25 de junio
San Máximo de Turín
Obispo
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Orígenes y el inicio del ministerio episcopal
San Máximo nació en un imprecisado país de la Italia septentrional durante la segunda mitad del cuarto siglo, situándose su nacimiento temporalmente en torno al año 350, y extendiéndose su existencia terrena desde dicha mitad del cuarto siglo hasta aproximadamente el año 423. El santo figura de manera oficial al primer puesto en la lista de los obispos torineses, un hecho motivado simplemente en que no se encuentra históricamente acerta la presencia de posibles antecesores suyos en dicha sede. Ciertas leyendas de carácter improbable han querido sostener en el tiempo que Máximo habría sucedido a un religioso determinado llamado San Vittore, si bien tales relatos carecen de fundamentos históricos comprobados. Su vocación y su ministerio tomaron un rumbo definitivo cuando fue llamado solemnemente a regir la nueva cátedra episcopal de Julia Augusta Taurinorum, la cual acababa de ser erigida por su propio maestro, el ilustre Sant'Eusebio di Vercelli. Desde ese momento inaugural, el pastor se entregó por completo a consolidar la comunidad cristiana naciente frente a un entorno predominantemente pagano.
Testigo de la historia y del martirio
Durante el desarrollo de su larga existencia, el obispo fue testigo directo de acontecimientos cruciales para la Iglesia y para el Imperio Romano de Occidente. En el año 397, San Máximo se encontró presente y fue testigo ocular del trágico martirio de los Santos Alessandro, Sisinnio y Martirio, valientes obispos que desempeñaban su labor como misioneros en la región de la Rezia. Los textos escritos por el propio prelado constituyen una fuente de valor incalculable para comprender los difíciles costumbrismos y las condiciones de vida de la población lombarda durante los tiempos turbulentos de las invasiones góticas. Entre sus escritos conservados, destaca de manera particular una omilética que contiene la descripción detallada de la violenta destrucción de la ciudad de Milán llevada a cabo por las tropas de Atila. Asimismo, el obispo se ocupó de transmitir celosamente la memoria de los primeros mártires propiamente torineses, llamados Ottavio, Avventore y Solutore, cuyos nombres consignó con claridad en el título de sus escritos dedicados a ellos. Al respecto, el pastor enseñó que todos los mártires debían ser honrados con la más grandiosa devoción, recomendando hacerlo de manera muy especial con aquellos de quienes la comunidad poseyera reliquias auténticas, aunque no añadió mayores especificaciones biográficas sobre los mártires torineses más allá de registrar piadosamente sus nombres.
Obra literaria y teología pastoral
La poderosa mole de escritos que la tradición ha atribuido de forma continuada a San Máximo representa un tesoro de un interés inestimable destinado a los estudiosos de la teología y de la historia eclesiástica antigua. El sacerdote marsigliese y distinguido historiador cristiano Gennaio, en su notable obra titulada De viris illustribus, lo presenta con admiración como un profundo conocedor de las Sagradas Escrituras, un orador forbido y consumado, y el autor de varias obras de gran valor espiritual. La misma cita de Gennaio precisa con exactitud que el obispo desarrolló su ministerio vital regnante los emperadores Onorio y Teodosio el Joven, a quienes el prelado logró sobrevivir en el transcurso de sus años avanzados. Las obras literarias del santo le han merecido de manera indiscutible ser considerado con justicia uno de los padres menores de la Iglesia universal. Una de las referencias bibliográficas más importantes de su legado corresponde a la célebre edición publicada en el año 1784 y cuidadosamente curada por Bruno Bruni, la cual comprendía un total de ciento dieciséis sermones, ciento dieciocho omilías y seis tratados doctrinales firmados por el autor. En la actualidad, las obras conservadas son objeto de un riguroso y atento examen de autenticidad por parte de la crítica especializada, debido a que algunas piezas podrían pertenecer legítimamente a otros autores de la antigüedad. Sin embargo, el corpus principal de los escritos pertenece de forma innegable al obispo turinés, permitiendo extraer de ellos datos históricos y espirituales sumamente precisos acerca de su peregrinación terrena. A través de su predicación cotidiana, el santo exhortaba con firmeza a los fieles, aprovechando por ejemplo dos homilías de agradecimiento para recordarles el deber primordial de alabar a Dios todos los días mediante el rezo de los Salmos al llegar la mañana, al caer la tarde, y antes y después de cada comida. Se hicieron célebres también en su comunidad las insistentes exhortaciones a trazar devotamente el signo de la cruz antes de acometer cualquier acción cotidiana, con el fin de asegurarse la bendición divina. Además, el pastor demostró un riguroso celo moral al condenar severamente a aquellos individuos que osaban comercializar a cambio de dinero el perdón de los sagrados pecados, en lugar de exigir a los penitentes las adecuadas y necesarias obras de penitencia.
