4 de octubre
San Cayo de Corinto
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
El testimonio del Nuevo Testamento
San Cayo de Corinto es un personaje fundamental cuyas acciones quedaron registradas en los escritos paulinos del primer siglo. Durante el trascendental soggiorno del apóstol San Pablo en Corinto, acaecido en el año 57 o 58 después de Cristo, Cayo tuvo el honor de hospedar al apóstol en su propia casa. Como signo de singular distinción y aprecio espiritual, San Pablo bautizó personalmente a Cayo, un privilegio que en aquella ciudad el apóstol concedió únicamente a muy pocos, entre los cuales figuraban también San Crispo y la familia de Stefana, tal como se relata explícitamente en la Primera carta a los Corintios en su capítulo 1, versículo 14.
Asimismo, en la carta a los Romanos, específicamente en el capítulo 16, versículo 23, se alaba de manera especial la generosa hospitalidad que Cayo brindó al apóstol y a toda la Iglesia reunida. Tanto la venerable versión de la Vulgata como diversos códigos de la Vetus latina recogen el expresivo saludo de Cayo como huésped personal del apóstol y de toda la comunidad. Los propios fieles de Roma enviaban sus saludos a través de esta misma carta, lo que demuestra de forma evidente que la comunidad romana conocía a Cayo como una persona notablemente faculta y dueña de profundas virtudes cristianas.
Distinciones y debates sobre los homónimos
La exégesis y la historia eclesiástica han debatido largamente sobre la posible identidad entre los distintos personajes llamados Cayo en los textos sagrados. Es universalmente admitida la plena identidad entre el Cayo mencionado en la Primera carta a los Corintios y aquel aludido en la epístola a los Romanos. Sin embargo, resulta mucho menos pacífica la hipótesis que intenta identificar al Cayo de Corinto con el Cayo macedone citado en los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 19, versículo 29, aquel mismo discípulo que fue violentamente rapido y malmenado en Éfeso a causa de San Pablo por una turba de manifestantes furiosos encabezados por el artesano Demetrio.
Del mismo modo, en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 20, versículo 4, se recuerda a otro Cayo, oriundo de Derbe en Licaonia, quien formó parte de los fieles compañeros de San Pablo durante su viaje decisivo hacia Jerusalén en el año 58. Por otra parte, el Cayo que figura como destinatario de una carta y ferviente discípulo del evangelista Juan es considerado con total seguridad una persona distinta de todos los demás homónimos bíblicos. A pesar de ello, el venerable Beda avanzó en su tiempo una errónea identificación entre aquel discípulo del evangelista y el Cayo de Corinto, un error que quedó registrado para la posteridad en la Patrologia Latina, en el volumen 93, a partir de la columna 121.
El culto en las tradiciones orientales y occidentales
Las Iglesias orientales conservan en sus antiguos martirologios memorias dedicadas a santos con el nombre de Cayo que presentan comportamientos litúrgicos dignos de profunda atención. Los menologi griegos omiten la figura de San Crispo y prefieren celebrar a un santo Cayo durante las fechas del 4 o del 5 de noviembre. Además, estas mismas fuentes litúrgicas orientales conmemoran a Cayo también el 30 de junio, en una festividad común consagrada a todos los santos del Nuevo Testamento. Por su parte, el Martirologio de Rabban Slibà recuerda la figura de Cayo el 5 de noviembre, limitándose a definirlo simplemente como un fiel discípulo de San Pablo.
La notable indeterminación que se observa en los martirologios orientales podría ser perfectamente intencional, debido al complejo cruce de diversas tradiciones históricas y hagiográficas relativas a los distintos personajes llamados Cayo. Los menologi griegos llegan a indicar a Cayo ya sea como un auténtico apóstol o bien como uno de los legendarios setenta discípulos del Señor, siguiendo rigurosamente el canon atribuido al Pseudo Ippolito. Asimismo, los textos orientales señalan a Cayo como obispo de Éfeso y sucesor inmediato de San Timoteo en el gobierno pastoral de dicha comunidad.
