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22 de octubre

San Nancto (Nuncto)

Abad y mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

La llegada a Lusitania y la vida monástica

El abad Nancto llegó a la región de Lusitania procedente de África muchos años antes de los sucesos que marcaron su vida. Su arribo a tierras hispanas acaeció en los tiempos del rey Leovigildo, en un periodo comprendido entre el año quinientos seshenta y ocho y el quinientos ochenta y seis. Buscando un lugar para la oración y la penitencia, Nancto pasó a habitar en una casa monasterio situada junto a la basílica de Santa Eulalia, un lugar que le atrajo profundamente por la devoción que allí se profesaba a la santa. Aquella casa monasterio se encontraba bajo el sabio y piadoso gobierno del diacono Redento. En su deseo constante de custodiar la pureza del corazón, Nancto adoptó costumbres sumamente rigurosas para evitar cualquier ocasión de distracción humana. El abad evitaba con absoluta firmeza mirar a las mujeres y ser mirado por ellas. Para cumplir con este propósito en su andar cotidiano, San Nancto se hacía preceder y seguir siempre por dos monaci para impedir que la mirada de alguna mujer se cruzara con la suya. Asimismo, en sus horas de oración nocturna en la basílica de Santa Eulalia, Nancto suplicó con insistencia al diacono Redento que impidiera que pudiera ser visto por alguna mujer.

El episodio con Eusebia y el retiro al desierto

Entre los fieles que deseaban conocer al abad se encontraba una nobilísima y santísima vedova de nombre Eusebia, la cual había solicitado en repetidas ocasiones poder ver a San Nancto sin haber obtenido jamás su consentimiento. Desesperada por lograr su propósito, Eusebia logró ganarse la complicidad del diacono Redento para conseguir ver al santo abad de manera furtiva y de incógnito. Apenas el fugaz e indiscreto sguardo de Eusebia se posó sobre la figura de Nancto, el piadoso abad dio un grido profundo y cayó prostrato al suelo, como si hubiera sido golpeado violentamente por una pesada piedra. Con dolor y reproche, Nancto se dirigió al diacono y le dijo: Iddio ti perdoni, fratello; che cosa hai fatto?. Tras este doloroso suceso, San Nancto tomó la determinación de abandonar aquel lugar y se retiró con algunos monaci a un sitio completamente deserto. En aquel paraje solitario y apartado, el abad se construyó con sus propias manos una poverissima dimora para llevar una vida de estricta pobreza.

La fama de virtudes y la relación con el rey Leovigildo

Con el paso del tiempo, la fama de las altas virtudes de San Nancto se extendió de manera rápida por toda la comarca. Esta reputación de santidad llegó finalmente a conocimiento del rey Leovigildo. El monarca, a pesar de ser de confesión ariana, sintió un profundo respeto por el varón de Dios y se encomendó a las oraciones de Nancto. En muestra de su aprecio y deferencia, el rey Leovigildo hizo donación a Nancto de un cierto terreno destinado al sustento diario y al vestiario tanto del abad como de sus hermanos monaci. La vida de Nancto en España debió cerrarse antes del año quinientos ochenta, considerando que la intervención del rey Leovigildo en su favor tuvo lugar antes de que el monarca desatara su persecución contra los católicos.

El martirio y la justicia divina

El fin terrenal de San Nancto llegó de forma trágica cuando se encontraba completamente solo mientras pascolava algunas pecore en el campo. Los habitantes del lugar, que se negaban rotundamente a sottostare al dominio de un signore al que juzgaban rozzo e indegno, atacaron al abad y le quitaron la vida. Tras el cobarde crimen, los assassini fueron inmediatamente capturados y conducidos por la fuerza ante la presencia del rey. El rey Leovigildo tomó una decisión sorprendente y no quiso condenar a los asesinos. El monarca justificó su falta de condena argumentando que, puesto que aquellos hombres habían dado muerte al servo di Dio, Dios mismo se encargaría de castigarlos con su propia justicia. La postura del soberano fue ampliamente elogiada por el agiografo en sus escritos. La promesa divina no tardó en cumplirse, pues los criminales cayeron bajo el dominio de los demonios y, tras sufrir atroces dolores espirituales y corporales, padecieron una muerte sumamente crudele. La narración completa del agiografo es considerada enteramente degna di fede, a pesar de presentar las características propias del género agiográfico de la época.

El culto y la memoria histórica

El biografo primitivo que relató estos hechos no mencionó ningún indizio di culto en torno a la figura del abad. En los documentos posteriores a aquella época tampoco quedó ninguna traza de culto dedicado a Nancto, a diferencia de la gran veneración que siempre recibieron los santos vescovi de Mérida. Fue el erudito Tamayo de Salazar el primero en annoverare a Nancto entre los gloriosos santi martiri de la Iglesia. Asimismo, Tamayo de Salazar fue quien asignó oficialmente a San Nancto la fecha del veintidós de octubre para su memoria litúrgica. Este título de mártir concedido al abad fue aceptado unánimemente por todos los autores posteriores a Tamayo de Salazar, incluido el célebre Padre Flórez. A este respecto, el ilustre bollandista B. Bossue señala en sus estudios que en los tiempos antiguos eran venerados con el título de mártires todos aquellos que habían recibido una inmeritata morte violenta a causa de su rectitud.

Preguntas frecuentes

Cuando se festeggia San Nancto?

La memoria litúrgica de San Nancto se celebra el veintidós de octubre, fecha asignada por Tamayo de Salazar.