30 de septiembre
San Francisco de Borja
Sacerdote
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La juventud y la brillante carrera mundana
En su proceso de formación, el joven Francisco aprendió con rigor las normas cavalleresches y estudió con dedicación la filosofía. Supo compaginar el manejo de las armas con el estudio constante de los libros, lo que le permitió destacar notablemente en su entorno. Ejerció como paggio presso la Corte imperiale y llegó a hacerse terziario francescano, compaginando su piedad con las exigencias de una carrera brillante y movimentata. Su valía personal hizo que fuera especialmente benvoluto tanto por Isabella di Portogallo como por su esposo Carlo V, emperador del Sacro Romano Impero. El emperador Carlo V lo nombró marchese di Lombai, reconociendo así sus méritos y su lealtad institucional.
En el ámbito familiar, Isabella di Portogallo le dio en sposa a Leonora di Castro, un matrimonio benedetto con el nacimiento de ocho hijos. Su cercanía a las más altas esferas del poder se consolidó al ser elegido Gran Cavallerizzo dell'Imperatore y Grande Scudiero dell'Imperatrice. Asimismo, el heredero al trono Filippo II lo tuvo siempre como un estrecho amigo y confidente de confianza. Su devoción y erudición se manifestaban en detalles singulares, pues viajaba habitualmente en portantina mientras leía las cartas de San Paolo y los escritos de Giovanni Crisostomo. En muestra de su amplia cultura, llegó a impartir lecciones de cosmografia al propio Imperatore, y posteriormente acompañó al soberano en una campaña militar en una guerra contra los Franceses.
La conversión espiritual y el servicio en Cataluña
Durante aquella campaña militar, Francisco enfermó gravemente y fue creduto en punto de morte, aunque milagrosamente logró sanar. Tras aquella experiencia límite y posterior recuperación, adoptó la firme costumbre de practicar la Confessione y la Comunione de manera frecuente. Un acontecimiento decisivo en su transformación interior fue la dolorosa pérdida de su protectora, la Imperatrice Isabella, cuya contemplación del rostro ya decomposto lo empujó de manera definitiva hacia una mayor claridad espiritual. En este delicado camino de discernimiento, encontró una saggia y sicura guida spirituale en el Beato Giovanni d'Avila, quien lo orientó con prudencia evangélica.
Poco después, alcanzó el culmine de su carrera mondana al ser nombrado Viceré di Catalogna. Durante cuatro años enteros, se adoperò faticosamente para lograr mutare volto a una provincia de Cataluña que se encontraba profundamente inquieta y rebelde, principalmente debido a la pobreza acumulada y a una gestión anterior deficiente y mal governata. Su labor de gobierno estuvo marcada por la justicia y el compromiso social. Más adelante, asumió también las altas responsabilidades de Gran Maggiordomo y Consigliere di Stato, culminando así una etapa de servicio público de extraordinaria intensidad y relevancia política.
La consagración religiosa y el generalato en la Compagnia di Gesù
La repentina muerte de su joven esposa constituyó el punto de inflexión definitivo que lo impulsó a poner fin a su fortunata vicenda mondana. Decidido a seguir su vocación más profunda, entró en la Compagnia di Gesù, un instituto religioso fundado pocos años antes por su conterraneo Ignazio di Loyola. En el año 1548 pronunziò solemnemente sus votos dentro de la Compagnia. Debido a su excepcional personalidad y a sus complejas obligaciones familiares, el Papa le otorgó un permiso especial para permanecer transitoriamente nel mondo con el fin de ocuparse personalmente de sus hijos y de la administración de su Ducato. Tan solo dos años más tarde, cumplido este deber, Francesco Borgia renunció solennemente a todos sus beni y cariche terrenales.
A partir de entonces, aceptó siempre por absoluta obediencia los incarichi más laboriosi y impegnativi que le encomendaba el joven Ordine. Su actuación contribuyó de manera decisiva a la expansión europea y mundial de la Compagnia di Gesù, impulsada por su proverbial sagacidad, por la profunda admiración que despertaba y por el concurso de dones soprannaturales que Dios le concedía. Con su trabajo infatigable, preparó el necesario rinnovamento cattolico de la segunda mitad del siglo. Consagrado plenamente como sacerdote y preposito generale de su Orden, rigió los destinos de la comunidad religiosa con espíritu evangélico hasta el final de sus días, dejando una huella imborrable en la historia de la Iglesia universal.
Su camino de entrega
La trayectoria de San Francisco de Borja es una lección de discernimiento y fidelidad. Nacido en Gandía, España, durante el siglo dieciséis, su juventud estuvo marcada por las responsabilidades públicas y el prestigio que su linaje le otorgaba. Su servicio como Virrey de Cataluña y su papel cercano al Emperador Carlos Quinto le brindaron una perspectiva única sobre el poder y la fragilidad de las cosas terrenales. No obstante, el dolor por la pérdida de su esposa se convirtió en el punto de inflexión que cambió el curso de su existencia. Con una determinación serena, decidió desprenderse de las riquezas y del reconocimiento social para buscar la paz en el seguimiento de Cristo.
Al ingresar en la Compañía de Jesús, San Francisco de Borja puso sus talentos al servicio de la Iglesia con una entrega absoluta. Su capacidad de liderazgo y su profunda espiritualidad fueron reconocidas por sus hermanos de comunidad, quienes lo eligieron como el tercer Preposito General. Desde este importante cargo, trabajó incansablemente por el fortalecimiento de la orden, contribuyendo de manera significativa a su expansión en diversos rincones del mundo. Su labor no se limitó a la administración, sino que se enfocó en la renovación de las Constituciones de la Compañía, buscando siempre que la vida religiosa respondiera con autenticidad a la misión recibida. Su partida hacia la casa del Padre en Roma, durante el año mil quinientos setenta y dos, marcó el cierre de una vida dedicada íntegramente a la edificación de la fe y al servicio de los demás.
Memoria y gratitud
El recuerdo de San Francisco de Borja permanece vivo en la Iglesia como un ejemplo de rectitud y desprendimiento. Su canonización por parte del Papa Clemente Décimo, en el año mil seiscientos setenta y uno, selló el reconocimiento oficial de su santidad, elevando su figura a los altares para la veneración de los fieles. A través de los siglos, su memoria invita a los hombres y mujeres a considerar la importancia de poner los dones personales al servicio de una causa trascendente.
La Iglesia celebra su memoria litúrgica cada treinta de septiembre, una fecha que nos permite reflexionar sobre su capacidad para transitar desde la gloria del mundo hacia la humildad del sacerdocio. Su vida nos enseña que el cambio de rumbo, cuando es guiado por la voluntad divina, puede dar frutos abundantes para toda la comunidad. Honrar su nombre es reconocer la valentía de quien, teniendo todo, eligió la sencillez para servir al Señor y a sus hermanos con total generosidad.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Francisco de Borja?
Se celebra el 30 de septiembre, día en que entregó su alma al Creador en su celda de Roma.
En Roma, san Francisco de Borja, sacerdote, que, muerta su esposa, de la que había tenido ocho hijos, entró en la Compañía de Jesús y, dejados los honores terrenos y rechazados los eclesiásticos, elegido prepósito general, fue célebre por la austeridad de su vida y su espíritu de oración. — Martirologio Romano