Concilios, cronología y el tránsito hacia la eternidad
La intensa labor eclesiástica de San Máximo incluyó su participación activa en cónclaves de gran relevancia para la disciplina y la doctrina de la Iglesia de su época. El prelado tomó parte de manera documentada en el trascendental Sinodo de Milano celebrado en el año 451, donde su figura destacó al encontrarse entre los firmantes de una solemne carta oficial que fue enviada directamente al papa San León Magno con ocasión de dicha asamblea sinodal. Años más tarde, el anciano obispo presenció también el Concilio de Roma reunido en el año 465. En un documento oficial conservado de aquel Concilio de Roma del año 465, la firma autógrafa de Máximo aparece de forma significativa situada de manera inmediata a continuación de la firma del papa Ilario. Los historiadores señalan que la rigurosa precedencia observada en la colocación de las firmas dentro de aquel documento histórico estaba determinada estrictamente por la edad de los prelados, un detalle que ha permitido suponer con fundamento que el obispo se encontraba ya en una etapa de avanzada vejez y que su fallecimiento debió acaecer no mucho tiempo después de aquella asamblea. Por este motivo, muchos historiadores sitúan el año del deceso de San Máximo hacia el año 423, fecha que concuerda con la tradición sobre su longevidad y su prolongado servicio pastoral en la ciudad de Turín.
Memoria, culto y pervivencia en la Iglesia
La veneración sincera y profunda hacia la figura del obispo fue celosamente perpetuada por los fieles cristianos tras su tránsito definitivo de este mundo. A pesar de ello, el culto litúrgico dedicado a Máximo no encontró una fortuna o difusión especialmente amplia durante los siglos posteriores, una circunstancia atribuida por los estudiosos a la persistente falta de localización de sus sagrados restos mortales. En la localidad de Collegno se alza una antiquísima iglesia que en el pasado dio lugar a la suposición de que hubiese albergado la tumba de San Máximo, pero las consiguientes excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar no sacaron a la luz vestigio alguno. Con el transcurso del tiempo, la devoción experimentó un renacimiento notable; de hecho, durante el transcurso del siglo XIX, se dedicaron en la ciudad de Turín un edificio sagrado y la calle adyacente a su memoria, y de igual modo se intentó sin éxito culminar un proceso formal para otorgar al santo el prestigioso título de Doctor de la Iglesia. En la actualidad, la memoria del protovescopo torinese se manifiesta en múltiples expresiones de fe y arte sacro. Desde el año 2004, por expresa voluntad del cardenal Severino Poletto, San Máximo aparece solemnemente representado en la nueva cátedra episcopal ubicada en el interior de la Basilica Cattedrale Metropolitana di San Giovanni Battista en la ciudad de Turín. Asimismo, la comunidad de la nueva parroquia ortodoxa rusa establecida en Turín ha sido consagrada bajo la especial advocación de San Máximo. Finalmente, la entera Regione Pastorale Piemontese conmemora oficialmente a su venerado protovescopo en su propio calendario litúrgico fijando su festividad el día 25 de junio.
Su labor pastoral
La vida de San Máximo de Turín se desarrolló en el contexto de la Italia septentrional durante un periodo de transición histórica. Como primer obispo de Turín, su labor no se limitó al cuidado cotidiano de su diócesis, sino que trascendió hacia una activa participación en la vida de la Iglesia universal. Su compromiso con la ortodoxia y la disciplina eclesiástica quedó patente en su asistencia a encuentros de gran relevancia, como el Sinodo de Milán en el año cuatrocientos cincuenta y el Concilio de Roma en el año cuatrocientos sesenta y cinco.
Más allá de sus responsabilidades administrativas, San Máximo se distinguió por una intensa actividad intelectual. Sus escritos, que incluyen sermones, homilías y diversos tratados teológicos, constituyen una fuente valiosa para conocer el pensamiento cristiano de su tiempo. A través de estas obras, buscó fortalecer la fe de sus contemporáneos y explicar con claridad las verdades del Evangelio. Su experiencia personal fue marcada por eventos significativos, como haber sido testigo presencial del martirio de Alessandro, Sisinnio y Martirio en el año trescientos noventa y siete, un hecho que seguramente influyó en su firmeza de carácter y en su dedicación al servicio divino hasta su fallecimiento en el año cuatrocientos veintitrés. Su legado permanece como un testimonio de fidelidad a la Iglesia y de amor por la enseñanza de la doctrina sagrada.
Memoria y devoción
La figura de San Máximo de Turín ocupa un lugar privilegiado en el corazón de la Iglesia, siendo venerado especialmente como patrono de la ciudad de Turín. Su legado pastoral y su prolífica obra escrita han permitido que su memoria perdure a través de los siglos, manteniendo viva la fe en las tierras donde ejerció su ministerio episcopal.
La Iglesia celebra su memoria el veinticinco de junio, fecha en la que la comunidad se une en oración para recordar su vida y su entrega. En la región pastoral piamontesa, este día se vive con particular recogimiento, reconociendo en él a un guía que supo iluminar el camino de la fe con la luz de la palabra y el testimonio de su vida. Su intercesión es invocada con confianza por aquellos que buscan profundizar en la comprensión de las Escrituras y fortalecer su compromiso cristiano, encontrando en su ejemplo una fuente de esperanza y renovación espiritual.
Preguntas frecuentes
Cuando se festeggia San Máximo de Turín?
San Máximo de Turín se conmemora el 25 de junio, fecha establecida en el calendario liturgico de la Regione Pastorale Piemontese.
De qué es patrono San Máximo de Turín?
Los datos biográficos e históricos disponibles no mencionan patronatos específicos asociados a San Máximo de Turín.
En Turín, san Máximo, primer obispo de esta sede, que con su palabra de padre llamó multitudes de paganos a la fe de Cristo y las guio con la celeste doctrina al premio de la salvación. — Martirologio Romano