15 de enero
San Juan Calibita
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
La juventud y la llamada monastica
Esisten al menos tres recensiones griegas de la vida de Juan, ademas de numerosas versiones en lenguas orientales, que coinciden en delinear su biografia en la Costantinopoli del siglo quinto. Siendo el tercer y ultimo hijo del senador y general Eutropio y de Teodora, pertenecia a la elite bizantina cuyos primeros dos hijos habian sido orientados hacia cariches honorificas. El joven Juan se distinguio desde pequeno por un talento precoz y una extraordinaria devocion religiosa. Al concluir sus estudios de retorica a la edad de doce anos, encontro en la escuela a un monaco acemeta que se dirigia a Jerusalen. Cuando dicho monaco regreso de los lugares santos, el muchacho huyo con el para ingresar en el gran monasterio de los Acemetas. Dicha comunidad se hallaba en la ribera asiatica del Bosforo, en la localidad de Ireneo, y habia sido fundada hacia el ano cuatrocientos veinte por el egumeno Alejandro en Gomon. El cenobio alcanzo su maxima prosperidad y celebridad bajo el segundo sucesor de Alejandro, llamado Marcelo, quien fue el encargado de acoger al nuevo discipulo. La regla fundamental de aquella fervorosa comunidad era el Evangelio, cuyo texto portaba siempre consigo cada uno de los monacos. El propio Juan se habia procurado una copia sagrada mientras esperaba en Costantinopoli el retorno del religioso desde Tierra Santa. Sus padres, que ignoraban el proposito de tal peticion, le habian mandado elaborar un ejemplar crisografato, primorosamente miniado y revestido de oro junto con piedras preciosas. Aquel precioso objeto le otorgo prontamente el renombre de Possessore dell'Evangelo d'oro, es decir, poseedor del Evangelio de oro. Despues de permanecer seis anos en el monasterio de los Acemetas, Juan obedecio a una segunda llamada divina que marco el rumbo definitivo de su vocacion.
El mendigo en la casa paterna y el culto
Al abandonar el cenobio, Juan intercambio sus vestiduras con un mendigo y retorno al hogar familiar de forma totalmente incognito. Vivio largo tiempo como pordiosero ante la puerta de su propia casa paterna, soportando la mirada cotidiana de sus progenitores. Mientras su madre, molesta por la presencia del pordiosero, ordenaba reiteradamente a los criados que lo echaran, su padre demostraba un caracter mucho mas humano y caritativo. Para evitar el fastidio que el mendigo causaba a la seiora, el superintendente de la servidumbre palaciega mando construir una pequena cabana al lado de la entrada. En aquel refugio humildisimo vivio Juan durante tres anos, razon por la cual la posteridad comenzo a llamarle mendigo y calibita, derivado de la choza donde residia. La tradicion recogida en el martirologio tambien refiere que habito durante algun tiempo en un espacio apartado de la mansion antes de trasladarse al tugurio denominado kalybe, permaneciendo por completo entregado a la contemplacion y oculto a la vista de sus propios padres. Anticipando su proximo final, Juan se manifesto unicamente tres dias antes de morir, mostrando como unica prueba el Evangelio de oro que le habian regalado en su infancia. La identificacion del hijo y su transito piadoso provocaron un vuelco absoluto en el corazon de Eutropio y Teodora. Los padres convirtieron su suntuoso palacio en un xenodochio, donde ellos mismos atendian personalmente a los peregrinos necesitados. En el sitio exacto donde se alzaba la cabana del hijo levantaron un templo que ya constaba documentalmente en el ano cuatrocientos sesenta y ocho, cuando un devastador incendio arraso una parte de la capital imperial. Su memoria liturgia se celebra senalada en el calendario el quince de enero.
La vocación y el retiro
La trayectoria espiritual de San Juan Calibita comenzó en Constantinopoli, donde, a la edad de doce años, sintió el llamado a una vida consagrada. Con una determinación poco común para su edad, decidió abandonar el entorno familiar para ingresar en el monasterio de los Acemeti, situado a orillas del Bosforo. Allí dedicó seis años de su juventud a la disciplina monástica, integrándose en la comunidad con espíritu de obediencia y ferviente oración.
Tras este periodo de formación, movido por un impulso interior de mayor austeridad, decidió regresar a su hogar en Constantinopoli. Sin embargo, no volvió para recuperar su antigua posición, sino para vivir en una pequeña cabaña construida junto a la casa de sus padres. En este refugio, adoptó la condición de mendigo, sufriendo necesidades y privaciones con paciencia ejemplar. Durante este tiempo, aunque vivía a pocos pasos de sus progenitores, permaneció oculto bajo la apariencia de un indigente, manteniendo su identidad en el más estricto secreto. Su existencia se convirtió en una oración continua, marcada por la humildad y la renuncia a todo reconocimiento humano, buscando únicamente agradar a Dios en la sencillez de su vida cotidiana.
El testimonio final
El desenlace de la vida de San Juan Calibita es uno de los momentos más significativos de su historia. Estando próximo a la muerte, el joven monje decidió manifestar su verdadera identidad a sus padres, quienes lo habían acogido con caridad sin saber que se trataba de su propio hijo. Para ello, utilizó un Evangelo de oro, objeto que sirvió como prueba definitiva de su origen y de su larga y oculta penitencia.
Este gesto final no buscaba la gloria personal, sino que sellaba un camino de fe vivido en la oscuridad. Su partida fue el cierre de una existencia dedicada por completo a la contemplación. Hoy, la Iglesia lo conmemora en el Martirologio Romano bajo el nombre de Giovanni Calibita, honrando su memoria como un modelo de desapego radical. Su historia nos recuerda que, a menudo, los caminos más humildes son los que conducen con mayor certeza a la presencia del Señor, dejando un legado de sobriedad y entrega que trasciende los siglos.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Juan Calibita?
Se celebra el 15 de enero.
En Constantinopla, san Juan Calibita: según la tradición habitó por algún tiempo en un lugar apartado de la casa paterna y luego en una choza, llamada ‘kalýbe’, todo dedicado a la contemplación y escondido a la vista de los mismos padres, de los cuales después de su muerte fue reconocido solamente gracias a un código áureo de los Evangelios, que ellos le habían donado. — Martirologio Romano