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26 de mayo

Santa María Ana de Jesús de Paredes

Virgen, Terciaria franciscana

Actualizado el 18 de septiembre de 2026

Infanzia e primi anni a Quito

Mariana de Jesús de Paredes y Flores nació el 31 de octubre de 1618 en la ciudad de Quito, que en aquel entonces se encontraba bajo el dominio del Perù, en el territorio del actual Ecuador. Era una bella niña sudamericana, octava hija del noble de Toledo Capitán Don Girolamo Paredes y Flores, y su familia descendía directamente de los conquistadores españoles. Creció en un ambiente de sólida educación cristiana, y el padre gesuita Juan Camacho quedó en repetidas ocasiones maravillado ante su inteligencia y su profunda comprensión de los misterios divinos. Ya desde pequeña dormía muy poco y manifestaba su fervor construyendo en el jardín pequeños altares donde emulaba con seriedad las ceremonias religiosas. En una ocasión intentó convencer a sus coetánicos para que la acompañasen en misión a convertir a los paganos, y recomendaba constantemente a sus familiares la recita frecuente del Santo Rosario.

La infancia de Mariana estuvo marcada por el dolor temprano de la pérdida, pues quedó huérfana de padre y madre a la edad de siete años. Tras este duro golpe, fue affidada al cuidado de sus tíos, quienes residían fuera de la ciudad. A pesar de su corta edad, recibió la Primera Comunión de forma excepcional a los ocho años. Durante el examen previo para dicha admisión, la niña sorprendió al sacerdote examinador por su extraordinaria devoción, su madurez y la profundidad de su preparación espiritual. A partir de los doce años obtuvo el permiso para comulgar cotidianamente. Sin embargo, este fervor precoz despertó la envidia de muchas personas del pueblo, cuyas protestas llegaron incluso hasta el obispo, causando un profundo dolor en el alma de Mariana.

La vocazione vissuta in famiglia

Crescendo, Mariana nutrió una clara y firme vocación a la vida religiosa, deseando ingresar en el convento de Santa Caterina da Siena. No obstante, surgieron diversos impedimentos que le cerraron las puertas de los monasterios, dificultades que ella interpretó con humildad como una contraria voluntad divina. Decidió entonces permanecer en el seno familiar para consagrarse al Señor y servir al bien de sus conciudadanos. Su confesor, el padre Monosalvas, intervino para convencer a sus parientes de que aceptasen esta piadosa resolución. Regresó entonces a vivir a la ciudad, alojándose en la casa de una hermana casada que le puso a disposición algunas habitaciones independientes y apartadas del resto del hogar.

En la intimidad de su retiro, profesó privadamente los votos de pobreza, castidad y obediencia, vistiendo un hábito scuro similar al de los gesuita y ligando su vida a Cristo. Se confió a un director espiritual que le estableció un programa de vida extremadamente riguroso. Su jornada transcurría según un esquema fijo en el que dedicaba cinco horas diarias a la oración, a las lecturas espirituales y a diversos trabajos domésticos, entre ellos la tessitura. Permeada desde su infancia por la espiritualidad ignaziana al punto de sentirse gesuita, practicaba una oración interior profundamente unida a la contemplación de la Santísima Trinità, del Espíritu Santo, de la Passione e Morte de Gesù y de la Madonna de Loreto, amando meditar sobre la Santa Casa de Nazareth y la Anunciación. Salía de sus habitaciones únicamente al alba para asistir a Messa, respetando además largos ayunos donde su único alimento era la Eucaristía, y empleando instrumentos de penitencia según las costumbres de la época. Por su fidelidad, Dios la colmó de dones místicos extraordinarios, concediéndole leer los cuor, caer en estasi y pronunciar profecías.

Carità verso i poveri e i bambini

Mantenendo le porte continuamente aperte, Mariana transformó su refugio en un centro de acogida para los necesitados que acudían a ella cada día. Con una delicadeza extrema y sin ninguna ostentación, lavaba, vestía, nutría y curaba a los pobres y enfermos, prestando especial atención a los indigenas pobres y a los negros. Todos los gastos necesarios para estos auxilios los sufragaba con el fruto económico de sus labores de tessitura. Su celo caritativo se extendía también a los más pequeños, a quienes acogía siempre en sus estancias con afecto maternal. Les impartía la catequesis, les enseñaba a leer y escribir, y les leía con frecuencia las vidas de los santos para encender en sus almas el amor a Dios.

