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1 de mayo

Sant' Agustín Schoeffler

Sacerdote y mártir

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Orígenes y vocación

Sant'Agustín Schoeffler nació en Mittelbonn, en la Lorena francesa, el 22 de noviembre de 1822. Desde su juventud sintió la llamada al servicio del altar y se formó como sacerdote en el seminario diocesano de Nancy. Durante este periodo de discernimiento y preparación espiritual, enriqueció su camino adhiriéndose al Terz'Ordine Domenicano. En 1846, respondiendo a una profunda llamada interior y superando la oposición de su familia, ingresó en el seminario de las Misiones Esteras de París para seguir su vocación orientada hacia los pueblos de ultramar. Aunque se encontraba dispuesto a partir hacia cualquier destino asignado por sus superiores, guardaba una predilección particular por la región del Tonchino. Sus escritos epistolares conservados testimonian de manera elocuente su intenso deseo de subirse a la cruz del martirio por amor a la fe. En varias de sus cartas afirmaba que pedía cotidianamente a Dios la gracia de morir mártir y manifestaba que encontraba una dulce paz en el sufrimiento vivido por el Señor. El 1 de agosto de 1847 emprendió su viaje desde París con rumbo a Anversa y, tras una travesía marítima que se prolongó durante cinco meses, logró arribar a Hong-Kong. Con audacia y prudencia, consiguió cruzar la frontera septentrional del Tonchino sorteando numerosos peligros hasta establecerse finalmente en la comunidad cristiana de La-Fou.

El contexto de la misión

La labor apostólica de Sant'Agustín Schoeffler se inserta en una larga y compleja historia de evangelización en el sudeste asiático, cuyos orígenes precisos no cuentan con una fecha exacta documentada. La obra de evangelización sistemática en aquellos territorios del Tonchino y de la Cocincina fue propiamente avviada en el año 1627 por el jesuita padre Alessandro de Rodhes. Dicho sacerdote, asistido fielmente por un confraterno, administró el sacramento del bautismo a cerca de tres mil personas en el arco de tres años. La oposición de las autoridades locales no tardó en manifestarse, y el rey terminó por exiliar a padre Alessandro de Rodhes debido a las fuertes presiones ejercidas por un bonzo. A pesar de las prohibiciones y del destierro de sus pioneros, en 1631 otros miembros de la Compañía de Jesús lograron penetrar clandestinamente en el reino para continuar la siembra evangélica. El fruto de este esfuerzo incansable fue notable: en menos de treinta años, los jesuitas y otros misioneros procedentes de diversos órdenes religiosas lograron convertir a doscientos mil fieles al cristianismo. Para consolidar y garantizar el envío constante de nuevos operarios a aquellas tierras consideradas paganas, los primeros Vicarios Apostólicos, Monsignor Francesco Pallu en el Tonchino y Monsignor Pietro de La Motte Lambert en la Cocincina, fundaron el célebre seminario de las Misiones Esteras en París. Una parte significativa de los misioneros y futuros mártires que regaron aquellas tierras recibieron su formación espiritual y doctrinal precisamente en dicha institución parisina, de la cual formaba parte también padre Agostino.

El ministerio en el Tonchino

Al llegar a su destino, padre Agostino dedicó los primeros meses a aprender la lengua local y a familiarizarse con las costumbres del lugar con gran paciencia. Superada esta fase de inserción, se entregó con celo fervoroso al ministerio sacerdotal en unas condiciones sumamente adversas. En el Tonchino imperaba una severa persecución que había sido iniciada por el rey Minh-Manh entre 1820 y 1840, y que prosiguió con rigor bajo el mandato de su hijo Thiéu-Tri entre 1840 y 1847. En 1849, el joven misionero colaboró estrechamente con el ordinario del lugar, Monsignor Retord, durante la visita pastoral realizada en la localidad de Ke-Bang. Posteriormente fue asignado al distrito de Xu-Doai, una zona montañosa y selvática donde vivían unos dieciséis mil cristianos aislados. A pesar de arrastrar unas condiciones de salud bastante precarias, logró cosechar excelentes frutos espirituales entre aquella población, la cual le guardaba una profunda estima y veneración. Mientras ejercía su cuidado pastoral hacia las almas confiadas a su ministerio, crecía en su interior la conciencia del valor que revestía el don de la propia vida entregada por los hermanos. Las expectativas de un sacrificio supremo se vieron alimentadas cuando el rey Tu-Dùc, hijo segundo de Thiéu-Tri que gobernó entre 1847 y 1883, proclamó un nuevo y más severo editto persecutorio. Dicho decreto incitaba públicamente a los mandarines locales a capturar a los misioneros europeos, estigmatizándolos con calificativos profundamente injuriosos como falsari, seductores y barbari. Con el fin de estimular las delaciones, se estableció una generosa recompensa de tres onzas de plata para quien entregara a las autoridades a un predicador extranjero. La hostilidad institucional alcanzó su culmen cuando el propio rey Tu-Dùc envió una circular secreta a todos los mandarines ordenando que los misioneros europeos fueran ahogados con una piedra al cuello, mientras que los sacerdotes locales debían sufrir la ejecución mediante el suplicio del squartamento con sega.

