia, es una invitación a la conversión del corazón y a la paz interior, valores que San Francisco de Asís encarnó durante toda su vida y que siguen iluminando el camino de los creyentes en el mundo actual.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia el Perdono de Assisi?
La festa del Perdono di Assisi se celebra cada año el 2 de agosto.
De qué es patrono San Francesco d'Assisi?
Los hechos proporcionados no mencionan los patronatos específicos de San Francesco d'Assisi más allá de su papel como fundador de la orden franciscana y promotor de la Porziuncola.