Dotada de notables talentos artísticos, Marianita sabía tocar muy bien la guitarra, el piano y el violino. Utilizaba la música como un medio para elevar los corazones y enseñar a los niños a cantar y tocar dichos instrumentos. A la edad de veintiún años, el 6 noviembre 1639, dio un paso más en su camino de entrega al ser acogida en el Terz'Ordine Francescano. Esta vía se adecuaba perfectamente a su espíritu de renuncia y de sacrificio, permitiéndole consagrar aún más firmemente su vida a Cristo en el seguimiento del Poverello de Asís, manteniendo siempre la humildad extraordinaria y el altísimo grado de oración que caracterizaban su existencia.

Il sacrificio supremo per Quito

En el año 1645, la ciudad de Quito se vio sacudida por un grave terremoto que segó la vida de unas dos mil personas, catástrofe a la que siguió inmediatamente una terrible epidemia que golpeó con dureza a la población, especialmente a los más desamparados. Durante la cuarta Domingo de Cuaresma, exactamente el 25 de marzo, mientras se celebraba la Messa festiva en la iglesia de los gesuita, el padre Alonso de Rojas —quien era su confesor— ofreció públicamente su propia vida desde el pulpito para implorar el cese de aquel flagelo que afligía al país.

Mariana se encontraba sentada ante el pulpito siguiendo la celebración. Al escuchar las palabras del sacerdote, se puso en pie con firmeza y declaró ante los presentes que ella tomaba el lugar del sacerdote en aquella ofrenda, juzgando que el ministerio sacerdotal era demasiado importante para la comunidad. Poco después de haber pronunciado su oblación de caridad, la epidemia cesó de manera milagrosa en toda la ciudad, mientras Marianita caía gravemente enferma. Soportó la enfermedad con entereza y entregó su alma al Creador sesenta días después de su ofrecimiento, el jueves 26 de mayo de 1645, día de la Ascensión, a la edad de veintiséis años. Su holocausto fue considerado por el padre Alonso de Rojas y por todo el pueblo como un acto heroico que sirvió de supremo ejemplo a la nación entera.

Glorificazione e culto

La noticia de su fallecimiento se extendió con rapidez por toda la región, y la gente la reconoció inmediatamente como una heroína y una santa, recordándola cariñosamente con los apelativos de Giglio de Quito y Marianita. A sus solemnes funerales sucedieron numerosos prodigios y gracias obtenidos por su intercesión. El proceso de su glorificación eclesiástica avanzó con los años hasta que fue beatificada el 20 noviembre 1853 por el Beato papa Pio IX, y posteriormente canonizada el 9 junio 1950 por papa Pio XII, convirtiéndose así en la primera santa de Ecuador y en patrona oficial del país.

Su memoria quedó firmemente arraigada en la historia patria cuando, el 30 noviembre 1945, con ocasión del tricentenario de su tránsito, la Asamblea Constituyente la proclamó solemne Eroina Nazionale della Patria, recordando su nombre completo de Marianna di Gesù de Paredes en el martirologio, donde es recordada en Quito. Su legado de fe y entrega continúa vivo en la memoria de la Iglesia, y el 19 octubre 2005 el papa Benedetto XVI bendijo una estatua suya realizada por el artista ecuadoregno Mario Tapia, la cual fue colocada adecuadamente entre las esculturas que adornan el exterior de la basílica vaticana.

Preguntas frecuentes

Quando si festeggia Santa María Ana de Jesús de Paredes?

Se celebra el 26 de mayo, día de su tránsito a la vida eterna.

Di cosa è patrono Santa María Ana de Jesús de Paredes?

Es la patrona de Ecuador y es recordada también como heroína nacional.

En Quito, Ecuador, santa Mariana de Jesús de Paredes, virgen, que en la Tercera Orden de San Francisco consagró su propia vida a Cristo y dedicó sus fuerzas a las necesidades de los indígenas pobres y de los negros. — Martirologio Romano