El arresto y el sacrificio

En aquel tiempo, la zona cristiana de Bau-Nò sufría constantes incursiones por parte de bandas de delincuentes y rebeldes. Las autoridades locales habían instituido una milizia volontaria que, bajo el pretexto de combatir a los maleantes, se dedicaba en realidad a extorsionar dinero a los ciudadanos indefensos. El 1 de marzo de 1851, varios guardias se apostaron a lo largo del camino que conducía al poblado desde las colinas. Fingiendo aguardar a los malhechores, los soldados interceptaron y detuvieron de improviso a un sacerdote local que caminaba en compañía de dos jóvenes. Inmediatamente después, las guardias apresaron también a padre Agostino, que avanzaba a corta distancia junto a sus alumnos y catequistas. Al asir al sacerdote europeo, cuyo talante se manifestaba con una serenidad majestuosa, los soldados quedaron sobrecogidos por una mezcla de temor y respeto reverente. El comandante de la milicia ordenó entonces a las huestes que golpearan al misionero con varas para doblegar su voluntad. Padre Agostino, que había sido víctima delaciones procedentes de una de sus guías, detuvo la agresión declarando con calma que no ofrecía ninguna clase de resistencia física. Tras maniatar a los prisioneros, el jefe de los guardias les propuso recuperar la libertad a cambio del pago de una verga de oro y cien de plata. Con generosidad evangélica, padre Agostino concibió la idea de proponerse como único rehen para permitir que sus discípulos buscaran la suma exigida. El raptor, movido por la codicia, aceptó el trato y liberó al sacerdote indígena, a los alumnos y a los catequistas. Como el dinero del rescate nunca pudo ser reunido ni entregado, el misionero asumió con profunda alegría la perspectiva de inmolarse por sus compañeros. Antes de ser conducido a Son-Tay, garantizó a los fieles que jamás pronunciaría palabra alguna para comprometer a nadie.

Prisión y martirio

Una vez trasladado a Son-Tay, el prisionero fue interrogado por el mandarín, quien le preguntó si conocía la prohibición formal de la religión cristiana en el reino antes de zarpar desde Europa. Padre Agostino respondió con franqueza que conocía tal disposición y que precisamente había viajado hasta allí para proclamar el Evangelio. Cuando el juez le exigió la lista de los lugares visitados para elaborar su informe oficial, el sacerdote replicó que llevaba cuatro años en el reino, que no recordaba los nombres de las múltiples aldeas recorridas y que acudía siempre a donde los fieles lo reclamaban. Los magistrados, impresionados por la nobleza de su actitud, interrumpieron el interrogatorio y, al día siguiente, tras el infructuoso intento de inducirlo a la apostasía, remitieron las actas a la capital. La sentencia definía al reo como un europeo audaz que había transgredido las leyes para seducir al pueblo, decretando su decapitación y la dispersión de sus restos en el río como advertencia pública. Gracias a la intervención del capitán de las guardias, el prisionero fue trasladado desde el calabozo duro hasta la residencia del director de las prisiones, donde pudo recuperar el dinero requisado y emplearlo en su modesto sustento. Durante la detención gozó de cierta tranquilidad para la oración y la meditación, recibiendo incluso la visita clandestina del sacerdote Phuong, disfrazado de mercante de anteojos, quien le administró la confesión y la sagrada comunión. Asimismo, aprovechó el tiempo para hablar de la fe a los soldados encargados de su custodia. El 1 de mayo de 1851, el condenado caminó hacia el suplicio en el campo de Năm Mẫu, cerca de la roca de Sơn-Tây, entonando salmos con rostro sereno. Al llegar, se arrodilló, besó el crucifijo, desabotonó su veste e invitó al verdugo a consumar el acto. Su cabeza fue arrojada al río, mientras su cuerpo, sepultado primero en el lugar de la ejecución, fue trasladado al día siguiente a la ciudad de Bach-Loc para recibir cristiana sepultura.

El culto y la beatificación

El testimonio de entrega y fidelidad ofrecido por Sant'Agustín Schoeffler dejó una huella imborrable en la memoria de la Iglesia y del pueblo cristiano. El reconocimiento oficial de su martirio por parte de la Sede Apostólica se desarrolló a lo largo de sucesivas etapas pontificias que honraron a los testigos de la fe en Indochina. Papa León XIII beatificó solemnemente al mártir el 7 de mayo de 1900, incluyéndolo en el grupo de los setenta y siete mártires del Tonchino y de la Cocincina. Posteriormente, la Iglesia continuó elevando a los altares a otros testigos de aquellas mismas regiones mediante sucesivos decretos de beatificación. Papa San Pio X beatificó a ocho mártires el 15 de abril de 1906 y a otros treinta y cuatro el 11 de abril de 1909. Años más tarde, Papa Pio XII procedió a la beatificación de veinticinco mártires adicionales el 29 de abril de 1951. Finalmente, el reconocimiento supremo de la santidad de estos testigos culminó bajo el pontificado de Papa Juan Pablo II, quien canonizó a un grupo de ciento diecisiete de estos mártires del Vietnam en el año 1988, entre los cuales figuraba Sant'Agustín Schoeffler junto a otros ciento dieciséis compañeros de fe. Su memoria litúrgica quedó fijada en el calendario el 1 de mayo, día en que entregó su espíritu al Creador, convirtiéndose en intercesor y modelo luminoso para todos los creyentes que buscan vivir con radicalidad el mensaje cristiano.

Preguntas frecuentes

Quando se festeggia Sant'Agustín Schoeffler?

La festividad litúrgica de Sant'Agustín Schoeffler se celebra el 1 de mayo, fecha en la que sufrió el martirio en el año 1851.

Di cosa è patrono Sant'Agustín Schoeffler?

Los datos biográficos disponibles no mencionan patronatos específicos atribuidos formalmente al santo.

Junto a la fortaleza de Sơn-Tâi en Tonkín, ahora Viet Nam, san Agustín Schoeffler, sacerdote de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de París y mártir, que, arrojado en la cárcel después de haber ejercitado por tres años su ministerio, por orden del emperador Tự Đức, en el campo de Năm Mẫu obtuvo con la decapitación la gracia del martirio, que cada día había pedido a Dios. — Martirologio Romano