La tradición de Tesalónica y la sobriedad romana
Existe además una antigua tradición, cuya paternidad se remonta históricamente al teólogo Orígenes, que sostiene que Cayo habría desempeñado el cargo de primer obispo de la ciudad de Tesalónica. No obstante, esta misma tradición que vincula a Cayo con la sede episcopal de Tesalónica es considerada como sumamente dudosa por insignes investigadores como los Bollandistas, Tillemont y el erudito Bardy. Estos autores atribuyen la mencionada tradición a una confusión desafortunada entre el Cayo de Corinto y el Cayo macedone que operaba en aquellas regiones.
Conviene señalar que dicha confusión difícilmente puede imputarse de manera directa a Orígenes, puesto que este autor, al redactar su comentario sobre la epístola a los Romanos en el capítulo 16, versículo 23, no podía tener en mente otra cosa que al indiscutible Cayo de Corinto. Ante la complejidad de estos datos, el Martirologio Romano destaca por su proverbial sobriedad, absteniéndose prudentemente de asignar a San Cayo una determinada sede episcopal en ausencia de datos rigurosos y ciertos. De este modo, el Martirologio Romano celebra de manera exclusiva a San Cayo de Corinto, apoyándose con firmeza en el testimonio ofrecido por la Primera carta a los Corintios en su versículo 14, sin entrar en la obvia pero no indispensable identificación con el personaje mencionado en la carta a los Romanos.
Su vida y su fe
La figura de San Cayo de Corinto emerge en las primeras páginas de la historia cristiana como un colaborador cercano al apóstol San Pablo. Su bautismo, recibido directamente de las manos del apóstol, marcó el inicio de un camino de entrega que lo llevaría a ser un pilar fundamental en la incipiente comunidad de Corinto. A través de las cartas escritas por el apóstol, conocemos a un hombre cuya vida se caracterizó por una profunda rectitud y una notable capacidad para el servicio comunitario.
Lo que define principalmente la trayectoria de San Cayo fue su inmensa hospitalidad. En tiempos donde los cristianos enfrentaban constantes desafíos, él puso su hogar y sus recursos a disposición de San Pablo y de los hermanos en la fe. Esta actitud no solo le permitió ser un refugio seguro para los misioneros, sino que también lo convirtió en un referente de caridad activa. Su influencia se extendió más allá de las fronteras de Corinto, pues su presencia es vinculada también a lugares significativos como Efeso, Derbe y Tesalónica, ciudades donde la semilla del evangelio comenzaba a germinar con fuerza.
Las escrituras destacan que San Cayo era una persona facoltosa, pero su verdadera riqueza residía en la virtud que demostraba al administrar sus bienes para el bien común. Lejos de buscar el reconocimiento personal, su labor fue la de un servidor humilde que comprendió que la fe se manifiesta en el cuidado del prójimo. Su vida nos recuerda que, incluso en los albores del cristianismo, la santidad se construía sobre la base de la acogida, la fraternidad y la fidelidad inquebrantable a las enseñanzas apostólicas que él mismo tuvo el privilegio de escuchar directamente.
El culto y la memoria
La veneración a San Cayo de Corinto se ha mantenido viva a través de los siglos, conservando la pureza de su testimonio como un ejemplo de laico comprometido. Su memoria se encuentra recogida en el Martirologio Romano, donde se le rinde tributo junto a San Crispo, otro destacado colaborador de los tiempos apostólicos. Juntos, representan la solidez de los fundamentos sobre los cuales se edificó la Iglesia primitiva.
La celebración anual de su fiesta es una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la hospitalidad y la generosidad en la vida cotidiana de todo creyente. Al ser conmemorado en el mes de octubre, la Iglesia invita a los fieles a volver la mirada hacia estos hombres que, sin ocupar cargos jerárquicos, sostuvieron con su fe y sus bienes la misión de los apóstoles. El culto a San Cayo no busca glorificar a la persona por sus posesiones, sino resaltar cómo el espíritu de Dios puede transformar la vida de un hombre virtuoso en un canal de bendición para toda la comunidad cristiana.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Cayo de Corinto?
San Cayo de Corinto se celebra el 4 de octubre según el Martirologio Romano.