29 de agosto
Santa María de la Cruz (Juana Jugan)
Fundadora de las Hermanitas de los Pobres
Actualizado el 18 de septiembre de 2026
Los años tempranos y la formación espiritual
Juana Jugan nació en Cancale, en Francia, el veinticinco de octubre de 1792. Su nacimiento tuvo lugar en el período de la Revolución Francesa, que había estallado tres años antes. El padre estuvo ausente en el momento de su alumbramiento por encontrarse embarcado en la gran pesca a Terranova junto con los otros hombres del pueblo de pescadores. Fue bautizada el mismo día de su nacimiento. Cerca de cuatro años después, el progenitor desapareció en el mar, una suerte frecuente para los marineros de Cancale. La familia estaba compuesta por la madre y seis hijos, encontrándose en condiciones de absoluta ristretteza económica. Semejante pobreza fue vivida con dignidad, coraje, fe y amor de Dios. En su juventud, Juana emprendió las mansiones de ayuda cocinera y sirvienta en un castillo cercano. En los años sucesivos continuó trabajando como asistente y ayuda para personas solas. A los dieciocho años rechazó la propuesta de matrimonio de un joven marinero. Renovó el rechazo seis años después a una segunda solicitud del mismo joven, pues no se sentía portada para el matrimonio, aunque todavía no sabía cuál camino elegir.
El camino hacia la fundación
A los veinticinco años, Juana dejó Cancale para instalarse en Saint-Servan. Entró en el hospital local como enfermera y permaneció allí durante seis años. En dicho hospital asistió también a un anciano sacerdote enfermo y laboró como ayuda en farmacia. Asimismo, ingresó en la Asociación del Terz'Ordine de la Madre Ammirabile, fundada en el siglo decimoséptimo por san Juan Eudes. En 1823 dejó el hospital y se ocupó como enfermera y compañía de la señorita Lecoq en Saint-Servan. Permaneció con la señorita Lecoq durante doce años, viviendo más como una amiga que como una enfermera. En 1835 la señora Lecoq falleció, dejando a Juana sus ahorros y el mobiliario. Quedada sola, se asoció con una amiga llamada Francesca Aubert. Tomaron en alquiler un apartamento para acoger primeramente a una anciana ciega y enferma, y luego a otras viejitas necesitadas y solas. Otras amigas se sumaron en la ayuda, dando origen al primer grupo formante de una Asociación para los pobres. La actividad nació bajo el consejo del reverendo vicario de Saint-Servan. El primer de octubre de 1841, Juana y las compañeras se mudaron a un bajo en la calle La Fontaine, capaz de acoger a doce personas ancianas. Así comenzó la questua entre la población, labor que realizó personalmente y continuó hasta el final de sus días.
El tiempo de la prueba y el escondimiento
Con el auxilio de una comerciante acomodada, adquirió un antiguo convento que se convirtió en su sede central. Fue elegida superiora del grupo, el cual adoptó el nombre de Serve dei Poveri y recibió la asistencia de la Orden hospitalaria de san Juan de Dios. A lo largo de los años siguientes surgieron incomprensiones que culminaron con su deposición del cargo. Se retiró entonces como simple hermana questuante. Contribuyó al ensanchamiento de la obra fundando otras casas. Recibió el premio Montyon de tres mil francos de la Academia de Francia. Permaneció en el anonimato entre las novicias por más de veinte años. Plasmó las almas de las nuevas hermanas y se dedicó a la questua para la Congregación. Se hizo creer que ella era la tercera Piccola Sorella. A su muerte, acaecida el veintinueve de agosto de 1879 en Tour, en la Casa madre, pocas religiosas sabían que ella era la verdadera fundadora. La verdad sobre su identidad emergió a partir de 1902. Tuvo la alegría de ver su obra engrandecerse; en el momento de su tránsito se contaban dos mil cuatrocientas Piccole Sorelle esparcidas en casas de acogida para ancianos en treinta Estados del mundo. Las fechas de referencia son Cancale, Francia, el veinticinco de octubre de 1792, y La Tour Saint-Joseph, Francia, el veintinueve de agosto de 1879.
Reconocimiento de la Iglesia
El Martirologio recuerda a la beata María de la Croce, conocida en el mundo como Giovanna Jugan, virgen y fundadora, recordada en Rennes, en Francia. El Martirologio atestigua que fundó la Congregación de las Piccole Sorelle dei Poveri para mendigar ofrendas destinadas a los pobres y a Dios. Recuerda asimismo que, injustamente alejada del gobierno del Instituto, pasó los años restantes de su existencia en oración y humildad. Fue beatificada el tres de octubre de 1982 por el papa Juan Pablo segundo. Posteriormente, Benedicto décimo sexto la canonizó el once de octubre de 2009, elevándola a la gloria de los altares como modelo de abnegación.
Una vida entregada al prójimo
El camino de Juana Jugan comenzó en Cancale, donde sus primeros años forjaron un espíritu sensible a las necesidades ajenas. Su vocación se manifestó con claridad durante los seis años en los que prestó servicio como enfermera en el hospital de Saint-Servan. Fue precisamente en esta localidad donde, movida por una profunda compasión, fundó una asociación destinada a la asistencia de los ancianos más necesitados. Esta iniciativa, nacida de la sencillez y el desprendimiento, fue el germen de lo que más tarde se consolidaría como la congregación de las Hermanitas de los Pobres.
La vida de Santa María de la Cruz no estuvo exenta de pruebas, las cuales supo abrazar con una paz admirable. A pesar de haber sido la fundadora de la obra, fue depuesta de su cargo de superiora. Lejos de buscar el reconocimiento o el poder, aceptó esta nueva condición con una humildad profunda, retirándose a vivir en la sencillez durante los últimos veinte años de su existencia en La Tour-Saint-Joseph. Este periodo de silencio no disminuyó la importancia de su obra, sino que la purificó ante los ojos de Dios. Su dedicación fue reconocida incluso por instituciones civiles, recibiendo el prestigioso premio Montyon de la Academia de Francia, un testimonio de la huella que su caridad dejó en la sociedad de su época. Falleció en La Tour-Saint-Joseph en el año mil ochocientos setenta y nueve, dejando tras de sí una estela de esperanza para todos aquellos que, en la vejez y la pobreza, encuentran en su ejemplo un refugio de dignidad y amor.
El legado de su carisma
La Iglesia reconoce en Santa María de la Cruz a una mujer que supo encarnar la caridad cristiana de manera heroica. Su proceso de canonización, culminado por el Papa Benedicto dieciséis en el año dos mil nueve, confirmó la santidad de una mujer que prefirió el anonimato y el servicio a la gloria personal. Su congregación, las Hermanitas de los Pobres, continúa hoy su misión original, extendiendo el cuidado y la acogida a los ancianos, manteniendo viva la llama de la compasión que Juana encendió en el siglo diecinueve.
El culto a esta santa es un recordatorio de que la verdadera grandeza se encuentra en el servicio a los más pequeños y olvidados. La memoria de su vida, celebrada el veintinueve de agosto, invita a los fieles a reflexionar sobre la importancia de la paciencia y la entrega incondicional. En un mundo a menudo acelerado, su figura permanece como un pilar de serenidad, recordándonos que el amor de Dios se manifiesta con mayor fuerza en la acogida del hermano que sufre. Su vida, desde su nacimiento en Cancale hasta su partida en La Tour-Saint-Joseph, es una oración continua que sigue resonando en el corazón de la Iglesia.
Preguntas frecuentes
Cuándo se festeggia Santa María de la Cruz?
Su memoria litúrgica en el Martirologio se celebra el veintinueve de agosto.
Cerca de Rennes en Francia, beata María de la Cruz (Juana) Jugan, virgen, que para mendigar ofrendas para los pobres y para Dios fundó la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, pero injustamente alejada del gobierno del Instituto, pasó los restantes años de su vida en oración y humildad. — Martirologio Romano